32 Poemas en prosa 

LA VERDAD (ALMA NÚMERO 5)

El viento, durante un descanso, le preguntó a un anciano:
―¿Qué es la verdad?
Y El Anciano, que era muy hablador, le susurró al viento:
―No conozco nada más irónico y bipolar que la verdad. Ese
cuchillo que es al mismo tiempo de plástico y de metal; sujetado por
los pensamientos; cuyo mango es la garganta y cuyo filo es la lengua.
Un arma blanca que hace sangrar al corazón; que hiere al orgullo y que
hace cuestionarse a la razón su propia razón. La verdad es una
puñalada que nos hace libres, pero a veces la libertad nos apuñala por
la espalda. Querido viento, no conozco nada que sea al mismo tiempo
tan placentero y dañino como lo es la verdad. Querido viento, ve y dile
a la humanidad la verdad.
―¿Qué verdad? ―indagó el viento con curiosidad.
―Que ya no sabe amar.

Autor del poema: César Brandon

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EL PARAGUAS-SOMBRILLA

Nuestras abuelas consideraban la sombrilla un elemento
de coquetería. Además, nadie quería manchar con el sol
una piel radiantemente blanca. Hoy preferimos el bronceado en verano, pero podemos usar la gracia de un paraguas
decorado, estampado y alegre como una sombrilla. Sobre
todo porque las lluvias de verano son lluvias alegres…

Autor del poema: Clarice Lispector

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EL TIGRE EN EL JARDÍN

Sueño con mi casa de Masaya, con la quinta que malbarató mi padre, donde pasé la infancia. Estamos a la mesa, en el pequeño comedor rodeado de vidrieras. Comemos carne asada sangrante, todavía metida en el fierro. Su fragancia esparce cierta familiaridad animal. Hay visitas de seguro, amigos y parientes, pero no veo sus rostros. En una esquina de la mesa, yo como lentamente. De improviso vuelvo la cabeza hacia el jardín y veo el tigre, a cinco o seis pasos de nosotros, tras la vidriera. Tomo la escopeta del rincón, rompo un vidrio y le disparo enseguida. Yerro el tiro mortal y la bestia cobarde y mal herida huye de tumbo en tumbo bajo los naranjales. Mi padre saca una botella de etiqueta muy pintada, con las medallas de oro de las exposiciones, y leo varias letras que dicen Torino. Salen a relucir unos vasitos floreadí-simos, azules, magenta, ámbar, violeta. Todos beben y alaban mi rapidez y agilidad, no así la imprudencia de disparar sin percatarme si el arma estaba cargada. Unos dicen que cuando la bala iba en el aire, la fiera impertinente movió el cuello y ya no le di en el corazón sino en la paletilla. Yo como lentamente. Debe ser día de San Juan, día de mi madre, solsticio de verano. La mente ardida sigue dando vueltas al tigre. En un descuido lo persigo hasta verlo caer como un tapiz humillado a los pies de mi cama. Todos siguen bebiendo. Ahora felicitan a Myriam, pero la mujer consigna sin reproche que son cosas mías, cosas de mi sola imaginación.

Autor del poema: Ernesto Mejía Sánchez

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CASAS DE LEGO Y ARMARIOS DEL IKEA

Tú y yo.
En verdad le quitaría esa /y/ que ya nos separa más de la
intención con la que quiero hablar de ti y de mí. Pero bueno, en honor
a lo “escrítamente” correcto: tú y yo.
Tú y yo, inmersos en una conversación. Amándonos con
palabras. Tú y yo, desmontando el cosmos pieza a pieza, separándolo
por colores y formas. Tú y yo, montando el universo a nuestro antojo.
Tú y yo. Así de sencillos y complicados: como casas de LEGO y
armarios del IKEA.

Autor del poema: César Brandon

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POEMAS SIN NOMBRE: XL

Para que tú no veas las rosas que haces crecer, cubro mi cuerpo de cenizas... De ceniza parezco toda, yerta y gris a la distancia; pero, aun así, cuando pasas cerca, tiemblo de que me delate el jardín, la sofocada fragancia.

Autor del poema: Dulce María Loynaz

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LA PERSONA MÁS EXTRAÑA DEL MUNDO

Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú.

Autor del poema: Frida Kahlo

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ENVIDIA

Visión multicolor y delicada en su cabeza, tú rehúyes la mía. Él posee los astros y los animales de la tierra, los campesinos y las mujeres para servirse de ellos. El Océano lo acunó, a mí el mar, y es él quien recibió todas las imágenes. Ligeramente, roza los despojos que levanta, todo se arregla y me siento la cabeza pesada
que aplasta los frágiles tallos.

Si creíste, destino, que yo podía partir, tendrías que haberme dado alas.

Autor del poema: Pierre Reverdy

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LOS ESPEJOS DEL ALMA

Desde la más remota antigüedad, los ojos han servido de
tema para poemas, ensayos, proverbios, leyendas, etcétera.
Los de Cleopatra (que se los maquillaba mucho, como las
elegantes modernas) eran tan célebres como su nariz y deben de haber desempeñado también un papel importante
en el cambio de destino de la humanidad.
La moda actual –insensata en tantos aspectos–, al menos
por lo que se refiere a los ojos, demuestra haber comprendido su importancia para destacar la belleza de un rostro.
En efecto, nunca ha habido tanto refinamiento en el maquillaje de los ojos como ahora. Su forma es subrayada y
alargada con trazos de lápiz; el rímel, que hasta hace bien
poco tiempo se limitaba al negro y al marrón, hoy se encuentra en los más variados matices de verde, azul, violeta
o gris, y un muestrario de sombras para ojos recuerda la
paleta de un pintor abstracto.
Pero no sólo eso. Recientemente en París han salido sombras doradas y plateadas para la noche. Y Josephine Baker,
la famosa cantante y bailarina «café au lait», ha lanzado la
moda de pegarse sobre cada párpado una pequeña piedra
preciosa. De esta manera, cualquiera que quiera tomarse
esa molestia (un trabajo casi de orfebre) podrá exhibir una
mirada refulgente...
En cuanto a las pestañas postizas, en otro tiempo usadas
sólo por las actrices en el escenario o en la pantalla, su uso
se está difundiendo cada vez más, incluso de día.
Para que los ojos sean bellos, no basta, sin embargo, que
sean grandes, que tengan un color especial o que estén maquillados con cuidado. Es necesario que en ellos haya algo
más. Porque, al ser «los espejos del alma», deben reflejar
dulzura, comprensión, inteligencia.
En resumen, más importante que los ojos es la mirada.

Autor del poema: Clarice Lispector

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CONVERSACIONES EN EL BAR

Dicen que lo maté, lo oí en La Habana; pero nadie quiso decírmelo a mí solo. Esperaron el teatro lleno y lo gritaron a pedradas, con huevos podridos y tomates. No dicen que lo maté, técnicamente; sino que lo vendí, que lo entregué en mi casa, entre sábanas blancas. Sí, Granada andaba loca en busca de colores. Azul y rojo, rojo y gualda en las banderas, por los arrayanes, las arreboleras, en el carmen de Falla, husmeando fuego ritual y sangre en los rosales. Ruiz Alonso, mascando un clavel negro entre las fauces lo mandó a perseguir y nos buscaron casa por casa, porque la nuestra era toda Granada y allí me lo encontraron, ya pálido, los sayones de tricornio. Mis hermanas le llevan camisas y holandas con alhucema y azahares. Allí los sayones se están rifando sus vestiduras. Allí se oyó que yo era él y que esa misma noche me matarían. Y Ruiz Alonso, chafando su clavel, mandó hacer fuego sobre la L azul de Luis en la pijama.

Autor del poema: Ernesto Mejía Sánchez

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APARIENCIA: TODO TIENE REMEDIO

¿Eres «moralmente» tan anticuada que consideras la vanidad femenina una frivolidad? Ya deberías saber que las
mujeres quieren sentirse guapas para sentirse amadas. Y
querer sentirse amada no es una frivolidad.
Si piensas que «has nacido» así y que no tiene remedio,
ten la seguridad de que estás desistiendo de algo muy importante: de tu propia capacidad de atraer. ¿Quieres saber
algo? La obesidad tiene remedio. El pelo sin vida tiene
remedio. Una cara sin gracia tiene remedio. Todo tiene remedio.
¿La solución? La solución es no ser una mujer desanimada y triste. Y la otra solución es tener como objetivo ser «tú
misma», pero más atractiva, y no alcanzar un tipo de belleza
que nunca podría ser el tuyo.

Autor del poema: Clarice Lispector

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