24 Poemas ingleses 

EL DIRECTOR

Desdicha al desdichado Támesis
Que fluye tan cerca del Espectador
El director
Conservador
Del Espectador
Corrompe la brisa
Los accionistas
Reaccionarios
Del Espectador
Conservador
Con los brazos enlazados
Dan vueltas
A paso de lobo.
En un desagüe
Una niña
En harapos
De nariz achatada
Mira
Al director
Del Espectador
Conservador
y muere de amor.

Autor del poema: T.S. Eliot

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FELIZ EL OBRERO

¡Feliz el labriego en sus ropas domingueras!
Con su saco gris pálido, su chaleco elegante, sus mangas bien ajustadas,.
y su sombrero bien puesto en la cabeza, va a la iglesia;
con frecuencia y con orgullo consciente, mira hacia abajo,
hacia la hermosa rosa.
Ésta, ceñida en el ojal, agasaja su nariz.
No envidia al hombre más alegre de Londres.
En la iglesia se sienta entre las filas,
reverenciando al lugar como
a las mejores plegarias cuyo significado poco conoce,
escucha el sermón con un ablandado sopor,
y se erige jubiloso en el bienvenido final.

Autor del poema: Jane Austen

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CUANDO EN WINCHESTER EMPEZARON LAS CARRERAS

Cuando en Winchester empezaron las carreras
Las buenas gentes —se dijo— a su santo olvidaron;
Para nada la venia de San Swithin buscaron
Y Guillermo de Wickham aprobó a duras penas.

Sin embargo las carreras fueron programadas.
La empresa se hizo cargo y el clima era agradable,
Los lores y las damas con pieles, satinadas
Llegaron y nadie vio un futuro alarmante.

Pero en cuanto
el viejo Santo
estuvo al tanto
Tan sólo pegó un brinco de su santuario al techo
Del palacio (hoy en ruinas, tristemente desecho)
Y desde ahí a todos lanzó un proferimiento:

“¡Ah súbditos rebeldes! Ah Venta depravada.
Por bien muertos nos das una vez enterrados;
Pues mira: sigo vivo; y tú, al vicio esclavizada”.
Añadió: “Vas a sufrir por todos tus pecados,

“Estas carreras y jaranas y algazaras
Con las que así rebajas al vecino valle;
Muy bien, que sigan; ya maldición se te depara
Cuando a tus goces persiga mi lluvia incansable.

“De ahora en adelante para julio yo ordeno
—Dar muestra así triunfante de mis poderes quiero;
Y muevan sus carreras: nunca habrá tiempo seco—:
Maldita quede Venta: todo julio, aguaceros”.

Autor del poema: Jane Austen

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¡OH! SR. BEST, ES USTED MUY MALO

¡Oh! Sr. Best, es usted muy malo
Y todo el mundo lo sabrá;
Su comportamiento básico será cantado
por mí, un poeta melodioso .–

Solía ir a Harrowgate
Cada verano que venía,
¿Y porque se lo ruego debería rehusar
ir este año lo mismo?

El camino es tan sencillo, el camino es tan suave,
El precio del envío no aumentó;
Usted es apenas más rápido de lo que era,
No menor Señor al menos.

Si las aguas fueran de utilidad.
¿Por qué ahora renunciar a su uso?
Usted no puede vivir otro año,
Todo es mortal aquí abajo.

Es su deber Mr. Best
dar a su salud reparo.
En vano más las píldoras de Richard serán,
Y en vano el cuidado de su consorte.

Pero aún un deber más noble le llama
Ahora hacia el Norte.
Levántate ennoblecido – como acompañante
de Martha Lloyd sale adelante.

Ella quiere su ayuda – ella te honra
con una llamada distinguida.
Salga adelante para ser la amiga de ella
que es la amiga de todos.

Tómela y pregúntese por su suerte,
En tener tal confianza.
Su conversa sensible y dulce
eliminará el calor y el polvo.

Ella hará que el viaje parezca tan corto
que usted apostará que el coche de caballos permaneció quieto.
Será como conducir a toda velocidad
de Newb’ry a la colina de Speen.

Transpórtela segura a la esposa de Morton
Y me olvidaré del pasado,
Y escribo algunos versos en tu alabanza
Tan finamente y tan rápido.

Pero si todavía te niegas a ir
nunca voy a dejarte descansar,
Buy te persigue con una canción de reproche
¡Oh! ¡Malvado Mr. Best!

Autor del poema: Jane Austen

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EL MENSAJE

Devuélveme mis ojos largamente descarriados,
pues es ya mucho el tiempo que han estado sobre ti;
mas ya que tales males allí han aprendido,
tales conductas forzadas
y apasionamiento falso,
que por ti
nada bueno
pueden ver, quédatelos para siempre.

Devuélveme mi corazón inofensivo,
que pensamiento indigno no podría mancillarlo,
pero si el tuyo le enseñara
a burlarse
del amor;
a quebrantar
palabra y juramento,
quédatelo, porque mío no será.

Pero devuélveme mi corazón, mis ojos,
que pueda ver y conocer tu falsedad;
que pueda reírme y gozar
cuando te angusties,
cuando languidezcas
por aquel
que no querrá,
o, como tú ahora, falso sea.

Autor del poema: John Donne

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CUANDO NIÑO, BUSCABA YO FANTASMAS

Cuando niño, buscaba yo fantasmas
en calladas estancias, cuevas, ruinas
y bosques estrellados; mis temerosos pasos
ansiaban conversar con los difuntos.
Invocaba esos nombres que la superstición
inculca. En vano fue esa búsqueda.
Mientras meditaba el sentido
de la vida, a la hora en que el viento corteja
cuanto vive y fecunda
nuevas aves y plantas,
de pronto sobre mí cayó tu sombra.
Mi garganta exhaló un grito de éxtasis.

Autor del poema: Percy Bysshe Shelley

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A UNA ALONDRA

¡Sé bienvenido, jubiloso espíritu!
No fuiste nunca un pájaro,
tú, que desde los cielos o cerca de sus lindes,
el corazón derramas
en profusos acentos, con arte no pensado.

Alta, siempre más alta,
de la tierra te lanzas
como nube de fuego;
por el azul revuelas
y cantando, te ciernes y, cerniéndote, cantas.

En dorados relámpagos
del sol, ya trasmontado,
donde se encienden nubes,
flotas tú y te deslizas
como gozo sin cuerpo que empieza su carrera.

La tardecita pálida y purpúrea, en torno
de tu vuelo se funde:
como estrella del cielo,
al ser día, invisible
eres tú, pero escucho tu voz dulce y aguda,

fina como las flechas
de la esfera de plata,
cuya viva luz mengua
en la blanca alborada,
y ya, sin verla apenas, lejana la sentimos.

Todo el aire y la tierra
de tus trinos se colman:
así, en la noche pura,
desde una nube sola,
derrama luz la luna y se inundan los cielos.

No sabemos quién eres.
Ya ti más parecido
¿qué habrá? De la irisada nube no fluyen nunca
gotas tan radiantes,
como de tu presencia nos llueven melodías.

Así un poeta oculto
en luz de pensamientos,
que entona sus canciones,
hasta sentir el mundo
temores y esperanzas que no advirtiera nunca.

Así un alta doncella
en torre de un palacio,
que alivia pesadumbres
de amor secretamente, con música tan dulce
como el amor, fluyendo de su estancia.

Tal dorada luciérnaga
en valle de rocío,
que esparce, sin ser vista,
aéreos, sus fulgores,
entre flores y hierba que a los ojos la ocultan.

Cual rosa retirada
entre sus hojas verdes,
deshojada por brisas
tibias, hasta que sienten desmayo, por exceso
de aroma, sus ladrones de vuelo fatigado.

Al son de los chubascos
de primavera, en hierbas relucientes,
a flores despertadas por la lluvia,
a todo lo que hubiere
de alegre, claro y fresco, tu música aventaja.

Dinos, ave o espíritu,
tus dulces pensamientos:
nunca oí una alabanza
del amor o del vino,
que tan divino arrobo, ardiente, derramara.

Los coros de Himeneo,
los cantos de victoria,
junto a los tuyos fueran
ostentación vacía,
aquello en que se siente alguna falla oculta.

¿Qué objetos son la fuente
de tu feliz gorjeo?
¿Qué campos, ondas, montes?
¿Qué cielos o llanuras?
¿Qué amor de semejantes y qué ignorar de penas?

En tu alegría clara
no caben languideces;
la sombra de la angustia
nunca a ti se ha acercado;
amas y el triste hastío de amor nunca supiste.

En vigilia o dormida,
pensarás de la muerte
cosas más ciertas y hondas
que nosotros, mortales:
si no, ¿cómo brotara tu arroyo cristalino?

Miramos antes, luego;
lo que no es lloramos:
nuestra risa más clara
se mezcla con suspiros;
da los más dulces cantos nuestro pesar más triste.

Mas si hiciéramos burla
de orgullo y odio y miedo;
si hubiésemos nacido
para no llorar nunca,
no sé si llegaríamos tan cerca de tu gozo.

Mejor que todo verso
de sones deliciosos,
mejor que las preseas
de los libros, tu arte
será para el poeta, ¡tú, que al suelo escarneces!

Si un poco me dijeras
del gozo que tú sabes,
tal locura armoniosa
brotara de mis labios,
que, como yo te escucho, el mundo escucharía.

Autor del poema: Percy Bysshe Shelley

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PROMETEO LIBERADO

Tú bajaste, entre todas las ráfagas del cielo:
al modo de un espíritu o de un pensar, que agolpa
inesperadas lágrimas en ojos insensibles,
o como los latidos de un corazón amargo
que debiera tener ya la paz, descendiste
en cuna de borrascas; así tú despertabas,
Primavera, ¡oh, nacida de mil vientos! Tan súbita
te llegas, como alguna memoria de un ensueño
que se ha tornado triste, pues fue dulce algún día,
y como el genio o como el júbilo que eleva
de la tierra, vistiendo con las doradas nubes
el yermo de la vida.
La estación llegó ya, y el día: esta es la hora;
has de venirte cuando sale el sol, dulce hermana:
¡llega, al fin, deseada tanto tiempo, y remisa!
¡Qué lentos, cual gusanos de muerte los instantes!
El punto e una estrella blanca aun tiembla, en lo hondo
de esa luz amarilla del día que se agranda
tras montañas de púrpura: a través de una sima
de la niebla que el viento divide, el lago oscuro
la refleja; se apaga; ya vuelve a rutilar
al desvaírse el agua, mientras hebras ardientes
de las tejidas nubes arranca el aire pálido:
¡se pierde! Y en los picos de nieve, como nubes,
la luz del sol, rosada, ya tiembla. ¿No se oye
la eólica música de sus plumas, de un verde
marino, abanicando al alba carmesí?...

Autor del poema: Percy Bysshe Shelley

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VINO DE HADAS

Me embriagué de aquel vino de miel
del capullo lunar de zarzarrosa,
que recogen las hadas en copas de jacinto:
los lirones, murciélagos y topos
duermen entre los muros o en la hierba,
en el patio desierto y triste del castillo;
cuando el vino derraman en la tierra de estío
o en medio del rocío se elevan sus vapores,
de alegría se colman sus venturosos sueños
y, dormidos, murmuran su alborozo; pues pocas
son las hadas que llevan tan nuevos esos cálices.

Autor del poema: Percy Bysshe Shelley

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ALASTOR, O EL ESPÍRITU DE LA SOLEDAD (FRAGMENTO)

¡Tierra, Océano, Aire, amada hermandad!
Si nuestra gran Madre ha impregnado mi voluntad
Con algo de piedad para sentir su amor,
Y recompensa con el mío su favor,
Si la mañana rociada, y el mediodía fragante, y más aún,
El crepúsculo y sus magníficos ministros,
Y el cosquilleo de la medianoche solemne y silenciosa;
Si el aullido del Otoño que suspira en la madera,
Y el traje del invierno se corona con la pureza
Del hielo estrellado sobre la hierba cana y las ramas desnudas;
Si el jadeo voluptuoso de la Primavera cuando respira
Sus primeros besos dulces, -tan caros para a mí-;
Si ningún pájaro brillante, insecto, o bestia apacible
Deliberadamente he perjudicado, y, en cambio, he visto
En ellos a mi propia raza; entonces, perdonad
Esta jactancia, queridos hermanos,
y conservad para mí una porción de vuestros favores.

Autor del poema: Percy Bysshe Shelley

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