10 Poemas africanos 

CICLO DEL AMOR

Al amanecer lentamente el sol retira sus largos brazos brumosos de abrazo.
Amantes felices
Cuyos esfuerzos no dejan ningún regusto ni la efervescencia de la combustión del amor;
La tierra perfumada en la fragancia del rocío se despierta

A susurros de luz de ojos suaves ...
Más tarde se desgastará su temperamento labrando las vastas hectáreas del cielo y tomarlo
Fuera de ella en ardientes dardos de ira.
Largamente acostumbrada a tal capricho, espera pacientemente
Para la noche cuando los pensamientos de otra noche le devuelvan su dulzura y su poder
sobre él.

Autor del poema: Chinua Achebe

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ÁRBOL DE PINO EN PRIMAVERA

Árbol de pino
portador
de la memoria verde a
través de la brecha de una hora desolada

Árbol leal
que guardaba
solo en la esmeralda austera
sobre el estándar recumbent de la naturaleza

Árbol de pino
ahora perdido en la sombra
de traidores adornado extravagantemente
Marchando hacia atrás sin vergüenza a los colores que traicionaron

Hermoso árbol
erguido y digno de confianza
¿qué escuela me puede enseñar
su silenciosa, obstinada fidelidad ?

Autor del poema: Chinua Achebe

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UNA MUJER EN UN CAMPO DE REFUGIADOS

Ninguna Virgen con el niño podría conmover
Su ternura por un hijo
Pronto debería olvidar…
El aire estaba tan pesado con los olores de diarrea,
De niños no lavados con costillas macilentas
Y traseros desecados balanceándose con pasos dificultosos
Detrás de vientres vacíos reventados. Otras madres allí
Hace rato han parado de cuidar, pero no ésta:
Sostiene una sonrisa fantasmal entre sus dientes,
Y en sus ojos la memoria
Del orgullo de una madre….ello lo había bañado
Lo había masajeado con las palmas desnudas.
Ella tomó de su atado de posesiones
Un peino roto y peinó
El cabello color ladrillo que quedaba en su cráneo
Y luego-zumbando en sus ojos-comenzó cuidadosamente a separarlo
En su antigua vida esto era tal vez
Un pequeño acto cotidiano sin consecuencias
Antes de su desayuno y escuela, ahora ella lo hizo
Como poniendo flores en una tumba diminuta.

Autor del poema: Chinua Achebe

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BENIN CAMINO

La velocidad es la violencia
es la energía violencia
violencia Peso
La mariposa busca la seguridad en la ligereza
en peso, el vuelo ondulante
Pero en un cruce donde la luz moteada
de los árboles viejos cae en una nueva carretera descarado
Nuestros diligencias separadas chocan
Vengo para dos poder repleto
Y el mariposa suave ofrece
a sí misma en el sacrificio de color amarillo brillante
a mi escudo de silicio duro.

Autor del poema: Chinua Achebe

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PRESENCIA AFRICANA

Y, a pesar de todo,
¡Todavía soy la misma!
Libre y esbelta,
hija eterna de cuanta rebeldía
me ha sagrado.
Madre África!

Madre fuerte del bosque y del desierto,
En este caso,
la hermana-mujer
de todo lo que en ti vibra
puro e incierto ...

La de los cocoteros,
de las cabelleras verdes
y cuerpos arrojados
sobre el azul ...
A del dendém
Nacimiento de los brazos de las palmeras ...

A del sol bueno, mordiendo
el suelo de las Ingombotas ...
La de las acacias rubras,
Salpicando de sangre las avenidas,
largas y floridas ...

¡Sí!, todavía soy la misma.
A del amor desbordando
por los cargadores del muelle
los sudorosos y confusos,
por los barrios inmundos y durmientes
(Calle 11! ... Calle 11! ...)
por los niños

de vientre hinchado y ojos ...

Sin dolor ni alegría,
de tronco desnudo
y el cuerpo musculoso,
la raza escribe a plomo,
la fuerza de estos días ...

Y yo repetía aún, y siempre, en ella,
que
Larga historia inconsecuente ...

Mi tierra...
Mi, eternamente ...

Tierra de las acacias, de los dongos,
de los cólios balancín, mansamente ...
Tierra!
Todavía soy la misma.

Todavía soy la que en un rincón nuevo
pura y libre,
me levanto,
al acento de tu pueblo.

Autor del poema: Alda Lara

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TESTAMENTO

A la prostituta más joven
Desde el barrio más viejo y oscuro,
Dejo mis pendientes, labrados
En cristal, límpido y puro ...

Y a esa virgen olvidada
La niña sin ternura,
En la actualidad,
Dejo mi vestido blanco,
Mi vestido de novia,
Todo tejido de encaje ...

Este mi rosario antiguo
Le ofrezco a aquel amigo
Que no cree en Dios ...

Y los libros, rosarios míos
De las cuentas de otro sufrir,
Son para los hombres humildes,
Que nunca supieron leer.

En cuanto a mis poemas locos,
Estos, que son de dolor
Sincera y desordenada ...
Estos, que son de esperanza,
Desesperada pero firme,
Te dejo a ti, mi amor ...

Para que, en la paz de la hora,
En que mi alma venga
Besar de lejos tus ojos,

Vaya por esa noche fuera ...
Con pasos de luna,
Ofrecerlos a los niños
Que encuentres en cada calle ...

Autor del poema: Alda Lara

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SÚPLICA

Tírenlo todo,
pero dejen la música!

Trennos la tierra en que nacimos,
donde crecimos
y donde descubrimos por primera vez
que el mundo es así:
un laberinto de ajedrez ...

Tienen la luz del sol que nos calienta,
tu lírica de xingombela
en las noches mulatas
de la selva mozambiqueña
(esa luna que nos sembró en el corazón
la poesía que encontramos en la vida)
nos sacan la paja ̶ humilde cubata
donde vivimos y amamos,
nos sacan el hacha que nos da el pan,
nos sacan el calor de fuego
(que nos es casi todo)
̶ pero no nos quiten la música!

Pueden desterrarnos,
conducirnos
para largas tierras,
vendiéndonos como mercancía,
nos encadenamiento
a la tierra, del sol a la luna y de la luna al sol,
pero seremos siempre libres
si nos dejan la música!
Que donde esté nuestra canción
incluso esclavos, señores seremos;
e incluso muertos, vivimos.
Y en nuestro lamento esclavo
será la tierra donde nacimos,
la luz de nuestro sol,
la luna de los xingombelas,
el calor del fuego,
la paloma donde vivimos,
¡el hacha que nos da el pan!

Y todo será nuevamente nuestro,
aunque las cadenas en los pies
y azorrague en el dorso ...
Y nuestra queja
será una liberación
¡derramada en nuestro canto!
Por lo tanto,
de rodillas pedimos:
Tírenlo todo ...
pero no nos quiten la vida,
¡no nos lleven la música!

Autor del poema: Noemia de Sousa

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LECCIÓN

Le enseñaron en la misión,
Cuando era pequeñito:
"Somos todos hijos de Dios; cada hombre
es hermano de otro hombre.

Le dijeron esto en la misión,
cuando era pequeñito.
naturalmente,
no se quedó siempre niño:
creció, aprendió a contar ya leer
y comenzó a conocer
mejor esta mujer vendida
̶ que es la vida
de todos los desgraciados.

Y entonces, una vez, inocentemente,
, dijo a un hombre y le dijo: "Hermano ..."
Pero el hombre pálido le fulminó duramente
con sus ojos llenos de odio
y le respondió: "Negro".

Autor del poema: Noemia de Sousa

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SANGRE NEGRA

¡Oh mi África misteriosa y natural,
mi virgen violada,
¡mi madre!

Como yo andaba hace tanto desterrada,
de ti alejada
distante y egocéntrica
por estas calles de la ciudad!
embarazadas de extranjeros

¡Mi Madre, perdona!

Como si yo pudiera vivir así,
de esta manera, eternamente,
ignorando la caricia fraterna
de mi luna de miel
(mi principio y mi fin) ...
Como si no existiera más allá
de los cines y de los cafés, la ansiedad
de tus horizontes extraños, por desentrañar ...
Como si tus macizos cacimbados
no cantaran en sordina su libertad,
las aves más bellas, cuyos nombres son misterios todavía cerrados!

Como si tus hijos -regias estatuas sin par -,
altivos, en bronce tallados,
endurecido en el fuego infernal
de tu sol causante, tropical,
como si tus hijos intemeratos, sobre todo luchando,
a la tierra atados,
como esclavos, trabajando,
que, amando, cantando
¡mis hermanos no fueran!

¡Oh mi Madre África, Ngoma pagana,
En la actualidad,
mística, sortílega - perdona!

A tu hija trasbordada,
te abre y perdona.

¡Que la fuerza de tu savia vence todo!
Y nada más fue necesario, que el hechizo impar
de tus tantán de guerra llamando,
dundundundundun - tãtã - dundundundun - tãtã
nada más que la locura elemental
de tus batuques bárbaros, terriblemente bellos ...

para que vibre
para que yo grite,
para que yo sienta, funda, en la sangre, tu voz, Madre!

Y vencida, reconociera nuestros eslabones ...
y regresar a mi origen milenario.
Madre, mi Madre África
de las canciones esclavas a la luz de la luna,
no puedo, no puedo repudiar
la sangre negra, la sangre bárbara que me has legado ...
Porque en mí, en mi alma, en mis nervios,
es más fuerte que todo,
yo vivo, yo sufro, río a través de él, Madre!

Autor del poema: Noemia de Sousa

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MAGAÍÇA

La mañana azul y oro de los folletos publicitarios
y que,
entontecido todo por la algazarra
incomprensible de los blancos de la estación
y por el resfriado trepidante de los trenes,
su corazón apretado en la angustia de lo desconocido
su muggle de harapos
cargando el ansia enorme, tejida
de los sueños insatisfechos del mamparra.

Y un día,
el tren volvió arfando, arfando ...
¡oh Nhanisse, volvió!
Y con él, maga,
de sobre todo, bufanda y media listrada
es un ser desplazado,
envuelto en ridículo.

A la espalda - ah, donde te quedó el muggle de sueños, magaíca? -
traes las maletas llenas del falso brillo
de los restos de la falsa civilización del compuesto del Rand.
Y en la mano,
Magaira aturdida encendió el candelero,
a la cata de las ilusiones perdidas,
de la juventud y de la salud que quedaron sepultadas,
en las minas de Jone ...
La juventud y la salud,
las ilusiones perdidas
que brillarán como astros en el escote de cualquier señora
en las noches deslumbrantes de cualquier ciudad.

Autor del poema: Noemia de Sousa

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