Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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DE LOCOS Y CUERDOS
¿Estoy loco
en un mundo de cuerdos
o estoy cuerdo
en un mundo de locos?
Nunca lo sabremos
a menos
que todos los locos den un paso al
frente
pero claro
para hacer eso más que locos
seríamos todos demasiado cuerdos
COCAÍNA
Blanco color,
Aléjate de mí,
Mágico polvo,
Ya rota tienes mi nariz,
Y cuanto he perdido gracias a ti,
Cuantas horas de sueño perdí,
Momentos, cariño,
Familiares y amigos,
Y ni un gramo más,
Ni uno más,
En mi cuerpo mal herido,
Un gramo puede pesar,
Mucho más que una tonelada,
En este débil ser,
Que otros pesos ya debe comenzar a cargar.
Mis números frecuentes quiero cambiar,
El de mis hijos por el de aquel tipo,
Que vicio y perdición me suele entregar.
Blanca dama,
Tú que me envenenas,
Me arraigas a la locura,
Y me llevas por el camino fácil
Hacia el lugar oscuro,
Te dejo hasta aquí,
Pues nuestra amistad,
No fue reciproca y jamás,
Jamás,
Me mostraste la verdad,
Egoísta y poco sincera,
Al principio,
Todo era fugaz,
Cautelosa y sigilosa,
Me querías atrapar,
Ahora en silencio,
Aquí me tienes,
Destruido y perdido.
Entre sombras de árboles sin hojas,
Con mi mirada hacía el suelo,
Y en el charco veo mi reflejo,
Veo a mí ser,
Con algo de luz,
Observo en mí la sonrisa de mi hijo,
En mis ojos a mi viejo querido,
Y a mi madre en la lágrima que por mi mejilla ha caído,
De compañera no vas más en mis bolsillos,
Ni un día más.
Blanca princesa,
Hoy me despido,
Y solo me dejas mi corazón herido,
Pero te dejo en el olvido,
Con mi ser vacío,
Y gracias te doy para traerme hasta aquí,
Y ver que en mí,
Mi alma me acompaña,
Me ilumina,
En este túnel,
En donde por fin veo algo de luz,
Y diviso
Una…
Lejana salida.
ESCRIBIR
Escribir
es como hacer el amor.
No te preocupes por el orgasmo,
preocúpate del proceso.
LA ESTRELLA DE LA TARDE
Un monte azul, un pájaro viajero,
un roble, una llanura,
un niño, una canción... Y, sin embargo,
nada sabemos hoy, hermano mío.
Bórranse los senderos en la sombra;
el corazón del monte está cerrado;
el perro del pastor trágicamente
aúlla entre las hierbas del vallado.
Apoya tu fatiga en mi fatiga,
que yo mi pena apoyaré en tu pena,
y llora, como yo, por el influjo
de la tarde traslúcida y serena.
Nunca sabremos nada...
¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante,
vago rumor de mares en zozobra,
emoción desatada,
quimeras vanas, ilusión sin obra?
Hermano mío, en la inquietud constante,
nunca sabremos nada...
¿En qué grutas de islas misteriosas
arrullaron los Números tu sueño?
¿Quién me da los carbones irreales
de mi ardiente pasión, y la resina
que efunde en mis poemas su fragancia?
¿Qué voz suave, que ansiedad divina
tiene en nuestra ansiedad su resonancia?
Todo inquirir fracasa en el vacío,
cual fracasan los bólidos nocturnos
en el fondo del mar; toda pregunta
vuelve a nosotros trémula y fallida,
como del choque en el cantil fragoso
la flecha por el arco despedida.
Hermano mío, en el impulso errante,
nunca sabremos nada...
Y sin embargo...
¿Qué mística influencia
vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante?
¿Quién prende a nuestros hombros
manto real de púrpuras gloriosas,
y quién a nuestras llagas
viene y las unge y las convierte en rosas?
Tú, que sobre las hierbas reposabas
de cara al cielo, dices de repente:
«La estrella de la tarde está encendida».
Ávidos buscan su fulgor mis ojos
a través de la bruma, y ascendemos
por el hilo de luz...
Un grillo canta
en los repuestos musgos del cercado,
y un incendio de estrellas se levanta
en tu pecho, tranquilo ante la tarde,
y en mi pecho en la tarde sosegado...
NOCTURNO
El jardín está inmóvil bajo el beso de plata
de la luna que riela sobre las mustias flores
que escuchan vagos ecos de una tenue sonata
que solloza el recuerdo de unos tristes amores.
No se rizan las aguas de la verde laguna,
no se mueven las hojas del mezquino frondaje;
mis ojos están ciegos de claridad de luna
y mi alma es un pedazo de alma del paisaje.
Las áureas notas ciegas de la sonata triste
producen en mi alma esa divagación
que precede al olvido de todo cuanto existe
para escuchar la eterna verdad del corazón.
Y el corazón me dice: “Escucha la elegía
de mi otoño que llora la ausente primavera;
murieron los rosales que en mi jardín había,
y sobre mis escombros solloza una quimera”.
Y siento la nostalgia de lo que fue. El recuerdo
de pretéritas dichas lejanas y brumosas
y las angustias de hoy en que solo me pierdo
por esto la senda que hollan cadáveres de rosas.
Una cabeza rubia cerca de mí; una mano
delicada y nerviosa temblando entre las mías;
un ramo abandonado sobre el negro piano
guardador de inefables secretas armonías.
El tenue claro-oscuro del salón... Las ternezas
de la postrera noche de risas y cantares;
después... adioses, besos, suspiros y promesas,
un barco amarillento perdiéndose en los mares...
Hoy mancho con la sombra de mi melancolía
este blanco sendero que perfumó tu huella:
¡cuán lejos de tu vida va pasando la mía
con la desesperanza de no encontrarte en ella!
Por estas mismas sendas nuestras sombras macabras
tal vez mañana crucen noctívagas y errantes;
y entonces sólo el viento oirá nuestras palabras,
como en aquel Coloquio de las Fiestas Galantes.
El jardín viejo y mustio bajo el beso de plata
de la luna que riela como manto de olvido,
escuchando las notas de esta triste sonata,
por soñar con tu sombra, se ha quedado dormido...
ASÍ, VERTE DE LEJOS
Así, verte de lejos, definitivamente.
Tu vas con otro hombre, y yo con otra mujer.
Y sí que como el agua que brota de una fuente
Aquellos bellos días ya no pueden volver.
Así, verte de lejos y pasar sonriente,
como quien ya no siente lo que sentía ayer,
y lograr que mi rostro se quede indiferente
y que el gesto de hastío parezca de placer.
Así, verte de lejos, y no decirte nada
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca sospeches cuanto te quiero así.
Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo
y todo el día es poco para pensar en ti.
EL AÑO QUE SE HIZO VIEJO
Con el tiempo sumergido
en el tráfago diario,
el año se nos ha ido
en el viejo calendario.
Cuando apenas empezaba,
parecía interminable
¡y ya, tras las campanadas,
procedemos a enterrarle!.
Está llamando a la puerta
el año recién nacido
y con pereza despierta
después de cumplir los ritos:
con las campanas las uvas
y también los parabienes,
los deseos de fortuna,
los cavas y las mercedes.
Con los propósitos nuevos
pensamos cuidarlo bien,
para que fluya sereno
y no corra como exprés.
A ver si somos capaces
de sujetar bien las riendas
y quitarnos los disfraces,
los odios y las miserias.
Pero, si tras doce meses
igual se quiere marchar,
por lo menos que nos deje
más paz y prosperidad.
PARIS AT NIGHT
Tres fósforos de uno en uno encendidos en la noche
El primero para ver tu rostro todo
El segundo para ver tus ojos
El último para ver tu boca
Y la completa oscuridad para recordarme todo eso
Al estrecharte en mis brazos.
TRES AMORES
Vino una vez: su rostro era de raso,
con el oro silvestre de las frutas;
—¿quién eres, ángel de tranquilo paso?
—¡Soy Ruth, la espigadora de tus rutas!
Vino otra vez: con ambición secreta,
apretó mi deseo hasta la muerte;
—¿Quién eres tú, que vence y que sujeta?
—iSoy Cleopatra, la del espasmo fuerte!
Vino después: como bacante en celo,
ordenaba en mi ser, que no resiste;
—¿quién eres tú, potente tiranuelo?
—¡Soy Salomé, la de la danza triste!
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