122 Poemas de muerte
Cuando yo me vaya
Llegará el día, el día en que yo me vaya
y no querré ver cómo tus ojos se rallan
No me llores, no sufras por mi partida,
no quiero ser en tu corazón una herida
Pues yo partiré, sí, lleno de paz y de amor
mi alma no habrá de guardar ningún temor
Me iré cual vine, con mis bolsillos vacíos
mas habré cantado, y reído hasta el hastío
Mis huesos se volverán polvo de estrellas
dichoso seré, si pude dejar en ti huella
Vive con plenitud, con alguien a tu lado
Te observaré feliz, orgulloso, con agrado
Estaré contigo, te seguiré en todos los pasos
celebraré tus triunfos, consolaré tus fracasos
Si tus ojos se secan por mí, si sientes vacío
búscame en las olas, en la lluvia, en el rocío
En un rayo de sol, en una flor, en una pluma
o tal vez en el eco del reflejo de la espuma
Acuérdate con cariño de todo lo que construimos
seguiré estando en las experiencias que vivimos
Cuando me extrañes, vuelve a aquellos momentos
Seré esa voz cálida que te susurra en el viento
Si me recuerdas, si me piensas de cualquier modo
gracias a ti, nunca me habré marchado del todo
MORIR DE RISA
Aquí donde vivo
estoy muriendo.
Esta agonía lenta
trae paranoias
cólera
remordimientos
excusas
un no lo vuelvo a hacer.
Aquí me muero de hambre
de frío
de angustia.
De un miedo a todo.
¡Carajo!, estoy muriendo.
- ¡Ay, cómo quisiera
morir de risa! –
¿QUIÉNES SON LOS MUERTOS?
No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.
No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos;
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.
La vida no es la que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo,
por eso hay muertos que en el mundo viven
y hombres que viven en el mundo, muertos.
COLOQUIO
Había muerto yo por la Belleza;
me cercaban silencio y soledad,
cuando dejaron cerca de mi huesa
a alguno que murió por la Verdad.
En el suave coloquio que entablamos,
vecinos en la lúgubre heredad,
me dijo y comprendí: Somos hermanos
una son la Belleza y la Verdad.
Y así, bajo la noche, tras la piedra,
dialogó nuestra diáfana hermandad
hasta que el rostro nos cubrió la yedra
y los nombres borró la eternidad.
PARA ENTONCES
Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.
No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.
Morir cuando la luz, triste, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.
Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: «soy tuya»,
aunque sepamos bien que nos traiciona.
DESPUÉS QUE MUERA
Tal vez moriré joven… Los amigos
me vestirán de negro,
y entre dolientes y llorosos cirios
de pálidos reflejos,
colocarán con cuidadosas manos
mi ya rígido cuerpo,
poniendo mi cabeza en la almohada,
mis manos sobre el pecho.
Y SI LA MUERTE DE MI...
Y si la muerte de mi se acordara
Y por un momento mi alma tomara
Si compasión de mí tuviera
Y me permitiera descansar,
Que le cuesta darme un suspiro
Y perderme de sus recuerdos
Si lo único que quiero, es un momento de paz.
LA MUERTE SE ESCRIBE SOLA
la muerte se escribe sola
una raya negra es una raya blanca
el sol es un agujero en el cielo
la plenitud del ojo
fatigado cabrío
aprender a ver en el doblez
entresaca espulga trilla
estrella casa alga
madre madera mar
se escriben solos
en el hollín de la almohada
trozo de pan en el zaguán
abre la puerta
baja la escalera
el corazón se deshoja
la pobre niña sigue encerrada
en la torre de granizo
el oro el violeta el azul
enrejados
no se borran
no se borran
no se borran
La innombrable
Muerte muda e insondable
despojada de sentimientos.
sitibunda de la agonía,
cuan viuda con manto negro
deambula de noche y de día,
dejando tras de su estela
lágrimas y un desmedido vacío.
ALTA HORA DE LA NOCHE
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.
No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.
Desde el 1 hasta el 10 de un total de 122 Poemas de muerte
