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LA COPLA

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

Autor del poema: Manuel Machado

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Natural

Enviado por dudu  Seguir

Que bello es lo natural
así fue como un erial
yo no tengo casa por ahí
el resto es muy material

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COPLAS POR LA MUERTE DE SU PADRE

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado
fue mejor.

Autor del poema: Jorge Manrique

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LA LOLA

"La Lola se va a los Puertos.
La Isla se queda sola".
Y esta Lola, ¿quién será,
que así se ausenta, dejando
la Isla de San Fernando
tan sola cuando se va...?

Sevillanas,
chuflas, tientos, marianas,
tarantas, tonás, livianas...
Peteneras,
soleares, soleariyas,
polos, cañas, seguiriyas,
martinetes, carceleras...
Serranas, cartageneras.
Malagueñas, granadinas.
Todo el cante de Levante,
todo el cante de las minas,
todo el cante...
que cantó tía Salvaora,
la Trini, la Coquinera,
la Pastora...,
y el Fillo, y el Lebrijano,
y Curro Pabla, su hermano,
Proita, Moya, Ramoncillo,
Tobalo -inventor del polo-,
Silverio, Chacón, Manolo
Torres, Juanelo, Maoliyo...

Ni una ni uno
-cantaora o cantaor-,
llenando toda la lista,
desde Diego el Picaor
a Tomás el Papelista
(ni los vivos ni los muertos),
cantó una copla mejor
que la Lola...
Esa que se va a los Puertos
y la Isla se queda sola.

Autor del poema: Manuel Machado

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MARÍA DE LA O

Para mis manos tumbagas,
para mis caprichos monedas.
Y para mi cuerpo lucirlo mantones bordados vestidos de seda.

La luna que llovía, la luna que me da.
Que para eso mi payo ha visto
más parnés que tiene un sultán.

Envidio tu suerte,
me dicen algunas al verme lucir.
Y no saben pobres la envidia que ellas me causan a mí.

María de la O, que desgraciadita
gitana tu eres teniéndolo todo.
Te quieres reír y hasta los ojitos
los tienes morados de tanto sufrir.

Maldito parné que por su culpita
deje yo al gitano que fue mí querer.
Castigo de Dios, castigo de Dios.
Es la crucecita que llevas a cuestas María de la O

Para su sed fui el agua, para su frío candela.
Y para sus besos gitanos un cielo de amores con luna y estrellas
Querer como aquel nuestro, no hay en el mundo dos.

Maldito dinero que así de su vera y a mí me apartó.
Serás más que reina me dijo a mí el payo y yo le creí.
Mi vida y mi oro daría yo ahora por ser lo que fui.

María de la O, que desgraciadita
gitana tu eres teniéndolo todo.
Castigo de Dios, castigo de Dios.

Y es la crucecita que llevas a cuestas María de la O, María de la O

Autor del poema: Salvador Valverde y Rafael de León

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