Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

LOS DESTELLOS DEL ATARDECER...

Los destellos del atardecer
son muy hermosos,
pero no pueden compararse
con el brillo de tus ojos.

Autor del poema: Anónimo

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LA FLECHA

No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada

Autor del poema: José Emilio Pacheco

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CULTIVO UNA ROSA BLANCA

Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

Autor del poema: José Martí

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VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS

(Cantado por Nacha Guevara)

Volverán las oscuras golondrinas
En tu balcón sus nidos a colgar
Y otra vez, con el ala en tus cristales,
Jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
La hermosura y la dicha contemplar,
Aquellas que aprendieron nuestros nombres,
Esas no volverán.
Esas no volverán.
Esas no volverán.
Esas no volverán .

Volverán las tupidas madreselvas
De tu jardín, las tapias a escalar
Y otra vez a la tarde aún más hermosas
Sus flores abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
Cuyas gotas mirábamos temblar
Y caer como lágrimas del día
Esas no volverán.
Esas no volverán.
Esas no volverán.
Esas no volverán .

Esas no volverán
Esas no volverán
Esas no
Volverán del amor en tus oídos
Las palabras ardientes a sonar.
Tu corazón de su profundo sueño
Tal vez despertará.
Pero muda y absorta y de rodillas,
Como se adora a dios ante su altar,
Como yo te he querido desengáñate,
Así no te querrán.
Así no te querrán.
Así no te querrán.
Así no te querrán.
Esas no volverán.
Esas no volverán.
Esas no volverán.

Autor del poema: Gustavo Adolfo Bécquer

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FRENTE AL MAR

Oh mar, enorme mar, corazón fiero
de ritmo desigual, corazón malo,
yo soy más blanda que ese pobre palo
que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
yo me pasé la vida perdonando,
porque entendía, mar, yo me fui dando:
“Piedad, piedad para el que más ofenda”.

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
me falta el aire y donde falta quedo,
quisiera no entender, pero no puedo:
es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
allá en las tardes que la vida mía
bajo las horas cálidas se abría…
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
todo dolor me vence, todo sueño;
mar, dame, dame el inefable empeño
de tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!… ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele…
La vida mía debió ser horrible,
debió ser una arteria incontenible
y apenas es cicatriz que siempre duele.

Autor del poema: Alfonsina Storni

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POEMA EN OCTUBRE

En mi trigésimo año camino del paraíso
fui despertado al oído desde el puerto y el bosque vecino
desde la playa con su banco de almejas
y su garza diciendo misa.
La mañana me hacía señas
Con el agua que reza y los responsos de la gaviota y la corneja
y el cabeceo de los botes de vela contra el palmeado muro de redes
invitándome a levantarme
en ese instante
en el puerto aún dormido para ponerme en camino.

Mi agasajo empezó con aves de agua
y pájaros de alados árboles llevando en vuelo mi nombre
sobre las granjas y los caballos blancos.
Me puse de pie
en medio de un lluvioso otoño
y eché a andar bajo el chubasco de todos mis días.
Marea alta: la garza se zambulló cuando tomé la senda
de la ribera,
y la ciudad,
al despertar, cerró sus puertas.

Toda una primavera de alondras en el rodar de una nube.
Los sotos bordeaban el sendero rebosante de mirlos jacareros
y el sol de octubre
veraneaba
al hombro de la colina.
Entonces irrumpieron climas apasionados y dulces cantores,
esa mañana en que iba yo errante y solo,
escuchando la lluvia que se retorcía.
Frío soplaba el viento
en el lejano bosque a mis pies.

Pálida lluvia sobre el puerto encogido
y la iglesia mojada por el mar, diminuta como un caracol
con los cuernos envueltos en bruma;
y sobre el castillo pardo como búho,
pero todos los jardines
de primavera y de verano florecieron en los cuentos fantásticos
en la otra ribera, bajo una nube negra de alondras.
Allí pude admirarme
en mi cumpleaños,
pero el clima en la distancia dio un vuelco.

Del país de la dicha se volvió,
y en una atmósfera distinta, bajo un cielo de otro azul,
hizo brotar de nuevo un prodigio de verano
con manzanas
peras y rojas grosellas.
Y en la mudanza vi pasar, muy nítidas
las olvidadas mañanas de un niño cuando caminaba con su madre
Entre las parábolas
de la luz solar
y las leyendas de las capillas verdes.
Y oí también, dos veces recitados, los campos de mi infancia
que abrasaron mi mejilla con sus lágrimas y cuyo corazón latió en el mío.
Esos fueron los bosques, el río y el mar
son de un niño
en el absorto
verano de los muertos que susurró la verdad de su alegría
a los árboles, a las piedras y al pez de la marea.
Y el misterio cantó
todavía vivo
con el agua y el silbo de los pájaros.

Allí pude admirarme en mi cumpleaños,
pero el clima en la distancia dio otro vuelco. Y el gozo puro
del niño muerto hace mucho, cantó llameante
en el sol.
En mi año trigésimo
camino del paraíso, enhiesto en pleno mediodía de verano,
aunque el puerto yaciera a mis pies, con la sangre de octubre
¡Ojalá pueda yo cantar de nuevo
la verdad de mi corazón
desde lo alto de esta colina, a la vuelta de un año!

Autor del poema: Dylan Thomas

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SE HA MUERTO LA TINIEBLA EN MIS PUPILAS

Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas,
desde que hallé tu corazón
en la ventana de mi rostro enfermo.

¡Oh pájaro de amor,
que trinas hondo, como un clarín total y solitario,
en la voz de mi pecho!
No hay abandono...
ni habrá miedo jamás en mi sonrisa.

¡Oh pájaro de amor,
que vas nadando cielo en mi tristeza...!
Más allá de tus ojos
mis crepúsculos sueñan con bañarse en tus luces...

¿Es azul el misterio?

Asomada en mí misma contemplando mi rescate,
que me vuelve a la vida en tu destello..

Autor del poema: Julia de Burgos

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INMACULADAMENTE DROGADO

Te diré esto.
Ninguna recompensa eterna nos perdonará ahora.
Por malgastar el alba.

Vuelvo a aquellos días, todo era mas sencillo y más confuso.
Una noche de verano, yendo al muelle.
Me encontré con dos jóvenes chicas.
La rubia se llamaba Libertad.
La morena, Empresa.
Hablamos y me contaron esta historia.
Ahora escucha esto...
Te hablaré sobre Texas radio y su gran ritmo
Suavemente conducido, lento y loco.
Como algún nuevo lenguaje.
Llegando a tu cabeza con el frío, furia repentina de un mensajero divino.
Déjame hablarte sobre la angustia y la pérdida de dios.
Divagando, divagando en la desesperada noche.

Aquí fuera no hay estrellas en todo el perímetro.
Aquí fuera estamos colocados.
Inmaculados.

Autor del poema: Jim Morrison

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A UNA ORQUÍDEA

Cuarzo viviente, colibrí sin alas,
quimera realizada en una flor,
tú del extraño mundo submarino
venir pareces a mirar el sol,

Tú no difundes orgulloso aliento
ni cálidos efluvios de pasión:
en tu fragancia tímida y agreste
respiras la modestia y el pudor.

Como poeta mudo y abstraído
que en su alma eleva cántico sin voz,
tú soñadora vives, entonando
el himno silencioso del color.

Autor del poema: Manuel González Prada

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QUE AHORITA VUELVE

Te hace una seña con la cabeza
desde esa niebla de luz. Sonríe.
Que sí, que ahorita vuelve.
Miras sus gestos, su lejanía,
pero no la escuchas. Polvo
de niebla es la arena.
Polvo ficticio el mar.
Desde más lejos, frente a ese brillo
que lo corta te mira,
te hace señas. Que sí, que ahorita vuelve.
Que ahorita vuelve.

Autor del poema: Coral Bracho

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Desde el 1911 hasta el 50 de un total de 50 Poemas

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