11 Poemas de perros 

SOLO UN PERRO

De vez en cuando la gente me dice “relájate, es sólo un perro” o “es un montón de dinero sólo por un perro”. Ellos no comprenden la distancia recorrida, el tiempo invertido o los costos incurridos por “sólo un perro”. Algunos de mis momentos de mayor orgullo han ocurrido con “sólo un perro”.

Muchas horas han pasado siendo mi única compañí­a “sólo un perro”, pero ni por un sólo instante me sentí­ despreciado. Algunos de mis momentos más tristes han sido por “sólo un perro”, y en esos días grises, el suave toque de “sólo un perro” me dio el confort y la razón para superar el dí­a.

Si tú también piensas “es sólo un perro”, entonces probablemente entenderás frases como “sólo un amigo”, “sólo un amanecer” o “sólo una promesa”. “Sólo un perro” trae a mi vida la esencia misma de la amistad, la confianza y la alegría pura y desenfrenada. “Sólo un perro” saca a relucir la compasión y paciencia que hacen de mí­ una mejor persona.

Por “sólo un perro” me levantaré temprano, haré largas caminatas y miraré con ansias el futuro. Así­ que para mí­, y para gente como yo, no es “sólo un perro”, sino una encarnación de todas las esperanzas y los sueños del futuro, los recuerdos del pasado, y la absoluta alegrí­a del momento. “Sólo un perro” saca lo bueno en mí y desvía mis pensamientos lejos de mí­ mismo y de las preocupaciones diarias.

Espero que algún dí­a puedan entender que no es “sólo un perro”, sino aquello que me da humanidad y evita que yo sea “sólo un humano”. Así­ que la próxima vez que escuches la frase “sólo un perro”, simplemente sonrí­e porque ellos “simplemente no comprenden”.

Autor del poema: Richard Biby

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UN PERRO HA MUERTO

Mi perro ha muerto.

Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz iría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.

Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.

Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.

No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.

Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.

Autor del poema: Pablo Neruda

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COPLA A MI PERRO

Algo hay en sus lametones
que yo adoro como un niño,
me contagia de energía
haciéndome sentir vivo.

Así es mi perro, el único
ser al que de verdad mimo,
fieles uno para el otro,
de lunes hasta domingo.

En él yace mi confianza
por tanto que hemos vivido,
juegos, paseos sin fin,
bajo su dulce ladrido;

sin olvidarme de aquellas
tardes de tormenta y frío
cuando el mundo nuestro era,
podíamos compartirlo.

Es llegar a casa y verle
sentado, solo y sereno,
casi aburrido tras horas
de solitarios ensueños.

Más entonces se alza firme
y con un salto tremendo
se coloca frente a mí
demostrándome su apego.

¿Hay algo más fiel y hermoso
o de mayor sentimiento
que solo porque has llegado
tener feliz a tu perro?

No existe animal tan noble,
tan dichoso y tan sincero
tan único y vigoroso,
como este perro al que quiero.

Mi compañero de viajes,
mi estandarte de emociones,
mi amigo, siempre mi amigo
en todas las ocasiones.

Autor del poema: Anónimo

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SOY UN PERRO, NO UNA COSA

Soy un perro. Soy un animal que vive y respira. Siento dolor, alegría, miedo y placer.

No soy una cosa. Si me pegan, me va a doler y voy a sangrar. Me puedo quebrar. Siento dolor. No soy una cosa.

Soy un perro. Disfruto al jugar, al caminar, pero por encima de todo disfruto el tiempo que paso con mi familia, mi manada. No quiero más nada que no sea estar al lado de mi humano. Quiero dormir donde tú duermas y caminar donde tú camines. Soy un perro y siento amor… añoro tu compañía.

Disfruto el toque de una mano amiga y la suavidad de una buena cama. Quiero estar dentro del hogar con mi familia, no afuera, al final de una cadena, solo en un kennel o en un jardín cercado por horas. Nací para ser un compañero, no para vivir una vida de soledad.

Me da frío y me da calor. Me da hambre y también sed. Soy una criatura viviente, no una cosa.

Cuando tú te vas, quiero ir contigo. Si me tengo que quedar, esperaré ansioso hasta que llegues. Siempre extraño el sonido de tu voz. Haré lo que sea para complacerte. Vivo para ser tu querido compañero.

Soy un perro. Mis acciones no están dictadas por el dinero, la avaricia ni el odio. No tengo prejuicios. Vivo el momento, el amor y la lealtad me guían.

No me confundas con un objeto sin vida. Puedo pensar y sentir cosas, mucho más allá de dolor físico. También siento miedo y felicidad, amor y confusión. Tengo emociones. entiendo sobre eso igual o más que tú. Puedo comprender las palabras que me dices, aunque tú a veces no me entiendas a mí.

Soy un perro. No soy capaz de cuidarme sin tu ayuda. Si eliges atarme y no me alimentas, me dará hambre. Si me abandonas en un camino olvidado, sentiré miedo y soledad. Te buscaré y me preguntaré por qué me dejaron atrás. No soy una propiedad que puedas desechar y olvidar.

Si eliges dejarme en una perrera, estaré temeroso y esperaré que cada sonido de pasos que escuche desde ese momento seas tú, yéndome a buscar.

Soy un perro – una criatura que vive y respira. Si eliges llevarme a casa, por favor dame las cosas que necesito para ser feliz y saludable.

Dame buena comida, agua limpia, una cama cálida y mucho amor. No me abandones. No me patees. No me dejes cuando la vida se vuelva ocupada. Haz un compromiso mientras yo esté vivo o no me lleves a casa en primer lugar.

Si me dejas, no tendré los medios para cuidarme a mí mismo. Estoy a la merced de la bondad de la gente; si caigo en las manos equivocadas, mi vida estará arruinada.

Siento dolores, miedos y soledad también. Si termino en un refugio para animales, mis ojos serán lo único que podrá convencer a alguien de salvarme y demostrar que soy amigable. Mi cola les hará saber de mi felicidad. Si no es lo suficientemente bueno, moriré.

Soy un perro. Quiero dar y recibir amor. Quiero vivir. No soy una cosa. No soy un pedazo de propiedad. Por favor, no me descartes. Trátame con amor, bondad y respeto. Prometo pagarte con amor incondicional mientras viva.

Autor del poema: Penny Elms

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ELEGÍA A LA MUERTE DE UN PERRO

La quietud sujetó con recia mano
al pobre perro inquieto,
y para siempre
fiel se acostó en su madre
piadosa tierra.
Sus ojos mansos
no clavará en los míos
con la tristeza de faltarle el habla;
no lamerá mi mano
ni en mi regazo su cabeza fina
reposará.
Y ahora, ¿en qué sueñas?
¿dónde se fue tu espíritu sumiso?
¿no hay otro mundo
en que revivas tú, mi pobre bestia,
y encima de los cielos
te pasees brincando al lado mío?
¡El otro mundo!
¡Otro... otro y no éste!
Un mundo sin el perro,
sin las montañas blandas,
sin los serenos ríos
a que flanquean los serenos árboles,
sin pájaros ni flores,
sin perros, sin caballos,
sin bueyes que aran...
¡el otro mundo!
¡Mundo de los espíritus!
Pero allí ¿no tendremos
en torno de nuestra alma
las almas de las cosas de que vive,
el alma de los campos,
las almas de las rocas,
las almas de los árboles y ríos,
las de las bestias?
Allá, en el otro mundo,
tu alma, pobre perro,
¿no habrá de recostar en mi regazo
espiritual su espiritual cabeza?
La lengua de tu alma, pobre amigo,
¿no lamerá la mano de mi alma?
¡El otro mundo!
¡Otro... otro y no éste!
¡Oh, ya no volverás, mi pobre perro,
a sumergir los ojos
en los ojos que fueron tu mandato;
ve, la tierra te arranca
de quien fue tu ideal, tu dios, tu gloria!
Pero él, tu triste amo,
¿te tendrá en la otra vida?
¡El otro mundo!...
¡El otro mundo es el del puro espíritu!
¡Del espíritu puro!
¡Oh, terrible pureza,
inanidad, vacío!
¿No volveré a encontrarte, manso amigo?
¿Serás allí un recuerdo,
recuerdo puro?
Y este recuerdo
¿no correrá a mis ojos?
¿No saltará, blandiendo en alegría
enhiesto el rabo?
¿No lamerá la mano de mi espíritu?
¿No mirará a mis ojos?
Ese recuerdo,
¿no serás tú, tú mismo,
dueño de ti, viviendo vida eterna?
Tus sueños, ¿qué se hicieron?
¿Qué la piedad con que leal seguiste
de mi voz el mandato?
Yo fui tu religión, yo fui tu gloria;
a Dios en mí soñaste;
mis ojos fueron para ti ventana
del otro mundo.
¿Si supieras, mi perro,
qué triste está tu dios, porque te has muerto?
¡También tu dios se morirá algún día!
Moriste con tus ojos
en mis ojos clavados,
tal vez buscando en éstos el misterio
que te envolvía.
Y tus pupilas tristes
a espiar avezadas mis deseos,
preguntar parecían:
¿Adónde vamos, mi amo?
¿Adónde vamos?
El vivir con el hombre, pobre bestia,
te ha dado acaso un anhelar oscuro
que el lobo no conoce;
¡tal vez cuando acostabas la cabeza
en mi regazo
vagamente soñabas en ser hombre
después de muerto!
¡Ser hombre, pobre bestia!
Mira, mi pobre amigo,
mi fiel creyente;
al ver morir tus ojos que me miran,
al ver cristalizarse tu mirada,
antes fluida,
yo también te pregunto: ¿adónde vamos?
¡Ser hombre, pobre perro!
Mira, tu hermano,
ese otro pobre perro,
junto a la tumba de su dios, tendido,
aullando a los cielos,
¡llama a la muerte!
Tú has muerto en mansedumbre,
tú con dulzura,
entregándote a mí en la suprema
sumisión de la vida;
pero él, el que gime
junto a la tumba de su dios, de su amo,
ni morir sabe.

Tú al morir presentías vagamente
vivir en mi memoria,
no morirte del todo,
pero tu pobre hermano
se ve ya muerto en vida,
se ve perdido
y aúlla al cielo suplicando muerte.

Descansa en paz, mi pobre compañero,
descansa en paz; más triste
la suerte de tu dios que no la tuya.
Los dioses lloran,
los dioses lloran cuando muere el perro
que les lamió las manos,
que les miró a los ojos,
y al mirarles así les preguntaba:
¿adónde vamos?

Autor del poema: Miguel de Unamuno

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AL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

Enviado por vazcas  Seguir

Y dicen que sólo le falta hablar.
Si con su limpia y profunda mirada
me muestra mucho más que una palabra
aunque algunos no sepan descifrar.

Jamás encontraré más fiel amigo
que en los peores momentos arrime
su cuerpo a mi alma abatida y anime
dándome el calor del mejor abrigo.

Vivaracho, revoltoso y valiente,
secreto confidente hasta mi entierro.
Tanta bondad y amor resulta hiriente.

A su sincera amistad yo me aferro
porque, cuanto más conozco a la gente
más agradecido estoy a mi perro.

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SONETO A UN PERRO

Se escucha en la mañana tu ladrido
ansioso de jugar, y tu alegría
ya desde la primera hora del día
invita a un matutino recorrido.

Eres único, perro al que yo cuido
y me cuida. Sin ti queda vacía
mi ánima y corazón. Tu compañía
es una parte a la que estoy unido.

Por ser inseparable esta confianza,
por ser un perro fiel, alegre y neto,
te regalo este lúcido soneto

como franco homenaje a nuestra alianza,
porque mientras estés siempre conmigo
se hallará junto a mí el mejor amigo.

Autor del poema: Anónimo

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ABROJOS - LVI

Tengo de criar un perro,
ya que en este mundo estoy.
No me importa lo que sea,
alano, galgo o bull-dog;
lo quiero para tener
un tierno y fiel queredor
que sonría con el rabo
cuando le acaricie yo;
para que me ofrezca todo
su perruno corazón,
y gruña a quien me amanece
y se alegre con mi voz;
y para si me da el cólera
y huyen de mi alrededor,
juntos, parientes y amigos,
que nos quedamos los dos:
yo, cadáver, como huella
de una vida que pasó;
él lanzado tristemente
sus aullidos de dolor.

Autor del poema: Rubén Darío

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A NIEBLA, MI PERRO

«Niebla», tú no comprendes: lo cantan tus orejas,
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.
Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados,
que de improviso surgen de las rotas neblinas,
arrastrar en sus tímidos pasos desorientados
todo el terror reciente de su casa en ruinas.
A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo,
que transportan la muerte en un cajón desnudo;
de ese niño que observa lo mismo que un festejo
la batalla en el aire, que asesinarle pudo;
a pesar del mejor compañero perdido,
de mi más que tristísima familia que no entiende
lo que yo más quisiera que hubiera comprendido,
y a pesar del amigo que deserta y nos vende;
«Niebla», mi camarada,
aunque tú no lo sabes, nos queda todavía,
en medio de esta heroica pena bombardeada,
la fe, que es alegría, alegría, alegría.

Autor del poema: Rafael Alberti

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PERRO

un solo perro
caminando solitario sobre una acera caliente del
verano
parece tener el poder
de diez mil dioses

¿por qué es así?

Autor del poema: Charles Bukowski

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