47 Poemas chilenos 

PERDÓN PIDO POR TI

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PERDON, PIDO POR TI
Al Profesor Pedro Peña Chandía, con todo afecto.

1.-
Como una tibia mañana
de un día claro de abril
era mi vida tranquila
hasta que ella llegó a mí.

Ella tiene en su rostro la dulzura
y la sonrisa más linda del mundo.
En el mundo que forma mi mundo
ni las fucsias opacan su hermosura.

Si su padre fuese, su abuelo o su hermano,
millares de caricias le entregara mi mano,
pero amor tan culpable como ha sido el nuestro,
es doble pecado, pues que soy su maestro.

Que no habría de quererla,
estaba escrito más allá de las estrellas,
desde el día que pusieron la distancia,
-que nos distancia-
y yo, no supe o no quise comprenderlo,
...y le fallé.

Si a mí, sólo me habían pedido:
“ser la sombra protectora a cuyo alero se cobije,
cuando cruel pena de la vida le corroa
y, toda llena de amargura, rompa en llanto.

Ser "la suave voz amiga
que el consejo da oportuno,
y no vaya por la vida
aprendiendo del error”

Pero, en cambio, fui para ella
“zarpa dura”, que la hiriera,
fui la roca puesta adrede en su camino,
a cuyo pie se tropezó...

2.-
Sentencia de culpa la vida nos ha dado:
ella culpable por haberme sonreído,
culpable yo por haberla querido:
ambos culpables, por habernos entregado...

Y, puesta ya, en su entraña, la semilla de mi aroma,
abrevado de un sorbo al cáliz del amor,
botoncito de rosa, distante y dolorida
germinando a la sombra ha llegado a ser flor...

3.-
Alegría y gozo. Sonrisa y llanto.
Delicado capullo crecerás en dolor
vocecita de niña brotada de su manto
acógela a tu seno, madre, con amor...

Ve a jugar, hija mía, con la nada que te he dado,
busca, en otras manos, la caricia que la mía te negó
pues serán otros brazos que suavicen tu caída
te darán otros labios las sonrisas que te niegue yo.

4.-
Vuela... vuela mariposa primorosa
ve hacia otras flores a abrevar su nectáreo
que no olarás en mí, ni a perfume de rosa
tú sólo fuiste página que contempla mi diario.

Bertoldo Herrera Gitterman
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EL ROBLE DEL RAYO

Enviado por beache  Seguir


No era muy grande ni pequeño
no había llegado pellín todavía
era un hermoso hualle solitario
que a media falda del cerro crecía.

El fuerte viento llegó por el norte
más de una rama a su paso quebró
siguió azotando por horas enteras
cuando la tormenta ya se desató

Y fuertemente tronaba el relámpago
retumbaba el trueno con grito feroz
era como si el cielo estuviera tratando
de asustar al mundo con sólo su voz.

Entonces vino el rayo con su luz y calor
y al nombrado hualle infeliz alcanzó
fue girando en torno de su alrededor
y una inmensa que trola botada dejó.

Impactó a la gente de todo el sector
que está acostumbrada que el rayo suceda
y al día siguiente se volcaron todos
a buscar la hachita que dicen que queda.


Bertoldo Herrera Gitterman

(Tomada del poemario “Arriba en Quilimanzano

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TRISTEZA

Enviado por beache  Seguir

Con la lentitud de movimiento que da la tristeza
Voy dejando que las horas mitiguen mi dolor
El cielo de mi vida se pobló de nubarrones
Y mis flores se quedaron desprovistas de color.

Ya no escucho siquiera una voz de esperanza
Me siento cansado de vivir en llanto contenido
Se agotaron mis fuerzas para soportar mi sufrir
A seguir este rumbo no le encuentro el sentido.

Hoy la luz de la luna me ha ocultado su brillo
Ni hoy el sol ha llegado con un rayo feroz
Se quedaron desiertos los caminos vacíos
Y hasta el propio jilguero ha mesurado su voz.

Yo transito en la atmósfera de tiempos pretéritos
Mis minutos son siglos de un tiempo banal
Yo tributo en la margen de un río caudaloso
Que me lleva arrastrando hacia el mar del final.

Bertoldo Herrera Gitterman

30 07 22

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LA CASA EN LA QUINTA EN...

Enviado por beache  Seguir

La Casa en la Quinta

En la esquina noreste de una vieja quinta
De añosos perales, ciruelos y manzanos
Propiedad de mi madre y antes de abuelos
Construiré una casa con mis propias manos.

Le haré los cimientos con viejos pellines
Que por tal objeto aún conserva el tiempo
Arrumados en orden o formando cercos
Más allá de los años, la lluvia y el viento.

Bajo un techo de tejas de azul en metálico
Sobre blancas paredes yo pondré ventanales
Que reflejen el cielo en sus tonos celestes
Que permitan la entrada de luz a raudales.

Reiniciaré allí mi vida conjugando recuerdos
De tiempos pasados que hoy forman pretérito
De mis antepasados que, de a uno, se han ido
De sus viejas historias, de su honor y su mérito.

Recorreré los caminos que anduve cuando niño,
Añoraré los potreros cubiertos de trigo
Que se encuentran vacíos de espigas y lirios,
Donde acuñe los sueños que aún hoy persigo.

Y en la ausencia del vigor para labrar la tierra
Construiré mil canciones, poemas y versos
Plantaré bellas flores en un jardín pequeño
Que aúnen anhelos, deseos y esfuerzos.

Caminaré a paso lento por toda la quinta
Y seré muy feliz, en soledad o tristeza
Captaré la fragancia de la fruta madura
O al manzano florido en toda su belleza.

Si dice el poeta “vive más quien más anhela”
Viviré cientos de años anhelando tu beso
Enfrentado al crepúsculo que trae la tarde
soñaré tu sonrisa y también tu regreso.

Autor Bertoldo Herrera Gitterman

16 10 22

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AUSENCIA

Enviado por beache  Seguir

Gimen de luces las auroras del invierno
Yagan de soles los veranos sin amor
Lloran de ausencia los jardines sin rosas
Viven contentos los enfermos sin dolor

Muere la tarde cuando el sol ya se ha ido
Muere la noche cuando aparece el sol
Muere la sonrisa que había en tus labios
Muere mi tristeza cuando tengo tu amor.

Se acaba la lluvia que una nube creara
Después de marchitarse se acaba la flor
Después de una sonrisa se acaba la pena
O tras una reyerta se acaba el amor.

Lloran de nostalgia las rosas del camino
Porque tú ya no pasas y ya no pasarás
Aquellas que esperaban floridas tu pasada
Y que ya no florecen porque no te ven más.

Bertoldo HerreraGitterman

17 10 22

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POR TI, BANDERA

Enviado por beache  Seguir

Gime ¡Canta!, bandera de mi patria...
Allá, en lo alto del mástil do flameas,
eres la luz que alumbró el camino
del soldado, caminante, peregrino.

Al evocar históricas hazañas
mi alma llora, mientras la noche en calma
va cayendo al valle dormido,
como cae la nieve a la montaña:

Lentamente...
dulcemente...

Como el canto suave de la madre tierna
que a su hijo dormita.
Con el tono leve de la lluvia
sobre el rojo tejado de mi casa...

Y tu voz, que tus hijos escucharon,
llama a todos con arrollador ardor en la batalla.
De sus jóvenes almas, la pureza en ti depositaron
Cuando aún no sonara el ruido de metralla.

(Es tan nítida tu voz, tan ineludible,
como el trino que precede a la alborada,
como el canto de amor en los oídos
de una niña enamorada.)

Y hacia el Norte partieron... ¡Hacia el Norte!
llevando como norte, la fe en la victoria
dejando atrás el ahogo del amor lejano,
a llenar doradas páginas de gloria...

¿Ves al camino polvoriento que hacia allá se extiende,
que recorre el soldado a paso lento,
por las quemantes arenas del inhóspito desierto,
donde teje el horizonte su postrer confín?
Infinito...
Eterno:

Como el susurro del soldado moribundo
que a ti mira en su estertor postrero,
como el murmullo del viento cristalino
sobre el flameante tricolor chileno.

Y, si herido ha quedado en inhóspito paraje,
sin tener la voz amiga que el dolor mitigue
el recuerdo a ti en valor se troca
todo un mundo interior que se desboca.

Y alzada su faz, con tranco vacilante,
rompe de golpe el lazo que a la muerte le ata
no será hoy que su alma se levante
no habrá ocasión que tu defensa abata.

Bertoldo Herrera Gitterman.
28-08-01

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LA FRAGUA DE DON GENARO.

Enviado por martita  Seguir

En una humilde choza de ratonera
vivía un matrimonio muy anciano:
ella hilaba lana con su uso
él tenía una fragua manejada por su mano.

Eran tan pobras doña Juana y don Genaro
Que su rancho no tenía ni siquiera piso
Menos una ventana
Solamente una mesa y vasija de madera.

En su fragua el anciano pasaba
horas y horas trabajando
con el fuelle encendía el carbón
y así los arados iba arreglando.

A pesar de su pobreza eran felices
y la novena del Carmen tenían que rezar
acompañados de sus vecinos
aunque yo era aún niña, era la primera en llegar.

Que tiempos tan felices aquellos
que hoy he vuelto a recordar
el agua pura, que por un tubo
salía fresca y limpia para tomar.

Miles de plantas en su huerto
había para cualquier toma preparar
Porque ellos eran tan pobres
que en la botica no podían comprar.

De mi niñez, mi recuerdo más lindo
cuando en su fragua jugar me dejaba
encendiéndole el carbón
que tanto le costaba.

Con su cara llena de risa
con sus manos llenas de cayos
nuca me dio una pastilla,
pero tampoco nunca un regaño.

Que Dios los tenga en el cielo
a doña Juana y don Genaro.

Marta Gittermann

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LA RARA

Enviado por martita  Seguir

En un frondoso y verde boldo
hay un nidito de pajarito
hecho de lana, pasto y pelito
en su interior hay cuatro huevitos

Cuando pasaron algunos días
y ya nacieron los pajaritos,
el gato trata, con gran porfía
busca llegar donde está el nidito.

Volaron hoy. Que gran horror
pues eran unas dañinas raras,
y yo que siempre las defendí:
mejor habría sido que el gato las casara.

Pero Dios creó las aves
y los feroces animales
y aunque sean buenos o malos
unos cantan y otros hacen daño.

Marta Gittermann

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GENIO Y FIGURA

Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh, Pueblos!
El canto frente a frente al mismo Satanás,
dialoga con la ciencia tremenda de los muertos,
y mi dolor chorrea de sangre la ciudad.
Aún mis días son restos de enormes muebles viejos,
anoche «Dios» llevaba entre mundos que van
así, mi niña, solos, y tú dices: «te quiero»
cuando hablas con «tu» Pablo, sin oírle jamás.
El hombre y la mujer tienen olor a tumba,
El cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
Lo mismo que el ataúd rojo del infeliz.
Enemigo total, aúllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.

Autor del poema: Pablo de Rokha

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EL CAMPESINO

Enviado por martita  Seguir



La suave brisa de la mañana
mece las hojas de los trigales,
las aves trinan desde las ramas,
bebe la vaca en los manantiales.

El campesino, aún somnoliento
de madrugada suelta la yunta,
para que coman el pasto fresco
en la pradera, allá en la junta.

Él sin descanso, siempre sonriente
de sol a sol, al agua o frío
callosas manos secan su frente
de cien gotitas como el rocío.

Siguiendo el surco con las semillas,
después la echona, luego la era
para trillar el dorado trigo
que es su alimento hasta primavera.


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