34 Poemas modernos 

EL CAOS EN LA NUBE PROTECTORA...

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EL CAOS.

En la nube protectora me voy yendo
hacia sitios mas nuevos de este mundo,
me sumerjo en el negro más profundo,
sin figura, sin cuerpo, sin atuendo.
Poco a poco. Voy despacio, sin perderme en los detalles del espacio,
observando espantado los fuegos destructores, las lejanas candilejas, los oscuros vacíos, las temibles fosas, interminables huecos, sin final y sin contenido de vida.
Miro, busco, tiento, soplo, grito, nadie me contesta.
Camino, voy de pie, ora sentado, ora salto, ora volteo cual campana, ora giro la cabeza, no hay ventana, ora escupo, ora palpo, ora pateo, ora tiento, manoseo, ora vuelvo, ora subo en elíptico progreso, ora bajo, ora avanzo en mar sin agua, sin apoyo, sin olas, sin espuma, sin arena y sin tropiezos.
No tengo apoyo bajo los pies ni techo sobre la cabeza, no me hundo ni floto, solo avanzo. No hay nadie tras de mí, ni un objeto, ni un apoyo, ni una voz, ni un susurro, ni un leve roce, un suave viento.
¿A dónde voy? ¿De dónde vengo?, ¿Quién me espera? ¿A quién espero? Incorpóreo. Insepulto; no encuentro ni mi boca ni mis manos, no soy mas que un vago pensamiento que se extingue sin remedio. Voy al fuego que no brilla. A lo eterno. Voy al caos.

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AMOR, ESA PALABRA

No iré cuando me llame,
aunque me diga Te quiero,
eso especialmente,
aunque me jure
y prometa nada más
que amor, amor.

La luz de este cuarto
cubre cada
cosa por igual,
Ni siquiera mi brazo hace sombra,
consumido como está por la luz.

Pero “amor”, esa palabra,
se vuelve una palabra oscura,
se adensa y cimbrea, empieza a
alimentarse, a temblar y abrirse paso
por este papel entre convulsiones
hasta borrarnos diluidos
en su garganta transparente, clavados,
aún, caderas y muslos relucientes, tu
pelo suelto, que desconoce
la duda.

Autor del poema: Raymond Carver

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TRAZO DEL TIEMPO

Entre el viento y lo oscuro
entre el gozo ascendente
y la quietud profunda,
entre la exaltación de mi vestido blanco
y la oquedad nocturna de la mina,
los ojos suaves de mi padre que esperan; su alegría
incandescente. Subo para alcanzarlo.
Es la tierra
de los pequeños astros, y sobre ella,
sobre sus lajas de pirita, el sol desciende. Altas nubes
de cuarzo, de pedernal. En su mirada,
en su luz envolvente,
el calor del ámbar.
Me alza en brazos. Se acerca.
Nuestra sombra se inclina ante la orilla. Me baja.
Me da la mano.
Todo el descenso
es un gozo callado,
una tibieza oscura,
una encendida plenitud.
Algo en esa calma nos cubre,
algo nos protege
y levanta,
muy suavemente
mientras bajamos.

Autor del poema: Coral Bracho

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ESPERANDO A MARIANNE

He perdido un teléfono
que olía a ti

Vivo junto a la radio
todas las emisoras a la vez
pero capto una nana polaca
la capto entre la estática
se desvanece yo espero mantengo el ritmo
viene de vuelta casi dormida

Acaso tomaste el teléfono
sabiendo que yo lo olfatearía inmoderadamente
tal vez hasta que calentaría el plástico
para recoger hasta la última migaja de tu respiración

y si no piensas volver
cómo ibas a telefonear para decirme
que no piensas volver
para así por lo menos poder discutir contigo

Autor del poema: Leonard Cohen

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DEDICATORIA

A todos los prófugos del mundo, a quienes quisieron contemplar el mundo,
a los prófugos y a los físicos puros, a las teorías
restringidas y a la generalizada.
A todas las cervezas junto al mar.
A todos los que, en el fondo, tiemblan al ver un guardia.
A los que aman a pesar de su dolor y el dolor que el tiempo hace florecer en el alma.

Autor del poema: Luis Hernández

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EL TELÉFONO

“Cuando hoy me hallaba yo lejos de aquí,
paseando sola,
quieta y tranquila
era la tarde.
Sobre una flor incliné mi cabeza
y oí tu voz.
¡Oh, no digas que no, porque entendí…!
Me hablaste desde aquella flor que está en la ventana.
¿Has olvidado lo que me dijiste?”

“Pero dime antes qué creiste oir.”

“Esquivando una abeja de la flor,
incliné mi cabeza
y, cogiéndola luego por el tallo,
escuché y oí, clara, la palabra…
¿Pronunciaste mi nombre? ¿O bien dijiste…?
Sí, alguien dijo: «¡Ven!», mientras yo me inclinaba.”

“Si acaso lo pensaba, no lo dije en voz alta.”

“Por eso regresé.”

Autor del poema: Robert Frost

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CONDUCIENDO BAJO LA LLUVIA

Conduciendo bajo la lluvia,
la luna es del color de los coches que pasan.
Atrás queda el pequeño
hotel de carretera junto a un bosque.
Conduciendo bajo la lluvia,
en los jardines públicos brillan ángeles fríos.
Atravesando calles
tranquilas,
soledad edificada.
Conduciendo de vuelta hacia nosotros mismos.
La última frontera es nuestro corazón.

Autor del poema: Benjamín Prado

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LOCURA

locura
drogada locura
salta desquiciada estimula mis nervios
susurra
te espera tu máscara
proclamándolos libres de culpa
te aguarda impasible

sí cuando llantos pensativos
nos perforaban
la repetición
me empujó por el borde
los maestros viajan
en extraños asideros
que mis gritos eran sólo
plática de fondo
trepando por la
boca bien moldeada
lágrimas envueltas, con rígidos trazos
cinceladas en tiza
talladas de los mejores no elegidos ojos
para ocupar mi lugar también
en el jardín de sombras
cuántas veces entonces
habré jadeado?
qué máscara?
en dónde?
no puedes referirte a mí

defensas, falsas barreras
se alzan rápido para encubrir los sentidos
cuando te dicen
no eres nada salvo tu máscara
actúas todo el tiempo
incluso cuando interpretas tu propio papel

sí mamá soy un actor
la diferencia es mi paradoja
que yo
no deseo realmente ser recordado
por mi sonrisa
ni por mi disfraz
sino por todo lo opuesto
mientras miro a mi alrededor
entiendo
que así será

las figuras espectrales no muestran emociones
la corbata del viejo sheriff estrangula
aún así sus ojos no revelan
el cuerpo de un mágico payaso

cubierto de plumas
aún así el polvo en su boca
ni siquiera se mueve

parece que
toda la raza humana
está siendo insultada

haciendo mi propio desorden pero la cera de la confusión
mi anhelo nada sino drama de juegos sexuales
mi éxito, un montón de boletos pegados
mi sangre durando sólo en la costra que forma la cátsup

todo lo cual se
evaporará
en el viento

sí, a decir verdad
estaba asustado despierto
arruinado completamente
por precipitarme
en la temible pequeñez
del agotado universo personal

tócame mama
todo está bien
no importa

ha sido ampliamente demostrado
que incluso yo, yo mismo
no estoy realmente aquí

Autor del poema: Bob Dylan

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DESDE FUERA

desde fuera
mirando hacia adentro
cada dedo se agita
el corredor usa pantalones largos
y vaga
sin rechazos
todo es justo
en el amor y la selección
pero ten cuidado, bebé
del cariño tras la ventana cubierta
y no olvides
traer cigarrillos
pues quizás
termines por descubrir
que uno afuera
te lleva más lejos
y uno adentro
sólo te lleva a otro

Autor del poema: Bob Dylan

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EN LOS OTROS OCHENTA, CIEN VERANOS QUE MARCHARON

En los otros ochenta, cien veranos que marcharon
como la luz de un paraíso doméstico, la idea del cielo
de un hedonista era el aparador de una cocina francesa,
manzanas y garrafas de arcilla de Chardin a los Impresionistas,
el arte era une tranche de vie, queso o pan horneado en casa-
la luz, en su opinión, era lo mejor que el tiempo ofrecía.
El ojo era la única verdad, y aquello que atraviesa
la retina se desvanece al amanecer; la profundidad de nature morte
era que la propia muerte es sólo otra superficie
como el lienzo, pues pintar no puede capturar el pensamiento.
Cien veranos que se fueron, con el acordeón que hace olas,
faldas almohadilladas, grupos en botes, golpes blancos como zinc en el agua,
muchachas cuyas mejillas ruborizadas no sobrevivieron a sus rosas.
Entonces, como tubos desecados, los soldados retorcidos
se amontonaron en el Somme y Verdun. Y los muertos
menos reales que una explosión fatal de crisantemos,
idéntico carmesí para la naturaleza muerta y la matanza
de jóvenes. Tenían razón -todo le vale
al pintor con su caballete puesto como un fusil en los hombros.

Autor del poema: Derek Walcott

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