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128. LA DESTRUCCIÓN
A mi lado sin tregua el Demonio se agita; En torno de mi flota como un aire impalpable; Lo trago y noto cómo abrasa mis pulmones De un deseo llenándolos culpable e infinito.
Toma, a veces, pues sabe de mi amor por el Arte, De la más seductora mujer las apariencias, y acudiendo a especiosos pretextos de adulón Mis labios acostumbra a filtros depravados.
Lejos de la mirada de Dios así me lleva, Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro De las hondas y solas planicies del Hastío,
Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos, Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas, ¡Y el sangriento aparato que en la Destrucción vive!
Autor del poema: Charles Baudelaire | |
EL BESTIARIO O CORTEJO DE ORFEO
I. El dromedario
Teniendo cuatro dromedarios Don Pedro de Alfarubeira Fue por el mundo y lo admiró. Él hizo lo que hiciera yo Teniendo cuatro dromedarios.
2. La cabra del Tibet
Los pelos de esta cabra, y esos Dorados, el embeleso De Jasón, nada son al lado De los que me han enamorado. 3. La langosta
Es esta la esbelta langosta, El alimento de San Juan; Ojalá mis versos, como ella, De buenas gentes sea el pan.
4. El delfín
Delfines, jugáis en el mar, Pero las olas son amargas. ¿A veces brota mi alegría? La vida es siempre despiadada.
5. Elcangrejo
Incertidumbre, iremos lejos y alegres, sin volver jamás, Así como van los cangrejos; De para atrás... de para atrás...
6. La carpa En los estanques y en las charcas, Cuánto tiempo vivís, ¡áh carpas! ¿Acaso la muerte os olvida, Peces de la melancolía?
Autor del poema: Guillaume Apollinaire | |
11. EL ENEMIGO
Mi juventud no fue sino un gran temporal Atravesado, a rachas, por soles cegadores; Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.
He alcanzado el otoño total del pensamiento, y es necesario ahora usar pala y rastrillo Para poner a flote las anegadas tierras Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.
¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño, Hallarán en mi suelo, yermo como una playa, El místico alimento que les daría vigor?
-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo, Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón, Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.
Autor del poema: Charles Baudelaire | |
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LAS MUJERES DE ANTES
En los Paseos junto al mar en las sillas de mimbre de los bares reclinadas en suaves chaises-longues de terciopelo fumando cigarrillos atrevidos y exóticos vestidas de colores muy decentes o en lugares cerrados y más íntimos mirándose al espejo retocando sus labios y empolvándose las mujeres de antes parecían irreales eran como otra cosa algo distinto pero cuando nos daban caramelos o las fotografiaban de perfil todos todos sabíamos que aquello se acababa que no podía ser que la hermosa película no iba a continuar siempre y que la extraña joya que al parecer tenían escondida en los pliegues del escote o quizás entre las piernas iba a volverse pronto mercancía barata que ellas eran como nosotros con sus deseos y melancolías con sus trabajos y su desengaño.
Y entonces ¿para qué fingirse diosas si ni ellas lo querían y para qué tanto suspiro absurdo tanta mano bellísima frotando en solitario tanto dedo en saliva si de la fiesta aquella sólo iban a quedar algunos viejos cuadros y montones de cajas de sombreros llenas de fotos ocres junto a discos partidos?
Autor del poema: José Agustín Goytisolo | |
CUANDO ASEDIEN TU FAZ CUARENTA INVIERNOS...
Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos y ahonden surcos en tu prado hermoso, tu juventud, altiva vestidura, será un andrajo que no mira nadie.
Y si por tu belleza preguntaran, tesoro de tu tiempo apasionado, decir que yace en tus sumidos ojos dará motivo a escarnios o falsías.
¡Cuánto más te alabaran en su empleo si respondieras : - « Este grácil hijo mi deuda salda y mi vejez excusa »,
pues su beldad sería tu legado! Pudieras, renaciendo en la vejez, ver cálida tu sangre que se enfría.
Autor del poema: William Shakespeare | |
CREACIÓN
Estoy vivo y he sorprendido las estrellas en el alba. Mi compañera continúa durmiendo y lo ignora. Mis compañeros duermen todos. La clara jornada se me revela más limpia que los rostros aletargados.
A distancia, pasa un viejo, camino del trabajo o a gozar la mañana. No somos distintos, idéntica claridad respiramos los dos y fumamos tranquilos para engañar el hambre. También el cuerpo del viejo debería ser sano y vibrante -ante la mañana, debería estar desnudo.
Esta mañana la vida se desliza por el agua y el sol: alrededor está el fulgor del agua siempre joven; los cuerpos de todos quedarán al descubierto. Estarán el sol radiante y la rudeza del mar abierto y la tosca fatiga que debilita bajo el sol, y la inmovilidad. Estará la compañera -un secreto de cuerpos. Cada cual hará sentir su voz. No hay voz que quiebre el silencio del agua bajo el alba. Y ni siquiera nada que se estremezca bajo el cielo. Sólo una tibieza que diluye las estrellas. Estremece sentir la mañana que vibre, virgen, como si nadie estuviese despierto.
Autor del poema: César Pavese | |
| Desde el 1 hasta el 6 de un total de 18 poemas de vida |
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