Poemas 

Así funciona Yavendrás: En el menú, tienes un montón de poemas de escritores célebres clasificados por categorías (amor, amistad,...) y también la sección "Vuestros poemas" con TODO el contenido que vais subiendo: visítala para estar al tanto de lo que publica la comunidad.

Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

Si quieres buscar el contenido clasificado por autor, visita nuestra sección de Autores
 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

A ALBIO TÍBULO

Albio, no te atormentes más de lo justo por el recuerdo de la cruel Glícera, ni te desates en lacrimosas elegías, porque un rival de menos años te haya suplantado en su corazón.
El amor de Ciro abrasa a Licoris, la de lindísima frente; y Ciro se inclina hacia la desdeñosa Fóloe; pero antes las cabras se unirán con los lobos de Apulia que Fóloe se entregue a tan torpe adúltero; así lo ha dispuesto Venus, a quien place, en sus juegos caprichosos, unir con férreo yugo personas harto desiguales y muy opuestos caracteres.
A mí mismo, cuando un amor bien digno embargaba mi ser, me detuvo con agradables lazos la libertina [liberta] Mírtale, más irascible que las olas del Adriático al estrellarse en los golfos de Calabria.

Autor del poema: Quinto Horacio Flaco

60.00%

votos positivos

Votos totales: 25

Comparte:

SONETO SOBRE LA LIBERTAD HUMANA

Qué hermosa eres, libertad. No hay nada
que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento.
Más brilla y en más puro firmamento
libertad en tormento acrisolada.

¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada?
Venid: amordazad mi pensamiento.
Grito no es vibración de ondas al viento:
grito es conciencia de hombre sublevada.

Qué hermosa eres, libertad. Dios mismo
te vio lucir, ante el primer abismo
sobre su pecho, solitaria estrella.

Una chispita del volcán ardiente
tomó en su mano. Y te prendió en mi frente,
libre llama de Dios, libertad bella.

Autor del poema: Dámaso Alonso

60.00%

votos positivos

Votos totales: 20

Comparte:

CELEBRACIÓN DEL LAGARTO

Algunos forajidos vivían junto a un lago
La hija del pastor está enamorada de la serpiente
Que vive en un pozo junto a la carretera
¡Despierta, niña! Estamos llegando a casa
Sol, sol, sol
Quema, quema, quema
Luna, luna, luna
Te atraparé
¡Pronto!¡Pronto!¡Pronto!
Soy el Rey Lagarto
Todo lo puedo
Bajamos por Ríos y autopistas
Bajamos por Bosques y cascadas
Bajamos desde Carson y Springfield
Bajamos desde La Phoenix cautivadora
Y puedo decirte
Los nombres del Reino Puedo decirte
Las cosas que sabes
Escuchando un puñado de silencio
Escalando valles en la sombra
Durante siete años viví
En el disoluto palacio del exilio
Jugando a extraños juegos
Con las chicas de la isla
Ahora he regresado
A la tierra del justo, el fuerte y el sabio
Hermanos y hermanas del pálido bosque
Oh, hijos de la noche
¿Quién de entre vosotros se unirá a la caza?
Ahora la Noche llega con su legión púrpura
Retiraos a vuestras tiendas y a vuestros sueños
Mañana entraremos en la ciudad donde nací
Quiero estar preparado.

Autor del poema: Jim Morrison

60.00%

votos positivos

Votos totales: 5

Comparte:

Si me pides que nos casemos
Intentaré contestarte pronto


Un acróstico esconde un mensaje que surge al extraer la primera letra de cada verso o línea. En este caso puede leerse "Sí".

También existen otros poemas en los que el acróstico se forma al extraer la última letra o la letra media de cada verso.

Autor del poema: Jorge Javier Roque

60.00%

votos positivos

Votos totales: 30

Comparte:

HASTA LA CARNE

Otros dirán en verso otras razones,
Quién sabe si más útiles, más urgentes.
Éste no cambió su naturaleza,
Suspendida entre dos negaciones.
Ahora, inventar arte y manera
De juntar el azar y la certeza,
Se lleve en eso, o no, la vida entera.

Como quien se muerde las uñas cercenadas.

Autor del poema: José Saramago

60.00%

votos positivos

Votos totales: 5

Comparte:

LAS MUJERES

De donde la he encontrado mi diversión he tomado;
granuja he sido y en mis tiempos he arrasado,
he tenido mi botín de dulces corazones,
y cuatro entre ellos de primera clase.
Una era una viuda casi casta,
otra, una mujer en Prome,
otra, la mujer de un jefe de cuadras
y es otra una muchacha en donde vivo.

Nada tengo ahora que ver con las mujeres,
pues, llevándolas contigo,
nada puedes decir hasta que las pruebas,
y es, por tanto, muy posible que te equivoques.
Veces hay en que creerás que no hubieses podido,
veces hay en que sabrás que hubieses podido;
pero aquello que aprenderás de la Amarilla y de la Morena
habrá de ayudarte mucho con la Blanca.

Yo era un jovencito en Hoogli,
tímido como una niña al comenzar;
Aggie de Castrer me tomó,
Aggie, lista como el pecado;
mayor que yo, pero la primera-
más parecía una madre-
me enseñó el camino del ascenso y de la paga
y de ella aprendí sobre mujeres.

Me destinaron entonces a Burma,
interino encargado del Bazar,
y me conseguí una nativa pequeña y vivaracha
comprándole a su padre provisiones.
Divertida, amarilla y fiel-
una muñeca en una taza de té-
con honra vivimos, como un matrimonio de verdad,
y de ella aprendí sobre mujeres.

Nos enviaron entonces a Neemuch
(si no hasta hoy la hubiese conservado),
y me junté con una deslumbradora diablesa,
la mujer de un negro en Mhow;
me enseñó la jerga de los gitanos;
era como un volcán,
me apuñaló una noche por haber deseado que fuese blanca,
y de ella aprendí sobre mujeres.

Regresé entonces en barco a casa,
me acompañaba una niña de dieciséis-
una chica de un convento en Meerut,
a ninguna tan recta he visto.
Su problema: el amor a primera vista,
yo no hubiese hecho nada, pues me gustaba demasiado,
pero de ella aprendí sobre mujeres.

De donde la he encontrado mi diversión he tomado,
y debo ahora pagar mi diversión,
pues cuanto de otras mujeres más conoces,
menos sientas con una cabeza;
y el final de todo, sentado y pensando,
y soñando con ver los Fuegos del Infierno;
así que daos por avisados (sé que no lo haréis)
y de mí aprended sobre mujeres.

¿Qué pensó la esposa del Coronel?
Nadie lo supo nunca.
Alguien preguntó a la mujer del Sargento,
y ella les dijo la verdad.
Cuando llegan delante de un hombre.
iguales se hacen como una fila de alfileres-
pues Judy O'Grady y la esposa del Coronel
hermanas son debajo de su piel.

Autor del poema: Rudyard Kipling

60.00%

votos positivos

Votos totales: 15

Comparte:

MARIANA

Por encima de todo, simple y fuerte,
tu vocación para la desventura.
La esperanza y la celda de amargura
y tu sueño incapaz de contenerte.

Ciega sin lumbre miras, de tal suerte
que coronas de espinas tu cintura,
y tu amorosa enfermedad madura
por encima del sueño y de la muerte.

Desventurada y sola; abandonada
como las conchas de una playa triste.
Ruinas en soledad, despojo, sombras.

Por encima de todo, tu mirada
te devuelve una imagen que no existe.
Y llamas con dolor, y a nadie nombras.

Autor del poema: Rubén Bonifaz Nuño

60.00%

votos positivos

Votos totales: 5

Comparte:

ÁRBOL

Yo te soñé, invisible majestad
que planea por la faz de todas las cosas.
Arraigado en el dolor de la ceniza,
un hombre tan sólo, te llevaba, sepulcro,
padre muerto, dentro de mí, en silencio,
y te llamaba con palabras de viento
de antiguos milenarios, que la ira encienden.
Nunca respondiste al clamor y me dejabas
en el miedo a la noche, fuego secreto, alta llama,
árbol Dios en la noche.

Autor del poema: Salvador Espriu

60.00%

votos positivos

Votos totales: 5

Comparte:

ESPERA

Entonces diré: «Cimas y nubes
y tierras a lo lejos y la lenta
herida del río y el incendio
del cielo, muchos crepúsculos
sobre el desierto y los viejos árboles
amados cual dioses, aún vuelven
para los hombres.
Mas yo, que este día aguardaba,
he aquí que estoy muerto.»

Autor del poema: Salvador Espriu

60.00%

votos positivos

Votos totales: 5

Comparte:

COSAS QUE PASAN

Este hombre y esa mujer se conocieron cierto día
Sin duda el hombre sonrió a la mujer
sin duda le trajo flores
sin duda llegó a conocer su olor entre mil
y hasta a olfatear su ropa interior
su brassiére sus pantalones
tirados sobre la cama

Años después ella pasa con un gordo contoneo
envuelta en pieles emplumadas
Su perfume es el mismo barato y dulce
lo mismo ondula su grupa de sanguijuela encantadora
tiene en cambio los ojos turbios
como dos cuentas desteñidas de porcelana

El parece un hombre serio y sobrio
con su cuentica en el Banco y su “curriculum vitae”
no hay duda de que ha sabido ubicarse en el proceso
la mira la examina de una manera abstracta
como si examinara
una cosa vieja oxidada
a la brillante luz del sol
Parpadeando estúpidamente desde un lapso de olvido
y sombra y grasa...

Tiresias ciego adivino de mamas arrugadas
Todos somos él
-o algo parecido al menos-.

Autor del poema: Mario Rivero

60.00%

votos positivos

Votos totales: 5

Comparte:

Desde el 4271 hasta el 50 de un total de 50 Poemas

Añade tus comentarios