38 Poemas chilenos 

YO CANTO A LA DIFERENCIA

Yo canto a la chillaneja
si tengo que decir algo,
y no tomo la guitarra
por conseguir un aplauso.
Yo canto la diferiencia
que hay de lo cierto a lo falso.
De lo contrario no canto.

Les voy a hablar enseguida
de un caso muy alarmante.
Atención el auditorio
que va a tragarse el purgante,
ahora que celebramos
el dieciocho más galante.
La bandera es un calmante.

Yo paso el mes de setiembre
con el corazón crecido
de pena y de sentimiento
del ver mi pueblo afligido;
el pueblo amando la Patria
y tan mal correspondido.
El emblema por testigo.

En comandos importantes,
juramento a la bandera.
Sus palabras me repican
de tricolor las cadenas,
con alguaciles armados
en plazas y en alamedas
y al frente de las iglesias.

Los ángeles de la guarda
vinieron de otro planeta.
¿Por qué su mirada turbia,
su sangre de mala fiesta?
Profanos suenan tambores,
clarines y bayonetas.
Dolorosa la retreta.

Afirmo, señor ministro,
que se murió la verdad.
Hoy día se jura en falso
por puro gusto, nomás.
Engañan al inocente
sin ni una necesidad.
¡Y arriba la libertad!

Ahí pasa el señor vicario
con su palabra bendita.
¿Podría su santidad
oírme una palabrita?
Los niños andan con hambre,
les dan una medallita
o bien una banderita.

«Por eso, su señorida
–dice el sabio Salomón–,
hay descontento en el cielo,
en Chuqui y en Concepción,
ya no florece el copigüe
y no canta el picaflor».
Centenario de dolor.

Un caballero pudiente,
agudo como un puñal,
me mira con la mirada
de un poderoso volcán
y con relámpagos de oro
desliza su Cadillac.
Cueca de oro y libertad.

De arriba alumbra la luna
con tan amarga verdad
la vivienda de la Luisa
que espera maternidad.
Sus gritos llegan al cielo.
Nadie la habrá de escuchar
en la Fiesta Nacional.

La Luisa no tiene casa
ni una vela ni un pañal.
El niño nació en las manos
de la que cantando está.
Por un reguero de sangre
mañana irá el Cadillac.
Cueca amarga nacional.

La fecha más resaltante.
La bandera va a flamear.
La Luisa no tiene casa.
La parada militar.
Y si va al Parque la Luisa,
¿adónde va a regresar?
Cueca triste nacional.

Yo soy a la chillaneja,
señores, para cantar.
Si yo levanto mi grito
no es tan solo por gritar.
Perdóneme el auditorio
si ofende mi claridad.
Cueca larga militar.

Autor del poema: Violeta Parra

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EL DESIERTO DE ATACAMA (III)

i. Los desiertos de atacama son azules

ii. Los desiertos de atacama no son azules ya ya dime
lo que quieras

iii. Los desiertos de atacama no son azules porque por
allá no voló el espíritu de J. Cristo que era un perdido

iv. Y si los desiertos de atacama fueran azules todavía
podrían ser el Oasis Chileno para que desde todos
los rincones de Chile contentos viesen flamear por
el aire las azules pampas del Desierto de Atacama

Autor del poema: Raúl Zurita

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EL DESIERTO DE ATACAMA (II)

Helo allí, helo allí
suspendido en el aire
el desierto de atacama

I. Suspendo sobre el cielo de chile diluyéndose entre auras

II. Convirtiendo esta vida y la otra en el mismo Desierto de Atacama áurico perdiéndose en el aire.

III. Hasta que finalmente no haya cielo sino Desierto de Atacama y todos veamos entonces nuestras propias pampas fosforescentes carajas encumbrándose en el horizonte.

Autor del poema: Raúl Zurita

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EL DESIERTO DE ATACAMA (IV)

I. El Desierto de Atacama son puros pastizales.

II. Miren a esas ovejas correr sobre los pastizales del
desierto.

III. Miren a sus mismos sueños balar allá sobre esas
pampas infinitas

IV. Y si no se escucha a las ovejas balar en el Desierto
de Atacama nosotros somos entonces los pastizales
de Chile para que en todo el espacio en todo el mundo
en toda la patria se escuche ahora el balar de nuestras
propias almas sobre esos desolados desiertos miserables.

Autor del poema: Raúl Zurita

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DIÁLOGO DE CHILE

Verás un mar de piedras
Verás margaritas en el mar
Verás un Dios de hambre
Verás el hambre
Verás figuras como flores
Verás un desierto
Verás el mar en el desierto
Verás tu odio
Verás un país de sed
Verás acantilados de agua
Verás nombres en fuga
Verás la sed
Verás amores en fuga
Verás el poco amor
Verás flores como piedras
Verás sus ojos en fuga
Verás cumbres
Verás margaritas en las cumbres
Verás un día blanco
Verás que se va
Verás no ver
Y llorarás

Autor del poema: Raúl Zurita

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EL VERDOR DE LA MADRUGADA

Irredentos Chile entero lloraba los amarillos pastos que se iban perdiendo en plena noche sin luz con todas estas llanuras clamando los nuevos pastos de la madrugada

i. Y qué si redimidos nosotros fuésemos los pastos de la madrugada

ii. Y qué si nos viésemos a nosotros mismos amaneciendo sobre el valle

iii. Y qué si de luz. la madrugada reviviera los muertos valles de Chile

Porque alborados de luz podrían hacerse los pastos sobre Chile y los muertos amanecerían entonces riendo por estas llanuras de madrugada iluminados cantándose la renacida

iv. Todos podrán saber así porque ríe la madrugada

v. Y qué si Chile entero amaneciese resucitado con sus muertos

vi. Todos podrían saber entonces si amaneció el nuevo día sobre Chile

Porque amanecidos nosotros llegaríamos a ser el despertar que ríe sobre Chile y los pastos la resucitada final de estos muertos al alba relumbrosos de luz detrás de los Andes despuntando ellos como un verdor la madrugada.

Autor del poema: Raúl Zurita

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LAS PLAYAS DE CHILE (III)

Vean las mecidas bajo el viento:
Chile entero resurgía como una
línea de pasto en el horizonte


i. Chile entero resurgía como una línea de pasto por
el horizonte


ii. Por eso las playas parecían mecerse como espigas
frente a ellos lejanas esparciéndose en el aire


iii. En que ni sus sueños supieron del resurgir de toda
la patria donde nosotros somos apenas una línea de
pasto meciéndose en el horizonte como espejismos
ante Usted por estos aires besando la costa que
Chile entero esparció iluminada bajo el viento

Autor del poema: Raúl Zurita

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LAS PLAYAS DE CHILE (IV)

Celestes clavaron esos cielos:
Usted era apenas el horizonte
en las playas de este calvario


i. Las playas de Chile fueron horizontes y calvarios:

desnudo Usted mismo se iba haciendo un cielo sobre esas
costas de nadie


ii. Por eso las cruces también se llamaron playas de Chile:
remando esos botes se acercaron a ellas pero sin dejar
estelas en el agua sino sólo el cielo que soñaron
celeste constelándose sobre esas miserias


iii. Por eso ni los pensamientos sombrearon las cruces de este
calvario donde es Usted el cielo de Chile desplegándose
sobre esas miserias inmenso constelado en toda
la patria clavándoles un celeste de horizonte en los ojos

Autor del poema: Raúl Zurita

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LA MARCHA DE LAS CORDILLERAS

i. Y allí comenzaron a moverse las montañas


ii. Estremecidas y blancas ah sí blancas son las heladas
cumbres de los Andes


iii. Desligándose unas de otras igual que heridas que se
fueran abriendo poco a poco hasta que ni la nieve
las curara


iv. Y entonces erguidas como si un pensamiento las
moviese desde los mismos nevados desde las mismas
piedras desde los mismos vacíos comenzaron su
marcha sin ley las impresionantes cordilleras de Chile

Autor del poema: Raúl Zurita

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CORDILLERAS (V)

Blancas son también las voces de los
que se fueron

Sí, blanco es el destino que se van
tragando estas montañas

(texto quiche)


i. De locura es el cielo de los nevados gemían marchando
esas voladas


ii. Imponentes albísimas sin dejar piedra ni pasto hasta
que todo fuera su blancura


iii. Pero no ni borrachos creyeron que la locura era igual
que los Andes y la muerte un cordillerío blanco frente a
Santiago y que entonces desde toda la patria partirían
extraños como una nevada persiguiéndoles la marcha

Autor del poema: Raúl Zurita

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