Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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¿POR QUÉ ME SIENTO TAN VIEJO?
¿Por qué me siento tan viejo
este otoño?
Un pájaro vuela entre las nubes.
¿QUIÉN ERES AHORA...
¿Quién eres ahora detrás de esa vieja fotografía donde sonríes?
¿De qué extraña materia está hecho tu silencio?
POEMA DEL DESENCANTO
Una tarde cualquiera
con la brisa
llegó para quedarse
Me tomó de la mano
Buscó abrigo
en mi sangre
se prendó de mi piel
perfumó mi tibieza
Con su soplo de hielo
me consume
ALTAZOR (CANTO 7). EL VIAJE EN PARACAÍDAS
Al aia aia
ia ia ia aia ui
Tralalí
Lali lalá
Aruaru
urulario
Lalilá
Rimbibolam lam lam
Uiaya zollonario
lalilá
Monlutrella monluztrella
lalolú
Montresol y mandotrina
Ai ai
Montesur en lasurido
Montesol
Lusponsedo solinario
Aururaro ulisamento lalilá
Ylarca murllonía
Hormajauma marijauda
Mitradente
Mitrapausa
Mitralonga
Matrisola
matriola
Olamina olasica lalilá
Isonauta
Olandera uruaro
Ia ia campanuso compasedo
Tralalá
Aí ai mareciente y eternauta
Redontella tallerendo lucenario
Ia ia
Laribamba
Larimbambamplanerella
Laribambamositerella
Leiramombaririlanla
lirilam
Ai i a
Temporía
Ai ai aia
Ululayu
lulayu
layu yu
Ululayu
ulayu
ayu yu
Lunatando
Sensorida e infimento
Ululayo ululamento
Plegasuena
Cantasorio ululaciente
Oraneva yu yu yo
Tempovío
Infilero e infinauta zurrosía
Jaurinario ururayú
Montañendo oraranía
Arorasía ululacente
Semperiva
ivarisa tarirá
Campanudio lalalí
Auriciento auronida
Lalalí
Io ia
iiio
Ai a i a a i i i i o ia.
ACRÓSTICO PARA MARTA
Musa galante de inspiración poética
Alma consagrada de cultura y ética
Radiante y altiva de distinguida naturaleza
Tesoro espiritual de inagotable belleza
Admiración cautivadora de quien por ti escribe y reza
Un acróstico esconde un mensaje que surge al extraer la primera letra de cada verso o línea. En este caso puede leerse "Marta".
También existen otros poemas en los que el acróstico se forma al extraer la última letra o la letra media de cada verso.
Y ENTONCES ME DI CUENTA
Y entonces me di cuenta
de que alguien que escala la montaña del
éxito mundano,
puede resbalarse y caer en el río debajo
sin ser consciente del descenso hasta estarse ahogando.
A FELIPE RUIZ
¿Cuándo será que pueda
libre de esta prisión volar al cielo,
Felipe, y en la rueda
que huye más del suelo,
contemplar la verdad pura sin velo?
Allí a mi vida junto
en luz resplandeciente convertido,
veré distinto y junto
lo que es y lo que ha sido,
y su principio propio y escondido.
Entonces veré cómo
el divino poder echó el cimiento
tan a nivel y plomo,
do estable eterno asiento
posee el pesadísimo elemento.
Veré las inmortales
columnas do la tierra está fundada,
las lindes y señales
con que a la mar airada
la Providencia tiene aprisionada.
Por qué tiembla la tierra
pro qué las hondas mares se embravecen,
dó sale a mover guerra
el cierzo, y por qué crecen
las aguas del Océano y decrecen.
De dó manan las fuentes;
quién cebe y quién bastece de los ríos
las perpetuas corrientes,
de los helados fríos
veré las causas, y de los estíos.
Las soberanas aguas
del aire en la región quién las sostiene;
de los rayos las fraguas;
dó los tesoros tiene
de nieve Dios, y el trueno dónde viene.
¿No ves cuando acontece
turbarse el aire todo en el verano?
El día se ennegrece
sopla el gállego insano.
y sube hasta el cielo el polvo vano;
y entre las nubes mueve
su carro Dios ligero y reluciente,
horrible son conmueve,
relumbra fuego ardiente,
treme la tierra, humíllase la gente.
La lluvia baña el techo,
envían largos ríos los collados;
su trabajo deshecho,
los campos anegados
miran los labradores espantados.
Y de allí levantado
veré los movimientos celestiales,
así el arrebatado
como los naturales,
las causas de los hados, las señales.
Quién rige las estrellas
veré, y quién las enciende con hermosas
y eficaces centellas;
por qué están las dos osas,
de bañarse en el mar, siempre medrosas.
Veré este fuego eterno
fuente de vida y luz do se mantiene;
y por qué en el invierno
tan presuroso viene,
por qué en las noches largas se detiene.
Veré sin movimiento
en la más alta esfera las moradas
del gozo y del contento,
de oro y luz labradas
de espíritus dichosos habitadas.
EL TOQUE
Meses permaneció mi mano aislada
en una lata. No había nada allí salvo rejas de metro.
Quizá esté magullada, pensé,
y es por eso que la han encerrado.
Pero cuando miré yacía en silencio.
Se podría medir con esto el tiempo, pensé,
como con un reloj, por sus cinco nudillos
y las finas venas subterráneas.
Allí yacía, como una mujer inconsciente,
alimentada por tubos que no conoce.
La mano se había colapsado,
diminuta paloma salvaje
entrada en reclusión.
Le di la vuelta y la palma era vieja,
con líneas finamente bordadas
y puntadas subiendo por los dedos.
Era gruesa y blanda y ciega en algunos sitios.
Tan solo vulnerable.
Y todo esto es metáfora.
Una mano corriente, sólo que añorando
tocar algo que pueda devolver
el toque.
La perra no lo hará.
Mueve el rabo en la ciénaga mientras busca una rana.
No soy mejor que una lata de comida de perro.
Ella es dueña de su propia hambre.
No lo harán mis hermanas.
Viven en la escuela, salvo para botones
y lágrimas que corren como la limonada.
Mi padre no lo hará.
Él viene con la casa e incluso de noche
habita una máquina que fabricó mi madre
y bien engrasada por su trabajo, su trabajo.
El problema es
que dejé que mis gestos se congelaran.
El problema no estaba
en la cocina ni en los tulipanes,
tan sólo en mi cabeza, mi cabeza.
Después todo fue historia.
Tu mano se encontró la mía.
La vida corrió hasta mis dedos como un coágulo.
Oh, carpintero mío,
ya están reconstruidos esos dedos.
Bailan junto a los tuyos.
Danzan ya en el desván y en Viena.
Mi mano vive sobre toda América.
No podrá detenerla ni la muerte,
la muerte derramando su sangre.
Nada la detendrá, pues es éste el reino
y el juicio final.
LOS VANOS MUNDOS
Allí donde se agrupan los tenderetes blancos
de los libreros, con mercancía escasa
y a menudo banal;
allí donde más claramente se confunden
palabras y monedas, el desdén y el olvido
hacia autores triviales;
allí donde se mezclan muy raras ediciones
con el libro vulgar;
allí donde está escrita la sombra de una mano
no diestra en dar memoria de su mundo,
no templada en el arte,
que es incierto, y de trato difícil;
allí donde los libros son apenas mercado
de la desolación,
de un hermoso fingir lo que no es cierto
ni tiene falsedad y poco importa,
la sensación de vida es algo extraño
y un gesto no muy noble, allí la vida.
EL ÁRBOL
A la sombra de este árbol venerable
donde se quiebra y calma,
la furia de los vientos formidable
y cuya ancianidad inspira á mi alma
un respeto sagrado y misterioso;
cuyo tronco desnudo y escabroso
un buen asiento rústico me ofrece;
y que de hojosa magestad cubierto
es el único rey de este desierto,
que vastísimo en torno me rodea;
aquí mi alma desea
venir á meditar; de aquí mi Musa
desplegando sus alas vagarosas
por el aire sutil tenderá el vuelo.
Ya qual fugaz y bella mariposa
por la selva florida,
libre inquieta perdida,
irá en pos de un clavel, ó de una rosa;
ya qual paloma blanda y lastimera
irá á Chipre á buscar su compañera;
ya quál garza atrevida
traspasará los mares,
verá todos los reynos y lugares;
ó qual águila audaz alzará el vuelo
hasta el remoto y estrellado cielo.
¿No vés quan ricas tornan á sus playas
de las Indias las naves Españolas
á pesar de los vientos y las olas?
Pues muy más rica tornarás, mi Musa,
de imágenes, de grandes pensamientos,
y de quantos tesoros de belleza
contiene en sí la gran naturaleza.
Y de tu largo vuelo fatigada
vendrás á descanzar como á seguro
y deseado puerto,
á la sombra del árbol del desierto.
¡Necio de mí! ¿Qué he visto?
¡Quantas veces mejor me hubiera estado
gozar en grata paz ménos curioso,
de este ocio dulce, fresco y regalado,
que ver el espectáculo horroroso
que la perjura Francia
de su seno feraz en sediciones,
en escándalo, ofrece á las naciones!
¿Dónde están esas leyes decantadas
por la justicia y la equidad dictadas?
¿Mas qué aprovechan leyes sin virtudes?
¿Ni cómo las virtudes celestiales,
don de Dios el mas puro y mas sagrado,
han de habitar el corazón malvado
de un pueblo sedicioso,
cuyo xefe ambicioso,
qualquier senda aunque sea
toda de sangre y crímenes cubierta,
la cree justa legítima segura,
si oro, poder y cetro le procura!
Los pueblos sabios, libres y virtuosos
en el trono sentaron á las leyes,
y se postraban á sus pies los reyes.
Pero el tirano no: sentóse él mismo,
y las leyes sagradas
puso á sus pies sacrílegos postradas.
Y nada perdonó para su intento:
su valor, su talento,
aun las virtudes mismas le sirvieron,
y tenidas en máximas de estado
su respetable máscara le dieron.
Viose la religión inmaculada
hija del cielo noble y generosa,
sierva de su política insidiosa;
y el grande protector de la fe santa
con suma reverencia
los evangelios en Paris decora
y el alcoran en el Egipto adora.
¡Qué crímenes, que males
no ha dado la ambicion á los mortales!
Ella sola es cual llama abrazadora
que las mieses devora,
mas la ambicion unida á la fortuna
es torrente impetuoso,
que atropellando todo se derrama,
y devora las mieses y la llama.
Así á los pueblos se anunció el tirano:
y esta es la perspectiva aborrecida,
que ofrecerá á quien ose desrollarle
el lienzo ensangrentado de su vida.
En el infausto y execrable día
en que se vió la libertad francesa
al carro vencedor en triunfo atada;
quando al trono de Luis César subía
en medio del tumulto y la alegría
de un pueblo esclavo... Bruto[2] ¿dónde estabas...?
No es tarde aún; ven, besaré tu mano
bañada con la sangre del tirano.
¡Ay! ¡que la tierra toda estremecida
tiembla por donde pasa y brota sangre!
¡Qué nuevo crimen! ¡Dios! ¡O madre España,
tu fe pura y entera,
y tu misma virtud quanto te daña!
Un corazón virtuoso,
noble, fiel, generoso,
no sospecha jamás que se le engañe.
¡O traicion inaudita!... Las montañas
desplómense, y en polvo se deshagan;
los bramadores y hórridos volcanes
humo espeso vomiten
de sus vastas y lóbregas entrañas;
y densas nubes de humo y polvo encubran
tan gran maldad del miserable suelo,
al vengador y poderoso cielo.
¡España España! ¡La amistad sagrada,
la mas dulce necesidad del hombre
ese placer y celestial encanto,
ese lazo el más santo
de las almas, no es mas que un vano nombre
un nombre sin sentido,
y una red que el tirano te ha tendido!
Osó llamar el pérfido á tus reyes
y dióles como amigos
de la amistad el osculo fingido;
y quando en su poder seguros fueron
tratóles como viles enemigos,
y expiar les hace en bárbaras prisiones
el crimen de ser reyes, y Borbones.
Siervos del crimen, nuestros caros reyes
volvednos; sí: volvednos nuestros padres,
los Dioses de la España,
y venid á quitarlos en campaña.
Siervos viles del crimen, acordaos
de la inmortal jornada de Pavía.
De allí, del mismo campo de batalla
cautivo y prisionero
vió entrar Madrid vuestro monarca fiero.
Imitad, si podeis, tan grande hazaña.
Este es honor; y si quereis vengaros,
volvednos nuestros reyes
y venid á quitarlos en campaña.
Los siglos pasan nuestra, gloria dura:
quando á cubriros de un baldon eterno
la fiel posteridad ya se apresura.
¡O Musa, tu que viste
el furor de la mar estrepitosa,
y los vientos horrísonos oiste,
y el fracaso espantoso de las olas,
tú sola pintar puedes
el ardor de las armas españolas,
la ira y zelo con que por todas partes
va y corre la nacion precipitada
guerra clamando; y á la voz de guerra,
como brota la tierra
y las montañas brotan gente armada
á la guerra y venganza aparejada!
Guerra, venganza... Oh ¡quanto á su deseo
ya tarda en coronarse el Pirineo
de las pérfidas huestes enemigas!
Nunca el indio salvage ni el viagero,
la senda en noche lóbrega perdida,
tanto del sol ansiaron la salida,
como impaciente el español espera
mirar la luz primera
que le reflexe el enemigo acero.
¡O que sed tan violenta
de tu sangre le abraza y atormenta...!
Ya en el campo de Marte sanguinoso
le hará ver que en España,
para vengar la afrenta
de Dios, del rey y de la patria santa,
cada hombre es un soldado,
y que cada soldado es un Pelayo,
cada pecho un broquel cada arma un rayo.
Dios santo y poderoso,
brazo virtud y gloria en la pelea,
tú que tocas el monte y luego humea,
tú que miras la tierra y se estremece,
toca y mira ese pueblo que en su gloria,
sin referirla a ti, se ensobervece.
Tú ó Dios, que á los humildes y á los mansos,
la posesion has dado de la tierra,
ay! no permitas que el varon de sangre
tu nación extermine,
ni que en la tierra toda desolada,
cubierto de cadáveres domine.
Antes tú, que quisiste
para santificar la justa guerra,
el Dios de los exércitos llamarte,
y en tu pueblo caudillos elegiste,
y su defensa y su victoria fuiste,
nuestro brazo conforta, y con tu aliento,
qual huracán violento
turba las huestes del perjuro bando
que las sagradas leyes quebrantando
de amor y de amistad y santa alianza,
á guerra nos provocan y á venganza.
Y tú, mi Musa, en tanto
que el mundo tiemble de furor y espanto,
y entre los fieros males
que preceden, que siguen, que acompañan
á la venganza, la ambición, vacila;
tú, mi Musa, pacífica y tranquila,
qual tímida paloma
que se esconde en su nido
la tempestad huyendo que ya asoma,
vendrás á guarecerte,
mientras lo exija mi destino incierto,
á la sombra del árbol del desierto.
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