VIII
¿Quiéres que de ese néctar delicioso no te amarge la hez? Pues aspírale, acércale a tus labios y déjale después. ¿Quieres que conservemos una dulce memoria de este amor? Pues amémosnos hoy mucho y mañana ¡digámosnos, adiós!
Autor del poema: Gustavo Adolfo Bécquer | |
PAÍS
Tus ojos son de donde la nieve no ha manchado la luz, y entre las palmas el aire invisible es de claro.
Tu deseo es de donde a los cuerpos se alía lo animal con la gracia secreta de mirada y sonrisa.
Tu existir es de donde percibe el pensamiento, por la arena de mares amigos, la eternidad en tiempo.
Autor del poema: Luis Cernuda | |
MUERTE EN EL OLVIDO
Yo sé que existo porque tu me imaginas. Soy alto porque tu me crees alto, y limpio porque tú me miras con buenos ojos, con mirada limpia. Tu pensamiento me hace inteligente, y en tu sencilla ternura, yo soy también sencillo y bondadoso. Pero si tú me olvidas quedaré muerto sin que nadie lo sepa. Verán viva mi carne, pero será otro hombre -oscuro, torpe, malo- el que la habita...
Autor del poema: Ángel González | |
|
|
POR RINCONES DE AYER
En lugares perdidos contra toda esperanza te buscaba.
En ciudades sin nombre por rincones de ayer te busqué.
En horas miserables entre la sombra amarga te buscaba.
Y cuando el desaliento me pedía volver te encontré.
Autor del poema: José Agustín Goytisolo | |
A ...
Las enramadas donde veo en sueños, las más variadas aves cantoras, son labios y son tus musicales palabras susurradas.
Tus ojos, entronizados en el cielo, caen al fin desesperadamente ¡oh Dios!, en mi funérea mente como luz de estrellas sobre un velo.
Oh, tu corazón... suspiro al despertar y duermo para soñar hasta que raya el día en la verdad que el oro jamás podrá comprar y en las bagatelas que sí podría.
Autor del poema: Edgar Allan Poe | |
MUJER EN CAMISA
Te amo así, sentada, con los senos cortados y clavados en el filo, como una transparencia, del espaldar de la butaca rosa, con media cara en ángulo, el cabello entubado de colores, la camisa caída bajo el atornillado botón saliente del ombligo, y las piernas, las piernas confundidas con las patas que sostienen tu cuerpo en apariencia dislocado, adherido al journal que espera la lectura. Divinamente ancha, precisa, aunque dispersa, la belleza real que uno quisiera componer cada noche.
Autor del poema: Rafael Alberti | |