134 Poemas eróticos
Venerando a una dama
Enviado por jeanpierre41 Seguir
La penumbra envolvía a una auténtica guerrera, una mujer de hogar y temple inquebrantable que esa noche decidió regalarme el tesoro de su piel.
La tomé de la cintura con firmeza, anclándola a mi cuerpo para borrar todo espacio. Al oído le susurré:
—Mírame, mi reina. Hoy olvídate de las batallas afuera; aquí tú mandas en este fuego.
Recorrer a una reina exige elegancia y cero prisas. Besé su cuello despacio, reconociendo su esfuerzo diario.
—Qué hermosa estás al soltar tu coraza para ser mía —le murmuré en la clavícula—. Te has ganado cada caricia.
Cuando nuestros cuerpos se fundieron, el placer fue un tributo a su valentía.
—Estás perfecta, tan apretadita y mía —gimí en su piel—. Arde para mí, suéltate, que te sostengo.
El orgasmo de una dama se extrae con paciencia y palabras que queman. Al fin, vibró, se fundió en mi espalda y estallamos juntos. Allí, pegaditos y en sudor, supe que no hay mayor honor que encender el alma de una mujer que lo merece todo.
mi deseo culposo
Enviado por dulcedelirio05 Seguir
Esta mal querer sentirse deseada,
en tiempos de soledad uno añora ser tocado,
ser sentida en todos los aspectos ,
ayer sentí un poco de culpa, quise ser tocada por alguien quien recién conocía. dude tanto en ir,
conversaciones anonadaron mi cabeza con pros y contras, pero el deseo y la lujuria se apoderaron de mi cordura.
no hay que sentir culpa,
mi cuerpo lo pedía a gritos,
lo necesitaba ,
!el ser humano necesita sentir !.
Necesitaba que alguien apreciara mi cuerpo desnudo,
mi silueta,
que me den besos apasionados de esos que te hacen sumergirte en el propio éxtasis ,
necesitaba las manos de un hombre agarrando mis senos, necesitaba una lengua que jugara con la punta de mis pezones erguidos ,
necesitaba el delicado roze de unas manos que exploraran cada milímetro de mi ser,
necesitaba sentir el contacto de otro cuerpo junto al mío aunque solo fuese un sentimiento carnal y solo del momento , pero en ese instante se podia percibir como un acto de amor apasionado,
necesitaba el latido de la carne adentrarse al templo sagrado de mi entrepierna,
el disfrute de mil y unas sensaciones ,
la liberación de tantas ganas acumulada dejando asi esos pobres palpemos manuales de auto practica aun lado
Asi lo llamo yo mi pequeño placer culposo.
Encuentro
Enviado por jeanpierre41 Seguir
Él no era solo un hombre; esa noche, era el artesano de mi perdición. Sus manos, acostumbradas a trazar versos sobre el papel, encontraron en mi cuerpo su lienzo más salvaje. No hubo prisa, solo la intensidad de un hambre que se había gestado durante siglos de espera.
Comenzó recorriendo cada centímetro de mi ser como quien lee un poema prohibido, bajando por la curva de mi cuello, deteniéndose en el valle de mis pechos hasta que mi piel vibró bajo su lengua. Me desarmó con una devoción casi religiosa. Me tomó por completo, explorando cada rincón, cada pliegue de mi intimidad, sin dejar un solo espacio sin reclamar. Me hizo sentir que el mundo se reducía a ese roce, a la forma en que sus labios y dedos convertían mi deseo en una urgencia líquida y ardiente.
Cuando no pude más, cuando el calor se volvió insoportable, lo guié hacia adentro.
Cabalgando sobre él, sentí que la gravedad perdía su fuerza. Fue un ascenso frenético, un galope contra el destino. Con cada embestida, la habitación se borraba; solo existía el choque de nuestra piel, el sudor que se deslizaba por nuestras espaldas y el sonido de nuestras voces fundiéndose en un solo jadeo. Mis manos aferradas a sus hombros, mis uñas marcando el ritmo de su entrega. Me elevé, impulsándome más allá de lo terrenal, buscando en su mirada ese destello de estrellas que solo ocurre cuando dos almas se incendian a la vez.
El clímax fue un naufragio de luces y espasmos, un grito ahogado en su hombro que me dejó temblando, vacía de todo menos de él. Allí, bajo la luz roja de la pasión, fui diosa, fui musa y fui, sobre todo, mujer en su estado más puro y voraz.
Desnúdame
Enviado por danteverne Seguir
Desnúdame,
átame la noche a los ojos,
hoy quiero estar ciego,
hoy quiero estar sordo,
quiero verte con mis manos
quiero que seas para mí solo,
beber de tus muslos
una bocanada de vida
y mojarlo todo,
y mojarlo todo.
Me seduces,
me abduces en derroches,
en este despliegue de obscenos milagros,
en el que clavo mi rayo
como un Zeus de lascivia,
como un dios sin rostro,
buscando tu amparo,
para besar tus labios
y mojarlo todo,
y mojarlo todo.
Disfrútame,
sé mi estigma de fuego,
la flor de mis caprichos,
el mar de mis instintos,
donde mi prófugo magma
desemboca, rompe y yo broto
y salgo y te inundo y lleno
tu jardín, tu laberinto,
donde me pierdo y escondo
para encenderte
y mojarlo todo,
y mojarlo todo.
INCENDIO (ALMA NÚMERO 12)
Tú: escalofríos; tú, escalando mi espalda con tus dedos; tú, trepando
los poros de mi ser…y los de mi piel también.
Tú: accidente; tus manos tocando mis rodillas; tus labios,
chocando con cada una de mis curvas. Tu lengua a oscuras en mi
cuerpo, sin miedo a caer en mi ombligo, o a perderse en el fondo de
mi corazón.
Tú: deshielo; tus dientes en mi cuello mordiéndome un beso; tú,
haciendo tuyos mis pechos y mi pecho: agitando mi respiración. Tu
aliento empañando cada kilómetro de mi cuerpo. Te conoces a la
perfección mis atajos…pero siempre has sido de elegir el camino más
largo; de hacerme esperar, de convulsionar mi cuerpo besándome
desde el final hasta el principio de mis piernas. En fin: tus dedos en mi
vagina haciéndome pensar que soy la responsable del calentamiento
global.
Tú: fuego; nunca pensé que un incendio en mi piel sería tan
húmedo…nunca pensé que tendría tantas ganas de quemarme.
El abrazo del oso
Enviado por danteverne Seguir
Lejos de saciar mis ansias
en locura me enajenas,
es tortura que me asombra
es hambre que me devora,
celda donde hallo tu sonrisa,
nostálgica cazadora de sombras,
huyes cuando te aproximas,
te acercas cuando estás rabiosa,
y en mis fantasmales besos de rosa
te cobijas, te enciendes sola,
y le robas a mis huesos
de viejo oso en celo
un abrazo y una derrota,
limosna de besos huecos,
latidos que se desbocan,
sueño del sueño que deprisa
llega y me implora
que me derrita en tu boca traviesa,
que te atraviese en esta hora
en la que tú eres mi presa
y yo tu carnívora presencia,
tu voraz depredador de diosa.
La ventana
Enviado por danteverne Seguir
Esta noche dejé la ventana abierta
para que mis pensamientos echaran a volar,
y dibujé soles en el cielo nocturno
para que alumbraran tus pasos al llegar.
Y tejí temblores en tus flores y en tus venas,
te desnudé de tiempos donde quebrar,
bebí liviano el veneno de tus piernas paralelas
y en el mar de tus caderas fui capitán.
Murmuré ardores y vigilias, fui centinela,
en la hora herida mi nombre fue talismán,
presa pobre de tu boca tan hambrienta,
sincera muestra de este oscuro guardián.
Pinté de colores tus labios, tus colmenas,
tus esquinas perfumadas de blanco azahar,
construí promesas con esquirlas de tormenta
y por tu cuerpo, como el viento, me dejé llevar.
Resurrección
Enviado por danteverne Seguir
Si tu carne en mis manos resucita,
si tu voz se licúa así en mi boca
y yo te bebo en éxtasis que invita
de tal forma que espumes en mi roca.
Si mi lengua dibuja, traza y grita
sobre tu piel un mar de sed que invoca
una sinrazón de ave que crepita
y alza el vuelo y su don cuando te toca.
No, no habrá compasión en esta guerra
porque no puede haber resurrección
sin nuestra “petit mort” que nos da vida,
y yo quisiera ser antes tu tierra
tu estandarte, tu enseña y tu obsesión
y amarte sin razón y sin medida.
Señal
Enviado por danteverne Seguir
Surges desde el telúrico momento
en el que como viento en las raíces
me conmueves, me agitas, me bendices,
me escoges en tu idílico tormento.
Y yo no espero más señal, presento
mis credenciales simples, sin matices
y me entrego a tus juegos con deslices
para así ser tu todo o tu fragmento.
Tiemblo y mi voz se quiebra trastornada
cuando ardes dulcemente en mi regazo,
me matas de deseo beso a beso,
y yo que solo soy humano, en cada
anhelo, en cada furia, en cada abrazo
me vuelvo dios, mi diosa, lo confieso.
Ven
Enviado por danteverne Seguir
No puedo acallar la voz
de este instantáneo pájaro de fuego
que aparece en el cristal oscuro tan seductor
susurrando cien incendios con mis dedos,
ven.
Si en el espejo azul sediento
mi torpe piel de cordero se hace león,
garra cruel que inunde el cálido hueco forastero
te arrancará una sílaba a dentelladas del corazón,
ven.
Deja que me hunda en tu balcón,
que me exilie a diario entre tus besos
que rompa mis estrellas en pedazos de sol
que sea el color de tu sangre y de tus sueños,
ven, ven.
Tu vigilia será mi jaula ardiendo
tus gemidos espigas que caigan con mi hoz
cuando irrumpa con violencia en tus adentros
seré huérfano, seré padre, seré Dios,
ven, ven, ven.
Nudos desatados en el silencio,
moribundos entregados sin aliento y sin razón,
agua saciada de todo el tiempo herido, escurriendo,
que descanse al fin en un sueño reparador,
ven, ven.
Déjame que duerma en tu pecho,
que mis cenizas en este momento sean excepción,
que mis murmullos sean solo gesto nocturno de viento
que contengan una sola palabra de amor,
ven.
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