20 Poemas antiguos 

EL ORIGEN DEL MUNDO

Antes del mar y de las tierras y lo que cubre todo, el cielo,
uno era de la naturaleza el rostro en todo el orbe,
al que dijeron Caos, ruda e indigesta mole
y no otra cosa sino peso inerte, y, acumuladas en él,
unas discordes simientes de no bien juntadas cosas.
Ningún Titán todavía al mundo ofrecía luces,
ni nuevos, creciendo, reparaba sus cuernos Febe,
ni en su circunfuso aire pendía la tierra,
por los pesos equilibrada suyos, ni sus brazos por el largo
margen de las tierras había extendido Anfitrite,
y por donde había tierra, allí también ponto y aire.
Así, era inestable la tierra, innadable la onda,
de luz carente el aire: en ninguno su forma persistía,
y estorbaba a los otros cada uno, porque en un cuerpo solo
lo frío pugnaba con lo cálido, lo húmedo con lo seco,
lo muelle con lo duro, lo sin peso con lo que tenía peso.
Esta lid un dios y una mejor naturaleza dirimió,
pues del cielo las tierras, y de las tierras escindió las ondas,
y el fluido cielo segregó del aire espeso.
Las cuales cosas, después de que las separó y eximió de su ciega acumulación,
disociadas por sus lugares, con una concorde paz las ligó:
la fuerza ígnea y sin peso del convexo cielo
rieló, y un lugar se hizo en el supremo recinto;
próximo está el aire a ella en levedad y en lugar;
más densa que ellos, la tierra, los elementos grandes atrajo
y presa fue de la gravedad suya; el circunfluente humor
lo último poseyó, y contuvo al sólido orbe.
Así cuando dispuesta estuvo, quienquiera que fuera aquel de los dioses
esta acumulación sajó, y sajada en miembros la juntó:
en el principio, la tierra, para que no desigual por toda
parte fuera, en forma la aglomeró de gran orbe;
entonces a los estrechos difundirse, y que por arrebatadores vientos se entumecieran
ordenó, y que a la rodeada tierra circundaran los litorales;
añadió también fuentes y pantanos inmensos y lagos,
y las corrientes declinantes ciñó de oblicuas riberas,
las cuales, diversas por sus lugares, en parte son sorbidas por ella,
al mar arriban en parte, y en tal campo recibidas
de más libre agua, en vez de riberas, sus litorales baten;
ordenó también que se extendieran los llanos, que se sumieran los valles,
que de fronda se cubrieran las espesuras, que se elevaran lapídeos montes;
y, como dos por la derecha y otras tantas por su siniestra
parte, el cielo cortan unas fajas (la quinta es más ardiente que aquellas),
así distinguió la carga en él incluida con el número mismo
el cuidado del dios, y otras tantas llagas en la tierra se marcan;
de las cuales la que en medio está no es habitable por el calor;
nieve cubre, alta, a dos; otras tantas entre ambas colocó
y templanza les dio, al estar mezclada con el frío la llama.
Domina sobre ellas el aire, el cual, en cuanto es el peso del agua
que el peso de la tierra más ligero, tanto es él más pesado que el fuego;
allí también las nieblas, allí aposentarse las nubes
ordenó, y los que habrían de conmover, los truenos, a las humanas mentes,
y con los rayos hacedores de relámpagos los vientos.
A ellos también no permitió el artífice del mundo que por todas partes
tuvieran el aire; apenas ahora se les impide a ellos,
cuando cada uno regenta sus soplos por diverso trecho,
que destrocen el mundo: tan grande es la discordia de los hermanos.
El Euro a la Aurora y a los nabateos reinos se retiró,
y a Persia, y a las cimas sometidas a los rayos matutinos;
el Anochecer y las playas que con el caduco sol se templan
próximos están al Céfiro; Escitia y los Septentriones
el horrendo los invadió Bóreas; la contraria tierra,
con nubes asiduas y lluvia, se humedece por el Austro.
De ello encima impuso, fluido y de gravedad carente,
el éter, y que ninguna cosa de la terrena hez tiene.
Apenas así con lindes había cercado todo ciertas,
cuando, las que presa mucho tiempo habían sido de una calina ciega,
las estrellas empezaron a bullir por todo el cielo,
y para que región no hubiera alguna de sus vivientes huérfana,
los astros poseen el celeste suelo y las formas de los dioses,
cedieron, para que las habitaran, a los nítidos peces las ondas,
la tierra a las fieras acogió, a los voladores el agitable aire.
Más santo que ellos un viviente y de una mente alta más capaz
faltaba todavía, y que dominar en los demás pudiera:
nacido el hombre fue, ya si a él con divina simiente lo hizo
aquel artesano de las cosas, de un mundo mejor el origen,
ya si la reciente tierra, y apartada poco antes del alto
éter, retenía simientes de su pariente el cielo.
A la cual, el hijo de Jápeto, mezclada con pluviales ondas,
la modeló en la efigie de los que moderan todo, los dioses,
y aunque inclinados contemplen los demás vivientes la tierra,
un rostro sublime al hombre dio y el cielo ver
le ordenó y erguido hacia las estrellas levantar su semblante.
Así, la que ora había sido ruda y sin imagen, la tierra
se vistió de las desconocidas figuras, transformada, de los hombres.

Autor del poema: Ovidio

100.00%

votos positivos

Votos totales: 2

Comparte:

LA GIGANTOMAQUIA

Y para que no fuera que las tierras más seguro el arduo éter,
que aspiraron dicen al reino celeste los Gigantes,
y que acumulados levantaron hacia las altas estrellas sus montes.
Entonces el padre omnipotente enviándoles un rayo resquebrajó
el Olimpo y sacudió el Pelión del sometido Osa.
Sepultados por la mole suya, al quedar sus cuerpos siniestros yacentes,
regada de la mucha sangre de sus hijos, dicen
que la Tierra se impregnó, y que ese caliente crúor aliento cobró,
y para que no ningún recuerdo de su estirpe quedara,
que a una faz los tornó de hombres; pero también aquella rama
despreciadora de los altísimos y salvaje y avidísima de matanza
y violenta fue: bien sabrías que de sangre habían nacido.

Autor del poema: Ovidio

100.00%

votos positivos

Votos totales: 2

Comparte:

EL CONCILIO DE LOS DIOSES (II)

Las palabras de Júpiter parte con su voz murmurante aprueban, e incitamentos
añaden. Otros sus partes con asentimientos cumplen.
Es, sin embargo, del humano género la perdición causa de dolor
para todos, y cuál habrá de ser de la tierra la forma,
de los mortales huérfana, preguntan, quién habrá de llevar a sus aras
inciensos, y si a las fieras, para que las pillen, se dispone a entregar las tierras.
A los que tal preguntaban, pues él se ocuparía de lo demás,
el rey de los altísimos turbarse prohíbe, y un brote al anterior
pueblo desigual promete, de origen maravilloso.

Autor del poema: Ovidio

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

PAN Y SIRINGE

Entonces el dios 'De la Arcadia bajo los helados montes' dice,
'entre las hamadríades muy célebre Nonacrinas,
náyade una hubo; las ninfas Siringe la llamaban.
No una vez a los sátiros había burlado ella, que la perseguían,
y a cuantos dioses la sombreada espesura y el feraz
campo tiene. A la Ortigia diosa con sus afanes y con su propia
virginidad honraba. Según el rito también ceñida de Diana,
engañaría y podría creérsela la Latonia, si no
de cuerno el arco de esta, si no fuera áureo el de aquella;
así también engañaba. Volviendo ella del collado Liceo
Pan la ve, y de pino agudo ceñida su cabeza
tales palabras refiere...' Restaba sus palabras referir,
y que, sus preces despreciadas, había huido por lo no hollado la ninfa,
hasta que del arenoso Ladón al plácido caudal
llegó; que aquí ella, su carrera al impedirle sus ondas,
que la mutaran a sus líquidas hermanas les rogó,
y que Pan, cuando presa de él ya a Siringe creía,
en vez del cuerpo de la ninfa, cálamos sostuvo lacustres,
y que mientras allí suspira, movidos dentro de la caña los vientos
hicieron un sonido tenue y semejante a quien se lamenta;
que por esa nueva arte y por la dulzura de su voz el dios cautivado
'Este coloquio a mí contigo' había dicho 'me quedará,'
y que así, los dispares cálamos, con la trabazón de la cera
entre sí juntados, el nombre retuvieron de la muchacha.

Autor del poema: Ovidio

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

CANCIÓN DE ORFEO: PROEMIO

“Desde Júpiter, oh Musa madre –ceden todas las cosas al gobierno de Júpiter–,
entona los cantos nuestros. De Júpiter muchas veces su poderío
he dicho antes: canté con plectro más grave a los Gigantes
y esparcidos por los campos de Flegra sus vencedores rayos.
Ahora menester es de una más liviana lira, a los muchachos cantemos
amados de los altísimos, y a las niñas que atónitas
por no concedidos fuegos, merecieron por su deseo un castigo.

Autor del poema: Ovidio

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

DESDICHAS DEL POETA EXILIADO

… yo, desdichado,
vivo a la manera de un campesino,
anhelando escuchar, Agesilaidas,
los gritos que pregonan la asamblea
y el consejo. Eso que mi padre y el padre
de mi padre tuvieron hasta viejos
entre esos ciudadanos siempre en rencilla.
Pero estoy alejado de ellos yo,
exiliado en la lejanía, y aquí,
como Onomacles, en país de lobos
habito resignado a la guerra.
No es mejor soportar la revuelta...
Aquí el recinto de los dioses felices
frecuento cruzando esta oscura tierra,
con otras compañeras de camino...
y con mis pies lejos de males, vivo
donde las lesbjn de rozagante peplo.
vienen a competir en belleza, Aquí
en torno retumba el griterío inmenso
de mujeres en sus anuales fiestas sacras.
¿Cuándo de mis muchos pesares
me van a liberar los Olímpicos?

Autor del poema: Alceo de Mitilene

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Y DE TIFOEO...

Y de Tifoeo sale la fuerza de los vientos de soplo húmedo, excepto el noto, el Bóreas y el rápido Zéfiro, que procede de zeus y son siempre utilísimos a los hombres. Pero los demás vientos, sin utilidad, soliviantan el mar, y precipitándose sobre el negro ponto, terrible azote de los hombres, forman remolinos violentos y soplan de acá y allá y dispersan las naves y pierden a los marineros; por que no hay remedio para la ruina de aquellos que se les encuentran en el mar. Y sobre la superficie de la tierra inmensa y florida, destruyen los hermosos trabajos de los hombres nacidos de ella, llenándolos de polvo y de un ruido odioso.

Autor del poema: Hesiodo

100.00%

votos positivos

Votos totales: 3

Comparte:

SE ASIENTA JUNTO A LOS REYES VENERABLES

Se asienta junto a los reyes venerables, cuando juzgan. Cuando los guerreros, reunidos, se entregan a las luchas, la Diosa les es propicia y los ayuda. Al que descuella por su valor y su fuerza, le es otorgado inmediatamente un premio hermoso, y él, en tanto, feliz, da gloria a sus padres. Ella favorece a los jinetes, cuando quiere; y a los que hienden el glauco mar agitado, cuando suplican a Hécate y al retumbante Poseidón, la Diosa ilustre les depara fácilmente, si quiere. Con Hermes, multiplica en los establos los rebaños de bueyes, y los rebaños de
cabras, y los rebaños de ovejas lanudas; y a su agrado, los acrece en número o los disminuye. En fin, como es hija única de su madre, se halla revestida de todos los honores entre los Dioses, y el Cronida la hizo nodriza de todos los hombres que, después de ella, vean con sus ojos la luz de la chispeante Eos. Así es que, desde un principio, nutre ella a los jóvenes, y tales son sus honores.

Autor del poema: Hesiodo

100.00%

votos positivos

Votos totales: 2

Comparte:

Y SUBIERON AL OLIMPO

Y subieron al Olimpo orgullosas de su hermosa voz y de su canto ambrosino. Y en todas partes repercutía la tierra negra al son de sus himnos. Y bajo sus pies se alzaba un ruido encantador. En tanto iban hacia su Padre, que reina en el Urano y lleva el trueno y el rayo ardiente; su padre venció con su propio poder a Cronos, su engendrador, y luego diestramente distribuyó entre los Inmortales los debidos
honores.

Autor del poema: Hesiodo

100.00%

votos positivos

Votos totales: 3

Comparte:

LA ILÍADA (FRAGMENTO)

-¿Por qué os halláis tan abatidas, Atenea y Hera? No os habréis fatigado mucho en la batalla, donde los varones adquieren gloria, matando troyanos, contra quienes sentís vehemente rencor. Son tales mi fuerza y mis manos invictas, que no me harían cambiar de resolución cuantos dioses hay en el Olimpo. Pero os temblaron los hermosos miembros antes que llegarais a ver el combate y sus terribles hechos. Diré lo que en otro caso hubiera ocurrido: Heridas por el rayo, no hubieseis vuelto en vuestro carro al Olimpo, donde se halla la mansión de los
inmortales.

Autor del poema: Homero

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Desde el 1 hasta el 10 de un total de 20 Poemas antiguos

Añade tus comentarios