136 Poemas eróticos
Embrujo
Enviado por jeanpierre41 Seguir
Bajo el embrujo de tu piel divina,
se rinde el aire al verte caminar,
diosa de luz que la luna domina,
fuego sagrado difícil de calmar.
Tus curvas son un mapa de deseos,
terreno virgen que quiero habitar,
entre suspiros y lentos meandros,
donde mi boca se quiere quedar.
Esa mirada que quema y desliza
una promesa de abierta pasión,
convierte el pulso en voraz prisa
y en un galope a mi corazón.
Rosas de seda dibujan tus labios,
néctar tibio que busco beber,
un elixir de besos tan sabios
que me hacen todo juicio perder.
Tocas mi pecho y el roce enciende
chispas de un trance profundo y voraz,
una corriente que todo lo emprende
y no nos deja retroceder más.
Manos que bajan por tu arquitectura,
recorren la seda de tu desnudez,
mientras se rinde la propia cordura
a la caricia que quema esta vez.
Temblando el aire se llena de aroma,
fragancia a flor y a deseo encendido,
tu voz muy tenue mi ser atesora
cuando en tu cuello me quedo perdido.
Caen las telas, se cae el secreto,
quedas al descubierto, mi diosa,
un templo vivo, sagrado y perfecto,
donde la dicha responde dichosa.
Lenta la marcha, los cuerpos se juntan,
piel contra piel en perfecto compás,
dos voluntades que al cielo apuntan
sin intenciones de volverse atrás.
Ramas de fuego tus piernas se vuelven,
me envuelven lento, me invitan a entrar,
en los misterios que suave se mecen
sobre las olas de un místico mar.
Deslizo besos en tu cordillera,
subo a tus cumbres, desciendo a tu flor,
sintiendo cómo la humedad entera
brota sutil como canto de amor.
Es un derrame de sensaciones,
gotas de lluvia de interna humedad,
fusión sagrada de dos pasiones
que han olvidado la gravedad.
El ritmo crece, la calma se pierde,
ya no hay sutileza en este volcán,
el lecho tiembla, la carne se enciende,
en el torbellino que juntos dan.
Un mar agitado de piel y suspiros,
gritos ahogados en cada rincón,
nos desatamos en fieros giros
perdidos dentro de la ebullición.
Te agitas firme en la cresta del río,
diosa salvaje de puro sudor,
Venerando a una dama
Enviado por jeanpierre41 Seguir
La penumbra envolvía a una auténtica guerrera, una mujer de hogar y temple inquebrantable que esa noche decidió regalarme el tesoro de su piel.
La tomé de la cintura con firmeza, anclándola a mi cuerpo para borrar todo espacio. Al oído le susurré:
—Mírame, mi reina. Hoy olvídate de las batallas afuera; aquí tú mandas en este fuego.
Recorrer a una reina exige elegancia y cero prisas. Besé su cuello despacio, reconociendo su esfuerzo diario.
—Qué hermosa estás al soltar tu coraza para ser mía —le murmuré en la clavícula—. Te has ganado cada caricia.
Cuando nuestros cuerpos se fundieron, el placer fue un tributo a su valentía.
—Estás perfecta, tan apretadita y mía —gimí en su piel—. Arde para mí, suéltate, que te sostengo.
El orgasmo de una dama se extrae con paciencia y palabras que queman. Al fin, vibró, se fundió en mi espalda y estallamos juntos. Allí, pegaditos y en sudor, supe que no hay mayor honor que encender el alma de una mujer que lo merece todo.
mi deseo culposo
Enviado por dulcedelirio05 Seguir
Esta mal querer sentirse deseada,
en tiempos de soledad uno añora ser tocado,
ser sentida en todos los aspectos ,
ayer sentí un poco de culpa, quise ser tocada por alguien quien recién conocía. dude tanto en ir,
conversaciones anonadaron mi cabeza con pros y contras, pero el deseo y la lujuria se apoderaron de mi cordura.
no hay que sentir culpa,
mi cuerpo lo pedía a gritos,
lo necesitaba ,
!el ser humano necesita sentir !.
Necesitaba que alguien apreciara mi cuerpo desnudo,
mi silueta,
que me den besos apasionados de esos que te hacen sumergirte en el propio éxtasis ,
necesitaba las manos de un hombre agarrando mis senos, necesitaba una lengua que jugara con la punta de mis pezones erguidos ,
necesitaba el delicado roze de unas manos que exploraran cada milímetro de mi ser,
necesitaba sentir el contacto de otro cuerpo junto al mío aunque solo fuese un sentimiento carnal y solo del momento , pero en ese instante se podia percibir como un acto de amor apasionado,
necesitaba el latido de la carne adentrarse al templo sagrado de mi entrepierna,
el disfrute de mil y unas sensaciones ,
la liberación de tantas ganas acumulada dejando asi esos pobres palpemos manuales de auto practica aun lado
Asi lo llamo yo mi pequeño placer culposo.
Encuentro
Enviado por jeanpierre41 Seguir
Él no era solo un hombre; esa noche, era el artesano de mi perdición. Sus manos, acostumbradas a trazar versos sobre el papel, encontraron en mi cuerpo su lienzo más salvaje. No hubo prisa, solo la intensidad de un hambre que se había gestado durante siglos de espera.
Comenzó recorriendo cada centímetro de mi ser como quien lee un poema prohibido, bajando por la curva de mi cuello, deteniéndose en el valle de mis pechos hasta que mi piel vibró bajo su lengua. Me desarmó con una devoción casi religiosa. Me tomó por completo, explorando cada rincón, cada pliegue de mi intimidad, sin dejar un solo espacio sin reclamar. Me hizo sentir que el mundo se reducía a ese roce, a la forma en que sus labios y dedos convertían mi deseo en una urgencia líquida y ardiente.
Cuando no pude más, cuando el calor se volvió insoportable, lo guié hacia adentro.
Cabalgando sobre él, sentí que la gravedad perdía su fuerza. Fue un ascenso frenético, un galope contra el destino. Con cada embestida, la habitación se borraba; solo existía el choque de nuestra piel, el sudor que se deslizaba por nuestras espaldas y el sonido de nuestras voces fundiéndose en un solo jadeo. Mis manos aferradas a sus hombros, mis uñas marcando el ritmo de su entrega. Me elevé, impulsándome más allá de lo terrenal, buscando en su mirada ese destello de estrellas que solo ocurre cuando dos almas se incendian a la vez.
El clímax fue un naufragio de luces y espasmos, un grito ahogado en su hombro que me dejó temblando, vacía de todo menos de él. Allí, bajo la luz roja de la pasión, fui diosa, fui musa y fui, sobre todo, mujer en su estado más puro y voraz.
Noche de fuego
Enviado por jeanpierre41 Seguir
Había algo en él que me desarmó antes de que mediara palabra alguna: su aroma. No era el perfume genérico de un aparador, sino un rastro almizclado, masculino y limpio que parecía reclamar el aire que yo respiraba. Cuando su mano rodeó la mía, sentí un chispazo eléctrico recorrer mi columna; su piel era firme, segura, y ese primer beso que depositó en el dorso de mi mano no fue de cortesía, fue una promesa de conquista.
Ya en la penumbra de la habitación, el mundo exterior dejó de existir. Solo quedábamos él, yo y ese magnetismo animal que me hacía sentir vibrar.
Me recostó con una lentitud tortuosa, sus ojos fijos en los míos, devorándome con una adoración que me hacía sentir sagrada. Se arrodilló a los pies de la cama, y mientras mi respiración se volvía errática, tomó mi pie con una delicadeza que contrastaba con la fuerza de sus hombros.
Sintió el estremecimiento que me sacudió cuando sus labios rozaron mi empeine. Me besó allí, con una devoción casi religiosa, subiendo por mi tobillo mientras sus manos grandes y cálidas firmeza mis piernas. Se detuvo, me miró desde abajo y, con una voz ronca que me humedeció al instante, pidió permiso. No con palabras, sino con un gesto de entrega total para ascender hacia mi centro, ese lugar que ya reclamaba su presencia con un latido húmedo y constante.
Cuando finalmente se hundió en mí, no hubo dudas. Me tomó como se toma a una diosa: con una mezcla de ferocidad y ternura que me hizo arquear la espalda, buscando fundirme con él. Cada embestida era una nota de una sinfonía de placer que solo nosotros conocíamos.
El contacto de su pecho sudado contra mis pechos sensibles. Mis gemidos perdiéndose en su cuello, mientras él gruñía mi nombre como un mantra. Sentir esa oleada de "miel" cálida y dulce recorriéndome por dentro cuando ambos estallamos en un unísono de espasmos y entrega absoluta.
Desnúdame
Enviado por danteverne Seguir
Desnúdame,
átame la noche a los ojos,
hoy quiero estar ciego,
hoy quiero estar sordo,
quiero verte con mis manos
quiero que seas para mí solo,
beber de tus muslos
una bocanada de vida
y mojarlo todo,
y mojarlo todo.
Me seduces,
me abduces en derroches,
en este despliegue de obscenos milagros,
en el que clavo mi rayo
como un Zeus de lascivia,
como un dios sin rostro,
buscando tu amparo,
para besar tus labios
y mojarlo todo,
y mojarlo todo.
Disfrútame,
sé mi estigma de fuego,
la flor de mis caprichos,
el mar de mis instintos,
donde mi prófugo magma
desemboca, rompe y yo broto
y salgo y te inundo y lleno
tu jardín, tu laberinto,
donde me pierdo y escondo
para encenderte
y mojarlo todo,
y mojarlo todo.
INCENDIO (ALMA NÚMERO 12)
Tú: escalofríos; tú, escalando mi espalda con tus dedos; tú, trepando
los poros de mi ser…y los de mi piel también.
Tú: accidente; tus manos tocando mis rodillas; tus labios,
chocando con cada una de mis curvas. Tu lengua a oscuras en mi
cuerpo, sin miedo a caer en mi ombligo, o a perderse en el fondo de
mi corazón.
Tú: deshielo; tus dientes en mi cuello mordiéndome un beso; tú,
haciendo tuyos mis pechos y mi pecho: agitando mi respiración. Tu
aliento empañando cada kilómetro de mi cuerpo. Te conoces a la
perfección mis atajos…pero siempre has sido de elegir el camino más
largo; de hacerme esperar, de convulsionar mi cuerpo besándome
desde el final hasta el principio de mis piernas. En fin: tus dedos en mi
vagina haciéndome pensar que soy la responsable del calentamiento
global.
Tú: fuego; nunca pensé que un incendio en mi piel sería tan
húmedo…nunca pensé que tendría tantas ganas de quemarme.
El abrazo del oso
Enviado por danteverne Seguir
Lejos de saciar mis ansias
en locura me enajenas,
es tortura que me asombra
es hambre que me devora,
celda donde hallo tu sonrisa,
nostálgica cazadora de sombras,
huyes cuando te aproximas,
te acercas cuando estás rabiosa,
y en mis fantasmales besos de rosa
te cobijas, te enciendes sola,
y le robas a mis huesos
de viejo oso en celo
un abrazo y una derrota,
limosna de besos huecos,
latidos que se desbocan,
sueño del sueño que deprisa
llega y me implora
que me derrita en tu boca traviesa,
que te atraviese en esta hora
en la que tú eres mi presa
y yo tu carnívora presencia,
tu voraz depredador de diosa.
La ventana
Enviado por danteverne Seguir
Esta noche dejé la ventana abierta
para que mis pensamientos echaran a volar,
y dibujé soles en el cielo nocturno
para que alumbraran tus pasos al llegar.
Y tejí temblores en tus flores y en tus venas,
te desnudé de tiempos donde quebrar,
bebí liviano el veneno de tus piernas paralelas
y en el mar de tus caderas fui capitán.
Murmuré ardores y vigilias, fui centinela,
en la hora herida mi nombre fue talismán,
presa pobre de tu boca tan hambrienta,
sincera muestra de este oscuro guardián.
Pinté de colores tus labios, tus colmenas,
tus esquinas perfumadas de blanco azahar,
construí promesas con esquirlas de tormenta
y por tu cuerpo, como el viento, me dejé llevar.
Resurrección
Enviado por danteverne Seguir
Si tu carne en mis manos resucita,
si tu voz se licúa así en mi boca
y yo te bebo en éxtasis que invita
de tal forma que espumes en mi roca.
Si mi lengua dibuja, traza y grita
sobre tu piel un mar de sed que invoca
una sinrazón de ave que crepita
y alza el vuelo y su don cuando te toca.
No, no habrá compasión en esta guerra
porque no puede haber resurrección
sin nuestra “petit mort” que nos da vida,
y yo quisiera ser antes tu tierra
tu estandarte, tu enseña y tu obsesión
y amarte sin razón y sin medida.
Desde el 1 hasta el 10 de un total de 136 Poemas eróticos
