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LA LLUVIA
Bruscamente la tarde se ha aclarado porque ya cae la lluvia minuciosa. Cae o cayó. La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado el tiempo en que la suerte venturosa le reveló una flor llamada rosa y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales alegrará en perdidos arrabales las negras uvas de una parra en cierto
patio que ya no existe. La mojada tarde me trae la voz, la voz deseada, de mi padre que vuelve y que no ha muerto. | |
AL VINO
En el bronce de Homero resplandece tu nombre, negro vino que alegras el corazón del hombre. Siglos de siglos hace que vas de mano en mano desde el ritón del griego al cuerno del germano.
En la aurora ya estabas. A las generaciones les diste en el camino tu fuego y tus leones. Junto a aquel otro río de noches y de días corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías.
Vino que como un Éufrates patriarcal y profundo vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo. En tu cristal que vive nuestros ojos han visto una roja metáfora de la sangre de Cristo.
En las arrebatadas estrofas del sufí eres la cimitarra, la rosa y el rubí. Que otros en tu Leteo beban un triste olvido; yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.
Sésamo con el cual antiguas noches abro y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro. Vino del mutuo amor o la roja pelea, alguna vez te llamaré. Que así sea. | |
LAS COSAS
El bastón, las monedas, el llavero, la dócil cerradura, las tardías notas que no leerán los pocos días que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada violeta, monumento de una tarde sin duda inolvidable y ya olvidada, el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas, láminas, umbrales, atlas, copas, clavos, nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas! Durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido. | |
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EL REMORDIMIENTO
He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente. No me abandona. Siempre está a mi lado La sombra de haber sido un desdichado. | |
EL RELOJ DE ARENA
Está bien que se mida con la dura Sombra que una columna en el estío Arroja o con el agua de aquel río En que Heráclito vio nuestra locura El tiempo, ya que al tiempo y al destino Se parecen los dos: la imponderable Sombra diurna y el curso irrevocable Del agua que prosigue su camino. Está bien, pero el tiempo en los desiertos Otra substancia halló, suave y pesada, Que parece haber sido imaginada Para medir el tiempo de los muertos. Surge así el alegórico instrumento De los grabados de los diccionarios, La pieza que los grises anticuarios Relegarán al mundo ceniciento Del alfil desparejo, de la espada Inerme, del borroso telescopio, Del sándalo mordido por el opio Del polvo, del azar y de la nada. ¿Quién no se ha demorado ante el severo Y tétrico instrumento que acompaña En la diestra del dios a la guadaña Y cuyas líneas repitió Durero? Por el ápice abierto el cono inverso Deja caer la cautelosa arena, Oro gradual que se desprende y llena El cóncavo cristal de su universo. | |
MILONGA DE MANUEL FLÓREZ
Manuel Flórez va a morir. Eso es moneda corriente; morir es una costumbre que sabe tener la gente.
Y sin embargo me duele decirle adiós a la vida, esa cosa tan de siempre, tan dulce y tan conocida.
Miro en el alba mis manos, miro en las manos las venas; on extrañeza las miro como si fueran ajenas.
Vendrán los cuatro balazos y con los cuatro el olvido; lo dijo el sabio Merlín: morir es haber nacido.
¡Cuánta cosa en su camino estos ojos habrán visto! Quién sabe lo que verán después que me juzgue Cristo.
Manuel Flórez va a morir. Eso es moneda corriente; morir es una costumbre que sabe tener la gente. | |
| Desde el 1 hasta el 6 de un total de 16 poemas de Borges |
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