17 Poemas de odio 

Prefiero ser ignorante

Enviado por livan23l  Seguir

Envidio a aquel ignorante
que desconozca del mundo,
yo (no es por ser pedante)
pero al oírlo, sucumbo.

Envidío a aquel inocente,
ya sea niño o adulto,
que aún viviendo al presente
ignore todo tumulto.

Envidio a aquel optimista
de inefable felicidad,
cuya sonrisa de artista
se escapa de realidad.

Envidio hasta los finados
que en su apogeo astral,
ignoran los encauzados
por los que sufro mi mal.

Y es que la dicha persigo;
busco el bienestar profundo,
más al escuchar me castigo,
oyendo miserias del mundo.

Vaya era interconectada
de dudosos desaciertos,
buscando la noche estrellada
conozco los nuevos muertos.

Y es que quiero ser feliz
pero el mundo me violenta,
conocerlo fue el desliz,
investigarlo la tormenta.

Noticia, noticia y noticia.
Robos, muertes e histerias.
Que extraña esta franquicia
que nos informa las miserias.

Y es que me causa angor
la problemática susodicha.
Si el conocimiento es dolor
la ignorancia es una dicha.

De ser cierto mi ideal
yo prefiero ser ignorante,
que por conocer el mal
es la aflicción mi amante.

Más inmerso en la telaraña
aún vivo y doy las gracias,
prefiero vivir, y mañana,
conocer nuevas desgracias.

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odio

Enviado por adrianny-gold  Seguir

Mire por la ventana
intentando escapar de mi.
Sigo en lucha contra el karma
¿Porque se apiada de ti?

Aun tengo heridas de balas
y tal vez llegue a morir,
pero si es así vivirá mi alma
hasta el dia que te haga sufrir.

Autor: Adrianny Garcia

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Noche lluviosa

Enviado por yulipoems  Seguir

Maldito amor!!
Cómo osas entrar en mi alma negra?
Cómo osas a meterte en mi alma sin pena?
Cómo te atreves a cambiar mi historia de Socrates por una de Romeo y Julieta?
Aborresco tu existencia! Y lo que haces en almas ajenas....
Ya no te quiero en mi vida!
Quiero que desaparezcas.

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Quiero

Enviado por tania_palavez  Seguir

Me quema en las venas la sangue que hierve
Y miro tu foto con ella, todo dentro de mi se muere.
Quiero volver a verte, aunque sea un minuto.

Deseo decirte en tu cara que te haré pagar cada segundo,
Cada minuto y cada lagrima que sufrí y derrame por ti
Derramada por un acto bañado en cobardía
Y relleno de ilusiones muertas, por supuesto, mías.

Quiero verte a los ojos por última vez y decirte que me haz lastimado,
Hacerte saber que hace tiempo que te estoy odiando,
Odiando lo que no tengo, lo que la frustración no se ha llevado.

Quiero decirte que no encuentro salida,
Que aunque he intentado no hay cura ni tratamiento para sanar mi herida.
Para dejar de odiar a alguien no existe remedio o medicina;

Solo existe un acto igual de fuerte para apagar la agonía,
Solo una vida puede pagarse con otra vida,
La tuya no vale lo que la mía.
Pero no saldrás de esto sin pagar lo que debes,
Quiero verte a la cara y golpearte con tus verdades

Quiero tenerte en frente y decir lo que mereces,
Personas como tu no deberían estar sonriendo.
Según tu vives una vida feliz con ella pero a ella le estas mintiendo,
Fingiendo que la quieres y sabes que no es cierto,
Tu no quieres a nadie, tu no quieres en serio.

Voy a verte un día a la cara y te veré llorando mientras yo estoy sonriendo.
La venganza es dulce cuando el llanto es negro.

Sentirás el peso de tus actos aplastando tus pulmones,
Perderás el aliento con cada palabra que menciones.
Me pediras perdón ya estando de rodillas,
Pensaras que es lo último que verás en tu vida.

Desearás que te haya perdonado,
Imploraras que lo haya superado
y antes de que tu cuerpo colapce en el pavimento,
ahí estaré yo, tirando todo el veneno,
viéndote a la cara mientras empieza tu tormento.

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LOS INSULTADORES

Con tal que sus ramajes
se extiendan como espléndidos boscajes,
¿qué caso habrá de hacer el cedro erguido
del fango corrompido
donde sus plantas posa, ni del cieno
con que el pequeño mísero gusano
de torpe envidia lleno
quiera manchar su tronco soberano?

Al viejo torreón, perpetuo emblema
de bélico poema;
al Esfinge, entre escombros escondido,
Coloso, que aun dormido
la muerte misma lo contempla absorta,
la injuria de una hormiga ¿qué le importa?

En el silencio de la noche, cuando
sus alas bate, de placer temblando,
el ángel de los sueños fugitivo,
con los brazos cruzados, pensativo,
el Coloso los astros contemplando
en abstracción profunda se recrea.
Entonces él ignora si su sombra
que á veces le rodea,
odio, calumnia ó liviandad se nombra:
no sabe porqué silba la serpiente,
porqué la hiena muerde, porqué miente
la azucena al clavel en sus amores;
por qué se mueve el asqueroso enjambre
de insectos roedores,
porqué son los satélites del hambre
de Dios calumniadores.

En tanto que la turba de reptiles
creyéndolo dormido, se consulta
cuál ha de ser el que mejor le insulta,
él en calma contempla de la aurora
el rayo que las sombras desvanece
y más y más los horizontes dora
con su fúlgida luz…Hablar parece…

Su frente se enrojece,
su pálida mejilla se colora,
su cuerpo se estremece,
inflámanse sus ojos, su cabeza
enérgica levanta
con tanta majestad y tal firmeza
que, al remover la planta,
cobarde tiembla y permanece muda
la turba de gusanos roedores;
¡y el sol con luz espléndida saluda
al gran despreciador de insultadores!

Autor del poema: Víctor Hugo

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ADVERTENCIA

Si alguna vez sufres —y lo harás—
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras —y lo harás—
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.

Autor del poema: Felipe Benítez Reyes

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LOS CRUCIFICADOS

El vulgo aplaude cuanto inventa el odio,
y en tanto que desgarra su laurel
al férvido Aristógiton, de Harmodio
la gloria mancha con amarga hiel.

En sus iras tan sólo ver anhela
de la ignominia en afrentosa cruz
á cuanto no se arrastra, á cuanto vuela,
á cuanto no es mentira, á cuanto es luz.

Acusa á Fidias de vender mujeres,
al gran Epaminondas de traidor;
á Sócrates de darse á los placeres;
á Aristides, el justo, de impostor.

A Catón, de arrojar á las murenas
sus míseros esclavos; á Colón,
que al indio libre le forjó cadenas...
¡cadenas que llevó en el corazón!

De avaro á Miguel Angel; al divino
entre todos los genios, Rafael,
de vender como torpe libertino,
por impúdicos besos su pincel.

Incestuoso Molier; felón el Dante;
Voltaire ateo; Diderot venal;
¡para todos la sátira infamante;
para todos el látigo infernal!

¿A cuál mártir, apóstol ó profeta,
á qué artista, guerrero ó trovador
no le ha arrancado la mordaz saeta
de la calumnia, un grito de dolor?

¡Uno solo se encuentra inmaculado
de infamias tántas en el gran festín;
uno solo no está crucificado
por las humanas víboras-Caín!

Autor del poema: Víctor Hugo

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TE ODIO, AMOR

Te odio, amor
porque te fuiste
te odio, amor
porque no volviste
te odio, amor
porque no me quisiste

Autor del poema: Jorge Javier Roque

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MAGNA ET PULCHRA CONVENTIO

Hoy me produce vómitos
pertenecer a este planeta,
pero entiéndase bien: sólo por hoy,
sólo por esta vez.
No se me tome por contrarrevolucionario.

Sólo por unas horas.
Hay que comprenderlo.
No me importa por hoy
pertenecer al bando oscuro
o claro de los hombres.
De todo hay en la fiesta.
Toda clase de baile se cultiva.

Sólo siento esta vez
unas ganas dulcísimas,
ganas empalagosas
de matar un hombre
—pudiera ser yo mismo—
o una mujer,
por nada, sin motivo,
como un supremo lujo irrealizable.

Ganas terribles
de que nuestras sagradas asambleas
de ranas que barritan
y canguros que graznan
estallen como el vientre
de la chinche golosa.

Pero eso es todo, amada.
Simplemente por hoy,
aunque no constituya precedente,
como un relámpago sucio
contrario a los principios esenciales,
por esta vez, insisto,
sólo por media hora,
vuelvo el estómago,
hago del cuerpo con la boca
de sólo ver un traje o unos poemas
tejidos por los hombres.

Autor del poema: Eduardo Lizalde

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SIMPLICIDAD

Es tan humano este dolor que siento.
Esta raíz sin tallo florecido.
Este recuerdo anclado al pensamiento
y por toda la sangre repetido,

que ya ni me fatiga el vencimiento
ni me sangra el orgullo escarnecido,
mi corazón se acostumbró al tormento
de perder la mitad de su latido.

Ya mi rencor no exige la venganza,
aprendí a perdonar toda esperanza
como un bello pecado original.

Llevo en las manos tantas despedidas,
y en lo que fue el amor tantas heridas,
que me he tornado un hombre elemental.

Autor del poema: Jorge Robledo Ortiz

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