19 Poemas de adiós 

ADIÓS

Llovió y ha vuelto a llover
y cayeron las hojas y el sol las abrazó y el viento vino
y arrastró las hojas y sonó la hojarasca
y otra vez cayeron las hojas y el sol las abrazó y vino el viento
y el rocío se hizo en la yerba y se fue
y abrieron los capullos y el insecto rompió la húmeda cáscara y voló
y otra vez el pájaro que cantaba en la cuerda
bajó a jugar bajo el rosal y volvió a su cielo
y cantó y la mariposa estuvo dormida al amanecer y con el sol caliente subía dando ligeros golpes
y la lluvia la heló y otra mariposa voló por el jardín y el jardín de ayer
quedó yerto y enrojeció y volvió a quedar yerto y pálido y las ramitas secas
chasquearon y cayeron al césped y el sapo cambió de sombra y volvió a cambiar
y ha buscado otra sombra húmeda
y el gusano ha terminado de hilar y ya voló y ya volvió a hilar y el viento
mueve la hoja que lo hospeda
y los jejenes han ascendido en el vaho caluroso y caido con las aguas del cielo
y se han levantado de nuevo porque otra vez ha sido el día caluroso
y la hilera de hormigas corta el campo en el claro seco y boronoso y ahora regresa al patio sembrado
y el ratón de monte ha dormitado largamente en su cueva y ha despertado por muchos días corriendo en secreto
lejos del búho y ha caído lejos de las garras del búho y el búho comió y pasó noches de hambre y volvió a su comida
y duerme este día y se despertó de nuevo y cazó la rata gris
y un hombre encontró su pareja y se amaron y el hijo que nació encontró su pareja y la amó
y el hijo que de allí naciera encontró su pareja y la amó y de allí nació un hijo
y el hombre murió y volvió otra muerte y se llevó otra vida y otra vida se apagó al entretanto
y vinieron hermosas costumbres y cambiaron las
viejas costumbres y otras costumbres y modales se cambiaron y
se levantaron templos prodigiosos y los templos prodigiosos se fueron y llegaron nuevos templos prodigiosos.
Y se levantaron los ídolos todos de metal noble y refulgente y dieron vuelta y otro rostro cubrió el rostro de ellos
y otra vuelta cambió este rostro por otro de otra forma
y el polvo hundió los ídolos y salieron flores del polvo y el desierto llegó a cantar un largo silencio
y las ciudades despertaron y se durmieron y se ocultaron y desaparecieron
y volvieron a nacer con sus comercios y sus tiendas y sus reyes y príncipes
y poetas y bellas mujeres y mártires y guerreros y sacerdotes y santos y maestros
y muchachos atarantados y viejos
y la luna estaba dando vueltas y se encendía toda y se adelgazaba y se hacía tenue
y se llenaba y se vaciaba de plata y volvía a llenarse y a subir tarde y tarde bajando tarde y tarde y noche y noche
y la tierra corría y corría y regresaba y corría y la tierra en la noche en la oscuridad dando su cara negra y rodando su cara deslumbrante y su azul ligero y su azul negro y sus nubes y aladas
y sus nubes estripotosas y deshechas con el mar que saltaba hacia su madre y saltaba desde el pecho de su madre
y con el viento que lloraba y cantaba como un niño y lloraba y cantaba como una mujer y lloraba y cantaba como un anciano y como un perro
y como un mar hasta que era otra vez viento y lloraba y cantaba
y la tierra iba loca y bella entre sus madres entre sus padres loca como una jovencita y loca como una mujer en una fiesta
y como un paso de baile y como una caída de flores y como un beso
iba y venía mientras las grandes redes de estrellas subían y aleteaban como insectos
desesperados de amor y como
chispas que volaban desde la raza áspera y como cabelleras solas y como fuego solo y como
oro raptado y oro yéndose y oro viniendo y oro jugando en todas partes y moscas plateadas y anillos perdidos y collares
y cuellos y rostros de mujeres exquisitamente desenvueltas y allí las noches
soltaban sus amarras y se aprisionaban y amaban la noche hembra y la noche viril
y el tiempo hembra y el tiempo varón y la vastedad toda y los círculos de vastedad
que iban y venían a sí mismo y de sí mismos alejándose y entregándose y frotándose
como dos hocicos de hembra y macho encelados, tigres, lobos en celo.
Y ha vuelto a llover y dime qué sol ha venido y qué canción has oído y que mariposa baja hasta la flor del patio
y duerme y
dame ese perfume que todo es un perfume y una esencia y una vaga brisa que llega y se mueve anda y desanda
y dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir
y si de ti todo se ha ido y todo está por llegar y todo está en viaje y todo es nuevo y vuelve.
Adiós Salud Adiós.

Autor del poema: Ramón Palomares

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ADIÓS

Adiós para siempre, mitad de mi vida,
un alma tan sólo teníamos los dos;
mas hoy es preciso que esta alma divida
la amarga palabra del último adiós.

¿Por qué nos separan? ¿No saben acaso
que pasa la vida cual pasa la flor?
cruzamos el mundo como aves de paso...
mañana la tumba, ¿por qué hoy el dolor?

¿La dicha secreta de dos que se adoran
enoja a los cielos, y es fuerza sufrir?
¿Tan sólo son gratas las almas que lloran
al torvo destino?... ¿La ley es morir?...

¿Quién es el destino?... Te arroja a mis brazos,
en mi alma te imprime, te infunde en mi ser,
y bárbaro luego me arranca a pedazos
el alma y la vida contigo... ¿por qué?

Adiós... es preciso. No llores... y parte.
La dicha de vernos nos quitan no más;
pero un solo instante dejar de adorarte,
hacer que te olvide, ¿lo pueden? ¡Jamás!

Con lazos eternos nos hemos unido;
en vano el destino nos hiere a los dos...
¡las almas que se aman no tienen olvido,
no tienen ausencia, no tienen adiós!

Autor del poema: Manuel María Flores

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Pincél

Enviado por kliptra  Seguir

La gota mústia que cayó entre las hojas
La que invade y me despoja de ésta congoja
Mi boca ocre por tus labios ausentes
Libérame ya muerte de este letargo...

Que de encontrarte se abrirían llagas
esas que desgarran todas mis mañanas
Al esperarte solo aquí en mi cama
Logro escucharte, una voz apagada

Ay! Clávame un puñal de palabras y acaba de una vez
Ay! Apunta al tórax y déjame que me desangre y decore tu pincél...

Ya se cerró un ciclo de fantasías y sueños verídicos, empíricos
De besos límpidos

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Me alegró la llegada del día

Enviado por antoni0_g  Seguir

Me alegró la llegada del día que me tocó verte, cuando parecía conocerte y de convencerme de querer tenerte

Me alegró la hora de tu tiempo cuando mis manos rozaban tu cintura mientras yuxtaponía mis labios sobre los tuyos

Me alegraba a cada rato de cada punto y tema, de conversación y discusión desentrañando tabúes, a nuestra convicción

Me alegró la llegada del día que me tocó verte, cuando me parecía conocerte y de convencerme, querer tenerte, aunque al final me tocó perderte.

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ADIÓS AMOR

¡Te amé con toda mi alma!
¡Dios sabe cuánto te amé!
Te di mi cuerpo, mi alma,
Y la vida te entregué.
Te amé con toda mi alma,
Mas lo que hiciste tú ayer
Destrozó toda confianza
Que en ti pude yo poner.
Qué doloroso encontrarte
Con aquella otra mujer,
Y descubrir que mentías
Como nunca lo soñé.
Te amé con toda mi alma
Y es imposible volver
A sentir lo que sentía
Cuando era tu único querer.
Y no trates de explicarme,
Que no me importa el por qué.
No trates de disculparte:
El rol no te queda bien.
No intentes justificarte
Que hoy me he dado cuenta que
Entre tú y yo no hubo nada,
Yo tan sólo lo soñé.

Autor del poema: Karina Gálvez

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ADIÓS RÍOS, ADIÓS FUENTES

Adiós, ríos; adiós, fuentes
adiós, arroyos pequeños;
adiós, vista de mis ojos:
no sé cuando nos veremos.1

Tierra mía, tierra mía,
tierra donde me crié,
huertita que quiero tanto,
higueritas que planté,

prados, ríos, arboledas,
pinares que mueve el viento,
pajaritos piadores,
casita de mi contento,

molino de los castañares,
noches claras de luar (luna llena)
campanitas *timbradoras,
de la iglesia del lugar;

moritas de las zarzamoras
que yo le daba a mi amor,
caminitos entre el mijo
¡adiós, para siempre adiós!

¡Adiós gloria! ¡Adiós contento!
¡dejo la casa en que nací,
¡dejo la aldea que conozco,
por un mundo que no vi!

Dejo amigos por extraños,
dejo, la tierra por el mar,
dejo, en fin, cuanto bien quiero...
¡Quién pudiera no dejarlo!...

Más soy pobre, y ¡mal pecado!
mi tierra no es mía,
que hasta le dan de prestado,
la orilla por donde camina,
al que nació desdichado.

Os tengo, pues, que dejar,
huertita que tanto amé,
hoguerita de mi hogar,
arbolitos que planté,
fuentecita del cabañal.

Adiós, adiós, que me voy,
hierbecitas del camposanto,
donde mi padre fue enterado,
hierbecitas que besé tanto,
tierra que nos crió.

Adiós, Virgen de la Asunción,
blanca como un serafín;
os llevo en el corazón;
pedidle a Dios por mí,
Virgen mía de la Asunción.

Ya se oyen lejos, muy lejos,
las campanas de O Pomar,
para mi, ¡ay!, pobrecito,
nunca más han de tocar.

Ya se oyen lejos, más lejos...
cada redoble es un dolor;
me voy solo, sin cariño...
Tierra mía, ¡adiós! ¡adiós!

¡Adiós también, queridita...!
¡Adiós por siempre quizás...!
Te digo este adiós llorando
desde la orillita del mar.

No me olvides, queridita,
si muero de soledad...
tantas leguas mar adentro...
¡Mi casita!, ¡mi hogar!

Autor del poema: Rosalía de Castro

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El adiós en una carta

Enviado por mar91  Seguir

Esta carta no es para escribir una canción que diga lo mucho que te amo
Esta carta es simplemente para decir un adiós a todo lo que siento por ti
Porque si, fuiste esa persona que a pesar de conocer mis locuras, de conocer mis miedos y mis gustos raros, te quedaste...
Muchas noches me quedo despierto y pensando en todo lo que pasó, siempre termino llorando y de echo me parece patético el seguir recordando algo que pasó hace ya muchos meses, quizás eso soy, soy patético y sabes que es más patético aún?
El saber que todo iría perfecto si yo no lo hubiera arruinado, no quería que pasará, al menos contigo no
Porque eras esa pequeña parte del día que me alegraba, que cualquier detalle en tu sonrisa me así sentir feliz
Me gustaría mirarte a los ojos y decirte esto, pero soy tan vulnerable cuando estoy contigo que te aseguro que a la primera palabra comenzaría a llorar, y si te preguntas si estoy llorando?
Pues si, con lágrimas escribí esto, porque me quedo con cada recuerdo, lo peor es que fueron tantos que será difícil olvidarte
Me quedo con cada beso que me diste, que en su momento fueron gloria y ahora sólo son un infierno al saber que no volveré a probarlos
Me quedo con tus abrazos, que me hacían sentir tranquilo y que ahora no encuentro esa tranquilidad
Me gustaría decirte que ojalá nuestros caminos vuelvan a crusarse, pero jamás volverán a hacerlo
De una cosa estoy bien seguro, fuiste lo mejor que me pasó y que me pasará
Con esta carta digo adiós a todo y te aseguro que sólo quedarás como eso.
Como un recuerdo de lo mejor que tuve, un recuerdo de la mayor pérdida de mi vida, un recuerdo de mi estupidez

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¡Al final ambos perdimos!

Enviado por magi  Seguir

Nunca fuimos algo.
¡Qué triste!
Tal vez no luche
por tu cariño.

Pero ¿dime acaso
solo yo tenía
que hacerlo?
¡Por supuesto qué no!

Al parecer nos
ganó el orgullo.
O a ti te ganó
la tristeza por no tenerla a ella.

Mi cariño fue sincero.
El tuyo no lo creo.
Ahora te digo adiós
con una triste canción.

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ADIÓS

¡Adiós! si dicha se concede al hombre
de una plegaria en premio, ésta tu nombre
elevará hasta el trono del Señor.
Promesas, quejas, llanto, fueran vanos;
más que el lloro, exprimido, ya sangrante,
de ojos sin luz, tenaz remordimiento
esta palabra dice... ¡Adiós! ¡Adiós!

Secos están mis ojos, extinguida
mi voz, pero al dejarte, de mi vida
se adueña para siempre un gran dolor.
Aunque el pesar y la pasión torturan
mi corazón, quejarse no le es dado...
Yo sólo sé que en vano hemos amado...
Sólo puedo sentir... ¡Adiós! adiós.

Autor del poema: Lord Byron

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"El Adiós "

Enviado por mar1108  Seguir


Era presente,
era pasado,
era como yo lo
había imaginado.

Era gozo, era placer,
era todo lo que yo
quería de él.

Eras "tú", ahora eres "él"
y más tarde serás
el que nunca olvidaré.

Mar



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