90 Poemas mexicanos 

LA FORTUNA

En su curso voluble la Fortuna
todo cuanto me diera me quitó;
Y la Miseria pálida y hambrienta
el umbral de mi puerta se sentó.

Y llegó la Amistad la que en un día
el festín de mis dichas presidió-
y aunque le dije ven, ella, espantada
al ver aquel espectro, se alejó.

Amor llegó también... Sellé mi labio,
porque temí que se alejara Amor;
pero él sin vacilar, bañado en lágrimas,
vino a mi presuroso... y me abrazó.

Y la Miseria pálida y hambrienta
que al umbral de mi puerta se sentó
a la luz de aquel ángel que lloraba,
ella... ¡la horible harpía!... se embelleció.

Autor del poema: Manuel María Flores

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DÉDALO

Enterrado vivo
en un infinito
dédalo de espejos,
me oigo, me sigo,
me busco en el liso
muro del silencio.

Pero no me encuentro.

Palpo, escucho, miro.
Por todos los ecos
de este laberinto,
un acento mío
está pretendiendo
llegar a mi oído...

Pero no lo advierto.

Alguien está preso
aquí, en este frío
lúcido recinto,
dédalo de espejos...
Alguien, al que imito.
Si se va, me alejo.
Si regresa, vuelvo.
Si se duerme, sueño.
—«¿Eres tú?», me digo...

Pero no contesto.

Perseguido, herido
por el mismo acento
—que no sé si es mío—
contra el eco mismo
del mismo recuerdo,
en este infinito
dédalo de espejos
enterrado vivo.

Autor del poema: Jaime Torres Bodet

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A LA PATRIA

Patria, destello del amor divino,
Sagrada inspiración de mis cantares,
¡Ay! ¿hasta cuándo dejará el destino
De llenar tu existencia de pesares?

Un dolor más terrible que la muerte
Marchita sin piedad tu primavera,
¡Ay! ¿hasta cuándo te dará la suerte
Una sonrisa de piedad siquiera?

¿Hasta cuándo veremos en tu cielo
De una esperanza la feliz aurora?
¿Será que nunca dejará tu suelo
La negra tempestad desoladora?

Virgen flor de la América inocente,
Mi orgullo, mi placer y mi alegría,
¿Cuál es el crimen que manchó tu frente.
Que hasta Dios te ha olvidado, patria mía?

¿Será cierto que nunca, ni un instante
Dejará la fortuna despiadada,
Ni el fuego de la vida en tu semblante
Ni el rayo del placer en tu mirada?

¿De qué te sirve tu inmortal belleza,
De qué tu dulce juventud florida,
Si en medio del horror de la tristeza
Van pasando las horas de la vida?

Por vez postrera tu beldad mirando,
Ya tu esperanza se alejó llorosa;
Y constante á tu lado está velando
La deidad de la guerra pavorosa.

Contra ti con orgullo se levanta
El genio del dolor'y de la muerte,
Y oprime tu cerviz bajo su planta
Insensible á tus lágrimas la suerte.

En medio del horror y las ruinas,
Devorada por bárbaros tormentos,
Tu hermosa frente moribunda inclinas
Como flor destrozada por los vientos.

Haciendo al mal de tu existencia dueño
Dios dirige a otro punto su mirada:
Tu gloria es polvo, tu esplendor es sueño,
Tu dicha sombra y tu grandeza nada.

Hoy que abriendo sus alas impaciente
Se desata el ruidoso torbellino,
Alza del suelo la abatida frente,
Muéstrate digna de tu gran destino.

Olvida tu aflicción y tus dolores;
Valerosa levanta tu bandera,
Y abandona tus joyas y tus flores,
Y entona ¡oh patria! tu canción guerrera.

Haz pedazos al déspota enemigo,
Y ya no temas su cobarde lazo,
Porque el Dios de los pueblos va contigo
Y él sostiene la fuerza de tu brazo.

Y antes que dejes que á sus plantas vean
Los tiranos tus santas libertades,
Lagos de sangre tus campiñas sean
Y en escombros se tornen tus ciudades.

Vibre tu espada con furor tremendo;
Que tu enojo de nuevo se despierte;
Que tus campos repitan el estruendo
Y el clamor de la guerra y de la muerte,

Y al que llame á tus bárbaros tiranos,
Y al que sin ira sus infamias vea,
Que muera ¡oh patria! por tus propias manos
Y allí al instante maldecido sea.

Que al mundo entero tu valor asombre,
Y que sepa la Europa que te mira,
Que aún eres digna de llevar tu nombre,
Y sepa tu contrario que delira.

Y aunque ya tu enemigo no es temible,
Piensa que luchas por salvar tu gloria,
Y al instante levántate terrible
A buscar en la lucha la victoria.

Venganza y guerra sin cesar proclama.
Que ensordezcan al eco tus cañones,
Canta tus himnos y á tus hijos llama,
Tremolando entusiasta tus pendones.

Dichoso aquel que por salvarte muera
De los roncos cañones al estruendo,
Estrechando en sus brazos tu bandera
Y tu nombre sagrado bendiciendo.

Pues yo mi sangre sin pesar ciaría
Por mirarte un instante venturosa,
Desgraciada y hermosa patria mía,
Cuanto más desgraciada más hermosa.

En ti cifro mi gloria desde niño;
Tú iluminas mi pobre pensamiento;
Tú has sido siempre mi primer cariño,
Mi existencia, mi espíritu y mi aliento.

Y aunque el hado á perderte se decida
la victoria negándote inconstante,
Yo siempre te amaré como á mi vida,
Mi amor serás hasta el postrer instante.

Y al mirar á la muerte despiadada,
Cuando todos te nieguen un abrigo,
Cuando todos te dejen olvidada,
Tu pobre amante morirá contigo.

Autor del poema: José Rosas Moreno

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AMO EL CANTO DEL CENZONTLE

Amo el canto del cenzontle,
pájaro de cuatrocientas voces
amo el color del jade,
y el enervante perfume de las flores;
Pero amo más a mi hermano el hombre.

Autor del poema: Nezahualcóyotl

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NUNCA FUE NI SERÁ MÍO

Nunca fue ni será mío.
Es de él mismo.
La vida callada dadora de mundos,
lo que más importa es la no ilusión.
La mañana Nace,
los rojos amigos,
los grandes azules,
hojas en las manos,
pájaros ruideros,
dedos en el pelo,
nidos de palomas,
raro entendimiento de la lucha hermana,
sencillez del canto de la sinrazón,
locura del viento en mi corazón.
Dulce xocolatl del México antiguo,
tormenta en la sangre que entra por la boca.
Compulsión,
augurio,
risa
y dientes finos,
agujas de perla
para algún regalo de un siete de julio.
Lo pido,
me llega,
canto,
cantando,
cantaré desde hoy
nuestra magia, amor.

Autor del poema: Frida Kahlo

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HOJAS SECAS

¡En vano fue buscar otros amores!
¡En vano fue correr tras los placeres,
que es el placer un áspid entre flores,
y son copos de nieve las mujeres!

Entre mi alma y las sombras del olvido
existe el valladar de su memoria:
que nunca olvida el pájaro su nido
ni los esclavos del amor su historia.

Con otras ilusiones engañarme
quise, y entre perfumes adormirme.
¡Y vino el desengaño a despertarme,
y vino su memoria para herirme!

¡Ay, mi pobre alma, cuál te destrozaron
y con cuánta inclemencia te vendieron!
Tú quisiste amar ¡y te mataron!
Tú quisiste ser buena ¡y te perdieron!

¡Tanto amor, y después olvido tanto!
¡Tanta esperanza convertida en humo!
Con razón en el fuego de mi llanto
como nieve a la lumbre me consumo.

¡Cómo olvidarla, si es la vida mía!
¡Cómo olvidarla, si por ella muero!
¡Si es mi existencia lúgubre agonía,
y con todo mi espíritu la quiero!

En holocausto dila mi existencia,
la di un amor purísimo y eterno,
y ella en cambio, manchando mi conciencia,
en pago del edén, diome el infierno.

¡Y mientras más me olvida, más la adoro!
¡Y mientras más me hiere, más la miro!
¡Y allá dentro del alma siempre lloro,
y allá dentro del alma siempre expiro!

El eterno llorar: tal es mi suerte;
nací para sufrir y para amarla.
¡Sólo el hacha cortante de la muerte
podrá de mis recuerdos arrancarla!

Autor del poema: Manuel Gutiérrez Nájera

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¿A DÓNDE IREMOS?

¿A dónde iremos
donde la muerte no existe?
Mas, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:

Aquí nadie vivirá por siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
Los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.

Autor del poema: Nezahualcóyotl

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ESTRELLA EN ALTO

En el taller del alma maduran los deseos,
crece, fresca y lozana, la ternura,
imitando tu sombra,
inventando tu ausencia
tan honda y sostenida.

Hoy te sueño,
amante:
estrella en alto, huella
de una violeta lenta.

Oscuramente bella la soledad germina en torno de mi cuerpo.
Hoy te sueño, amante:
jugamos a la brisa y al frío.
Tu nombre suena como tibia pureza inimitable.

Y del cielo a la tierra,
de aquella estrella en alto al dulce ruido de tu pecho,
bajan con inefable rapidez
y como espuma roja
apresurados besos,
recios besos,
crueles besos de hielo en mi memoria.

Un grito de agonía, una blasfemia
vuelve grises tus senos,
y mi sueño,
y esa noble fragancia de tu sexo.
¿Qué esperamos, hermana,

de esta reciente aurora
que nos fatiga tanto?
Mira la estrella,
es blanca, no es azul.
Mírala, y que tus ojos perduren como rosas perfectas.

Autor del poema: Efraín Huerta

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EL AMIGO IDO

Me escribe Napoleón:
"El Colegio es muy grande,
nos levantamos muy temprano,
hablamos únicamente en inglés,
te mando un retrato del edificio..."

Ya no robaremos juntos dulces
de las alacenas, ni escaparemos
hacia el río para ahogarnos a medias
y pescar sandías sangrientas.

Ya voy a presentar sexto año;
después, según las probabilidades,
aprenderé todo lo que se deba,
seré médico,
tendré ambiciones, barba, pantalón largo...

Pero si tengo un hijo
haré que nadie nunca le enseñe nada.
Quiero que sea tan perezoso y feliz
como a mí no me dejaron mis padres
ni a mis padres mis abuelos
ni a mis abuelos Dios.

Autor del poema: Salvador Novo

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PERCIBO LO SECRETO

Percibo lo secreto, lo oculto:
¡Oh vosotros señores!
Así somos, somos mortales,
De cuatro en cuatro nosotros los hombres,
Todos habremos de irnos,
Todos habremos de morir en la tierra…

Nadie en jade,
Nadie en oro se convertirá:
En la tierra quedará guardado
Todos nos iremos
Allá, de igual modo.
Nadie quedará,
Conjuntamente habrá que perecer,
Nosotros iremos así a su casa.

Como una pintura
Nos iremos borrando.
Como una flor,
Nos iremos secando
Aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
De la preciosa ave de cuello de hule,
Nos iremos acabando
Nos vamos a su casa.

Se acercó aquí
Hace giros la tristeza
De los que en su interior viven…
Meditadlo, señores,
Águilas y tigres,
Aunque fuerais de jade,
Aunque allá iréis,
Al lugar de los descarnados…
Tendremos que desaparecer
Nadie habrá de quedar.

Autor del poema: Nezahualcóyotl

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