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HOTEL DE LAS NOSTALGIAS
Música de Elvis Presley
Nosotros los adolescentes de los años 50 los del jopo en la frente y el pucho en la comisura
los bailatines de rock and roll al compás del reloj
los jóvenes coléricos maníacos discomaníacos
dónde estamos ahora que la vida es de minutos nada más
asilados en qué Embajada en qué país desterrados
enterrados en qué cementerio clandestino
Porque no somos nada sino perros sabuesos
Nada sino perros
Autor del poema: Oscar Hahn | |
Y NOS DIERON LAS DIEZ
Fue en un pueblo con mar una noche despues de un concierto; tú reinabas detrás de la barra del único bar que vimos abierto -"cántame una canción al oido y te pongo un cubata"- -"con una condición: que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata"- loco por conocer los secretos de su dormitorio esa noche canté al piano del amanecer todo mi repertorio. los clientes del bar uno a uno se fueron marchando, tú saliste a cerrar, yo me dije: "cuidado, chaval, te estas enamorando", luego todo pasó de repente, su dedo en mi espalda dibujo un corazón y mi mano le correspondió debajo de tu falda; caminito al hostal nos besamos en cada farola, era un pueblo con mar, yo quería dormir contigo y tú no querías dormir sola... y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres y desnudos al amanecer nos encontró la luna. nos dijimos adios, ojalá que volvamos a vernos el verano acabó el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno, y a tu pueblo el azar otra vez el verano siguiente me llevó, y al final del concierto me puse a buscar tu cara entre la gente, y no halle quien de ti me dijera ni media palabra, parecia como si me quisiera gastar el destino una broma macabra. no había nadie detrás de la barra del otro verano. y en lugar de tu bar me encontré una sucursal del banco hispano americano, tu memoria vengué a pedradas contra los cristales, -"se que no lo soñé"- protestaba mientras me esposaban los municipales en mi declaración alegué que llevaba tres copas y empecé esta canción en el cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
Autor del poema: Joaquín Sabina | |
PRINCESA
Entre la cirrosis y la sobredosis andas siempre, muñeca. Con tu sucia camisa y, en lugar de sonrisa, una especie de mueca. ¿Cómo no imaginarte, cómo no recordarte hace apenas dos años? Cuando eras la princesa de la boca de fresa, cuando tenías aún esa forma de hacerme daño. Ahora es demasiado tarde, princesa. Búscate otro perro que te ladre, princesa. Maldito sea el gurú que levantó entre tú y yo un silencio oscuro, del que ya sólo sales para decirme, "vale, déjame veinte duros". Ya no te tengo miedo nena, pero no puedo seguirte en tu viaje. Cúantas veces hubiera dado la vida entera porque tú me pidieras llevarte el equipaje. Ahora es demasiado tarde, princesa... Tú que sembraste en todas las islas de la moda las flores de tu gracia, ¿cómo no ibas a verte envuelta en una muerte con asalto a farmacia? ¿Con qué ley condenarte si somos juez y parte todos de tus andanzas? Sigue con tus movidas, pero no pidas que me pase la vida pagándote fianzas. Ahora es demasiado tarde, princesa Búscate otro perro que te ladre, princesa
Autor del poema: Joaquín Sabina | |
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DONDE HABITA EL OLVIDO
Cuando se despertó, no recordaba nada de la noche anterior, "demasiadas cervezas", dijo, al ver mi cabeza, al lado de la suya, en la almohada... y la besé otra vez, pero ya no era ayer, sino mañana. Y un insolente sol, como un ladrón, entró por la ventana. El día que llegó tenía ojeras malvas y barro en el tacón, desnudos, pero extraños, nos vio, roto el engaño de la noche, la cruda luz del alba. Era la hora de huir y se fue, sin decir: "llámame un día". Desde el balcón, la vi perderse, en el trajín de la Gran Vía. Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, una vez me contó, un amigo común, que la vio donde habita el olvido. La pupila archivó un semáforo rojo, una mochila, un peugeot y aquellos ojos miopes y la sangre al galope por mis venas y una nube de arena dentro del corazón y esta racha de amor sin apetito. Los besos que perdí, por no saber decir: "te necesito". Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, una vez me contó, un amigo común, que la vio donde habita el olvido.
Autor del poema: Joaquín Sabina | |
LA DEL PIRATA COJO
No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio. si la vida se deja yo le meto mano y si no aún me excita mi oficio, y como además sale gratis soñar y no creo en la reencarnación, con un poco de imaginación partiré de viaje enseguida a vivir otras vidas, a probarme otros nombres, a colarme en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré: al capone en chicago legionario en melilla pintor en montparnasse. mercenario en damasco costalero en sevilla negro en nueva orleans. viejo verde en sodoma deportado en siberia sultán en un harén. ¿policía? ni en broma triunfador de la feria gitanito en jerez. tahur en montecarlo cigarrillo en tu boca taxista en nueva york. el más chulo del barrio tiro porque me toca suspenso en religión. confesor de la reina banderillero en cádiz tabernero en dublín. billarista a tres bandas insumiso en el cielo dueño de un cabaret. arañazo en tu espalda tenor en rigoletto pianista de un burdel. bongosero en la habana casanova en venecia anciano en shangri la. polizón en tu cama vocalista de orquesta mejor tiempo en le mans cronista de sucesos detective en apuros conservado en alcóhol. violador en tus sueños suicida en el viaducto guapo en un culebrón. morfinómano en china desertor en la guerra boxeador en detroit. cazador en la india marinero en marsella fotógrafo en play boy. pero si me dan a elegir entre todas las vidas, yo escojo la del pirata cojo con pata de palo con parche en el ojo, con cara de malo, el viejo truhán, capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera
Autor del poema: Joaquín Sabina | |
CERRADO POR DERRIBO
Este bálsamo no cura cicatrices, esta rumbita no sabe enamorar, este rosario de cuentas infelices calla más de lo que dice pero dice la verdad. Este almacén de sábanas que no arden, este teléfono sin contestador, la llamaré mañana, hoy se me hizo tarde, esta forma tan cobarde de no decirnos que no. Este contigo, este sin ti tan amargo, este reloj de arena del arenal, esta huelga de besos, este letargo, estos pantalones largos para el viejo Peter Pan. Esta cómoda sin braguitas de Zara, el tour del Soho desde un rojo autobús, estos ojos que no miden ni comparan ni se olvidan de tu cara ni se acuerdan de tu cruz. No abuses de mi inspiración, no acuses a mi corazón tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo. Por las arrugas de mi voz se filtra la desolación de saber que estos son los últimos versos que te escribo, para decir "condios" a los dos nos sobran los motivos. Esta paya tan lejos de su gitano, este penal del Puerto sin vis a vis, esta guerra civil, este mano a mano, estos moros y cristianos, este muro de Berlín. Este virus que no muere ni nos mata, esta amnesia en el cielo del paladar, la limusina del polvo por Manhattan, el invierno en Mar del Plata, los versos del Capitán. Este hacerse mayor sin delicadeza, esta espalda mojada de moscatel, este valle de fábricas de tristeza, esta espuma de certeza, esta colmena sin miel. Este borrón de sangre y de tinta china, este baño sin rimmel ni nembutal, estos huesos que vuelven de la oficina, dentro de una gabardina con manchas de soledad. No abuses de mi inspiración, no acuses a mi corazón tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo. Por las arrugas de mi voz se filtra la desolación de saber que estos son los últimos versos que te escribo, para decir "condios" a los dos nos sobran los motivos.
Autor del poema: Joaquín Sabina | |
| Desde el 1 hasta el 6 de un total de 6 poemas musicales |
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