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A MI MADRE
Generosa Oceanía de silencios tu palabra de amor me levantó más allá de mis plegarias de luz, grabando en mármol azul, tu voz que en mi boca crepuscular anidó la esencia total de tus sentimientos.
La clara concepción de tus caminos me lleva transparente por las sombras, recojo el mensaje de la vida que en el bautismo de mis días, tus ojos grabaron en mi memoria.
Así, soy en ti, la poesía tu sacrificio y tu dolor me marcaron y forjaron en mí el concepto de la hombría tus azules manos artesanas tallaron en mí la verdad, el trabajo y el honor.
Día a día seguí tus lágrimas y noche tras noche caminé tus oraciones; te vi caer de las sombras del cansancio cuando la noche rompía tu fortaleza, y al segundo de tu entrega vi alzarse tu estatura astral en la galaxia de la vida y de la muerte.
Y hoy que soy un universo de luz, y un huracán desmedido de ilusiones, vivo la pasión y el amor con la misma intensidad que has vivido tu dolor; admiro tus batallas, madre mía; como silueta dibujada en el océano azul con la presencia inconfundible de la luz.
Soy en ti la prolongación rumorosa de tus sueños y la voz universal de seis corazones invisibles, que hacen presente el homenaje de amor en el reino silencioso de tu entrega total.
Autor del poema: Alejandro Latorre Quintanilla | |
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MADRE BENDITA
Tiene la frente pálida y tranquila, una santa mirada en su pupila y en los labios la savia del amor; ¿quién es ella, tan noble y abnegada, que nos habla de amor en su mirada y cual nadie nos cuida con fervor?.
Es la madre, la santa, la bendita, la que al pie de la cuna nos musita una dulce oración; la que todo lo aporta por su niño, la que nos llena de inmortal cariño y nos da el corazón.
Tiene la frente pálida y hermosa cual si fuera del Cielo alguna Diosa llena de bendición; ella nos da salud con un abrazo, si sufrimos nos cura en su regazo del más grande dolor.
Es la madre, la santa, la que llora, el verdadero llanto que devora su pecho maternal; la que cubre con besos nuestra frente, la que siempre es igual.
Dichosos los que vamos por la vida, y tenemos en ella a la querida madre abnegada que nos diera el ser. Elevemos un canto a su grandeza, amémosla con toda la firmeza, que sentirá placer.
Cantemos a la madre en este día; yo que tengo a la dulce, la que es mía, la bendigo con íntimo fervor; los que la lloren para siempre muerta, vayan del Cielo a la gloriosa puerta que está cerca de Dios.
¡Benditas madres que en afán prolijo, dieron toda la vida por el hijo que fue su adoración...! ¡Bendita madre que tu amor me diste, y al tenerme en tus brazos me pusiste tu eterna bendición...!.
Autor del poema: Crisanto Cuéllar Albaroa | |
FLORES EN EL ALTAR DE MARIA (I)
¿Por qué llevas, madre mía, flores frescas y olorosas, tan lozanas, tan hermosas, a la mesa del altar? ¿Es acaso que a María con cestas de flores llenas, con lirios, con azucenas, la podemos agradar?.
-Hija del alma, las flores simbolizan la belleza, la inocencia, la pureza, de un corazón infantil; la virtud esparce olores, la virtud es dulce y pura, la virtud tiene hermosura, cual las flores en abril.
Y aquella Virgen gloriosa sin borrón, sin mancha alguna, más radiante que la luna en toda su plenitud, quiere en cada alma una rosa que conserve la fragancia, la pureza de la infancia, y el brillo de la virtud.
¡Oh!, si quieres agradarle sé para ella una violeta, modesta, dulce, discreta, llena de santa humildad; y si quieres encontrarla a tus clamores propicia, aborrece la codicia, practica la caridad.
Ama a tu Madre Divina, conságrale toda el alma; y si quieres hallar calma en el valle del dolor, huella la tierra mezquina, y alza los ojos al cielo, que allá tienes tu modelo en la Madre del Señor.
Autor del poema: Silveria Espinosa de Rendón | |
| Desde el 1 hasta el 3 de un total de 22 poemas a la madre |
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