Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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NUESTRA LIBERTAD
Nuestra libertad y su sostén cotidiano
tienen color de sangre
y están henchidos de sacrificio.
CUANDO DICEN
Cuando dicen que soy
demasiado viejo para hacer
una cosa,
procuro hacerla enseguida.
LA MAYOR DESGRACIA
La mayor desgracia de la
juventud actual
es ya no pertenecer a ella.
TODA REVOLUCIÓN SE EVAPORA
Toda revolución se evapora
y deja atrás una estela de burocracia.
MUCHAS VECES ES MÁS SEGURO
Muchas veces
es más seguro
estar encadenado que ser libre.
CONCÉNTRATE EN TODO LO BUENO...
Concéntrate en todo lo bueno que te pasa,
que a todos nos pasa mucho;
y no en las desgracias,
que a todos nos pasa alguna.
LA ILÍADA (FRAGMENTO)
- ¡Héctor! Eres reacio en seguir los pareceres ajenos. Porque un dios te ha dado esa superioridad en las cosas de la guerra, ¿crees que aventajas a los demás en prudencia? No es posible que tú solo lo reúnas todo. La divinidad a uno le concede que sobresalga en las acciones bélicas, a otro en la danza, al de más allá en la cítara y el canto, y el largovidente Zeus pone en el pecho de algunos un espíritu prudente que aprovecha a gran número de hombres, salva las ciudades y lo aprecia particularmente quien to posee. Pero voy a decir lo que considero más
conveniente. Alrededor de ti arde la pelea por todas partes; pero de los magnánimos troyanos que pasaron la muralla, unos se han retirado con sus armas, y otros, dispersos por las naves, combaten con mayor número de hombres. Retrocede y llama a los más valientes caudillos para deliberar si nos conviene arrojarnos a las naves, de muchos bancos, por si un dios nos da la victoria, o alejarnos de ellas antes que seamos heridos. Temo que los aqueos se desquiten de
lo de ayer, porque en las naves hay un varón incansable en la pelea, y me figuro que no se abstendrá de combatir.
DESPERTAR EN NUEVA YORK
Las cortinas imponen su voluntad
contra el viento,
los chicos duermen,
intercambiando sueños
con los serafines. La ciudad
se arrastra despierta por
los pasamanos del subte; y
yo, una alarma, despierta como
un rumor de guerra,
me estiro hasta el amanecer,
sin solicitar y desoída.
REDONDILLAS (FRAGMENTO)
Mil ocasiones hallamos
con las damas que queremos
y cuando más las tenemos
de cortos no las gozamos.
HAMBRE AZUL
Ensueño que estoy cenando
y que tu espalda es mi mesa,
acostada su blancura,
como en la playa te viera
nadando sobre la ola
o echada sobre la arena.
Mesa desnuda, sin nada
de mantel ni servilletas;
azucarada, olorosa,
pintada de miel de abeja
libada en los azahares
de la luna y las estrellas.
Mesa que en silencio siente,
y en silencio canta y reza,
y no dice una palabra,
y dice toda la ciencia;
abeja que pica el cielo;
luna que escarba la tierra.
Ave que raya el enigma
y con las alas abiertas,
por los siglos de los siglos,
de la nada al todo vuela,
y nada sabe de nada,
y todo lo sacramenta
con el óleo de los huevos
que en sus curvas cacarea
en las ondas de los nidos.
Mesa doctora en belleza,
en la ciencia de la gracia
y en la gracia de la ciencia;
y mesa, en fin, que en sus vuelos
sabe repechar la cuesta
que va de Newton al Dante,
del número a la quimera,
el infinito camino que hay
entre el cielo y la tierra.
Chorro de café que hirviendo
brinca de la cafetera,
se ve caer el rizado
chorro negro de tu trenza
sobre la espumosa leche
de la taza que se vuelca
y se derrama en tu nuca
y por tus hombros se riega.
¿Que la plata de tus nalgas
me brindará en sus bandejas?
En una, que rumbe y raje
el ronco ron de la tierra;
mientras la otra se me finge
digna de ser la bandeja
de la petenera copa
de Jerez de la Frontera.
Y en la planicie del talle,
que es el centro de la mesa,
el pan de Dios se me ofrece
al hambre azul que me incendia.
Al comerlo, así le grito
a la multitud de afuera:
No soy yo quien mata el hambre
esta noche en esta mesa;
no, hermanos; es nuestra especie
la que se cena esta cena;
toda nuestra especie humana
en su hambre de ser eterna.
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