22 Poemas del Sol 

SOL

Mi amigo el sol bajó a la aldea
a repartir su alegría entre todos,
bajó a la aldea y en todas las cosas
entró y alegró los rostros.

Avivó las miradas de los hombres
y prendió sonrisas en sus labios,
y las mujeres enhebraron hilos de luz en sus dedos
y los niños decían palabras doradas.

El sol se fue a los campos
y los árboles rebrillaron y uno a uno
se rumoraban su alegría recóndita.
Y eran de oro las aves.

Un joven labrador miró el azul del cielo
y lo sintió caer entre su pecho.
El sol, mi amigo, vino sin tardanza
y principió a ayudar al labriego.

Habían pasado los nublados días,
y el sol se puso a laborar el trigo.
Y el bosque era sonoro. Y en la atmósfera
palpitaba la luz como abeja de ritmo.

El sol se fue sin esperar adioses
y todos sabían que volvería a ayudarlos,
a repartir su calor y su alegría
y a poner mano fuerte en el trabajo.

Todos sabían que comerían el pan bueno
del sol, y beberían el sol en el jugo
de las frutas rojas, y reirían el sol generoso,
y que el sol ardería en sus venas.

Y pensaron: el sol es nuestro, nuestro sol
nuestro padre, nuestro compañero
que viene a nosotros como un simple obrero.
Y se durmieron con un sol en sus sueños.

Si yo cantara mi país un día,
mi amigo el sol vendría a ayudarme
con el viento dorado de los días inmensos
y el antiguo rumor de los árboles.

Pero ahora el sol está muy lejos,
lejos de mi silencio y de mi mano,
el sol está en la aldea y alegra las espigas
y trabaja hombro a hombro con los hombres del campo.

Autor del poema: Aurelio Arturo

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LA SALIDA DEL SOL

Viejo loco afanoso, irrefrenable sol,
¿por qué llamarnos siempre
a través de cortinas y ventanas?
¿Es que las estaciones del amor
deberán ajustarse a tu carrera?
Pobre diablo, pedante, descarado,
ve a reñir a chicuelos dormilones,
y a huraños aprendices;
diles a los monteros de la corte
que quiere cabalgar Su Majestad,
y llama a las hormigas campesinas
a llenar sus graneros.
Amor no reconoce ni estaciones ni climas,
horas, días ni meses, los harapos del tiempo.

¿Por qué juzgas tus rayos tan sagrados y fuertes?
Yo podría eclipsarlos y nublarlos
con sólo un parpadeo.
Mas, para no dejar de contemplarla,
si sus ojos no cierran a los tuyos,
mira y dime, mañana por la tarde,
si ambas Indias de minas y de especias
donde tú las dejaste permanecen,
o están aquí conmigo. Pregunta por los reyes
que mirabas ayer, y te dirán
que yacen aquí todos en un lecho.

Ella es todos los reinos, yo soy todos los príncipes.
Y nada más existe.

Los príncipes tan sólo nos imitan.
Comparado con esto cualquier honor es mímica,
toda riqueza alquimia.
Tú, sol, gozas también parte de nuestra dicha,
pues el mundo en tal forma se contrae;
tu edad pide descanso, y, ya que tu deber
es calentar el mundo, brilla para nostros
y será como estar en todos lados.
Este lecho es tu centro y tu esfera estos muros.

Autor del poema: John Donne

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SOL

Ya vienes echando rosas,
ya vienes abriendo oro,
ya te pusiste los montes;
despertaste las colinas y las matas de malva
Gran perro que viene del Infierno
echando olas,
revolvé las nubes,
ponélas de pájaros, de caballos, de pueblitos
con los ramos de candela
de muy lejos.

Autor del poema: Ramón Palomares

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EL SOL

Andaba el sol muy alto como un gallo
brillando, brillando
y caminando sobre nosotros.
Echaba sus plumas a un lado, mordía con sus espuelas al cielo.

Corrí y estuve con él
allá donde están las cabras, donde está la gran casa.
Yo estaba muy alto entre unas telas rojas
con el sol que hablaba conmigo
y nos estuvimos sobre un río
y con el sol tomé agua mientras andábamos
y veíamos campos y montañas y tierras sembradas
y flores
cantando y riéndonos.
Allí andaba el sol
entre aquellas casas, entre aquellos naranjos,
como una enorme gallina azul, como un gran patio de rosas;
caminando, caminando, saludaba a uno y a otro lado;
hasta que me dijo:
Mi amigo que has venido de tan abajo
vamos a beber
y cayó dulce del cielo, cayó leche hasta la boca del sol.

Autor del poema: Ramón Palomares

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SOL

El sol brincó en el árbol.
Después todo fue pájaros.

Lejos, aquí, llovía
el cielo de tus manos,
un cielo pequeñito,
profundo, solitario.
Hora todo es distancia,
ceguedad, aletazo.

El sol tiene en el árbol
inquietudes de pájaro.

Autor del poema: Martín Adán

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XXIX

Qué distancia en metros redondos
Hay entre el sol y las naranjas?
Quién despierta a sol cuando duerme
Sobre su cama abrasadora?
Canta la tierra como un grillo
Entre la música celeste?
Verdad que es ancha la tristeza,
Delgada la melancolía?

Autor del poema: Pablo Neruda

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POEMA 19... NIÑA MORENA Y ÁGIL...

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

Autor del poema: Pablo Neruda

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Allá...

Enviado por sergio_torres_1  Seguir

Allá en el horizonte de mí alma
Allá donde solía haber calma
Allá donde no habría ningún valor
Llego a enriquecerlo tu amor

Allá donde nacía el sol y el cielo azul
Pero llegaste, y en eso y más
Te convertiste tú

Allá en mis lugares y momentos
Donde los recuerdos nacen
Te conocí, y esos lugares y momentos
Los conquistó tu imagen

Allá donde donde estaba totalmente
Solo
Entre nubes y el cielo nublado
Pero hiciste resplandecer el sol
Y ahora te necesito a mi lado

Allá es donde te invito
Allá es donde está mi vida
Allá es donde te prometo
Que siempre estarás protegida

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LLUVIA DE SOL

La muchacha desnuda toma el sol
apenas cubierta
por la presencia de las frondas.

Abre su cuerpo al sol
que en lluvia de fuego
la llena de luz.

Entre sus ojos cerrados
la eternidad se vuelve instante de oro.
La luz nació para que el resplandor de este cuerpo

le diera vida.
Un día más
sobrevive la tierra gracias a ella

que sin saberlo
es el sol
entre el rumor de las frondas.

Autor del poema: José Emilio Pacheco

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Mi sol

Enviado por meridadharma  Seguir

Los arboles se mecen a mi alrededor
Parecen preguntar ¿Qué ha pasado con el sol?
Lo mismo me pregunto yo
¿Qué ha pasado con mi sol?
Las nubes lo escondieron por envidia, mientras mi sol inocente solo jugaba a las escondidillas

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