PENSAMIENTO (2)
El dolor explota en mi alma es bonito pensar que la muerte acabará con todo.
Autor del poema: Abelardo Linares | |
DÉCIMAS DE NUESTRO AMOR
III Por el temor de quererme tanto como yo te quiero, has preferido, primero, para salvarte, perderme. Pero está mudo e inerme tu corazón, de tal suerte que si no me dejas verte es por no ver en la mía la imagen de tu agonía: porque mi muerte es tu muerte.
Autor del poema: Xavier Villaurrutia | |
EN LA MUERTE DE LAURA
Sus ojos que canté amorosamente, su cuerpo hermoso que adoré constante, y que vivir me hiciera tan distante de mí mismo, y huyendo de la gente,
Su cabellera de oro reluciente, la risa de su angélico semblante que hizo la tierra al cielo semejante, ¡poco polvo son ya que nada siente!
¡Y sin embargo vivo todavía! A ciegas, sin la lumbre que amé tanto, surca mi nave la extensión vacía...
Aquí termine mi amoroso canto: seca la fuente está de mi alegría, mi lira yace convertida en llanto.
Autor del poema: Francesco Petrarca | |
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II
Yo me he asomado a las profundas simas de la tierra y del cielo, y les he visto el fin o con los ojos o con el pensamiento. Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo y me incliné un momento, y mi alma y mis ojos se turbaron: ¡Tan hondo era y tan negro!
Autor del poema: Gustavo Adolfo Bécquer | |
NOCHE DEL TEMPRANO ESTÍO
El cielo tormentoso, y un tilo en el jardín, en pie, tiembla. Es tarde ya. Un pálido relámpago vemos en el estanque permanecer, con ojos grandes, humedecidos.
Las flores se mantienen en tallo fluctuante y afiladas guadañas se acercan más y más.
El cielo tormentoso trae un aire pesado. Mi chica se estremece: «¿Lo sientes tú también?»
Autor del poema: Hermann Hesse | |
FUE SUEÑO AYER, MAÑANA SERÁ TIERRA...
Fue sueño ayer, mañana será tierra. ¡Poco antes nada, y poco después humo! ¡Y destino ambiciones, y presumo apenas punto al cerco que me cierra!
Breve combate de importuna guerra, en mi defensa, soy peligro sumo, y mientras con mis armas me consumo, menos me hospeda el cuerpo que me entierra.
Ya no es ayer, mañana no ha llegado; hoy pasa y es y fue, con movimiento que a la muerte me lleva despeñado.
Azadas son la hora y el momento que a jornal de mi pena y mi cuidado cavan en mi vivir mi monumento.
Autor del poema: Francisco de Quevedo | |