121 Poemas de muerte 

COLOQUIO

Había muerto yo por la Belleza;
me cercaban silencio y soledad,
cuando dejaron cerca de mi huesa
a alguno que murió por la Verdad.
En el suave coloquio que entablamos,
vecinos en la lúgubre heredad,
me dijo y comprendí: Somos hermanos
una son la Belleza y la Verdad.
Y así, bajo la noche, tras la piedra,
dialogó nuestra diáfana hermandad
hasta que el rostro nos cubrió la yedra
y los nombres borró la eternidad.

Autor del poema: Emily Dickinson

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¿QUIÉNES SON LOS MUERTOS?

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.
No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos;
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.
La vida no es la que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo,
por eso hay muertos que en el mundo viven
y hombres que viven en el mundo, muertos.

Autor del poema: Ricardo Palma

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PARA ENTONCES

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: «soy tuya»,
aunque sepamos bien que nos traiciona.

Autor del poema: Manuel Gutiérrez Nájera

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DESPUÉS QUE MUERA

Tal vez moriré joven… Los amigos
me vestirán de negro,
y entre dolientes y llorosos cirios
de pálidos reflejos,
colocarán con cuidadosas manos
mi ya rígido cuerpo,
poniendo mi cabeza en la almohada,
mis manos sobre el pecho.

Autor del poema: Juan Ramón Molina

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Y SI LA MUERTE DE MI...

Enviado por parca29  Seguir

Y si la muerte de mi se acordara
Y por un momento mi alma tomara
Si compasión de mí tuviera
Y me permitiera descansar,
Que le cuesta darme un suspiro
Y perderme de sus recuerdos
Si lo único que quiero, es un momento de paz.

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La innombrable

Enviado por benji  Seguir

Muerte muda e insondable
despojada de sentimientos.
sitibunda de la agonía,
cuan viuda con manto negro
deambula de noche y de día,
dejando tras de su estela
lágrimas y un desmedido vacío.

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LA DISOLUCIÓN

Ella está muerta, y todas las cosas que mueren
en sus primeros elementos se resuelven;
y nosotros éramos mutuos elementos para nosotros
y hechos el uno del otro.
Mi cuerpo pues el de ella envuelve,
y aquellas cosas de que yo consisto, por eso mismo,
en mí crecen abundantes y onerosas;
y no nutren sino asfixian.
Mi fuego de pasión, suspiros de aire,
agua de lágrimas y terrena triste desesperanza,
que mis componentes son,
aunque casi agotados por la seguridad del amor,
ella para mi mal con su muerte rehace.
Y yo podría vivir largo tiempo tan desgraciado,excepto que mi fuego con mi combustible crece.
Ahora, como esos reyes emprendedores,
cuya lejana conquista tesoro aporta,
reciben más y gastan más y prestísimo se arruinan,
esta (sorprendido estoy que pueda hablar de ella)
esta muerte al par que mis reservas
mis gastos ha acrecentado.
Y así mi alma más ardientemente liberada
desbordará la de ella; como a las balas partidas antes
una bala tardía puede alcanzar si la pólvora es más.

Autor del poema: John Donne

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ALTA HORA DE LA NOCHE

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Autor del poema: Roque Dalton

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QUIERO ENTRAR A LA MUERTE

Quiero entrar a la muerte
con los ojos abiertos
abiertos los oídos
sin máscaras
sin miedo
sabiendo y no sabiendo
enfrentarme serena
a otras voces
a otros aires
a otros cauces
olvidar mis recuerdos
desprenderme
nacer de nuevo
intacta.

Autor del poema: Claribel Alegría

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AYOTZINAPA

Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras

Los muertos tienen manos

Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable

Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó

Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes

Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía

El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país

Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos

Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto

Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer

Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río

Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa

Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos

Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido.

Autor del poema: David Huerta

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