44 Poemas de enamorados 

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CUANDO INFELIZ, POSTRADO POR EL HOMBRE...

Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte,
en mi triste destierro lloro a solas conmigo,
y agito al sordo cielo mi grito vano y fuerte,
y, volviendo a mirarme, mi destino maldigo,

y sueño ser como otro más rico en esperanza,
tener su mismo aspecto, gozar sus compañías,
y envidio el arte de éste, del otro la pujanza,
hastiado aún de aquello que me daba alegrías;

si en estos pensamientos mi desprecio me espanta,
pienso en ti felizmente, y entonces mi consuelo
como una alondra a orillas del día se levanta

del mundo oscuro, y canta a las puertas del cielo.
Tal riqueza me ofreces, dulce amor recordado,
que desdeño cambiar con los reyes mi estado.

Autor del poema: William Shakespeare

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LOS AMANTES

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

Autor del poema: Julio Cortázar

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CREÍ QUE TE HABÍAS MUERTO...

Creí que te habías muerto, corazón mío,
en Junio.
Creí que, definitivamente, te habías muerto:
sí, lo creí.
Que, después de haber esparcido el revoloteo púrpura
de tu desesperación, como una alondra caíste en el
alféizar; que te extinguiste como el fulgor atemorizado
de un espectro; que como una cuerda tensa te rompiste,
con un chasquido seco y terminante.
Creí que, acorralado por tus desvaríos, traicionado por
los todavías, alcanzado por las evidencias, exhausto,
abatido, habías sido derribado al fin.
Y contigo, se desvanecieron los engarces entre
sentimientos, imágenes, suposiciones y pruebas.
Se me fueron abriendo las costuras de la memoria: ya
me estaba acostumbrando a vivir sin ti.
Pero tus fragmentos estallados se han ido
buscando, encontrando, cohesionándose como gotas de
mercurio, sin cicatriz ni señal.
Y ahí estás, otra vez inocente, sin acusar enmienda ni
escarmiento, guiando, dirigiendo, adentrando en ti el
peligro, como si fueras invulnerable o sabio, como si,
recién nacido apenas, ya fueras capaz de distinguir, en
el mellado filo del clavel,
la espada

Autor del poema: Ana Rossetti

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Mujer

Enviado por gabl  Seguir

Añoro tu voz,
tus palabras sueltas al viento,
que la brisa trae a mi oído
como tenue melodía lejana.

Añoro tus manos,
su calidez y suavidad,
como motas de algodón
tocando mi piel desnuda.

Añoro tus labios,
ardientes, carnosos,
húmedos, sedientos,
de encendidos besos apasionados.

Añoro tu cuerpo,
de sutil y excitante epidermis
que contagia pasión sin medida,
llevándome al sublime éxtasis amoroso.

gbl
08/03/2018
Derechos Reservados de Autor

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ES POR ESO, ES POR TI

Si mis dedos se alargan es porque tú vives
y algo de ti me pide,
o algo de mis manos exigen
que acuda hacia el contacto,
que ruede hacia el milagro.

Por eso mis dedos te buscan en cada mapa
donde el deseo plantea una nueva coordenada,
de camino a ti,
de camino al mundo.

Yo te sigo por esto y porque me gusta
ver a mis pies volverse daltónicos
y confundir tus rojos con mis verdes
tus semáforos abiertos como una fruta madura
que estalla en nuestra boca,
con la pulpa del sexo buscando aire
en el contacto de otra piel,
como un oasis de pólvora
donde quemarnos en pleno desierto
cuando el corazón mastica arena
y bandadas de nubes pasajeras
que nunca rompen en agua que apague la sed.

Yo te viajo. Yo decido viajarte
en lugares sin nombre
donde solo nos hagamos la paz,
donde descorchemos nuestros cuerpos
como tapones sin billete de vuelta,
donde nos mojemos con el agua azul de las victorias
pisándole los charcos a la duda
para que deje de aguarnos la cama.

Si me estiro,
si me rompo,
si me busco frente a ti
es por eso,
es por ti,
y por todo lo que no cuento

y tú ya sabes.

Autor del poema: Marwan

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