26 Poemas del tiempo 

La Laguna 2.0 (refinado)

Enviado por thauker  Seguir

Hoy transito tus largas calles como antaño,
una vieja melodía me retrotrae varios años.

Mi querida La Laguna, me conoces más que nadie,
más que una amiga, una hermana, como otra madre.

Me has visto nacer, crecer y cometer mil errores,
has sido cómplice, testigo de mis primeros amores.

Paseando alrededor de tus antiguos conventos,
siento plácida la memoria de aquellos momentos.

El verde moho colorea tus vetustos muros,
ocultan celosos aquellos secretos oscuros.

Esos clásicos balcones de madera atesoran,
esperas de siglos que en sus sombras moran.

Eres vieja, enigmática, rebosas sabiduría,
eres remanso de paz, de sueños, de poesía.

Tu encanto es tu rugosidad y tu aspereza,
cada rincón de tus calles, rezuma nobleza.

Cuna de eruditos, estudiantes, profesores,
tumba de mendigos, campesinos y señores.

Bendecida por nuestro Cristo lagunero,
reliquia venerable, guía y fiel consejero

Eres puerta abierta para quien busca tu abrigo,
muralla cerrada para el extraño y el enemigo.

Ya es invierno, huele a humo, a castañas asadas,
el aroma del recuerdo de generaciones pasadas.

Las campanas llaman a los que ya no están,
tristes latidos, que saben que no volverán.

La gris neblina abraza la luz de las farolas,
apenas alumbran a las almas que vagan solas

La Laguna umbría, húmeda, solitaria y amarga
un sentimiento de añoranza el espíritu embarga

Lloras, mi La Laguna triste, con calma,
mojas los tejados, los patios... el alma.

Se dibujan reliquias de luz en el suelo,
guardan el eco de un antiguo anhelo.

La Laguna te invita, te acoge, te arropa,
con sus gélidas manos, cariñosa te toca.

Si te ha atrapado, no te dejará marchar,
sin fuerzas para huir, tarde para escapar.

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MIRANDO EXTASIADA EL CIELO

Sentada a la orilla de la vida
yo soy tres:
mi sueño, la poesía y yo;
pero lo que ahora digo
lo borra mi sangre con su veloz vertiente,
entretanto el reloj
—rompeolas de los días—
inventa una nueva hora,
en la escala gradual del tiempo.
Anterior al péndulo
y al vuelo de las golondrinas,
está mi luna que llora y ríe
en un exacto protectorado de palabras.
Yo no sé cómo cerrar los ojos,
reconquistar las tardes,
las memorias
y los paisajes
en una sola fuente recóndita
que afirme definitivamente
el soplo primigenio;
a nivel de la rosa que no se marchita
en el seno,
o de la nube que se hubiera quedado
prendida en la ventana
mirando extasiada al cielo.

Autor del poema: Clementina Suárez

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EN EL CAMINO

Han pasado diez años y es un día de invierno.
Tú caminas por las avellanedas.
y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan
por los ríos con luna.

No será como ahora, no tendrás veinte años;
la nieve irá acercándose a tu casa
y el aire verde moverá en tus ojos
sus bosques de cristal y de silencio.

Recuérdalo, hubo un río.
Los árboles vivían
en el imán del agua.
Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras
la canción de los búhos.

Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.
No sabemos a dónde. No sabemos por qué.

Aún estamos aquí.
Pero, de pronto,
han pasado diez años
y tú y yo somos dos desconocidos.

Autor del poema: Benjamín Prado

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A UN RELOJ

Con tu acompasado son
Marcando vas inclemente
De mi pobre corazón
La violenta pulsación....
Dichosa quien no te siente!

Funesto, funesto bien
Haces reloj....La venida
Marcas del ser a la vida,
Y así impasible también
La hora de la partida.

Autor del poema: Dolores Veintimilla

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TIEMPO SIN TIEMPO

Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta

tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj

vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.

Autor del poema: Mario Benedetti

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SE ESCAPÓ MI JUVENTUD POR UN...

Enviado por 7521gsv  Seguir

Se escapó mi juventud por un camino muy ligero,
Causa del frenesí, sin zapatos, sin sombrero. El tiempo y su pesar hasta por fin alzar el vuelo.
Lastres de ambición,
me alejaban del cielo.

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"Volátil"

Enviado por mar1108  Seguir

¡Qué volátil es el tiempo
que se lo lleva todo...

mis días,
mis sueños,
mis anhelos
y todos mis
sentimientos...

Quiero atraparlo,
deseo pararlo...

Pero no puedo,
y después de todo
y al final del día..
hasta me alegro!

Mar

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LAS HORAS

¡Qué tristes son las horas! Cual rebaño
de ovejas que caminan por el cielo
entre el fragor horrísono del trueno,
y bajo un cielo de color de estaño.

Cruzan sombrías en tropel huraño,
de la insondable Eternidad al seno,
sin que me traigan ningún bien terreno,
ni siquiera el temor de un mal extraño.

Yo las siento pasar sin dejar huellas,
cual pasan por el cielo las estrellas,
y aunque siempre la última acobarda,

de no verla llegar ya desconfío,
y más me tarda cuanto más la ansío
y más la ansío cuanto más me tarda.

Autor del poema: Julián del Casal

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Paseo

Enviado por alheli  Seguir

Matar el tiempo, siempre será bueno y feliz...siempre y cuando uno acepte con constancia, morir un poquito, un poquito junto con él. De igual modo uno muere, por ello es bonito aceptarlo.
Viene, tamborilea en semejanza al mío
Un paso, conforme y según otro según se acerca, tiembla
Me engaña, pero es divertido,
no tengo de que culparlo.
Matar el tiempo, será bueno y a veces feliz...siempre y cuando uno no entristezca, al morir un poquito, un poquito junto con él... De igual modo uno muere, por ello es bonito tomarlo.

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VIENTOS

Ya por el horizonte
se difunde la noche, agua sombría
que moja lo mojado de las nubes murales.
Yo con pasos ausentes recorro la penumbra,
bajo el ala del Tiempo que sobre mí extendida
ingrávida y pausada se desplaza.
Vientos turbios y equívocos disponen
todo el húmedo clima donde arraiga,
ofrecida a la lluvia su fresca carne pura,
como un fruto partido, el peso del destino.
(Este soplo me llega desde oscuras distancias,
cruzó mares que he visto,
arrastra los perfumes de tierras que he pisado,
llenó claras llanuras o bosques sofocantes
donde yo enmudecía y sangraba de amor.
Y en la mitad de este aterido viento,
donde errabundas gotas viajan ciegamente,
siento soplar de pronto un viento diferente,
abierto y luminoso.)
Oh viento tibio y firme, viento bueno
que plasmaba de pronto en aguda presencia
el campo de mi infancia donde una abeja zumba.
Los árboles se instalan noblemente,
los caminos recorren inamovibles huellas,
los sitios tienen nombres persuasivos
que los hacen carnales como el hueso a la fruta.
Y la luz brota desde todas partes,
luz increada y siempre fiel, que inunda
la llanura sin muros donde un niño,
de estatura menor que las yerbas del mundo,
todo él suspendido de dos intensos ojos
que inmóviles lo clavan
a la inasible rotación del día,
se ve sobrepasado por su propio silencio,
que ya secretamente se entiende con la vida.
(Y otra vez desemboco en la áspera tierra
del llovido presente
que palmo a palmo con mis plantas palpo,
andando entre desnudas ondas donde anida
esta memoria que en murmurios muere,
tropezando en la sombra a cada instante
con su imperio cambiante.)

Y este múltiple viento informulable,
como el mudo lenguaje de un destino,
recorre con su soplo las horas de mi vida.
Y dice que su afán secreto fue tan solo
entender aquel puro silencio con que un día
yo descifraba el Tiempo.

Autor del poema: Tomás Segovia

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