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LOS OJOS TENGO EN LLANTO...

Los ojos tengo en llanto noche y día,
y en fuego el corazón y la alma mía

Autor del poema: Francisco de Quevedo

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EN TI LA TIERRA

Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.

Autor del poema: Pablo Neruda

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ABDALA (Escena segunda)

¡Por fin potente mi robusto brazo
Puede blandir la ruda cimitarra,
Y mi noble corcel volar ya puede
Ligero entre el fragor de la batalla!
Por fin mi frente se ornará de gloria!
Seré quien libre a mi angustiada patria,
Y quien le arranque al opresor el pueblo
Que empieza a destrozar entre sus garras!
Y el vil tirano que amenaza a Nubia
Perdón y vida implorará a mis plantas!
Y la gente cobarde que lo ayuda
A nuestro esfuerzo gemirá espantada!
Y en el cieno hundirá la altiva frente
Y en cieno vil enfangará su alma!
Y la llanura en que su campo extiende
Será testigo mudo de su infamia!
Y el opresor se humillará ante el libre!
Y el oprimido vengará su mancha!
Conquistador infame, ya la hora
De tu muerte sonó: ni la amenaza,
Ni el esfuerzo y valor de tus guerreros
Será muro bastante a nuestra audacia.
Siempre el esclavo sacudió su yugo,—
Y en el pecho del dueño hundió su clava
El siervo libre: siente la postrera
Hora de destrucción que audaz te aguarda,
Y teme que en tu pecho no se hunda
Del libre nubio la tajante lanza!—
Ya me parece que rugir los veo
Cual fiero tigre que a su presa asalta.
Ya los miro correr: a nuestras filas
Dirigen ya su presurosa marcha:
Ya luchan con furor: la sangre corre
Por el llano a torrentes: con el ansia
Voraz del opresor, hambrientos vuelven
A hundir en sus costados nuestras lanzas
Y a doblegar el arrogante cuello
Al tajo de las rudas cimitarras:
Cansados ya, vencidos—cual furiosas
Panteras del desierto que se lanzan
A la presa que vence, y se fatigan,
Y rugen y se esfuerzan y derraman
La enrojecida sangre, y combatiendo
Terribles ayes de dolor exhalan,—
Así los enemigos furibundos,
A nuestras filas bárbaros se lanzan,
Y luchan,—corren,—retroceden,—vuelan,—
Inertes caen,—gimiendo se levantan,—
A otro encuentro se aprestan,—y perecen!—
Ya sus cobardes huestes destrozadas
Huyen por la llanura:—¡oh! ¡cuánto el gozo
Da fuerza y robustez y vida a mi alma!—
¡Cuál crece mi valor!—¡cómo en mis venas
Arde la sangre!—¡cómo me arrebata
Este invencible ardor!—¡cuánto deseo
A la lucha partir!—

Autor del poema: José Martí

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DE CIRIOS Y DE LIRIOS

El lirio azul el lirio fucsia el lirio
de color colorado el lirio triste
con pétalos de cera se reviste
y va a la fiesta convertido en cirio

En cirio gris en cirio negro en cirio
de las aguas sin luz en cirio triste
que al llegar de la fiesta se desviste
y vuelve a ser en el jardín un lirio

O este espejo se está poniendo viejo
o lo que estoy mirando es un delirio
dice la flor hablándole al espejo

Adentro del azogue brota un cirio
y al tiempo que se enciende su reflejo
al fondo del jardín se apaga un lirio

Autor del poema: Oscar Hahn

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INTERLUDIO

El elemento del aire era incontenible.
El ímpetu del viento rasgó las tiernas hojas
Arrojándolas en confusión sobre la tierra.
Esperamos las primeras gotas de lluvia en los aleros.

El caos crecía al tiempo que la luz
Mermaba bajo un cielo compacto.
Una noche innatural dilató nuestras pupilas,
Pero el camino y el polvoriento campo permanecieron secos.

La lluvia quedóse en la nube; fue casi oscuro;
El viento yació inmóvil entre las altas hierbas.
Las venas de las manos traicionaban nuestro miedo.
Lo que habíamos esperado no había acontecido.

Autor del poema: Theodore Roethke

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PRESENTE, FUTURO Y PASADO

Tú, el motivo
yo, el pretexto
juntos somos invencibles
y ahora
que viene lo mejor
junto y bebo todas aquellas lágrimas vertidas
en una copa de oro

Autor del poema: Koldo Fierro

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MARTIRIO DE SAN LORENZO - COPLAS 1 A 11

1

En el glorioso nombre del Rey Omnipotente
que hace nacer el sol y la luna en oriente,
de San Lorenzo quiero, su martirio inclemente,
contar en lengua fácil para toda la gente.

2

San Vicente y Lorenzo, hombres sin tachadura,
fueron ambos de Huesca, —lo dice la Escritura—;
ambos fueron católicos, ambos de gran cordura,
criados de Valerio y de su estirpe pura.

3

En el tiempo en que aquel poderoso ejercía
en Huesca el obispado —muy noble canongía—,
instruyó a estos discípulos mostrándoles la vía
para servir al Hijo de la Virgen María.

4

En tal consejo fueron prontamente acordados
como si por San Pablo fuesen adoctrinados;
mantenían sus cargos muy bien ejercitados,
ejerciendo sus obras con frutos mesurados.

5

Cumplir en el oficio era una gran misión:
convertir a los hombres con su predicación,
juzgando a los judíos con certera razón.
Eran para Jesús plenos de bendición.

6

En ese tiempo, en Roma mantenía el Papado
un apóstol santísimo que Sixto era llamado
y en el país de Grecia fue nacido y criado.
Después de ser filósofo, fue el Pastor Consagrado.

7

Para ordenar las obras ahora encomendadas
de modo que en su alma no fuesen objetadas,
envió sus designios bajo cartas selladas.
Las clerecías fueron a su Sede llamadas.

8

Don Valerio, el obispo de todo bien amigo,
a aquellos dos discípulos llevó a Roma consigo.
El Papa, complacido como del pan de trigo,
le dijo a don Valerio: —Pláceme estar contigo.

9

Ganó su voluntad con estos compañeros,
pues eran los mejores como monjes claustreros,
que hablando cuerdamente, con sus dichos certeros
eran en los debates los mejores voceros.

10

El Papa expresó entonces su nueva voluntad:
—«Te ruego, amigo mío, por Dios y caridad,
que recibas mi ruego y tengas la bondad
de dejarme estos clérigos para nuestra ciudad.

11

»Yo te lo apreciaré de todo corazón
y te seré deudor para toda ocasión;
piénsalo rectamente y no digas que «non»
negándote a aceptarlo contra ley y razón».

Autor del poema: Gonzalo de Berceo

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LAS GRACIAS DE LA QUE ADORA...

Ese color de rosa y de azucena
y ese mirar sabroso, dulce, honesto,
y ese hermoso cuello, blanco, inhiesto,
y boca de rubíes y perlas llena;

la mano alabastrina que encadena
al que más contra Amor está dispuesto,
y el más libre y tirano presupuesto
destierra de las almas y enajena.

Era rica y hermosa primavera,
cuyas flores de gracias y hermosura
ofendellas no puede el tiempo airado;

son ocasión que viva yo y que muera,
y son de mi descanso y mi ventura
principio y fin, y alivio del cuidado.

Autor del poema: Francisco de Quevedo

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EL MOMENTO

¡Que se me va, se me va!
... ¡Se me fue!
Y con el momento, se me fue la eternidad.

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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RELOJ PÚBLICO

De la torre mojada
el vetusto reloj
deja caer las horas como lágrimas.

Autor del poema: Francisco Monterde

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