25 Poemas del Romanticismo 

La poesía romántica se circunscribe dentro del denominado periodo del Romanticismo, surgido en Europa durante los siglos XVIII y XIX. Una de sus características es el regreso a la naturaleza, a la belleza, más allá de los conceptos teóricos y abstractos presentes durante el periodo anterior, que fue el de la Ilustración.

Algunos de los autores más destacados de esta época fueron Walt Whitman, Edgar Allan Poe, Victor Hugo, William Blake, Lord Byron, Gustavo Adolfo Bécquer, José de Espronceda o Rosalía de Castro.

CUANDO LAS SUAVES VOCES MUEREN

Cuando las suaves voces mueren,
su música aún vibra en la memoria;
cuando las dulces violetas enferman,
su fragancia se prolonga en los sentidos.

Las hojas del rosal, cuando la rosa muere,
se apilan para el lecho del amante;
y así en tus pensamientos, cuando te hayas ido,
el amor mismo dormirá.

Autor del poema: Percy Bysshe Shelley

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LA ESENCIA HUMANA

No existiría la Piedad
si no hiciéramos pobre a alguien;
y no haría falta la Misericordia
si todos fuesen tan dichosos como nosotros.

Y el miedo recíproco trae paz,
hasta que el amor egoísta se incrementa:
entonces la Crueldad arma su trampa
y esparce sus cebos con cautela.

Se instala con santos temores,
y riega con lágrimas la tierra;
entonces debajo de sus pies
echa raíces la Humildad.

Rápido extiende sobre su cabeza
sombras lúgubres de Misterio;
y la Oruga y la Mosca
se nutren de tal Misterio.

Luego crece el fruto del Engaño,
rubicundo y dulce al paladar;
y el Cuervo su nido instala
en el ramaje más tupido.

Los Dioses de la tierra y el mar
escrutaron la Naturaleza para hallar tal Árbol;
pero la búsqueda fue toda en vano:
crece uno en cada Cerebro Humano.

Autor del poema: William Blake

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ENDYMION

Una cosa bella es un goce eterno:
Su hermosura va creciendo
Y jamás caerá en la nada;
Antes conservará para nosotros
Un plácido retiro,
Un sueño lleno de dulces sueños,
La salud, un relajado alentar.
Así, cada mañana trenzamos una
Guirnalda de flores que nos ata a la tierra,
A pesar del desaliento, a la inhumana
Falta de naturalezas nobles,
A los días nublados,
A todos los caminos insanos y lóbregos
Abiertos a nuestra búsqueda:
Si, pese a todo, alguna bella forma
Alza el paño mortuorio
De nuestro espíritu ensombrecido.
Como el sol, la luna, los árboles ancianos y los nuevos
Tendiendo su sombra cálida sobre los rebaños;
Como también los narcisos
Y el universo verde en el que moran,
Y los claros arroyos que fluyendo
Frescos hacia el estío,
Y el claro en medio del bosque
Manchado de rosas silvestres;
Y así el sublime destino
Que imaginamos para los grandes muertos;
Todos los deliciosos cuentos que oímos o leímos:
Fuente eterna de una linfa inmortal
Que cae sobre nosotros desde la orilla del cielo.

Autor del poema: John Keats

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No soy Neruda

Enviado por poeta2  Seguir

Abrigo nidos en los horizontes de tus brazos,
Tener al frente los vidrios cálidos de la luna
Salpicando al fuego de mis suspiros en barcos,
Si te vas lejana, si algún tren en su vientre te Aleja,
Brillaran sonrisas eternas en brisas de estrellas,
En caminos de nieve abismos protegen tus rastros,
No soy Neruda pero mis versos colgarán en tu cuello.

No hay día que ni cabalgue en tus senos
Y reme en tus ojos el candelabro de la primavera,
En una nube tu cuerpo se apodera de las rosas,
En pétalos de aguas agatas a tu sonrisa en castillos,
En sábanas de palmeras enterramos secretos de luna,
Del Rocío a las dunas de fuego besos nocturnos de colmenas
Vuelven a los pañuelos de mis rimas a tus mejillas

Almohadas adoloridas sumergidas ignotas en tu piel,
En las playas sonambulas de gaviotas giro a tus dedos
Para aromar sombreros en noviazgos de anhelos de lira,
Coloque en tu cuarto estrellas una tarde de mayo, ¿recuerdas?
Miel en tu paladar en sombras de veleros entre celos,
Trinar en algodón de primaveras de primitivas almendras,
Vestiduras de golondrinas a tus altares de luz en ramajes.

No soy Neruda pero derramó centellas en copas de versos
Como hojas de vientos a los prados de tu cuerpo,
Amanecen los pinos desenredados en tus loca cabellera,
Huyen los pájaros a los espejos de tu vientre de lis,
capullos de cristal en frases de manantial presumian las mañanas,
Un río, un arcoiris sentados en tu espalda escribiendo mis sueños,
Albergues de duelos se opacaron en las nostalgias del ocaso

Remolinos sentados en los límites de arroyos de plata,
Duermo en tus noches cuya alba recita errores en lágrimas,
Lirios en horas fugaces envueltas en sorpresas de promesas,
Cual ave en surcos de las cataratas del mar en tus almohadas,
Te amo aquí como un puente de Nirvana a caballo en potreros,
Me ametrallo el alma para obtener los faroles de tu océano,
Ensortijado aroma vuela junto a aves de urañas fuentes melódicas

En vagones de estrellas despierto a callejones empedernidos
Que orientan constelaciones del domingo entre obscuros candiles,
Un llanto al llano llamo a alondra triste en alguna extraña pesadilla,
Soplan las primaveras sus sueños al lecho del invierno entre rezos,
Son las gaviotas en un claro pañuelo de fuego anclando en tus puertos,
Emigran las velas al alba en lamentos de hojas pérdidas al universo,
Era una carretera en la cima de tu ingle en gritos de ecos eternos

Narcisos suspiraban en tus puertas, en tus ventanas de París,
Y, alegraban himnos en los lagos encajados cálidos en tu cuello,
Botones a tus oídos en torres de fragancias en mis anhelos de brújulas,
¡Vuelvo a tus sábanas tibias donde despierta el maizal!
Ora del sendero pensativo que arremete Paz en sombreros de algodón,
El crepúsculo se enciende en tu cuarto como antorcha triste de agosto,
Se ahogan los ciervos entre corrientes del bravío cascajal.

Vibra la lira en altares de liebre susurrando en lis sonámbula,
Brasas en tus ojos, brasas en los horizontes de tu pecho,
Labriego en sigilo de cornisa en balcón de uva bajo sombras,
Montañas en rosas de alfombras murmuraban a la aurora y al alba,
Rezando en tambores inclino mis huellas a tu lecho de las mariposas de marzo,
Voces del domingo en vino al nidar alud tiritando en la madrugada,
Te veo brillante en las colinas de sendas caliza de terciopelo.

No soy Neruda, pero respiro de tus playas poemas de amor,
Libélulas compiten al campanario en ecos de luceros plegados en los prados,
Lámparas en hierbas descansan aflorando oasis en semillas inertes de sol,
Recito la nieve en cántaros suplicando a tu tornado de pastizal,
En dudas de arenas reflejaban espinas del limbo nocturno,
Humedad de girasol revive incómoda como visitando cerezos de enero,
Volcanes saltando entre sortijas de rayos que irradian cenizas crisálidas.

Violentos carruajes en la vía hacia el arco iris se dirigen,
Huyendo en sombras de amapolas descansan adoloridas las luciérnagas en huracanes,
Blancas estrellas decoran al escalar tu vientre de azucena entre tejados,
Morfina en las olas del mar tatúan al azar colmenas de siniestras risas,
Como el humo al horizonte los trenes enterrados en la maleza avanzan,
Tus obscuras pestañas un fúnebre manto de la noche; tacitas de colibrí,
Tu cuerpo una oración sagrada sentada en una banqueta entre las montañas.

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Enviado por poeta2  Seguir

No Soy Neruda (ISAAC FALEN)

Abrigo nidos en los horizontes de tus brazos,
Tener al frente los vidrios cálidos de la luna
Salpicando al fuego de mis suspiros en barcos,
Si te vas lejana, si algún tren en su vientre te Aleja,
Brillaran sonrisas eternas en brisas de estrellas,
En caminos de nieve abismos protegen tus rastros,
No soy Neruda pero mis versos colgarán en tu cuelloNo hay día que ni cabalgue en tus senos
Y reme en tus ojos el candelabro de la primavera,
En una nube tu cuerpo se apodera de las rosas,
En pétalos de aguas agatas a tu sonrisa en castillos,
En sábanas de palmeras enterramos secretos de luna,
Del Rocío a las dunas de fuego besos nocturnos de colmenas
Vuelven a los pañuelos de mis rimas a tus mejillas

Almohadas adoloridas sumergidas ignotas en tu piel,
En las playas sonambulas de gaviotas giro a tus dedos
Para aromar sombreros en noviazgos de anhelos de lira,
Coloque en tu cuarto estrellas una tarde de mayo, ¿recuerdas?
Miel en tu paladar en sombras de veleros entre celos,
Trinar en algodón de primaveras de primitivas almendras,
Vestiduras de golondrinas a tus altares de luz en ramajesNo soy Neruda pero derramó centellas en copas de versos
Como hojas de vientos a los prados de tu cuerpo,
Amanecen los pinos desenredados en tus loca cabellera,
Huyen los pájaros a los espejos de tu vientre de lis,
capullos de cristal en frases de manantial presumian las mañanas,
Un río, un arcoiris sentados en tu espalda escribiendo mis sueños,
Albergues de duelos se opacaron en las nostalgias del ocaso

Remolinos sentados en los límites de arroyos de plata,
Duermo en tus noches cuya alba recita errores en lágrimas,
Lirios en horas fugaces envueltas en sorpresas de promesas,
Cual ave en surcos de las cataratas del mar en tus almohadas,
Te amo aquí como un puente de Nirvana a caballo en potreros,
Me ametrallo el alma para obtener los faroles de tu océano,
Ensortijado aroma vuela junto a aves de urañas fuentes melódicas

En vagones de estrellas despierto a callejones empedernidos
Que orientan constelaciones del domingo entre obscuros candiles,
Un llanto al llano llamo a alondra triste en alguna extraña pesadilla,
Soplan las primaveras sus sueños al lecho del invierno entre rezos,
Son las gaviotas en un claro pañuelo de fuego anclando en tus puertos,
Emigran las velas al alba en lamentos de hojas pérdidas al universo,
Era una carretera en la cima de tu ingle en gritos de ecos eternos

Narcisos suspiraban en tus puertas, en tus ventanas de París,
Y, alegraban himnos en los lagos encajados cálidos en tu cuello,
Botones a tus oídos en torres de fragancias en mis anhelos de brújulas,
¡Vuelvo a tus sábanas tibias donde despierta el maizal!
Ora del sendero pensativo que arremete Paz en sombreros de algodón,
El crepúsculo se enciende en tu cuarto como antorcha triste de agosto,
Se ahogan los ciervos entre corrientes del bravío cascajalVibra la lira en altares de liebre susurrando en lis sonámbula,
Brasas en tus ojos, brasas en los horizontes de tu pecho,
Labriego en sigilo de cornisa en balcón de uva bajo sombras,
Montañas en rosas de alfombras murmuraban a la aurora y al alba,
Rezando en tambores inclino mis huellas a tu lecho de las mariposas de marzo,
Voces del domingo en vino al nidar alud tiritando en la madrugada,
Te veo brillante en las colinas de sendas caliza de terciopeloNo soy Neruda, pero respiro de tus playas poemas de amor,
Libélulas compiten al campanario en ecos de luceros plegados en los prados,
Lámparas en hierbas descansan aflorando oasis en semillas inertes de sol,
Recito la nieve en cántaros suplicando a tu tornado de pastizal,
En dudas de arenas reflejaban espinas del limbo nocturno,
Humedad de girasol revive incómoda como visitando cerezos de enero,
Volcanes saltando entre sortijas de rayos que irradian cenizas crisálidasViolentos carruajes en la vía hacia el arco iris se dirigen,
Huyendo en sombras de amapolas descansan adoloridas las luciérnagas en huracanes,
Blancas estrellas decoran al escalar tu vientre de azucena entre tejados,
Morfina en las olas del mar tatúan al azar colmenas de siniestras risas,
Como el humo al horizonte los trenes enterrados en la maleza avanzan,
Tus obscuras pestañas un fúnebre manto de la noche; tacitas de colibrí,
Tu cuerpo una oración sagrada sentada en una banqueta entre las montañas.

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XX

Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar.

Moviéndose a compás como una estúpida
máquina el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae sin cesar.

Así van deslizándose los días
uno de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer... y todos ellos
sin gozo ni dolor.

¡Ay! ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
¡Amargo es el dolor pero siquiera
padecer es vivir!

Autor del poema: Gustavo Adolfo Bécquer

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XV

Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;

hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá.

Gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar
y rueda y pasa y se ignora
qué playa buscando va.

Luz que en cercos temblorosos
brilla próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será.

Eso soy yo que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.

Autor del poema: Gustavo Adolfo Bécquer

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LA PALOMA

Una paloma tuve muy dulce, pero un día
se murió. Y he pensado que murió de tristeza.
¡Oh! ¿Qué le apenaría? Sus pies ataba un hilo
de seda, y con mis dedos lo entrelacé yo mismo.
¿Por qué morías, tú, de pies lindos y rojos?
¿Por qué dejarme, pájaro tan dulce? ¿Por qué? Dime.
Muy solito vivías en el árbol del bosque:
¿Por qué, gracioso pájaro, no viviste conmigo?
Te besaba a menudo, te di guisantes dulces:
¿Por qué no vivirías como en el árbol verde?

Autor del poema: John Keats

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EL PESCADOR

Hinchada el agua, espumajea,
mientras sentado el pescador
que algún pez muerda el anzuelo
plácido aguarda y bonachón.
De pronto la onda se rasga,
y de su seno-¡oh maravilla!-
toda mojada, una mujer
saca su grácil figurilla.

Y con voz rítmica le increpa:
-¿Por qué, valiéndote de mañas,
hombre cruel, tiras de mí
para que muera en esta playa?
¡Si tú supieras qué delicia
allá se goza bajo el agua,
tal como estas te arrojarías
al mar, dejando en paz la caña!

¿No ves al sol, no ves la luna
cómo en las ondas se recrean?
¿Doble de hermosos no parecen
cuando en las agujas se reflejan?
¿No te seduce el hondo cielo
cuando su azul, húmedo muesta?
Cuando este aljófar lo salpica,
¿del propio rostro no te prendas?

Hinchada el agua, espumajea,
del pescador lame los pies;
siente el cuitado una nostalgia,
cual si a su amada viera fiel.
Cantaba un tanto la sirena,
todo pasó en un santiamén;
tiró ella de él, resbaló el hombre,
nunca más se dejó ver.

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EL HADA

Acudid, gorriones míos,
flechas mías.
Si una lágrima o una sonrisa
al hombre seducen;
si una amorosa dilatoria
cubre el día soleado;
si el golpe de un paso
conmueve de raíz al corazón,
he aquí el anillo de bodas,
transforma en rey a cualquier hada.

Así cantó un hada.
De las ramas salté
y ella me eludió,
intentando huir.
Pero, atrapada en mi sombrero,
no tardará en aprender
que puede reír, que puede llorar,
porque es mi mariposa:
he quitado el veneno
del anillo de bodas.

Autor del poema: William Blake

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