Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

LA BATALLA DEL PICHINCHA

Agotadas nuestras fuerzas por dos derrotas en Huachi
Juntamos los esfuerzos de Paya, Albión y Yaguachi
Con los de Alto Magdalena, los Lanceros y Dragones,
Que con armas y caballos lucharon como leones.
Fue paralelo a Los Chillos que con una gran estrategia
Nos libramos de mosquetes escondidos en las ciénagas.
Y con bayoneta en mano libramos una batalla
De las más desiguales que se haya visto en pantalla.

Colombianos, Alto Peruanos, Argentinos, Venezolanos,
Neo Granadinos, Irlandeses, Franceses y Ecuatorianos
Nos transformamos en una fuerza de unión ultra Americana
Que traspasó las fronteras de la gran historia humana.

"¡Libertad!", gritaban desde sus rocines, los del Trujillo y del Paita,
"Que en las faldas del Pichincha aunque nos falte la calma,
Con los Granaderos de Los Andes construiremos el camino
De pueblos que sólo aceptan independiente destino."

Antonio José de Sucre, hombro a hombro con Abdón,
Ayudó a vengar la muerte del padre de Calderón.
Dos mil novecientos setenta y uno se convirtieron en uno,
Para ganar, con sangre, los derechos de cada uno.

Es preciso recordar la estrategia del Albión,
Que apareció, cual milagro, en la cumbre junto al sol.
Aymerich hubo de rendirse porque ni sus mosquetas
Desarmaron el coraje de nuestras bayonetas.

La Batalla del Pichincha abrió el paso a toda América
A disfrutar de dos cosas que todo ser humano espera:
Vivir libres, con justicia, con respeto y soberanos,
Cubiertos con la bandera del amor a los hermanos.

Autor del poema: Karina Gálvez

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LA INCERTIDUMBRE ES UNA MARGARITA

La incertidumbre es una margarita
cuyos pétalos no se terminan jamás
de deshojar.

Autor del poema: Mario Vargas Llosa

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NOCHE ESTRELLADA

El pueblo no existe
excepto donde un árbol de negra cabellera
se desliza como una mujer ahogada en el cálido cielo.
El pueblo permanece en silencio. La noche hierve con once estrellas.
¡Oh noche estrellada! Así es como
quiero morir.

Se mueve. Todas están vivas.
Incluso la luna se abulta en sus aceros anaranjados
para expulsar hijos, como un dios, de su ojo.
La vieja serpiente oculta se traga las estrellas.
¡Oh noche estrellada estrellada! Así es como
quiero morir:

dentro de esa bestia impetuosa de la noche,
succionada por el gran dragón, para escindirme
de mi vida sin bandera,
sin vientre,
sin llanto.

Autor del poema: Anne Sexton

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BALADILLA DE LOS TRES PUÑALES

He comprado tres puñales
para que me des la muerte...

El primero, indiferencia,
sonrisa que va y que viene
y que se adentra en la carne
como una rosa de nieve.

El segundo, de traición;
mi espalda ya lo presiente,
dejando sin primavera
un árbol de venas verdes.

Y el último acero frío,
por si valentía tienes
y me dejas, cara a cara,
amor, de cuerpo presente.

He comprado tres puñales
para que me des la muerte...

Autor del poema: Rafael de León

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¡ESCÚCHAME, SEÑOR!

Gracias te doy, oh Dios incomparable,
por tu Santa Palabra inmaculada,
en la cual me alumbró la llamarada
del fuego doctrinal del Admirable.

Salióme al paso en mi senda oscura
con todo su esplendor y su clemencia,
siendo mi Salvador por excelencia
al hacerme una nueva criatura.

Por eso en la hora sacrosanta
que sube mi oración Tu Trono,
recibe mi alabanza en el tono
que mi alma gozosa a Tí canta.

Hoy, al llegar la fecha señalada
en que cumplo, Señor, estos mis años,
olvidando los negros desengaños,
vivo en la paz de tu bondad sagrada.

Así, pues, apoyado en el glorioso
cayado del Mesías, del Ungido,
te diré con acento redimido
¡que sólo en Jesucristo soy dichoso!.

Autor del poema: Manuel Pérez del Busto

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EL VINO TRISTE (segunda versión)

Lo difícil es sentarse sin hacerse notar.
Lo demás viene por sí mismo. Tres tragos
y regresan las ganas de pensarlo a solas.
Se abre un fondo de zumbidos distantes,
toda cosa se pierde y resulta un milagro
haber nacido y mirar el vaso. El trabajo
(el hombre solo no puede no pensar en el
trabajo)
vuelve a ser el antiguo destino de que es bello
sufrir
para poder pensarlo. Después, los ojos miran
al vacío, dolientes, como agujeros ciegos.
Si este hombre se levanta y va a dormir a su
casa,
parece un ciego que perdió el camino.
Cualquiera
puede salir de una esquina y molerlo a golpes.
Puede surgir una mujer y tenderse en la calle,
joven y hermosa, bajo otro hombre, gimiendo
como en otro tiempo una mujer gemía con él.
Pero este hombre no mira. Se va a su casa a
dormir
y la vida no es más que un zumbido de silencio.
Desvestido, este hombre mostraría miembros
extenuados
y una cabellera brutal, alborotada. ¿Quién diría
que a este hombre lo recorren tibias venas
donde un tiempo la vida quemaba? Ninguno
creería que en otros tiempos una mujer acarició
ese cuerpo y lo besó, ese cuerpo tembloroso,
empapado de lágrimas, ahora que el hombre,
en su casa, intenta dormir sin lograrlo y gime.

Autor del poema: Cesare Pavese

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NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA BUENA NOCHE (incluido en la película Interstellar)

No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

Aunque los sabios entienden al final que la oscuridad es lo correcto,
Como a su verbo ningún rayo ha confiado vigor,
No entran dócilmente en esa buena noche.

Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola
Por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber danzado en una verde bahía,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,
Y advierten, demasiado tarde, la ofensa que le hacían,
No entran dócilmente en esa buena noche.

Y los hombres graves, que cerca de la muerte con la vista que se apaga
Ven que esos ojos ciegos pudieron brillar como meteoros y ser alegres,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Y tú, padre mio, allá en tu cima triste,
Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

Autor del poema: Dylan Thomas

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ERA UNA MAÑANA Y ABRIL SONREÍA

Era una mañana y abril sonreía.
Frente al horizonte dorado moría
la luna, muy blanca y opaca; tras ella,
cual tenue ligera quimera, corría
la nube que apenas enturbia una estrella.

Como sonreía la rosa mañana,
al sol del oriente abrí mi ventana;
y en mi triste alcoba penetró el oriente
en canto de alondras, en risa de fuente
y en suave perfume de flora temprana.
Fue una clara tarde de melancolía.
Abril sonreía. Yo abrí las ventanas
de mi casa al viento... El viento traía
perfumes de rosas, doblar de campanas...
Doblar de campanas lejanas, llorosas,
suave de rosas aromado aliento...
...¿Dónde están los huertos floridos de rosas?
¿Qué dicen las dulces campanas al viento?

Pregunté a la tarde de abril que moría:
—¿Al fin la alegría se acerca a mi casa?
La tarde de abril sonrió: —La alegría
pasó por tu puerta-y luego, sombría—:
Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.

Autor del poema: Antonio Machado

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SILENCIO DE ANGUSTIA

Tengo el desesperante silencio de la angustia
y el trino verde herido...
¿Por qué persiste el aire en no darme el sepulcro?
¿Por qué todas las músicas no se rompen
a un tiempo a recibir mi nombre?
-¡Ah, sí, mi nombre, que me vistió de niña
y que sabe el sollozo
que me enamora el alma!

Autor del poema: Julia de Burgos

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NUNCA

Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyectos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas…

Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente,
hombre con los que van por las colinas
hacia el jardín que siempre los repudia
hobre con los que buscan entre escombros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus manos
lo que jamás hereda un alma digna,
¡porque de todo cuanto el hombre ha hecho
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar su vida!

Autor del poema: Jaime Torres Bodet

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