36 Poemas clásicos 

DE VERDAD QUE MORIR YO QUIERO


de verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí.

Y al marchar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.

Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,

y, si no, recordarte quiero,
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:

las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,

las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil,

perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite del de jazmín.

recostada en el blando lecho,
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tú ya salir.

Y ni fiesta jamás ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.

Autor del poema: Safo

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LA SIERPE PITÓN

Ella ciertamente no quisiera, pero a ti también, máximo Pitón,
entonces te engendró, y de los pueblos nuevos, desconocida sierpe,
el terror eras: tan grande espacio de un monte ocupabas.
A él el dios tenedor del arco, y que nunca letales armas
antes sino en los gamos y corzas fugaces había usado,
hundido por mil disparos, exhausta casi su aljaba,
perdió, derramándose por sus heridas negras su veneno.
Y para que de esa obra la fama no pudiera destruir la antigüedad,
instituyó, sagrados, de célebre certamen, unos juegos,
Pitios, con el nombre de la domada serpiente, llamados.
Aquel de los jóvenes quien con su mano, sus pies o a rueda
venciera, de fronda de encina cobraba un galardón.
Todavía laurel no había y, hermosas con su largo pelo,
sus sienes ceñía de cualquier árbol Febo.

Autor del poema: Ovidio

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ME PARECE QUE IGUAL A LOS DIOSES

Me parece que igual a los dioses
aquel hombre es, el que sentado
frente a ti, a tu lado, tu dulce
voz escucha

y tu amorosa risa. En cambio,
en mi pecho el corazón se estremece.
Apenas te miro,
la voz no viene más a mí,

la lengua se me inmoviliza, un delicado
incendio corre bajo mi piel,
no ven ya mis ojos
y zumban mis oídos,

el sudor me cubre, un temblor
se apodera de todo mi cuerpo y tan pálida
como la hierba no muy lejana de la muerte
me parece estar. . .

Pero todo debe soportarse si así es.

Autor del poema: Safo

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Y HACIENDO ACOPIO DE FUERZA

Y haciendo acopio de fuerza, Zeus empuñó sus armas, el trueno, el relámpago y la centella abrasadora, y saltando del Olimpo, hirió a Tifoeo. Y así incendió todas las enormes cabezas del monstruo feroz, y le venció por si bajo los golpes, y Tifoeo cayo mutilado, y la gran Gea gimió por él.

Autor del poema: Hesiodo

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DICEN QUE UNA TROPA DE CARROS

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros,
es lo más hermoso en la negra tierra;
que uno ama.
Y es sencillo hacer que cualquiera entienda
esto, pues Helena, que aventajaba
en belleza a todos, a su marido,
alto en honores,
lo dejó y se fue por el mar a Troya,
y ni de su hija o sus propios padres
quiso ya acordarse, pues fue llevada

y esto me recuerda que mi Anactoria
no está presente,
de ella ver quisiera su andar amable
y la clara luz de su rostro antes
que a los carros lidios o a mil guerreros
llenos de armas.

Autor del poema: Safo

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FAETÓN (I)

Tuvo este en ánimos y en años un igual,
del Sol engendrado, Faetón, al cual, un día, que grandes cosas decía
y que ante él no cedía, de que fuera Febo su padre soberbio,
no lo soportó el Ináquida y 'A tu madre' dice 'todo como demente
crees y estás henchido de la imagen de un padre falso.'
Enrojeció Faetón y su ira por pudor reprimió,
y llevó a Clímene los insultos de Épafo, su madre,
y 'Para que más te duelas, madre' dice 'yo, ese libre,
ese feroz, callé. Me avergüenza que estos oprobios a nos
decirse sí se han podido, pero no se han podido desmentir.
Mas tú, si ora he sido de celeste estirpe creado,
dame una señal de tan gran linaje y reclámame al cielo.'
Dijo y enlazó en el materno sus brazos cuello,
y por la suya y de Mérope la cabeza, y las teas de sus hermanas,
que le trasmitiera a él, le rogó, de su verdadero señales padre.
Ambiguo si Clímene por las súplicas de Faetón o por la ira
movida más del crimen dicho contra ella, ambos brazos al cielo
extendió y mirando hacia las luces del Sol:
'Por el resplandor este,' dice 'con sus rayos coruscos insigne,
hijo, a ti te juro, que nos oye y que nos ve,
que de este tú, a quien contemplas, de este tú, que tiempla el orbe,
del Sol, has sido engendrado; si fingidas cosas digo, niéguese él a ser visto
de mí y sea para los ojos nuestros la luz esta la postrera.
Y no larga labor es para ti conocer los patrios penates.
De donde él surge la casa es confín a la tierra nuestra:
si ora te lleva tu ánimo, camina y averígualo de él mismo.'
Salta al instante, alegre tras tales de la madre
suya palabras Faetón, y concibe éter en su mente,
y los etíopes suyos y, puestos bajo los fuegos sidéreos,
los indos atraviesa, y de su padre acude diligente a los ortos.

Autor del poema: Ovidio

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VIVO UNA VIDA SIMPLE

Vivo una vida simple, ay de mí,
en un destino rústico,
queriendo oír rumores de asamblea
y de consejo, oh Agesilaidas,
lo que tuvo mi padre, y el padre de mi padre,
mientras envejecían entre estos ciudadanos
malos unos con otros;
de lo que me han echado
y huyo hasta este confín, como Onimacles,
hasta este sitio, guarida de lobos,
lejos de la batalla, que no es lo más acorde con el fuerte
abandonar la sedición.
… Y hacia el recinto de los venturados dioses
… ando sobre la negra tierra
… con éstas…
… habito con mis pies lejos de las desgracias
allí donde las lesbias de largos peplos marchan
a lidiar en belleza, y suena en torno
un inefable eco femenino:
santo griterío anual.

Autor del poema: Alceo de Mitilene

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A LEUCÓNOE

No indagues, Leucónoe (no es lícito saberlo), qué fin reservan los dioses a tu vida y la mía, ni combines los números mágicos. Mejor será que te resignes a los decretos del hado, sea que Júpiter te conceda vivir muchos años, sea éste el último en que ves romperse las olas del Tirreno contra los escollos opuestos a su furor. Sé prudente, bebe buen vino y reduce las largas esperanzas al espacio breve de la existencia. Mientras hablamos, huye la hora envidiada. Aprovecha el día, no confíes en el mañana.

Autor del poema: Quinto Horacio Flaco

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LA ILÍADA (FRAGMENTO)

- ¡Oh amigos! No sería para nosotros acción gloriosa la de volver a las cóncavas naves. Antes la negra tierra se nos trague a todos; que preferible fuera, si hemos de permitir a los troyanos, domadores de caballos, que arrastren el cadáver a la ciudad y alcancen gloria.

Autor del poema: Homero

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HIMNO A AFRODITA

Inmortal Afrodita la del trono pintado
la hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego:
no a mí, no me sometas a penas ni angustias
el ánimo, diosa.

Pero acude aquí, si alguna vez en otro tiempo,
al escuchar de lejos de mi voz la llamada,
la has atendido y, dejando la áurea morada
paterna, viniste,

Tras aprestar tu carro. Te conducían lindos
tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.
Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo
cruzaron el éter,
y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,
mostrando tu sonrisa en el rostro inmortal,
me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué
de nuevo te invocaba,
y qué con tanto empeño conseguir deseaba
en mi alocado corazón. ¿A quién, esta vez
voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,
ay Safo, te agravia?

Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;
si regalos no aceptaba, ahora va a darlos,
y si no te quería, en seguida va a amarte,
aunque ella resista.

Acúdeme también ahora, y líbrame ya
de mis terribles congojas, cúmpleme que logre
cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra
tu misma mi alidada.

Autor del poema: Safo

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