16 Poemas simbolistas 

CLARO DE LUNA

Vuestra alma es un exquisito paisaje,
Que encantan máscaras y bergamascos,
Tocando el laúd y danzando y casi
Tristes bajo sus fantásticos disfraces.

Siempre cantando en el tono menor,
El amor triunfal y la vida oportuna
Parecen no creer en su felicidad
Y sus canciones se unen al claro de la luna.

Al tranquilo claro de luna, triste y bello,
Que hacen sonar los pájaros en los árboles,
Y sollozar extáticos a los surtidores,
Surtidores esbeltos entre los blancos mármoles.

Autor del poema: Paul Verlaine

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CROQUIS PARISIENSE

Sobre las fachadas pintaba la luna
con tintes de zinc, ángulos obtusos;
salen de los techos de las chimeneas,
en forma de cinco, penachos de humo.

El cielo está gris, llora la llovizna
igual que un fagot,
y maúlla a lo lejos un gato encelado
por su zapaquilda su extraña canción.

Yo pensando en Fidias, soñando en Platón,
errante mi paso por las calles va
—y con Marathón y con Salamina—
mientras parpadean las luces del gas.

Autor del poema: Paul Verlaine

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PESADILLA

Yo he visto a la luna llena,
como un sueño, en el sendero,
en una mano el acero,
en la otra un reloj de arena,
al caballero

de las baladas del Rhin,
como un huracán violento
galopando hacia el confín
con la negra capa al viento
sobre un rocín

negro de ébano y fulgente
como un ascua, velozmente;
sin ¡hop! ni fusta, ni brida,
ir a carrera tendida
eternamente.

Amplio chambergo plumado;
en las cuencas, su ojo ciego
entre la niebla ha brillado
con un fulgor azulado
de arma de fuego.

Como ala de gaviota
que sorprende la borrasca,
al furor de la nevasca,
su negra capa que flota
al viento, chasca,

y con orgullo luda
su esqueleto marfileño;
y al cruzar, como un mal sueño
mostraba en la noche umbría
con aullidos estridentes
treinta y dos dientes.

Autor del poema: Paul Verlaine

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EFECTO DE NOCHE

La noche. Llueve. Un cielo siniestro. Se destacan
los perfiles borrosos de góticas iglesias
con sus agujas místicas y sus torres de espuma...
Una ciudad antigua allá a lo lejos sueña.
La llanura... Un patíbulo con racimos de ahorcados
renegridos, horribles, con la cárdena lengua
en una mueca trágica de burla, sacudidos
a compás, por los ávidos picos de las cornejas.
Y sus piernas moradas, mordidas por los lobos,
danzan en el espacio zarabandas grotescas.
Espesos jaramagos y zarzales hirsutos
orillan el camino con hórridas malezas
sobre un ferruginoso fondo de pesadilla.
Después, tres prisioneros, cargados de cadenas,
harapientos, en medio de un pelotón de guardias,
cuyos rectos fusiles, como hierros de verja,
a contraviento de las lanzas de la lluvia
fulguran y se clavan en la noche siniestra.

Autor del poema: Paul Verlaine

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SALUDO

Nada, esta espuma, virgen es
el verso que sólo a la copa
designa. Así lejos, en tropa,
sirenas húndense al revés.

Navegamos. Mi sitio es,
oh diversos amigos, la popa
y es el vuestro la proa que copa
rayos e inviernos. Embriaguez

gozosa ahora me convida
(su cabeceo no intimida)
a hacer de pie el saludo mío,

soledad, estrella arrecife,
a cuanto valga en este esquife
de nuestra vela el blanco brío.

Autor del poema: Stéphane Mallarmé

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CANSADO DEL AMARGO REPOSO

Cansado del amargo reposo donde ofende
mi pereza una gloria por la que huí antaño
de la infancia adorable de los bosques de rosas
bajo azul natural, cansado siete veces
del exigente pacto de cavar por velada
nueva fosa en la tierra frígida y avarienta
de mi propio cerebro,
de la esterilidad cruel sepulturero.
-¿Qué decirle a esta Aurora, oh Sueños, visitado
por las rosas, con miedo de las lívidas, cuando
junte el extenso osario los vacuos agujeros?

Renunciar quiero al Arte voraz de un cruel país
y sonriente para los caducos reproches
que me hacen mis amigos, el pasado y el genio,
y mi lámpara que conoce mi agonía,
imitar al sutil chino de fino y límpido
corazón cuyo albo éxtasis está en pintar el fin,
sobre tazas de nieve de una arrobada luna,
de una flor peregrina que perfuma su vida
transparente, la flor que sintió cuando niño
a la azul filigrana del alma injertándosele.
Para la muerte como solo sueño del sabio,
sereno, escogeré un juvenil paisaje
que he de pintar aún, distraído, en las tazas.
Un pálido y delgado trazo de azul sería
un lago, entre el cielo de nuda porcelana,
nítida media luna perdida en blanca nube
baña su quieto cuerno en las heladas aguas
no lejos de tres juncos, pestañas de esmeralda

Autor del poema: Stéphane Mallarmé

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LA TUMBA DE EDGAR POE

Como la eternidad lo transforma en Sí mismo,
El poeta se yergue con la desnuda espada
Sobre un siglo aterrado por el que fue ignorada
La muerte que triunfaba en esa voz de abismo.

Vil sobresalto de hidra que al ángel oyó dar
Al habla de la tribu un sentido más puro,
En voz alta anunciaron el bebido conjuro
De una negra mixtura en un innoble mar.

La tierra sea hostil, la nube nos repruebe,
Si no esculpe con ellos nuestra idea un relieve
Que la tumba de Poe de su belleza invista.

Mole calma caída de un cataclismo oscuro,
Que este granito muestre para siempre su arista
A los vuelos de la Blasfemia en el futuro.

Autor del poema: Stéphane Mallarmé

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APARICIÓN

¡La luna se afligía. Dolientes serafines
Vagando -ocioso el arco- en la paz de las flores
Vaporosas, vertían de exánimes violines
Por los azules cálices blanco lloro en temblores.
-De tu beso primero era el bendito día.
Como en martirizarme mi afán se complacía,
Se embriagaba a conciencia con ese desvaído
Aroma en que -sin lástimas y sin resabio- anega
La cosecha de un sueño al alma que lo siega.
Yo iba mirando al suelo, errante y abstraído,

Cuando -con los cabellos en sol- toda sonriente,
En la calle, en la tarde, te me has aparecido.
Y creí ver el hada del casco refulgente
Que cruzaba mis éxtasis de niño preferido,
Dejando siempre, de sus manos entrecerradas,
Nevar blancos racimos de estrellas perfumadas

Autor del poema: Stéphane Mallarmé

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EL ABANICO DE MADAME MALLARMÉ

Como sin otra expresión
que un latir que al cielo anhela
el verso futuro vuela
de la exquisita mansión

A la baja mensajera
es el abanico si
el mismo es que tras de ti
a sí propio espejo fuera
tan límpido (dónde cede
pues brizna a brizna la amarga
la poca ceniza vaga
sola que afligirme puede)

Siempre así palpite y siga
en tus manos sin fatiga

Autor del poema: Stéphane Mallarmé

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EL CIGARRO

Toda el alma resumida
cuando lenta la consumo
entre cada rueda de humo
en otra rueda abolida.

El cigarro dice luego
por poco que arda a conciencia:
la ceniza es decadencia
del claro beso de fuego.

Tal el coro de leyendas
hasta tu labio aletea.
Si has de empezar suelta en prendas
lo vil por real que sea.
Lo muy preciso tritura
tu vaga literatura

Autor del poema: Stéphane Mallarmé

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