16 Poemas portugueses 

FRUTOS

Higos, fresas, manzanas,
melones, melocotones, cerezas,
peras, sandías, naranjas,
oh música de mis sentidos,
pura delicia de la lengua;
déjame ahora hablar
de la fruta que me fascina,
por el sabor, por el color,
por el aroma de sus sílabas:
mandarina, mandarina.

Autor del poema: Eugenio de Andrade

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14 DE JUNIO

Cerremos esta puerta.
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan
Como de sí mismos se desnudarían dioses.
Y nosotros lo somos, aunque humanos.
Es nada lo que nos ha sido dado.
No hablemos pues, sólo suspiremos
Porque el tiempo nos mira.
Alguien habrá creado antes de ti el sol,
Y la luna, y el cometa, el espacio negro,
Las estrellas infinitas.
Ahora juntos, ¿qué haremos? Sea el mundo
Como barco en el mar, o pan en la mesa,
O el rumoroso lecho.
No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere.
Su mirada aguda ya era una pregunta
A la primera palabra que decimos:
Todo.

Autor del poema: José Saramago

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UN AMIGO ES A VECES EL DESIERTO

Un amigo es a veces el desierto,
otras el agua.
Despréndete del ínfimo rumor
de agosto; no siempre
un cuerpo es el lugar de la furtiva
luz desnuda, de cargados
limoneros de pájaros
y el verano en el pelo;
en el follaje oscuro del sueño
es donde brilla
la piel mojada,
la floración difícil de la lengua.
Lo cierto es la palabra.

Autor del poema: Eugenio de Andrade

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LAS MANZANAS

Del alma sólo sé lo que sabe el cuerpo:
donde la esperanza y la gracia
aspiran al ardor
del fuego está la morada del hombre.
Ve cómo arden las manzanas
en la frágil luz del invierno.
Así debería ser una
casa: brillar en el crepúsculo
sin usura ni vileza
con la compañía de las manzanas.
Así: limpia, madura.

Autor del poema: Eugenio de Andrade

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CUANDO ELLA PASA

Sentado junto a la ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Veo su adorable imagen, la de ella, mientras
Pasa... pasa... pasa de largo...

Sobre mí, la aflicción ha arrojado su velo:-
Una criatura menos en este mundo
Y un ángel más en el cielo.

Sentado junto a la Ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Pienso que Veo su imagen, la de ella,
Que no pasa ahora... que no pasa de largo...

Autor del poema: Fernando Pessoa

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TU VOZ HABLA AMOROSA

Tu voz habla amorosa...
Tan tierna habla que me olvido
de que es falsa su blanda prosa.
Mi corazón desentristece.

Sí, así como la música sugiere
lo que en la música no está,
mi corazón nada más quiere
que la melodía que en ti hay...

¿Amarme? ¿Quién lo creería? Habla
con la misma voz que nada dice
si eres una música que arrulla.
Yo oigo, ignoro, y soy feliz.

Ni hay felicidad falsa,
mientras dura es verdadera.
¿Qué importa lo que la verdad exalta
si soy feliz de esta manera?

Autor del poema: Fernando Pessoa

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EL AMOR

Estoy amándote como el frío
corta los labios.

Arrancando la raíz
a lo más diminuto de tus ríos.

Inundándote de dagas
de saliva esperma lumbre.

Estoy rodeado de agujas
tu boca más vulnerable.

Marcando en tus costados
el itinerario de la espuma.

Así es el amor: mortal y navegable.

Autor del poema: Eugenio de Andrade

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LAS NUBES

A veces bailan en las colinas
o en los ojos de las tórtolas:
van hacia al sur, buscan
la luz fresca de las islas,
los pies diminutos de la lluvia,
el estallido del mar,
el olor juvenil de la leña
todavía verde y con resina,
el alma de las placitas,
los gorriones, el susurro del alba.

Autor del poema: Eugenio de Andrade

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POEMA A MI MADRE

En lo más hondo de ti,
sé que te he traicionado, madre.

Todo porque ya no soy
el niño dormido
en el fondo de tus ojos.

Todo porque tú ignoras
que hay lechos donde el frío no se para
y noches rumorosas de aguas matinales.

Por eso, a veces, las palabras que te digo
son duras, madre,
y nuestro amor es desdichado.

Todo porque perdí las rosas blancas
que apretaba junto al corazón
en el retrato enmarcado.

Si supieses cómo aún amo las rosas,
quizá no llenases tus horas de pesadillas.

Pero tú has olvidado muchas cosas;
te has olvidado de que mis piernas han crecido,
que todo mi cuerpo ha crecido,
¡y hasta mi corazón
se ha hecho enorme, madre!

Mira -¿quieres oírme?-
a veces todavía soy el niño
que se durmió en tus ojos;
aún aprieto contra el corazón
rosas tan blancas
como las que tienes en el retrato;

aún escucho tu voz:
Érase una vez una princesa
en medio de un naranjal...

Pero -sabes- la noche es enorme,
y todo mi cuerpo ha crecido.
He salido del marco,
he dado a beber mis ojos a las aves.

No me he olvidado de nada, madre.
Guardo tu voz dentro de mí.
Y te dejo las rosas.

Buenas noches. Yo me voy con las aves.

Autor del poema: Eugenio de Andrade

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¡NO, NO DIGAS NADA!

¡No: no digas nada!
Suponer lo que dirá
tu boca velada
es oírlo ya.

Yo oí lo mejor
de lo que dirías.
Lo que eres no viene a la flor
de las frases y los días.

Es mejor de lo que tu.
No digas nada: lo sé!
Gracia del cuerpo desnudo
que invisible se ve.

Autor del poema: Fernando Pessoa

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