56 Poemas buenos 

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DEL SILENCIO IMPOSTADO

Nos mandan a callar.

Nos quieren cobardes y sumisos,
mas no entienden nada.

No saben que vivimos de ilusión
de sonrisas y de esperanza.

Y que por mucho que pase el tiempo,
o que crezcan las amenazas,
no desaparecerá el orgullo que han herido.

No se pierde la voluntad,
sino que se hace más fuerte.

Ni con mentiras, ni con migajas.
nos podrán convencer.
Porque hemos estado allí,
porque somos sus radicales
porque somos sus delincuentes.

Nos quieren cobardes,
dóciles, sumisos.
Pero nos encontraran siempre delante.
Siempre enfrente.

Autor del poema: Nemo

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ANILLOS DE CENIZA

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos,
los dueños del silencio.

Autor del poema: Alejandra Pizarnik

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Balada de Otoño

Enviado por tailsprowerup  Seguir

12 Agosto 2017, 02:09

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los copos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.

Pintaron de gris el cielo
y el suelo
se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece
una balada en otoño.

Una balada en otoño,
un canto triste de melancolía,
que nace al morir el día.

Una balada en otoño,
a veces como un murmullo,
y a veces como un lamento
y a veces miento.

Si tu fueras capaz
de ver mis ojos tristes
si poderia volver a nacer.

Entonces, olvidando
mi mañana y tu pasado
volverías a mi lado.

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ALEGRÍA

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
( Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía. )

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

Autor del poema: José Hierro

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