21 Poemas de verano 

VERANO

Verano, verano rey,
del abrazo incandescente,
sé para los segadores
¡dueño de hornos ! Más clemente.

Abajados y doblados
sobre sus pobres espigas,
ya desfallecen. ¡Tú manda
un viento de alas amigas !

Verano, la tierra abrasa :
llama tu sol allá arriba ;
llama tu granada abierta ;
y el segador, llama viva.

Las vidas están cansadas
del producir abundoso
y el río corre en huída
de tu castigo ardoroso.

Mayoral rojo, verano,
el de los hornos ardientes,
no te sorbas la frescura
de las frutas y las fuentes...

¡Caporal !, echa un pañuelo
de nube y nube tendidas,
sobre la vendimiadora,
de cara y manos ardidas !

Autor del poema: Gabriela Mistral

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A UN DÍA DE VERANO COMPARARTE...

¿A un día de verano compararte?
Más hermosura y suavidad posees.
Tiembla el brote de mayo bajo el viento
y el estío no dura casi nada.

A veces demasiado brilla el ojo solar
y otras su tez de oro se apaga;
toda belleza alguna vez declina,
ajada por la suerte o por el tiempo.

Pero eterno será el verano tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte
se jactará de ensombrecer tus pasos

cuando crezcas en versos inmortales.
Vivirás mientras alguien vea y sienta
y esto pueda vivir y te dé vida.

Autor del poema: William Shakespeare

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VERANO

Verano, ya me voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.

Verano! Y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.

Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.

Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.

Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho...

Autor del poema: César Vallejo

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LA TORMENTA DE VERANO

Al terrado subí buscando en donde
Asistir a la esplendida tormenta,
Fiesta lustral que ansiaba la sedienta
Tierra en la faz mustia y abatida fronde.

Préndese el cielo. Pálida se esconde
La noche. El trueno asordador revienta,
Y en toda la ancha esfera turbulenta,
Estruendo a estruendo y luz a luz responde.

Palestra de titánica porfia
Turbiones y relámpagos destella,
Y ruge y truena en bárbara armonía.

Rasga el rayo honda grieta, clara y bella
En la cuarteada bóveda sombría,
Y vislumbrase a Dios a través della.

Autor del poema: Rafael Pombo

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LA CANCIÓN DEL VERANO

Y ésta es la canción de un verano
entre muchos hermosos veranos,
cuando el polvo se alza y danza
y el cielo es un follaje azul, distante.

Y entonces fue cuando vino con las brisas
que se levantan de los arroyos y de sus conchas,
la que cantaba la canción del verano,
la canción de yerbas secas y aromáticas
que arrullaban, cuando a mi lado
la sentía como una tierra que respira
y como un sueño de pólenes y estrellas
que resbalan tibias por la piel y las manos.

Entonces vino saltando
en medio de las brisas y la tarde, en grupo,
y lo primero que vi fue su traje ondeando
a lo lejos a la distancia contra el cielo puro.
Pero desde entonces no tuve ya nunca ojos para su traje.
Y no oí nada más, sino la canción del verano.

Autor del poema: Aurelio Arturo

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ESTÍO

Cantar del agua del río.
Cantar continuo y sonoro,
arriba bosque sombrío
y abajo arenas de oro.

Cantar...
de alondra escondida
entre el oscuro pinar.

Cantar...
del viento en las ramas
floridas del retamar.

Cantar...
de abejas ante el repleto
tesoro del colmenar.

Cantar...
de la joven tahonera
que al río viene a lavar.

Y cantar, cantar, cantar
de mi alma embriagada y loca
bajo la lumbre solar.

Autor del poema: Juana de Ibarbourou

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VERANO

Redoblados soplos del amor
sacuden el corazón y los ojos.
(Es la luz de la vida y
de los días. Es el castigo de la
muerte y de las noches).
Recojo y siembro las semillas
del amor;
camino entre noches
oscurecidas por
el vino,
pregunto a la tierra
y a los montes,
arranco montañas
de odios y tumultos:
¿Qué son las tardes
al lado de la paz,
qué son los montes
al lado de los sueños,
qué son los ríos
a lado de las lágrimas,
qué son una sonrisa,
un llanto,
un estremecimiento,
un
rostro,
una
mano
si día a día
mueren
las hierbas
en los campos,
si día a día
caen en sus
noches
los árboles
del amor y
del silencio?

Autor del poema: Javier Heraud

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VERANO

Frutales
cargados.
Dorados
trigales...

Cristales
ahumados.
Quemados
jarales...

Umbría
sequía,
solano...

Paleta
completa:
verano.

Autor del poema: Manuel Machado

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SANDÍA

¡Del verano, roja y fría

carcajada,

rebanada

de sandía!

Autor del poema: José Juan Tablada

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SE VA EL VERANO

Es septiembre y apenas sé nada de la vida.
He nadado en el mar primigenio,
aquel del que escaparon los primeros fugitivos
que treparon al árbol del pecado.
He percibido radiación de fondo,
sombras de la primera explosión,
en lo oscuro de un cuarto a las 4 de la tarde.
Todos los otoños son los primeros
cuando las hojas amarillas se apartan de tu paso,
cuando todos los misterios dibujan de nuevo
un interrogante alado en la arena de mis playas.
Es verdad que el tiempo me ha enseñado
que no todas las derrotas son hermosas,
que no todos los borrachos son hombres sabios
con polvo estelar en sus zapatos,
pero no por eso he perdido la costumbre
de buscar amaneceres que nos nombren.

Como quien busca a tientas la salida
o el interruptor, en lo oscuro
de una casa sin relojes ni bombillas,
como quien recibe cartas de un extraño,
factura de promesas que incumpliste,
lloramos cansados y perdidos.
Velamos al verano. Ya se han muerto
los días del espejismo en que juramos
tendidos en la playa: no regreso,
que vengan a buscarme. No regreso.

Y aquí estamos.
Reconociendo mi ignorancia ante la vida,
buscando algún refugio en los poemas,
en la cama deshecha por tu insomnio,
en las pecas de tu rostro que se alejan
como aves migratorias que prometen
regresar cuando el invierno nos de tregua.

Arde septiembre como los bosques de un verano
descalzo, maltratado y aturdido.
Y en su luz curamos el jet lag,
y yo, que apenas sé nada de la vida,
intuyo que ésta, la vida digo, nos espera
luminosa y escondida allí, en tu vientre,
hablando el idioma de las caracolas
nombrándome en la noche mientras duermo.

Autor del poema: Ismael Serrano

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