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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

LAS TORRES

Brunas lejanías...
batallan las torres
presentando
siluetas enormes.

Áureas lejanas...
las torres monarcas
se confunden
en sus iras llamas.

Rojas lejanías...
se hieren las torres;
purpurados
se oyen sus clamores.

Negras lejanías...
horas cenicientas
se oscurecen,
¡ay!, las torres muertas.

Autor del poema: José María Eguren

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SI ME ESCUCHARAS

si me escucharas

tú muerto y yo muerta de ti

si me escucharas

hálito de la rueda
cencerro de la tempestad
burbujeo del cieno

viva insepulta de ti
con tu oído postrero

si me escucharas

Autor del poema: Blanca Varela

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CUANDO NO TENÍA NADA QUE PERDER

Cuando no tenía nada que perder,
era libre.

Autor del poema: Paulo Coelho

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VERDAD ES MUY GRANDE

Verdad es muy grande
que yo no quisiera ni hablar,
ni dormir,
ni oir,
ni querer.
Sentirme encerrada
sin miedo a la Sangre,
sin tiempo ni magia
dentro de tu mismo miedo
y dentro de tu gran angustia
y en el mismo ruido de tu corazón.

Toda esta locura, si te lo pidiera,
yo sé que sería para tu silencio
sólo turbación.

Te pido violencia en la sinrazón
y tú me das gracias,
tu luz y calor.

Pintarte quisiera
pero no hay colores por haberlos tantos,
ni mi confusión,
la forma concreta de mi gran amor.

Autor del poema: Frida Kahlo

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COMBATE

Yo soy un poeta,
un ejército de poetas.
Y hoy quiero escribir un poema,
un poema silbatos
un poema fusiles.
Para pegarlos en las puertas,
en las celdas de las prisiones
en los muros de las escuelas.

Hoy quiero construir y destruir,
levantar en andamios la esperanza.
Despertar al niño,
arcángel de las espadas,
ser relámpago, trueno,
con estatura de héroe
para talar, arrasar,
las podridas raíces de mi pueblo.

Autor del poema: Clementina Suárez

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CUANDO ESTUVE EN EL MAR ERA MARINO

Cuando estuve en el mar era marino
este dolor sin prisas.
Dame ahora tu boca:
me la quiero comer con tu sonrisa.

Cuando estuve en el cielo era celeste
este dolor urgente.
Dame ahora tu alma:
quiero clavarle el diente.

No me des nada, amor, no me des nada:
yo te tomo en el viento,
te tomo del arroyo de la sombra,
del giro de la luz y del silencio,

de la piel de las cosas
y de la sangre con que subo al tiempo.
Tú eres un surtidor aunque no quieras
y yo soy el sediento.

No me hables, si quieres, no me toques,
no me conozcas más, yo ya no existo.
Yo soy sólo la vida que te acosa
y tú eres la muerte que resisto.

Autor del poema: Jaime Sabines

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ES POR ESO, ES POR TI

Si mis dedos se alargan es porque tú vives
y algo de ti me pide,
o algo de mis manos exigen
que acuda hacia el contacto,
que ruede hacia el milagro.

Por eso mis dedos te buscan en cada mapa
donde el deseo plantea una nueva coordenada,
de camino a ti,
de camino al mundo.

Yo te sigo por esto y porque me gusta
ver a mis pies volverse daltónicos
y confundir tus rojos con mis verdes
tus semáforos abiertos como una fruta madura
que estalla en nuestra boca,
con la pulpa del sexo buscando aire
en el contacto de otra piel,
como un oasis de pólvora
donde quemarnos en pleno desierto
cuando el corazón mastica arena
y bandadas de nubes pasajeras
que nunca rompen en agua que apague la sed.

Yo te viajo. Yo decido viajarte
en lugares sin nombre
donde solo nos hagamos la paz,
donde descorchemos nuestros cuerpos
como tapones sin billete de vuelta,
donde nos mojemos con el agua azul de las victorias
pisándole los charcos a la duda
para que deje de aguarnos la cama.

Si me estiro,
si me rompo,
si me busco frente a ti
es por eso,
es por ti,
y por todo lo que no cuento

y tú ya sabes.

Autor del poema: Marwan

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AGUA, SAN MARCOS

Agua, San Marcos,
rey de los charcos,
para mi triguito
que está muy bonito;
para mi cebada
que está muy granada;
para mi melón
que ya tiene flor;
para mi sandía
que ya está florida;
para mi aceituna
que ya tiene una.
La ovejita y el pastor
lloviendo y con sol.

Autor del poema: Anónimo

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LA TRISTEZA DEL INCA

Este era un Inca triste, de soñadora frente,
de ojos siempre dormidos y sonrisa de hiel,
que recorrió su imperio, buscando inútilmente
a una doncella hermosa y enamorada de él.

Por distraer sus penas, el Inca dio en guerrero;
puso a su tropa en marcha y el broquel requirió;
fue sembrando despojos sobre cada sendero
y las nieves más altas con su sangre manchó.

Tal, sus flechas cruzaron inviolables regiones,
en que apenas los ríos se atrevían a entrar;
y tal fue, derramando sus heroicas legiones:
de la selva a los andes de los andes al mar.

Fue gastando las flechas que tenía en su aljaba,
una vez y otra y otra, de región en región,
porque cuando salía victorioso, lograba
levantar la cabeza, pero no el corazón.

Y cansado de tanto levantar la cabeza,
celebró bailes magnos y banquetes sin fin,
pero no logra nada disipar su tristeza,
ni la sangre del choque, ni el licor del festín.

Nada entraba en el fondo de su espíritu oculto:
ni las cándidas ñustas de dinástico rol,
ni los cirios de Quito, consagradas al culto,
ni del Cuzco, tampoco, los vestales del sol.

Fue llamado el más viejo sacerdote; Adivina
este mal que me aqueja y el remedio del mal;
dijo al gran sacerdote, con voz trémula y fina,
aquel joven monarca, displicente y sensual.

- ¡Ay, señor! - dijo el viejo sacerdote -
Tus penas remediarse no pueden; tu pasión es mortal.
La mujer que has ideado tiene añil en las venas
un trigal en los bucles y en la boca un coral.

- ¡Ay, señor! - ciertos días vendrán hombres muy blancos,
Ha de oírse en los bosques el marcial caracol:
cataratas de sangre colmaran los barrancos,
y entrarán otros dioses en el Templo del Sol.

La mujer que has ideado pertenece a tal raza,
vanamente la buscas en tu innúmera grey,
y servirte no pueden oración ni amenaza,
porque tiene otra sangre, otro dios y otro rey

Cuando el rito sagrado le mando optar esposa,
hizo astillas el cetro con vibrante dolor,
y aquel joven monarca se enterró en una fosa
y pensando en la rubia fue muriendo de amor.

Autor del poema: José Santos Chocano

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EL ENCUENTRO

Vagábamos sin sentido
en alas de no sé qué;
yo, por algo que se fue;
tú, por algo presentido.
En el sendero perdido
el acaso nos juntó,
y recobrados tú y yo
de la divina sorpresa,
me dije: "Por fin regresa";
pensaste: "Por fin llegó".

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