POEMAS A LA MADRE

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Estaba María santa
Contemplando las grandezas
De la que de Dios sería
Madre santa y Virgen bella
El libro en la mano hermosa,
Que escribieron los profetas,
Cuanto dicen de la Virgen

¡Oh qué bien que lo contempla!
Madre de Dios y virgen entera,
Madre de Dios, divina doncella.

Bajó del cielo un arcángel,
Y haciéndole reverencia,
Dios te salve, le decía,
María, de gracia llena.
Admirada está la Virgen
Cuando al Sí de su respuesta
Tomó el Verbo carne humana,
Y salió el sol de la estrella.
Madre de Dios y virgen entera,
Madre de Dios, divina doncella.

Autor del poema: Lope de Vega
Puntuación del poema: 9.46
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Tiene la frente pálida y tranquila,
una santa mirada en su pupila
y en los labios la savia del amor;
¿quién es ella, tan noble y abnegada,
que nos habla de amor en su mirada
y cual nadie nos cuida con fervor?.

Es la madre, la santa, la bendita,
la que al pie de la cuna nos musita
una dulce oración;
la que todo lo aporta por su niño,
la que nos llena de inmortal cariño
y nos da el corazón.

Tiene la frente pálida y hermosa
cual si fuera del Cielo alguna Diosa
llena de bendición;
ella nos da salud con un abrazo,
si sufrimos nos cura en su regazo
del más grande dolor.

Es la madre, la santa, la que llora,
el verdadero llanto que devora
su pecho maternal;
la que cubre con besos nuestra frente,
la que siempre es igual.

Dichosos los que vamos por la vida,
y tenemos en ella a la querida
madre abnegada que nos diera el ser.
Elevemos un canto a su grandeza,
amémosla con toda la firmeza,
que sentirá placer.

Cantemos a la madre en este día;
yo que tengo a la dulce, la que es mía,
la bendigo con íntimo fervor;
los que la lloren para siempre muerta,
vayan del Cielo a la gloriosa puerta
que está cerca de Dios.

¡Benditas madres que en afán prolijo,
dieron toda la vida por el hijo
que fue su adoración...!
¡Bendita madre que tu amor me diste,
y al tenerme en tus brazos me pusiste
tu eterna bendición...!.

Autor del poema: Crisanto Cuéllar Albaroa
Puntuación del poema: 8.80
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¿Por qué llevas, madre mía,
flores frescas y olorosas,
tan lozanas, tan hermosas,
a la mesa del altar?
¿Es acaso que a María
con cestas de flores llenas,
con lirios, con azucenas,
la podemos agradar?.

-Hija del alma, las flores
simbolizan la belleza,
la inocencia, la pureza,
de un corazón infantil;
la virtud esparce olores,
la virtud es dulce y pura,
la virtud tiene hermosura,
cual las flores en abril.

Y aquella Virgen gloriosa
sin borrón, sin mancha alguna,
más radiante que la luna
en toda su plenitud,
quiere en cada alma una rosa
que conserve la fragancia,
la pureza de la infancia,
y el brillo de la virtud.

¡Oh!, si quieres agradarle
sé para ella una violeta,
modesta, dulce, discreta,
llena de santa humildad;
y si quieres encontrarla
a tus clamores propicia,
aborrece la codicia,
practica la caridad.

Ama a tu Madre Divina,
conságrale toda el alma;
y si quieres hallar calma
en el valle del dolor,
huella la tierra mezquina,
y alza los ojos al cielo,
que allá tienes tu modelo
en la Madre del Señor.

Autor del poema: Silveria Espinosa de Rendón
Puntuación del poema: 8.77
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Generosa Oceanía de silencios
tu palabra de amor me levantó
más allá de mis plegarias de luz,
grabando en mármol azul, tu voz
que en mi boca crepuscular anidó
la esencia total de tus sentimientos.

La clara concepción de tus caminos
me lleva transparente por las sombras,
recojo el mensaje de la vida
que en el bautismo de mis días,
tus ojos grabaron en mi memoria.

Así, soy en ti, la poesía
tu sacrificio y tu dolor me marcaron
y forjaron en mí el concepto de la hombría
tus azules manos artesanas tallaron en mí
la verdad, el trabajo y el honor.

Día a día seguí tus lágrimas
y noche tras noche caminé tus oraciones;
te vi caer de las sombras del cansancio
cuando la noche rompía tu fortaleza,
y al segundo de tu entrega
vi alzarse tu estatura astral
en la galaxia de la vida y de la muerte.

Y hoy que soy un universo de luz,
y un huracán desmedido de ilusiones,
vivo la pasión y el amor
con la misma intensidad que has vivido tu dolor;
admiro tus batallas, madre mía;
como silueta dibujada en el océano azul
con la presencia inconfundible de la luz.

Soy en ti la prolongación rumorosa de tus sueños
y la voz universal de seis corazones invisibles,
que hacen presente el homenaje de amor
en el reino silencioso de tu entrega total.

Autor del poema: Alejandro Latorre Quintanilla
Puntuación del poema: 8.65
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