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Setecientos poemas
Tenemos más de setecientos poemas clasificados por las categorías que puedes ver en la columna de la izquierda (a la madre, al maestro, especialmente bonitos,...). A continuación te dejamos con una veintena para empezar.
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TODO ESTO POR AMOR
Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente, derriban los instintos como flores, deseos como estrellas para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.
Que derriben también imperios de una noche, monarquías de un beso, no significa nada; que derriben los ojos, que derriben las manos como estatuas vacías.
Mas este amor cerrado por ver sólo su forma, su forma entre las brumas escarlata, quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas hojas hacia el último cielo, donde estrellas sus labios dan otras estrellas, donde mis ojos, estos ojos, se despiertan en otro.
Autor del poema: Luis Cernuda | |
LAS MANOS
Mira tu mano, que despacio se mueve, transparente, tangible, atravesada por la luz, hermosa, viva, casi humana en la noche. Con reflejo de luna, con dolor de mejilla, con vaguedad de sueño,
mírala así crecer, mientras alzas el brazo, búsqueda inútil de una noche perdida, ala de luz que cruzando en silencio toca carnal esa bóveda oscura.
No fosforece tu pesar, no ha atrapado ese caliente palpitar de otro vuelo. Mano volante perseguida: pareja. Dulces, oscuras, apagadas, cruzáis.
Sois las amantes vocaciones, los signos que en la tiniebla sin sonido se apelan. Cielo extinguido de luceros que, tibios, campo a los vuelos silenciosos te brindas.
Manos de amantes que murieron, recientes, manos con vida que volantes se buscan y cuando chocan y se estrechan encienden sobre los hombres una luna instantánea.
Autor del poema: Vicente Aleixandre | |
ECCE PUER
Del oscuro pasado Nace un niño; De gozo y de pesar Mi corazón se desgarra.
Tranquila en su cuna La vida yace. ¡Que el amor y la piedad Abran sus ojos!
Autor del poema: James Joyce | |
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Y POR QUÉ NO ES TU GUERRA MÁS PUJANTE...
¿Y por qué no es tu guerra más pujante contra el Tirano tiempo sanguinario; y contra el decaer no te aseguras mejores medios que mi rima estéril?
En el cenit estás de horas risueñas. Los incultos jardines virginales darían para ti vivientes flores, a ti más semejantes que tu efigie.
Tendrías vida nueva en vivos trazos, pues ni mi pluma inhábil ni el pincel harán que tu nobleza y tu hermosura
ante los ojos de los hombres vivan. Si a ti mismo te entregas, quedarás por tu dulce destreza retratado.
Autor del poema: William Shakespeare | |
DECREPITUD
Asilados en una infancia obscena, en el exilio de su misma sombra, desde un limbo de hielo, derritiéndose, los viejos testimonian, sin enigma, sobre el enigma viejo de estar vivo.
Gota a gota en presente, son futuro, evanescencia al fin fuera de tiempo, que en la fronda del tiempo anda perdida. Espectros de la carne en su derrota, se acogen al sagrado de la carne, que en deserción de sí no los ampara. pabilos sin fulgor de inteligencia, arden a fuego extinto en su hendidura, ascuas de quienes fueron, balbucientes.
Isla del fin del mundo, conmovidos, vemos flotar en pasmo la vejez, a la lunar deriva del asombro. Nos resulta del todo inconcebible nuestra decrepitud, nuestra mudanza hasta desconocernos en nosotros y en nosotros errar entre lo ajeno.
Cómo subsiste ciega la energía en su impúdico afán de propagarse.
Madre senilidad, nunca te amamos. Madre senilidad, no te amaremos.
Qué frágil, en su ser, la fortaleza. Qué sólido el vivir, de sumo frágil.
Autor del poema: Carlos Marzal | |
FLUCTUANDO EN LOS CABELLOS DE LISI
En crespa tempestad del oro undoso nada golfos de luz ardiente y pura mi corazón, sediento de hermosura, si el cabello deslazas generoso.
Leandro en mar de fuego proceloso, su amor ostenta, su vivir apura; Icaro en senda de oro mal segura arde sus alas por morir glorioso.
Con pretensión de fénix, encendidas sus esperanzas, que difuntas lloro, intenta que su muerte engendre vidas.
Avaro y rico, y pobre en el tesoro, el castigo y la hambre imita a Midas, Tántalo en fugitiva fuente de oro.
Autor del poema: Francisco de Quevedo | |
ALEGRÍA
Llegué por el dolor a la alegría. Supe por el dolor que el alma existe. Por el dolor, allá en mi reino triste, un misterioso sol amanecía.
Era alegría la mañana fría y el viento loco y cálido que embiste. ( Alma que verdes primaveras viste maravillosamente se rompía. )
Así la siento más. Al cielo apunto y me responde cuando le pregunto con dolor tras dolor para mi herida.
Y mientras se ilumina mi cabeza ruego por el que he sido en la tristeza a las divinidades de la vida.
Autor del poema: José Hierro | |
ALEGRÍA INTERIOR
En mí la siento aunque se esconde. Moja mis oscuros caminos interiores. Quién sabe cuántos mágicos rumores sobre el sombrío corazón deshoja.
A veces alza en mí su luna roja o me reclina sobre extrañas flores. Dicen que ha muerto, que de sus verdores el árbol de mi vida se despoja.
Sé que no ha muerto, porque vivo. Tomo, en el oculto reino en que se esconde, la espiga de su mano verdadera.
Dirán que he muerto, y yo no muero.¿Cómo podría ser así, decidme, dónde podría ella reinar si yo muriera?
Autor del poema: José Hierro | |
| Desde el 1 hasta el 8 de un total de 20 poemas |
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