33 Poemas argentinos 

ME GUSTA LA GENTE SIMPLE

Me gusta la gente simple
aunque yo soy complicado
la gente de casa pobre
y corazón millonario

La que todavía suda,
la que se rompe las manos,
la que se juega la vida por el pan de sus hermanos

Me gusta la gente simple
que al vino le llama vino,
la que al pan le llama pan
y enemigo al enemigo

La que se da por entero y no tiene intermediarios
la que comparte conmigo el respeto a los milagros

Me gusta la gente simple,
que se levanta temprano,
porque hay que limpiar la calle,
pintar el frente al mercado,
bajar del camión la fruta,
repartir los telegramas,
servir el café, la sopa, pescar,
embolsar la papa,
cortar el árbol preciso para hacer una guitarra
con la que un día el cantor, caminará por la patria
contando la gente simple,
que sin ella no hay nada,
ni siquiera la milonga
que en el mundo me declara

Me gusta la gente simple
que hace la silla y la mesa,
los zapatos de mi madre,
el vestido de Teresa

La que ríe fácilmente,
la que fácilmente llora,
la que inocente confía
que un día cambien las cosas
Me gusta la gente simple
aunque yo soy complicado

Autor del poema: Facundo Cabral

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MUJER DE MI MALA SUERTE

Mujer de mi mala suerte
Con la patente del corazón vencida
Transito entre los cadáveres buscándote mi amor,
Y no te encuentro.

Mujer de mi mala suerte,
Asombro del pobre,
Capricho del rico,
Mujer que entraste en mi vida a pesar de los cerrojos que puse en todas mis puertas.

Atraviesas las paredes
De mi cuerpo y de mi alma
Y me derribas los muros con que protegía a mi corazón.

Mujer de mi mala suerte
Que llenas de flores a mi cementerio.

Engañaste a la gitana porque no estabas escrita en la palma de mi mano.
Ni en las estrellas del cielo,
Confundiendo a mi destino
Con solo pasar corriendo al costado de la mano

Alguien grito tu nombre
Para que ya no pueda oír otro
Resonando en el maldito mundo donde te espero en vano

Mujer de mi mala suerte
Como duele una hora de no verte
Cuanto pesa tu ausencia

Estoy cansado de respirar para vos
De encontrarte en cada instante de mi soledad
Para que me devuelvas puntualmente al día y ala hora en que te conocí.

Mujer de mi mala suerte
Apágame las flores
Que me quitan el sueño.

Mujer de mi mala suerte,
Cuando apago al luz
Se enciende tu risa
Quiero saber como es tu noche
Tu aliento en la madrugada
Tu ventana abierta para calmar la sed
De no sé qué viajero.

Mujer de mi mala suerte
Ni esta desgracia es tuya
Ni este dolor es mío.

Mujer de mi mala suerte
Devolveme la vida
No quiero ser ninguno
De ese nadie que todos se llevan por delante
Porque ya no soy nada
Lo que fui esta contigo
Mujer de mi mala suerte.

Autor del poema: Facundo Cabral

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ENTRE POBRES

Entre pobres yo nací
Entre pobres me crié,
Entre pobres voy viviendo,
Y entre pobres moriré,

Yo siempre quise vivir
Y porque quise yo vivo
Solo diciendo que si,
Se cumple nuestro destino.

Yo vengo de donde el Diablo
perdió la categoría,
el conquistador la fuerza
y la inocencia María.

Vengo de donde Francisco
se casa con la Teresa
todas las noches de año
y casi todas las siestas.

Suelo pasar el invierno
Con la leña que recojo
No soy esclavo ni amo
Para vivir de los otros.

El Hornero hace su nido
Como yo hago mi canción,
Cada cual con cada uno,
Es ley de la creación.

Tal vez mañana me vaya
si se me ocurre partir
y si no me da la gana
me quedaré por aquí.

No será más pobre el mundo
El día que yo me muera,
Otro canalla andará
Agitando por la tierra.

No pierdo tiempo en cuidarme
La vida es bello peligro,
Del peligro del amor
Mi madre tuvo siete hijos,

Si ella se hubiese cuidado
De mi padre y su fervor
A la reunión de esta noche
Le faltaría un cantor.

Autor del poema: Facundo Cabral

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EL CARPINTERO

El maestro carpintero
De la boina colorada,
Va desde la madrugada
Taladrando su madero.

No corre en el bosque un soplo.
Todo es silencio y aroma.
Sólo él monda la carcoma
Con su revibrante escoplo.

Y a ratos, con brusco ardor,
Bajo la honda paz celeste,
Lanza intrépido y agreste
El canto de su labor.

Autor del poema: Leopoldo Lugones

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LLORAR A LÁGRIMA VIVA

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Autor del poema: Oliverio Girondo

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CUENTA SU VIDA EN LA PAMPA (LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO)

De ese modo nos hallamos
Empeñaos en la partida
No hay que darla por perdida
Por dura que sea la suerte;
Ni que pensar en la muerte,
Sinó en soportar la vida.

Se endurece el corazon
No teme peligro alguno
Por encontrarlo oportuno
Allí juramos los dos:
Respetar tan solo á Dios
De Dios abajo, á ninguno.—

El mal es árbol que crece
Y que cortado retoña—
La gente esperta ó visoña
Sufre de infinitos modos—
La tierra es madre de todos,
Pero tambien dá ponzoña.

Mas todo varon prudente
Sufre tranquilo sus males—
Yo siempre los hallo iguales
En cualquier senda que elijo—
La desgracia tiene hijos
Aunque ella no tiene madre.—

Y al que le toca la herencia
Donde quiera halla su ruina—
Lo que la suerte destina
No puede el hombre evitar—
Porque el cardo ha de pinchar
Es que nace con espina.

Es el destino del pobre
Un continuo safarrancho,
Y pasa como el carancho
Porque el mal nunca se sacia,
Si el viento de la desgracia
Vuela las pajas del rancho.

Mas quien manda los pesares
Manda tambien el consuelo—
La luz que baja del cielo
Alumbra al mas encumbrao,
Y hasta el pelo mas delgao
Hace su sombra en el suelo.

Pero por mas que uno sufra
Un rigor que lo atormente
No debe bajar la frente
Nunca—por ningun motivo—
El álamo es mas altivo
y gime costantemente.



El indio pasa la vida
Robando ó echao de panza—
La única ley es la lanza
A que se ha de someter—
Lo que le falta en saber
Lo suple con desconfianza.

Fuera cosa de engarzarlo
A un indio caritativo—
Es duro con el cautivo,
Le dan un trato horroroso—
Es astuto y receloso,
Es audaz y vengativo—

No hay que pedirle favor
Ni que aguardar tolerancia—
Movidos por su inorancia
y de puro desconfiaos—
Nos pusieron separaos
Bajo sutil vigilancia—

No pude tener con Cruz
Ninguna conversacion—
No nos daban ocasion,
Nos trataban como agenos—
Como dos años lo menos
Duró ésta separacion.

Relatar nuestras penurias
Fuera alargar el asunto—
Les diré sobre este punto
Que á los dos años recien
Nos hizo el cacique el bien
De dejarnos vivir juntos.

Nos retiramos con Cruz
A la orilla·de un pajal—
Por no pasarlo tan mal
En el desierto infinito,
Hicimos como un bendito
Con dos cueros de bagual.

Fuimos á esconder alli
Nuestra pobre situacion
Aliviando con la union
Aquel duro cautiverio—
Tristes como un cementerio,
Al toque de la oracion.

Debe el hombre ser valiente
Si á rodar se determina,
Primero, cuando camina;
Segundo, cuando descansa,
Pues en aquellas andanzas
Perece el que se acoquina.

Cuando es manso el ternerito
En cualquier vaca se priende—
El que es gaucho esto lo entiende
y há de entender si le digo,
Que andabamos con mi amigo
Como pan que no se vende.

Guarecidos en el toldo
Charlabamos mano á mano—
Eramos dos veteranos
Mansos pa las sabandijas,
Arrumbaos como cubijas
Cuando calienta el verano.

El alimento no abunda
Por mas empeño que se haga;
Lo pasa uno como plaga,
Egercitando la industria—
Y siempre como la nutria
Viviendo á orillas del agua.

En semejante ejercicio
Se hace diestro el cazador—
Cai el piche engordador,
Cai el pájaro que trina—
Todo vicho que camina
Va á parar al asador—

Pues alli á los cuatro vientos
La persecucion se lleva,
Naide escapa de la leva
y dende que la alba asoma
Ya recorre uno la loma,
El bajo, el nido, y la cueva.

El que vive de la caza
A cualquier vicho se atreve—
Que pluma ó cáscara lleve,
Pues cuando la hambre se siente
El hombre le clava el diente
A todo lo que se mueve.

En las sagradas alturas
Está el maestro principal,
Que enseña á cada animal
A procurarse el sustento
Y le brinda el alimento
A todo ser racional.—

Y aves, y vichos y pejes,
Se mantienen de mil modos;
Pero el hombre en su acomodo
Es curioso de oservar:
Es el que sabe llorar—
Y es el que los come á todos.

Autor del poema: José Hernández

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VOY A DORMIR

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Autor del poema: Alfonsina Storni

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BUENOS AIRES

Buenos Aires es un hombre
Que tiene grandes las piernas,
Grandes los pies y las manos
Y pequeña la cabeza.

(Gigante que está sentado
Con un río a su derecha,
Los pies monstruosos movibles
Y la mirada en pereza.)

En sus dos ojos, mosaicos
De colores, se reflejan
Las cúpulas y las luces
De ciudades europeas.

Bajo sus pies, todavía
Están calientes las huellas
De los viejos querandíes
De boleadoras y flechas.

Por eso cuando los nervios
Se le ponen en tormenta
Siente que los muertos indios
Se le suben por las piernas.

Choca este soplo que sube
Por sus pies, desde la tierra,
Con el mosaico europeo
Que en los grandes ojos lleva.

Entonces sus duras manos
Se crispan, vacilan, tiemblan,
¡A igual distancia tendidas
De los pies y la cabeza!

Sorda esta lucha por dentro
Le está restando sus fuerzas,
Por eso sus ojos miran
Todavía con pereza.

Pero tras ellos, velados,
Rasguña la inteligencia
Y ya se le agranda el cráneo
Pujando de adentro afuera.

Como de mujer encinta
No fíes en la indolencia
De este hombre que está sentado
Con el Plata a su derecha.

Mira que tiene en la boca
Una sonrisa traviesa,
Y abarca en dos golpes de ojo
Toda la costa de América.

Ponle muy cerca el oído:
Golpeando están sus arterias:
¡Ay, si algún día le crece
Como los pies, la cabeza!

Autor del poema: Alfonsina Storni

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POEMA 3

Sólo la sed
el silencio
ningún encuentro

cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

Autor del poema: Alejandra Pizarnik

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POEMA 21 - ESPANTAPÁJAROS

Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.

Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.

Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.

Que cuando quieras decir: “Mi amor”, digas: “Pescado frito”; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.

Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.

Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.

Autor del poema: Oliverio Girondo

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