Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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EPIFANÍA
Un domingo
Epifania no volvió más a la casa.
Yo sorprendí conversaciones
en que contaban que un hombre se la había robado
y luego, interrogando a las criadas,
averigüé que se la había llevado a un cuarto.
No supe nunca dónde estaba ese cuarto
pero lo imaginé, frío, sin muebles,
con el piso de tierra húmeda
y una sola puerta a la calle.
Cuando yo pensaba en ese cuarto
no veía a nadie en él.
Epifania volvió una tarde
y yo la perseguí por el jardín
rogándole que me dijera qué le había hecho el hombre
porque mi cuarto estaba vacío
como una caja sin sorpresas.
Epifania reía y corría
y al fin abrió la puerta
y dejó que la calle entrara en el jardín.
AMADA REGINA
En todas las ciudades busco siempre
un hotel que llevara el nombre de ella.
El Regina de Roma y su fachada
severa y gris, fascista, de granito.
El Regina de Londres, frente a un parque
tristísimo al crepúsculo. El Regina
con las piedras negruzcas de Bruselas.
El cálido Regina de París,
junto al «quai» solitario de barcazas.
El Regina y su zócalo de moho
lamido por las aguas oscuras de Venecia.
Y cuando ella murió, y él no viajaba ya,
el último Regina, en el bullicio
del centro, en Barcelona,
le acogió con sus gélidos espejos
y con su delicada marquesina
de hierro y de cristal en la calle Bergara.
Regina amada, hoteles y mujer:
algunos negros bultos en la noche,
la caldera encendida y los neones
de tu nombre, violentos de tanta soledad.
Ciudades que están llenas de imprevistos
hitos de amor.
PARA MÍ
Te has metido entre mis venas para siempre
Poco a poco te adueñaste de mente, como sal al mar
El oxígeno que tanto necesito
Es tu aliento lo único que yo respiro
Dime ¿dónde estabas?
Hoy quiero que me digas que me amas
Que soy todo lo que siempre soñabas
No te atrevas a soltarme que ya me enamoraste
Hoy quiero que me digas sin palabras
Abrázame y desnúdame con calma
Regálame una noche que no tenga mañana
Quédate, quédate para mí
Las estrellas brillan más si estoy contigo
Y por fin las cosas llegan al destino, como un despertar
Ahora sé que tu te has vuelto mi camino
Y las cosas hoy por fin tienen sentido
Dime ¿dónde estabas?
Hoy quiero que me digas que me amas
Que soy todo lo que siempre soñabas
No te atrevas a soltarme que ya me enamoraste
Hoy quiero que me digas sin palabras
Abrázame y desnúdame con calma
Regálame una noche que no tenga mañana
Quédate, quédate para mí
Hoy quiero que me digas que me amas
Que soy todo lo que siempre soñabas
No te atrevas a soltarme que ya me enamoraste, yeah
Regálame una noche que no tenga mañana
Quédate, quédate, quédate para mí
Quédate, quédate
Para mí
EL ATREVERSE Y LA ESPERANZA
Cuando el pelícano
Las paredes de la casa se parecen
Una voz infantil responde
Sí como un grano de trigo y las botas de siete leguas
En una de las paredes están los retratos de familia
Un mono hasta el infinito
En la otra está la puerta ese cuadro cambiante
Por donde yo entro
La primera
Después se charla bajo la lámpara
De un extraño mal
Que produce locos y genios
La niña tiene luces
Polvos misteriosos que ella trae de lejos
Y que se saborean con los ojos cerrados
Pobre angelito diría la madre
Con ese tono de las madres menos bellas que sus hijas
Y celosas
Violeta soñaba con baños de leche
Con hermosos vestidos de pan fresco
Con hermosos vestidos de sangre pura
Un día ya no habrá padres
En los jardines de la juventud
Habrá desconocidos
Todos los desconocidos
Los hombres para quienes una siempre resulta nueva
Y la primera
Los hombres por quienes una escapa de sí misma
Los hombres para quienes no se es la hija de nadie
Violeta ha soñado deshacer
Ha deshecho
El horrible nudo de serpiente de los lazos de sangre
POEMA
Para tí
tengo impresa una sonrisa en papel japón
Mírame
que haces crecer la yerba de los prados.
Mujer
mapa de música claro de río fiesta de fruta
En tu ventana
cuelgan enredaderas de los volantes de los automóviles
y los expendedores disminuyen el precio de las mercancías
déjame que bese tu voz.
Tu voz
QUE CANTA EN TODAS LA RAMAS DE LA MAÑANA.
LETANÍA
Esta era la letanía recitada por el gaviero mientras se bañaba
las torrenteras del delta:
Agonía de los oscuros
recoge tus frutos.
Miedo de los mayores
disuelve la esperanza.
Ansia de los débiles
mitiga tus ramas.
Agua de los muertos
mide tu cauce.
Campana de las minas
modera tus voces.
Orgullo del deseo
olvida tus dones.
Herencia de los fuertes
rinde tus armas.
Llanto de las olvidadas
rescata tus frutos.
Y así seguía indefinidamente mientras el ruido de las aguas
ahogaba su voz y la tarde refrescaba sus carnes laceradas por
los oficios más variados y oscuros.
HUMORADA
Háblame más... y más..., que tus acentos
me saquen de este abismo;
el día en que no salga de mí mismo,
se me van a comer los pensamientos.
MARTIRIO DE NARCISO
Al verterse en los charcos la apostura
del que delgado está, pues disemina
sus reflejos, el agua femenina
se hiela por guardar cada figura.
El revés del cristal nos asegura
su espalda contener: allí camina
la sangre que en Narciso se origina
cada vez que un espejo se fractura.
Pulida tempestad en los cristales
impide que navegue su reflejo;
le da ceguera un Tántalo cercano,
quien dice amordazando manantiales:
aquel que aprisionar logra un espejo
puede apretar el mundo con la mano.
UN HIJO (EPITAFIOS DE LA GUERRA)
Mataron a mi hijo mientras de alguna broma se reía. Me hubiese gustado saber
qué era, pues tal vez pueda servirme el día en que las bromas falten.
Y ESCRIBIR TU SILENCIO SOBRE EL AGUA
No sé si es sombra en el cristal, si es sólo
calor que empaña un brillo; nadie sabe
si es de vuelo este pájaro o de llanto;
nadie le oprime con su mano, nunca
le he sentido latir, y está cayendo
como sombra de lluvia, dentro y dulce,
del bosque de la sangre, hasta dejarla
casi acuñada y vegetal, tranquila.
No sé, siempre es así, tu voz me llega
como el aire de Marzo en un espejo,
como el paso que mueve una cortina
detrás de la mirada; ya me siento
oscuro y casi andado; no sé cómo
voy a llegar, buscándote, hasta el centro
de nuestro corazón, y allí decirte,
madre, que yo he de hacer en tanto viva,
que no te quedes huérfana de hijo,
que no te quedes sola allá en tu cielo,
que no te falte yo como me faltas.
Desde el 2031 hasta el 50 de un total de 50 Poemas
