32 Poemas modernos 

CONDUCIENDO BAJO LA LLUVIA

Conduciendo bajo la lluvia,
la luna es del color de los coches que pasan.
Atrás queda el pequeño
hotel de carretera junto a un bosque.
Conduciendo bajo la lluvia,
en los jardines públicos brillan ángeles fríos.
Atravesando calles
tranquilas,
soledad edificada.
Conduciendo de vuelta hacia nosotros mismos.
La última frontera es nuestro corazón.

Autor del poema: Benjamín Prado

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EL TELÉFONO

“Cuando hoy me hallaba yo lejos de aquí,
paseando sola,
quieta y tranquila
era la tarde.
Sobre una flor incliné mi cabeza
y oí tu voz.
¡Oh, no digas que no, porque entendí…!
Me hablaste desde aquella flor que está en la ventana.
¿Has olvidado lo que me dijiste?”

“Pero dime antes qué creiste oir.”

“Esquivando una abeja de la flor,
incliné mi cabeza
y, cogiéndola luego por el tallo,
escuché y oí, clara, la palabra…
¿Pronunciaste mi nombre? ¿O bien dijiste…?
Sí, alguien dijo: «¡Ven!», mientras yo me inclinaba.”

“Si acaso lo pensaba, no lo dije en voz alta.”

“Por eso regresé.”

Autor del poema: Robert Frost

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TRAZO DEL TIEMPO

Entre el viento y lo oscuro
entre el gozo ascendente
y la quietud profunda,
entre la exaltación de mi vestido blanco
y la oquedad nocturna de la mina,
los ojos suaves de mi padre que esperan; su alegría
incandescente. Subo para alcanzarlo.
Es la tierra
de los pequeños astros, y sobre ella,
sobre sus lajas de pirita, el sol desciende. Altas nubes
de cuarzo, de pedernal. En su mirada,
en su luz envolvente,
el calor del ámbar.
Me alza en brazos. Se acerca.
Nuestra sombra se inclina ante la orilla. Me baja.
Me da la mano.
Todo el descenso
es un gozo callado,
una tibieza oscura,
una encendida plenitud.
Algo en esa calma nos cubre,
algo nos protege
y levanta,
muy suavemente
mientras bajamos.

Autor del poema: Coral Bracho

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LOCURA

locura
drogada locura
salta desquiciada estimula mis nervios
susurra
te espera tu máscara
proclamándolos libres de culpa
te aguarda impasible

sí cuando llantos pensativos
nos perforaban
la repetición
me empujó por el borde
los maestros viajan
en extraños asideros
que mis gritos eran sólo
plática de fondo
trepando por la
boca bien moldeada
lágrimas envueltas, con rígidos trazos
cinceladas en tiza
talladas de los mejores no elegidos ojos
para ocupar mi lugar también
en el jardín de sombras
cuántas veces entonces
habré jadeado?
qué máscara?
en dónde?
no puedes referirte a mí

defensas, falsas barreras
se alzan rápido para encubrir los sentidos
cuando te dicen
no eres nada salvo tu máscara
actúas todo el tiempo
incluso cuando interpretas tu propio papel

sí mamá soy un actor
la diferencia es mi paradoja
que yo
no deseo realmente ser recordado
por mi sonrisa
ni por mi disfraz
sino por todo lo opuesto
mientras miro a mi alrededor
entiendo
que así será

las figuras espectrales no muestran emociones
la corbata del viejo sheriff estrangula
aún así sus ojos no revelan
el cuerpo de un mágico payaso

cubierto de plumas
aún así el polvo en su boca
ni siquiera se mueve

parece que
toda la raza humana
está siendo insultada

haciendo mi propio desorden pero la cera de la confusión
mi anhelo nada sino drama de juegos sexuales
mi éxito, un montón de boletos pegados
mi sangre durando sólo en la costra que forma la cátsup

todo lo cual se
evaporará
en el viento

sí, a decir verdad
estaba asustado despierto
arruinado completamente
por precipitarme
en la temible pequeñez
del agotado universo personal

tócame mama
todo está bien
no importa

ha sido ampliamente demostrado
que incluso yo, yo mismo
no estoy realmente aquí

Autor del poema: Bob Dylan

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EN LOS OTROS OCHENTA, CIEN VERANOS QUE MARCHARON

En los otros ochenta, cien veranos que marcharon
como la luz de un paraíso doméstico, la idea del cielo
de un hedonista era el aparador de una cocina francesa,
manzanas y garrafas de arcilla de Chardin a los Impresionistas,
el arte era une tranche de vie, queso o pan horneado en casa-
la luz, en su opinión, era lo mejor que el tiempo ofrecía.
El ojo era la única verdad, y aquello que atraviesa
la retina se desvanece al amanecer; la profundidad de nature morte
era que la propia muerte es sólo otra superficie
como el lienzo, pues pintar no puede capturar el pensamiento.
Cien veranos que se fueron, con el acordeón que hace olas,
faldas almohadilladas, grupos en botes, golpes blancos como zinc en el agua,
muchachas cuyas mejillas ruborizadas no sobrevivieron a sus rosas.
Entonces, como tubos desecados, los soldados retorcidos
se amontonaron en el Somme y Verdun. Y los muertos
menos reales que una explosión fatal de crisantemos,
idéntico carmesí para la naturaleza muerta y la matanza
de jóvenes. Tenían razón -todo le vale
al pintor con su caballete puesto como un fusil en los hombros.

Autor del poema: Derek Walcott

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ANDENES

Te gusta llegar a la estación
cuando el reloj de pared tictaquea,
tictaquea en la oficina del jefe-estación.
Cuando la tarde cierra sus párpados
de viajera fatigada
y los rieles ya se pierden
bajo el hollín de la oscuridad.

Te gusta quedarte en la estación desierta
cuando no puedes abolir la memoria,
como las nubes de vapor
los contornos de las locomotoras,
y te gusta ver pasar al viento
que silba como un vagabundo
aburrido de caminar sobre los rieles.

Tictaqueo del reloj. Ves de nuevo
los pueblos cuyos nombres nunca aprendiste,
el pueblo donde querías llegar
como el niño el día de su cumpleaños
y los viajes de vuelta de vacaciones
cuando eras -para los parientes que te esperaban-
sólo un alumno fracasado con olor a cerveza.

Tictaqueo del reloj. El jefe-estación
juega un solitario. El reloj sigue diciendo
que la noche es el único tren
que puede llegar a este pueblo,
y a ti te gusta estar inmóvil escuchándolo
mientras el hollín de la oscuridad
hace desaparecer los durmientes de la vía.

Autor del poema: Jorge Teillier

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RETRATO DEL POETA ADOLESCENTE

Un paquete de tabaco,
un libro de poemas,
cuarenta duros
para tomar unas cervezas...

Poca cosa, es verdad:
pero para mí
era suficiente.

Y entonces aparecieron las mujeres.

Autor del poema: Karmelo Iribarren

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UN DÍA ESTÁS, AL OTRO NO

El humo cuelga en la estancia
como un chiste malo.
Lou Reed habla
de familias rotas
desde los altavoces:
«La verdad es que sólo están contentos
cuando sienten dolor.
Por eso se casaron...»
¿Y yo? Yo no digo nada.
Apago el cigarro.
Otro día va a morir.

Autor del poema: Roger Wolfe

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NOCTURNO

Manantiales del agua
ya perenne, profunda vida
abierta en tus ojos.

Convive en ti la tierra
Poblada, su verdad
numerosa y sencilla.

Abre su plenitud
callada, su misterio,
la fábula del mundo.

Hallan su vocación
del Huerto, su quehacer,
manos contemplativas.

Estalla un mediodía
nocturno, arde en gracia
la noche, calla el cielo.

Tenue viento de pájaros
de recóndito fuego
habla en bocas y manos.

Viñas, las del silencio.
Viñas, las de las palabras
cargadas de silencio.

Autor del poema: Gabriel Zaid

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INUNDACIÓN

Esperamos que cese la lluvia,
aunque nos hemos acostumbrado
a permanecer invisibles, tras la cortina.
La cuchara es colador ahora y nadie se atreve ya
a extender la mano.
Muchas cosas flotan por las calles,
cosas bien escondidas en tiempo seco.
¡Qué penoso ver las sábanas usadas del vecino!
Vamos a menudo al indicador de nivel
y comparamos, como relojes, nuestras cuitas.
Algunas cosas pueden regularse.
Pero cuando los aljibes se desborden y se colme la medida que heredamos
tendremos que ponernos a rezar.
El sótano está sumergido, hemos subido las cajas
y comprobamos con la lista el contenido.
Todavía no se ha perdido nada...
Como es seguro que las aguas bajarán pronto
hemos empezado a coser sombrillitas.
Será muy duro volver a cruzar la plaza,
claramente, con sombra de plomo.
Al principio echaremos de menos la cortina
y bajaremos al sótano a menudo
para contemplar la marca
que las aguas nos legaron.

Autor del poema: Günter Grass

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