31 Poemas de dolor 

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LO QUE SIENTO POR TI

Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.

Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.

Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.

Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

Autor del poema: Idea Vilariño

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A LA MORFINA

Toma, si hiciese falta, Doctor, las alas de Mercurio
¡Para traerme lo más pronto posible tu precioso bálsamo!
Ha llegado el momento del pinchazo,
Que, de esta cama infernal, me lleve hacia los Cielos.

Gracias, Doctor, gracias, que importa que la cura
Ahora se prolongue durante aburridos días
¡El divino bálsamo esta allí, tan divino que Epicuro
hubiera debido inventarlo para el uso de los Dioses!

¡Siento que circula, que me penetra!
Del espíritu y del cuerpo un inexplicable bienestar,
es la calma absoluta en la serenidad.

Ah, pínchame cien veces con tu fina aguja
Y te bendeciré cien veces, Santa Morfina,
De la cual Esculapio haya hecho una Divinidad.

Autor del poema: Julio Verne

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ANHELO

¡Oh dolor insondable, desolada amargura
de no hallar en la senda ni la flor de un cariño,
y sentirse, al comienzo de la jornada dura,
con cerebro de viejo y corazón de niño!

¡Y que nuestra esperanza haya sido vencida
por la implacable hostilidad del cielo!
Y el dolor de sentirse cobarde ante la vida,
y la renunciación de todo noble anhelo...!

¡Oh bienaventurados, en verdad, los que ignoran;
y si es de reír, ríen, y si es de llorar, lloran
con la simplicidad de su santa ignorancia!

¡Solo anhelo ser siempre en mis dichas y males,
y vivir la tristeza de los días iguales,
como si el alma hubiera retornado a la infancia!

Autor del poema: Ernesto Noboa y Caamaño

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A SU ESPOSA

Ya se acerca, amor mío,
¡ay!, palomita mía,
ya se acerca ¡ay!, el día
que nos va a dividir.
Sólo tristes memorias
y recuerdos fatales...
de amor todos los males
me quedan que sufrir.

Como tórtola viuda
que triste a cada hora
gime, suspira y llora
por su perdido amor,
así yo inconsolable,
ausente de mi amada,
tendré siempre clavada
la espada del dolor.

Mi corazón de pena
dentro del pecho muere...
mas la Patria lo quiere,
y es fuerza obedecer...
Pide a Dios, vida mía,
con ruegos incesantes
que me traiga cuanto antes
al nido del placer.

Con mil dulces razones
el amor me detiene...
y el deber me previene
lo que es forzoso hacer.
¿Qué haré, pues, amor mío,
siendo en este momento
igualmente violento
mi amor y mi deber?

Pues bien, cumplir con ambos,
es duro y buen consejo,
y aunque de ti me alejo,
contigo quedaré;
así con ambos cumplo,
dando en serena calma,
al amor toda mi alma,
y el cuerpo a mi deber.

Yo parto, ¡oh, qué tormento!,
¡oh, qué terrible ausencia!,
dame, oh Dios, resistencia
para tan gran dolor.
Yo parto, y conjurados
veré a cada momento
contra mí al mar, al viento,
la ausencia y el amor.

Y tú, hechizo de mi alma,
mi único amor, mi vida,
después de mi partida,
¿te acordarás de mí?
Yo, de noche y de día
siempre estaré penando,
Rosita, en ti pensando,
pensado sólo en ti.

Cual sombra inseparable
mi amante pensamiento
siempre, a todo momento,
estará junto a ti.
Así, pues, siempre, siempre,
aunque me creas distante,
podrás decir: mi amante
delante está de mí.

Recogeré el aliento
que tu boca respira...
Mi cuerpo se retira,
pero mi alma jamás.
Sabré tus pensamientos,
y oiré tus palabras;
cuando tus labios abras,
los míos encontrarás.

No temas, amor mío,
mi palomita amada,
que haya en el mundo nada
que me haga vacilar,
pues vivir en tu pecho,
que es mi único deseo,
vale más que un empleo,
vale más que reinar.

Yo veré mil bellezas,
mas con ojo tan frío,
que nunca al pecho mío
llegará su impresión;
porque tus ojos solos
con un arte divino
conocen el camino
que va a mi corazón.

No tendré allá, aunque quiera,
ningún afecto nuevo,
pues conmigo no llevo
ni alma, ni corazón:
que el corazón y el alma
que antes tenía conmigo,
se quedan ya contigo,
como en dulce prisión.

Sin ti ¿qué haré, mi vida?
Siempre ¡ay!, como demente,
cual si fueras presente,
clamaré con fervor:
«Ven, palomita mía,
ven al caliente nido,
que aquí en mi pecho herido
te ha formado el amor.

Ven, mi única esperanza,
mi único pensamiento,
ven, mi único contento,
ven, mi única pasión.»
Y al ver que no me oyes
ni que estás a mi lado,
seré más desgraciado
por mi dulce ilusión.

Otras veces teniendo
tu retrato delante,
cual frenético amante,
mil cariños le haré;
creeré que con mi fuego
tus labios animados
me vuelven duplicados
los besos que te dé.

Otras veces más necio,
como el que algo ha perdido,
a todos distraído,
por ti preguntaré:
«¿Dónde está mi paloma,
causa de mis placeres?
Si no la conocieres,
las señas te daré.

Es... lo que yo no puedo,
ni nadie explicar puede...
la que a todos excede,
es la rosa de abril;
es la rosa que espera
en su botón gracioso
un calor amoroso
para empezarse a abrir.»

Mas, ¿cuál es mi delirio?
¡Ay de mí!, en mi tardanza
ni el bien de la esperanza
me podrá consolar...
Cree, mi alma, que es un pecho
muy tierno y amoroso
donde el amor hermoso
te ha erigido un altar.

Piensa que por ti vivo,
piensa que sin ti muero,
que eres mi amor primero
y mi último serás.
Adiós... ¡ay!, no te olvides
que eres objeto eterno
de este amor dulce y tierno,
de este amor inmortal.

Piensa que de ti ausente
no es vida la que vivo,
y que siempre recibo
aumento en mi dolor.
Piensa que esta gran pena,
piensa que este tormento
aun me quita el aliento
para decirte... adiós.

Autor del poema: José Joaquín de Olmedo

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SE VA CON ALGO MÍO LA TARDE QUE SE ALEJA

Se va con algo mío la tarde que se aleja;
mi dolor de vivir es un dolor de amar;
y al son de la garúa, en la antigua calleja,
me invade un infinito deseo de llorar.

Que son cosas de niño, me dices; quién me diera
tener una perenne inconsciencia infantil;
ser del reino del día y de la primavera,
del ruiseñor que canta y del alba de Abril.

¡Ah, ser pueril, ser puro, ser canoro, ser suave;-
trino, perfume o canto, crepúsculo o aurora-
como la flor que aroma la vida y no lo sabe,
como el astro que alumbra las noches y lo ignora!

Autor del poema: Medardo Ángel Silva

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LA NOCHE Y MI DOLOR

El negro manto que la noche umbría
Tiende en el mundo a descansar convida,
Su cuerpo extiende ya en la tierra fría
Cansado el pobre y su dolor olvida.

También el rico en su mullida cama
Duerme soñando avaro sus riquezas,
Duerme el guerrero y en su ensueño exclama:
Soy invencible y grandes mis proesas.

Duerme el pastor feliz en su cabaña
Y el marino tranquilo en su bajel;
A éste no altera la ambición ni saña
El mar no inquieta el reposar de aquel.

Duerme la fiera en lóbrega espesura,
Duerme el ave en las ramas guarecida,
Duerme el reptil en su morada impura,
Como el insecto en su mansión florida.

Duerme el viento.... la brisa silenciosa
Gime apenas las flores cariciando;
Todo entre sombras a la par reposa,
Aquí durmiendo más allá soñando.

Tú, dulce amiga, que talvez un día
Al contemplar la luna misteriosa,
Exaltabas tu ardiente fantasía
Derramando una lágrima amorosa.

Duerme también tranquila y descansada
Cual marino calmada la tormenta,
Así olvidando la inquietud pasada
Mientras tu amiga su dolor lamenta.

Déjame que hoy en soledad contemple
De mi vida las flores deshojadas;
Hoy no hay mentira que mi dolor temple,
Murieron ya mis fábulas soñadas.

Autor del poema: Dolores Veintimilla

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DOLOR

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Autor del poema: Alfonsina Storni

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AYER VENDRÁ

La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol; la tierra huele,
empieza a oler; las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay un humo distante,
un tren, que acaso vuelve, mientras dices:
Soy tu propio dolor, déjame amarte.

Autor del poema: Luis Rosales

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rosa ponzoñosa

Enviado por aanmica18  Seguir

Como es posible que mis venas ya no latan
pues no hay sangre ya en ellas solo ponzoña es lo que ensalza.
Si a rosas yo tengo que parecerme pues
de espinas plagada estaré.

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Dolor

Enviado por rmcpl  Seguir

Ese minuto, ese instante,
cuando el dolor intenso, tan punzante
duele respirar por estar vivo,
ese instante doloroso
donde todo oculta su sentido,
sin embargo el cuerpo sigue vivo, fuerte
mientras el pensamiento, el entendimiento, el alma
fallecidos,
el dolor es tan agudo pienso que pocos lo han sobrevivido.
y aquí estoy recordando ese instante de abandono,
cuando mi alma deseaba salir y volar a su destino,
pues tierra, estás habitada por cadáveres,
y mi alma añora el hogar divino.

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