8 Poemas de odio 

GANARÍAS

Ganarías
si te odiase
sólo tendrás mi desprecio.
Te dejaré sola
con tus juegos.

Autor del poema: Jorge Javier Roque

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TE ODIO, AMOR

Te odio, amor
porque te fuiste
te odio, amor
porque no volviste
te odio, amor
porque no me quisiste

Autor del poema: Jorge Javier Roque

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SIMPLICIDAD

Es tan humano este dolor que siento.
Esta raíz sin tallo florecido.
Este recuerdo anclado al pensamiento
y por toda la sangre repetido,

que ya ni me fatiga el vencimiento
ni me sangra el orgullo escarnecido,
mi corazón se acostumbró al tormento
de perder la mitad de su latido.

Ya mi rencor no exige la venganza,
aprendí a perdonar toda esperanza
como un bello pecado original.

Llevo en las manos tantas despedidas,
y en lo que fue el amor tantas heridas,
que me he tornado un hombre elemental.

Autor del poema: Jorge Robledo Ortiz

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ADVERTENCIA

Si alguna vez sufres —y lo harás—
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras —y lo harás—
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.

Autor del poema: Felipe Benítez Reyes

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LOS CRUCIFICADOS

El vulgo aplaude cuanto inventa el odio,
y en tanto que desgarra su laurel
al férvido Aristógiton, de Harmodio
la gloria mancha con amarga hiel.

En sus iras tan sólo ver anhela
de la ignominia en afrentosa cruz
á cuanto no se arrastra, á cuanto vuela,
á cuanto no es mentira, á cuanto es luz.

Acusa á Fidias de vender mujeres,
al gran Epaminondas de traidor;
á Sócrates de darse á los placeres;
á Aristides, el justo, de impostor.

A Catón, de arrojar á las murenas
sus míseros esclavos; á Colón,
que al indio libre le forjó cadenas...
¡cadenas que llevó en el corazón!

De avaro á Miguel Angel; al divino
entre todos los genios, Rafael,
de vender como torpe libertino,
por impúdicos besos su pincel.

Incestuoso Molier; felón el Dante;
Voltaire ateo; Diderot venal;
¡para todos la sátira infamante;
para todos el látigo infernal!

¿A cuál mártir, apóstol ó profeta,
á qué artista, guerrero ó trovador
no le ha arrancado la mordaz saeta
de la calumnia, un grito de dolor?

¡Uno solo se encuentra inmaculado
de infamias tántas en el gran festín;
uno solo no está crucificado
por las humanas víboras-Caín!

Autor del poema: Víctor Hugo

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TRAICIÓN

Pagarás caro
el haberme traicionado
yo no olvido
tus cuernos.
Mi desprecio será ignorarte:
no seremos amigos.
Para mí has perdido el cielo.

Autor del poema: Jorge Javier Roque

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LOS INSULTADORES

Con tal que sus ramajes
se extiendan como espléndidos boscajes,
¿qué caso habrá de hacer el cedro erguido
del fango corrompido
donde sus plantas posa, ni del cieno
con que el pequeño mísero gusano
de torpe envidia lleno
quiera manchar su tronco soberano?

Al viejo torreón, perpetuo emblema
de bélico poema;
al Esfinge, entre escombros escondido,
Coloso, que aun dormido
la muerte misma lo contempla absorta,
la injuria de una hormiga ¿qué le importa?

En el silencio de la noche, cuando
sus alas bate, de placer temblando,
el ángel de los sueños fugitivo,
con los brazos cruzados, pensativo,
el Coloso los astros contemplando
en abstracción profunda se recrea.
Entonces él ignora si su sombra
que á veces le rodea,
odio, calumnia ó liviandad se nombra:
no sabe porqué silba la serpiente,
porqué la hiena muerde, porqué miente
la azucena al clavel en sus amores;
por qué se mueve el asqueroso enjambre
de insectos roedores,
porqué son los satélites del hambre
de Dios calumniadores.

En tanto que la turba de reptiles
creyéndolo dormido, se consulta
cuál ha de ser el que mejor le insulta,
él en calma contempla de la aurora
el rayo que las sombras desvanece
y más y más los horizontes dora
con su fúlgida luz…Hablar parece…

Su frente se enrojece,
su pálida mejilla se colora,
su cuerpo se estremece,
inflámanse sus ojos, su cabeza
enérgica levanta
con tanta majestad y tal firmeza
que, al remover la planta,
cobarde tiembla y permanece muda
la turba de gusanos roedores;
¡y el sol con luz espléndida saluda
al gran despreciador de insultadores!

Autor del poema: Víctor Hugo

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ODIO Y AMO

Odio y amo. Tal vez preguntes ¿cómo es posible?.
No lo sé, pero siento que ocurre así y me torturo.

Autor del poema: Cátulo

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