Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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LA FORMA ÉPICA DEL ENGAÑO
El mundo no lo entiendo, soy yo mismo
las montañas, el mar, la agricultura,
pues mi intuición procrea un magnetismo
entre el paisaje y la literatura.
Los anchos ríos hondos en mi abismo,
al arrastrar pedazos de locura,
van por adentro del metabolismo,
como el veneno por la mordedura.
Relincha un potro en mi vocabulario,
y antiguas norias dan un son agrario,
como un novillo, a la imagen tallada.
Un gran lagar nacional hierve adentro,
y cuando busco lo inmenso lo encuentro
en la voz popular de tu mirada.
EL MUNDO EN LLAMAS
El mundo en llamas...
Taxi desde África...
El Gran Hotel...
Una gran fiesta anoche
atrás, volviendo atrás
en todas direcciones
durmiendo estas insanas horas.
Nunca me despertaré
de buen humor otra vez.
Estoy harto de estas apestosas botas.
NO ERES
No eres todo lo que quiero
pero el que en mí quiere
no es todo lo que soy.
PAPÁ
Papá me tiene contenta
A veces tierno a veces serio
Papá me quiere tanto
A veces lo dice a veces lo piensa
Un acróstico esconde un mensaje que surge al extraer la primera letra de cada verso o línea. En este caso puede leerse "Papa".
También existen otros poemas en los que el acróstico se forma al extraer la última letra o la letra media de cada verso.
MAMÁ
Mamá no hay más que una
Ay qué sería de mí sin ella
Mamá perdona mis travesuras
¡Ay no las tengas en cuenta!
Un acróstico esconde un mensaje que surge al extraer la primera letra de cada verso o línea. En este caso puede leerse "Mama".
También existen otros poemas en los que el acróstico se forma al extraer la última letra o la letra media de cada verso.
UN CUENTO
No digas nada, Joana,
tan sólo escúchalo y no digas nada.
Íbamos caminando en la lluviosa
mañana por el pueblo adormecido,
entrábamos despacio
por una larga calle de adoquines
que no llevaba hacia ninguna parte.
Los niños nos llamaban con canciones
para acercamos al canal, que viésemos
su casa reflejándose en el agua.
Te gustaba, ¿recuerdas?,
ver a los niños. Al marchamos
quedaban sus caritas pegadas al cristal,
sus voces apagándose en el agua.
Llegamos tarde. Demasiado. Tanto
que siempre volveremos separados:
ese es el precio por haber podido
entrar dentro de un cuento.
Y qué suerte encontrarte ahora aquí,
de madrugada, convertida en patio:
esto quiere decir que todo el tiempo
estabas junto a mí en la oscuridad.
EL ABUELO
Esta mujer angélica de ojos septentrionales,
que vive atenta al ritmo de su sangre europea,
ignora que en lo hondo de ese ritmo golpea
un negro el parche duro de roncos atabales.
Bajo la línea escueta de su nariz aguda,
la boca, en fino trazo, traza una raya breve,
y no hay cuervo que manche la solitaria nieve
de su carne, que fulge temblorosa y desnuda.
¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas;
boga en el agua viva que allá dentro te fluye,
y ve pasando lirios, nelumbios, lotos, rosas;
que ya verás, inquieta, junto a la fresca orilla
la dulce sombra oscura del abuelo que huye,
el que rizó por siempre tu cabeza amarilla.
MI PEOR ERROR
Fue como fue
Me robaste el alma me tuviste a tus pies, te amé
Me equivoqué
Creía que era eterno despertarme en tu piel, no sé
Si fui ingenua al pensar que amarías igual
Con la misma fuerza de un huracán
Fue mi culpa al final, el quererte de más
Y tan sólo recibir la mitad
Bajé la guardia y me expuse al dolor
Caricias falsas, frío en la habitación
Bajé la guardia y aposté el corazón
Tantas palabras y ninguna emoción
Yo te quise y no te bastó
Y aún te amo a pesar de que has sido mi peor error
Es como es,
Aquí no queda nada ni me toca perder, tal vez
Si fui ingenua al pensar que amarías igual
Con la misma fuerza de un huracán
Fue mi culpa al final, el quererte de más
Y tan sólo recibir la mitad
Bajé la guardia y me expuse al dolor
Caricias falsas, frío en la habitación
Bajé la guardia y aposté el corazón
Tantas palabras y ninguna emoción
Yo te quise y no te bastó
Y aún te amo a pesar de que has sido mi peor error
Woah, oh
Woah, oh
Fue mi culpa al final, el quererte de más
Y tan sólo recibir la mitad
Bajé la guardia y me expuse al dolor
Caricias falsas, frío en la habitación
Bajé la guardia y aposté el corazón,
Tantas palabras y ninguna emoción
Yo te quise y no te bastó
Y aún te amo a pesar de que has sido mi peor error
Woah, oh
Woah, oh
Mi peor error
RECUERDO QUE EL AMOR ERA UNA BLANDA FURIA
Recuerdo que el amor era una blanda furia
no expresable en palabras.
Y mismamente recuerdo
que el amor era una fiera lentísima:
mordía con sus colmillos de azúcar
y endulzaba el muñón al desprender el brazo.
Eso sí lo recuerdo.
Rey de las fieras,
jauría de flores carnívoras, ramo de tigres
era el amor, según recuerdo.
Recuerdo bien que los perros
se asustaban de verme,
que se erizaban de amor todas las perras
de sólo otear la aureola, oler el brillo de mi amor
—como si lo estuviera viendo.
Lo recuerdo casi de memoria:
los muebles de madera
florecían al roce de mi mano,
me seguían como falderos
grandes y magros ríos,
y los árboles —aun no siendo frutales—
daban por dentro resentidos frutos amargos.
Recuerdo muy bien todo eso, amada,
ahora que las abejas
se derrumban a mi alrededor
con el buche cargado de excremento.
FÚTBOL SIN PARAR
Qué desmadre, Mundo; todo lo futbolero, pelotas
y patas, se jerarquiza hasta la cresta
del Aconcagua: ¿metáfora
de patear por patear, o exhibición
del cuero del Testículo
en el césped hinchado así: Mayúsculo: que eyacula y
hace eyacular
estadios enteros y salpica
retórica y grasa por
satélite en
los idiomas todos; el maya,
el etrusco incluso?
Pensar
que hubo toreros, gladiadores
en la apuesta, y ritmo.
Píndaro
hubiera llorado.
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