10 Poemas del diablo 

BENDITO SEA EL DIABLO

Bendito sea el Diablo, que me amarra
al rojo de su capa y de su pluma,
y mis sentidos en amor sahúma,
y en fuego de dolor los achicharra.

Brinda una flor en su espumosa jarra
y una mujer surgiendo de la espuma,
que urden el iris de belleza suma
en que se enciende el arco de su garra.

No importa si la flor es venenosa
o es el infierno la mujer hermosa
en cuya tentación he de caer.

Bendito sea el Diablo que me tienta,
si siempre ante mis ojos se presenta
con una flor y en forma de mujer.

Autor del poema: Luis Llorens

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EL DIABLO SE ENAMORÓ

Cuentan que el diablo una vez se enamoró, y no supo qué demonios hacer con estás mariposas en su estómago. Cuentan que la miraba con ojos de ángel, y que al tocar su piel se quemaba de pasión, cuentan que Satanás conoció su propio infierno, en la boca de una mujer cuyos besos lo hacían un simple mortal, cuentan que el diablo ya no es tan diablo, y se le puede mirar caminando junto con ella con ojos de amor...

Autor del poema: Juan Pablo Fernández

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EL DIABLO Y YO NOS ENTENDEMOS

El diablo y yo nos entendemos
como dos viejos amigos.
A veces se hace mi sombra,
va a todas partes conmigo.
Se me trepa a la nariz
y me la muerde
y la quiebra con sus dientes finos.
Cuando estoy en la ventana
me dice ¡brinca!
detrás del oído.
Aquí en la cama se acuesta
a mis pies como un niño
y me ilumina el insomnio
con luces de artificio.
Nunca se está quieto.
Anda como un maldito,
como un loco, adivinando
cosas que no me digo.
Quien sabe qué gotas pone
en mis ojos, que me miro
a veces cara de diablo
cuando estoy distraído.
De vez en cuando me toma
los dedos mientras escribo.
Es raro y simple. Parece
a veces arrepentido.
El pobre no sabe nada
de sí mismo.
Cuando soy santo me pongo
a murmurarle al oído
y lo mareo y me desquito.
Pero después de todo
somos amigos
y tiene una ternura como un membrillo
y se siente solo el pobrecito.

Autor del poema: Jaime Sabines

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128. LA DESTRUCCIÓN

A mi lado sin tregua el Demonio se agita;
En torno de mi flota como un aire impalpable;
Lo trago y noto cómo abrasa mis pulmones
De un deseo llenándolos culpable e infinito.

Toma, a veces, pues sabe de mi amor por el Arte,
De la más seductora mujer las apariencias,
y acudiendo a especiosos pretextos de adulón
Mis labios acostumbra a filtros depravados.

Lejos de la mirada de Dios así me lleva,
Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro
De las hondas y solas planicies del Hastío,

Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos,
Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas,
¡Y el sangriento aparato que en la Destrucción vive!

Autor del poema: Charles Baudelaire

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Un ángel con las alas cortadas

Enviado por ferjai  Seguir

Desde mi llegada
Han sido muchos los momentos
Que tengo como tesoros
Llamado recuerdos

Poco a poco
Se fueron construyendo
Pero lamentablemente
Los demonios lo fueron destruyendo

Ya ni siquiera me reconozco
Lo que me hacía sentir yo
Esas hermosas alas
Que hace poco fueron cortadas

Ahora solo tengo lagrimas para derramar
Pero anhelo que alguien las seque por mi
Para que algún día
Pueda descansar

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QUE DIOS NOS LIBRE

Que Dios nos libre de los comerciantes
sólo buscan el lucro personal

que nos libre de Romeo y Julieta
sólo buscan la dicha personal

líbrenos de poetas y prosistas
que sólo buscan fama personal

líbrenos de los Héroes de Iquique
líbrenos de los Padres de la Patria
no queremos estatuas personales

si todavía tiene poder el Señor
que nos libre de todos esos demonios
y que también nos libre de nosotros mismos
en cada uno de nosotros hay
una alimaña que nos chupa la médula
un comerciante ávido de lucro
un Romeo demente que sólo sueña con poseer a Julieta
un héroe teatral
en convivencia con su propia estatua

Dios nos libre de todos estos demonios

si todavía sigue siendo Dios.

Autor del poema: Nicanor Parra

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EL PARAÍSO PERDIDO (Fragmento 4)

Súpose al punto en el cielo el acto de odio y desesperación
Consumado por Satán en el Paraíso, y cómo,
Disfrazado de serpiente había seducido a Eva,
Y ésta a su marido, para comer el funesto fruto,
Pues, ¿qué cosa puede ocultarse a la vigilancia
De Dios que lo ve todo, ni engañar su previsión
Que a todo alcanza? Sabio y justo el Señor
En cuanto dispone, no había impedido a Satán
Que tentase el ánimo del Hombre, a quien dotó
De suficiente fuerza y entera libertad para descubrir
Y rechazar las astucias de un enemigo o de un falso amigo.
Que bien conocían nuestros primeros padres,
Y no debieron olvidar jamás la suprema prohibición
De no tocar a aquel fruto, por más que a ello los incitaran,
Pues por desobedecer este mandato,
Incurrieron en tal pena (¿qué menor podían esperarla?)
Y su crimen, por suponer otros varios,
Bien merecía tan triste suerte.
Silenciosos y compadecidos del Hombre,
Se apresuraron a ascender desde el Paraíso
Al Cielo los ángeles custodios.
De aquel suceso colegían lo desventurado que iba a ser,
Y se maravillaban de la sutileza de un enemigo
Que así les había ocultado sus furtivos pasos.
Luego que tan funestas nuevas llegaron a las puertas
Del cielo desde la tierra, contristaron a cuantos las oyeron.
Pintóse esta vez en los semblantes celestiales
Cierta sombría tristeza, que mezclada con un sentimiento
De piedad, no bastaba, sin embargo,
A turbar su bienaventuranza. Rodearon los eternos moradores
A los recién llegados en innumerable multitud,
Para oír y saber todo lo acaecido; y ellos se dirigieron
Al punto hacia el supremo trono, como responsables
Del hecho, a fin de alegar justos descargos
En favor de su extremadavigilancia,
Que fácilmente podían probar; cuando el Omnipotente
Y eterno Padre, desde lo interior de su misteriosa nube,
Y entre truenos hizo así resonar su voz:
"Ángeles aquí reunidos, y vosotros Potestades
Que volvéis de vuestra infructuosa misión,
No os aflijáis ni turbéis por esas novedades de la tierra,
Que aún con el más sincero celo, no habéis podido precaver
Ya os predije no ha mucho tiempo lo que acaba de suceder;
Cuando por primera vez, salido del infierno,
El Tentador atravesó el abismo.
Entonces os anuncié que prevalecerían sus intentos;
Que en breve realizaría su odiosa empresa;
Que el Hombre sería seducido y se perdería,
Dando oídos a la lisonja y crédito a la impostura
Contra su Hacedor. Ninguno de mis decretos ha concurrido
A la necesidad de su caída; no he comunicado
El más leve impulso al albedrío de su voluntad,
Que siempre he dejado libre y puesta en el fiel de su balanza.
Pero al fin ha caído. ¿Qué resta hacer más que dictar la
Mortal sentencia que su transgresión merece,
La muerte a que queda sujeto desde este día?
Presume que la amenaza será vana e ilusoria, porque no ha
Sentido ya el golpe inmediatamente como temía;
Pero en breve verá que el aplazamiento no es perdón,
Lo cual experimentará hoy mismo.
No ha de quedar burlada mi justicia
Como lo ha quedado mi bondad.
Pero, ¿a quién enviaré por juez?
¿A quién sino a ti, Hijo mío,
Que en mi lugar riges el universo,
A ti que ejerces, transmitido por mí,
Todo juicio en los cielos, en la tierra y en los infiernos?
Con esto se persuadirán de que procuro conciliar
La misericordia con la justicia al enviarte a ti,
Amigo del Hombre, mediador suyo,
Designado para servirle de rescate
Y ser voluntariamente su Redentor,
Como estás destinado a convertirte en hombre
Y a ser juez de su humillación."

Autor del poema: John Milton

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CORO DE DEMONIOS (EL DIABLO MUNDO)

Boguemos, boguemos,
la barca empujad,
que rompa las nubes,
que rompa las nieblas,
los aires las llamas,
las densas tinieblas,
las olas del mar.
Boguemos, crucemos
del mundo el confín;
que hoy su triste cárcel quiebran
libres los diablos en fin,
y con música y estruendo
los condenados celebran,
juntos cantando y bebiendo,
un diabólico festín.

Autor del poema: José de Espronceda

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EL DIABLO MUNDO (CANTO VI, Fragmento)

La vieja, en tanto, levantó los ojos
al techo, y murmuró luego entre dientes
quizá sordas palabras maldicientes,
o quizá una oración; que el más sufrido
suele echar en olvido
a veces la paciencia, y darse al diablo.
Y usar por desahogo
refunfuñando como un perro dogo
de algún blasfemador rudo vocablo.
Mas todo se compone
con un «Dios me perdone»,
que así mil veces yo salí del paso
si falto de paciencia juré acaso,
y cierto, vive Dios si no jurara
que el diablo me llevara,
que cuando ahoga el pecho un sentimiento
y el ánimo se achica, porque crezca,
y el corazón se ensanche y engrandezca
no hay suspiro mejor que un juramento,
y aún es mejor remedio
para aliviar el tedio,
mezclarlo con humildes oraciones,
como al son blando de acordada lira
la voz de melancólicas canciones,
confundida suspira.
Y así también se dobla la esperanza,
que donde falta Dios, el diablo alcanza.
Yo a cada cual en su costumbre dejo,
que a nadie doy consejo,
y así como el placer y la tristeza
mezclados vagan por el ancho mundo,
y en su cauce profundo
a un tiempo arrastran flores y maleza,
así suelen también mezclarse a veces
maldiciones y preces,
y yo tan sólo lo que observo cuento,
y a fe no es culpa mía
que la gente sea impía
y mezcle a una oración un juramento.
Testigo aquella vieja
de la antigua conseja
que a San Miguel dos velas le ponía,
y dos al diablo que a sus pies estaba,
por si el uno fallaba
que remediase el otro su agonía.
Ya de seguir a un pensamiento atado
y referir mi historia de seguida,
sin darme a mis queridas digresiones,
y sabias reflexiones
verter de cuando en cuando, y estoy harto
de tanta gravedad, lisura y tino
con que mi historia ensarto.
¡Oh!, cómo cansa el orden; no hay locura
igual a la del lógico severo
y aquí renegar quiero
de la literatura
y de aquellos que buscan proporciones
en la humana figura
y miden a compás sus perfecciones.
¿La música no oís y la armonía
del mundo, donde el apacible ruido
del viento entre los árboles y flores,
se oye la voz del agua y melodía,
y del grillo y las ramas el chirrido
y al dulce ruiseñor cantando amores;
y las de mil colores,
nubes blancas, y azules, y de oro,
que el cielo a trechos pintan;
la blanca luna, el estrellado coro
no veis, y negras sombras a lo lejos,
y entre luz y tinieblas confundidos,
el horizonte terminar perdidos
negros velos y espléndidos reflejos?
Y la noche y la aurora...
Pues entonces. Mas basta, que yo ahora
del rezo o juramento
que allá entre dientes pronunció la vieja,
así como el que deja
senda escabrosa que acabó su aliento,
al llegar a este punto me prevalgo
y de este canto y de su historia salgo.

Autor del poema: José de Espronceda

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EL DIABLO EN EL PARAÍSO

El hombre se come el pasto
El burro los caramelos
La nieta manda al abuelo
Y la sota al rey de bastos
L'agua la llevo en canasto
Me duermo debajo el catre
Todo lo endulzo con natre
Bailo en la tumba del muerto
Mentira todo lo cierto
Gritaba desnudo un sastre.

Los pajes son coronados
Los reyes friegan el piso
El diablo en el paraíso
Y presos van los soldados
Se perdonan los pecados
Fusilamiento de jueces
En seco nadan los peces
Será un acabo de mundo
Cuando en los mares profundos
Las arboledas florecen.

Los justos andan con grillos
Y libres van los perversos
Noventa cobres un peso
Seiscientos gramos un kilo
Los futres andan pililos
Los gordos son raquíticos
Brincaba un paralítico
Sobre un filudo machete
Ocho por tres veintisiete
Divide un matemático.

De asiento tienen el piano
Tocan música en la silla
Caín es la maravilla
Para el abel de su hermano
Caminar es con las manos
Los santos son pendencieros
Bendicen a los rateros
Se acuesta el perro en la cuna
Debajo de blanca luna
La guagua muerde al rondero.

Aquí termina el ejemplo
Fue por el mundo al revés
Y con la venia de usted
Al teatro lo llaman templo
Muy plácido te contemplo
Dice el bandido a su presa
Es más hereje el que reza
Los viejos van a la escuela
Los niños a la rayuela
Ya nadie tiene cabeza.

Autor del poema: Violeta Parra

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