Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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LAUDE

Celebremos al amor
como rey y gran señor.

A torrentes manan dél
toda luz y toda miel.
En sus labios toda hiel
da dulcísimo sabor

En la hoguera del sentir
consumamos el vivir,
pues se goza con morir,
si se muere por amor.

Autor del poema: Manuel González Prada

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EL ORÁCULO

Has ido una vez más hasta la orilla
y esta vez has mirado el horizonte
con la avidez del fugitivo.
Te has preguntado con tristeza
quién notaría en Ítaca tu ausencia:
el mar hacia el que siempre miras,
el cielo al que nunca preguntas,
la tierra que te espera segura.
Naturaleza impávida son tus vínculos.
¿Piensas ahora en destruirlos,
piensas en escapar negando
ese sendero que han formado tus pies?
Lo sientes, no lo piensas,
no se puede pensar la ruina.
Miras las aguas con premura:
con premura cansada.
Eres como un oráculo que no cree en el futuro.

Autor del poema: Francisca Aguirre

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EL BIEN

El bien no siempre conduce
a un buen final.
Es una verdad
reconocida por todos

Autor del poema: Jane Austen

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ORACIÓN DE NOCHEBUENA

Infante-Dios: el pálido bardo meditabundo
canta el advenimiento del divino tesoro,
y, ante quien da su vida al corazón del mundo,
ofrenda su plegaria -su mirra, incienso y oro-.

No por el que celebra la gloria de tu pascua
entre rubios hervores de cálido champaña,
ni por el alma frívola, ni por la boca de ascua
en que el sofisma teje sutil hebra de araña...

Por los huérfanos niños, los de padres ignotos,
que esperan el presente real en la ventana,
y sólo nieve encuentran en sus zapatos rotos,
a la rosada luz de la nueva mañana;

por esas pobres vírgenes que consume la anemia,
víctimas inocentes de paternales vicios;
y por los melenudos hijos de la Bohemia
en quienes ha ejercido Saturno maleficios;

por la novia que espera y espera eternamente,
la cimera de Orlando, el plumón de Amadís
o la voz de Romeo, hasta que un día siente
que un fúnebre enlutado la lleva dulcemente,
en su barquilla de ébano, a un remoto país;

Por los meditabundos hijos de la Sophia,
los hermanos de Fausto, que huyendo del contacto
mundanal, se lanzaron a la tiniebla fría
del Ser y del No-Ser, y sin luz y sin guía
perdiéronse en la noche suprema de lo Abstracto;

y por los vagabundos y por los atorrantes
que jamás conocieron la familiar dulzura,
por esos ignorados y tristes comediantes
de la tragicomedia de la Malaventura.

Por el que en dolorosas horas de su vigilia
toma por salvación el puñal o el veneno
y por el trotamundos sin pan y sin familia,
que inmoló a los sentidos cuanto en él era bueno;

por esos cuyos nombres son de marca de ludibrio
-almas patibularias, lívidos criminales-,
por esos cuya marcha de atroz desequilibrio
acompañan los siete Pecados Capitales;

y por el Metafísico incansable que sufre
de un obsesor problema el torcedor eterno,
que es peor que llevar la esclavina de azufre
que Satanás ofrece al malo en el Infierno;

Señor, y, sobre todo, por el triste Poeta,
en cuyo pecho vibra la perenne armonía,
por ese mago, dueño de la virtud secreta
de hacer de sus dolores luz, sueño y melodía;

por ellos mi oración llena de mansedumbre,
por ellos mirra, incienso y oro mis cantos den...
Vuelve tus ojos puros a aquella muchedumbre
y ábreles el tesoro de tus gracias. ¡Amén!

Autor del poema: Medardo Ángel Silva

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EL INGREDIENTE

No puedo precisar
el día en que llegaste a encantarme
hasta sentir el fuego
en todo el esplendor de los sabores.

Ninguna sensación ha sido múltiple
como esta de morderte
y ver salir el sol por la garganta.

Autor del poema: Violeta Luna

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ADONAÏS (FRAGMENTO)

I

Murió Adonais y por su muerte lloro.
Llorad por Adonais, aunque las lágrimas
no deshagan la escarcha que les cubre.
Y tú, su hora fatal, la que, entre todas,
fuiste elegida para nuestro daño,
despierta a tus oscuras compañeras,
muéstrales tu tristeza y di: conmigo
murió Adonais, y en tanto que el futuro
a olvidar al pasado no se atreva,
perdurarán su fama y su destino
como una luz y un eco eternamente.


II

Oh poderosa madre, ¿dónde estabas
cuando él murió, cuando cayó tu hijo
bajo las flechas que lo oscuro cruzan?
¿En dónde estaba la perdida Urania,
cuando él murió?... Con sus velados ojos
permanecía atenta entre los Ecos,
allá en su Edén… De nuevo vida daba
alguien, con suave y amoroso aliento,
a todas las marchitas melodías,
con las que, como flores que se mofan
del sepulto cadáver, adornaba
el futuro volumen de la muerte.


III

Llora por Adonais puesto que ha muerto.
Oh madre melancólica, despierta,
despierta y vela y llora todavía.
Apaga cerca de su ardiente lecho
tus encendidas lágrimas y deja
que tu clamante corazón, lo mismo
que el suyo, guarde un impasible sueño.
El cayó ya en el hueco a donde todo
cuanto hermoso y noble descendiera.
No sueñes, ay, que el amoroso abismo
te lo devuelva al aire de la vida.
Su muda voz la devoró la muerte,
que ahora se ríe al vernos sin consuelo.

Autor del poema: Percy Bysshe Shelley

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SOBRE EL AMOR

Encendido en los boscajes del tiempo, el amor
es deleitada sustancia. Abre
con hociquillo de marmota, senderos y senderos
inextricables. Es el camino de vuelta
de los muertos, el lugar luminoso donde suelen
resplandecer. Como zafiros bajo la arena
hacen su playa, hacen sus olas íntimas, su floración
de pedernal, blanca y hundiéndose
y volcando su espuma. Así nos dicen al oído: del viento
de la calma del agua, y del sol
que toca, con dedos ígneos y delicados
la frescura vital. Así nos dicen
con su candor de caracolas; así van devanándonos
con su luz, que es piedra, y que es principio con el agua, y es mar
de hondos follajes
inexpugnables, a los que sólo así, de noche,
nos es dado ver y encender.

Autor del poema: Coral Bracho

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ALABANZA AL ÁRBOL

Imposible sin ti la primavera,
los verdes paraísos terrenales.

Solicitud y celo, maternales.

Tu producto y tu sombra remunera
el trabajo del cuidado:
alta compensación, defensa umbría,
abogado fornido
del frescor en el estivo empedernido.

Corpulencia de Dios, sobre alegría,
ocupas de verdor la geografía,
robusteces el viento,
y a su corriente muda
imprimes voz, acento,
palabra de los cielos.

Naces con voluntad, no con ayuda;
vienes de Dios y a él surten tus anhelos.

La soledad tu vegetal criatura
acompaña y procura;
entibia el sol, después el cielo ambiente
hace habitable la temperatura
de maneras peores;
en la copa la luz más reluciente,
en lo interior más dulces sus ardores.

Debajo de tu amparo creosotado,
las batallas son paces,
el trabajo sosiego sosegado.

Agrupas a los hombres y los haces
hermanos en tu umbría.

La rotación del fruto, la alegría
del pájaro fomentas
y el bienestar y la salud de paso.

Si el aire tú no aventas,
si no estás tú en el aire de consuno,
sin movimiento alguno
se queda el aire raso.

Tienes fisonomía y sentimiento;
el sol te da tristeza
y las aguas contento.
¡Cúmulo de riqueza!.

En ti se asiste el agigantamiento
del tiempo y del paisaje.
Le diré al que te impide y te vulnera
¿qué maldición?, ¿qué ultraje>?

La inquisición obrera
está quemando, mártir de madera,
lo hermoso de tu vida;
¡qué imposibilidad ya de los abriles!

Te maltratan los viles
y tú, Dios los perfumas.

¿Donde pondrán su vuelo y su mirada
las brisas y las plumas?

¡Pobre júbilo umbrío!
Quid de los huertos y de los panoramas;
te perniquiebra el hacha con su frío,
con su calor las llamas.
Bautistas ya las ramas,
ya es poda los espacios forestales,
las savias manantiales,
por las frescas matrices
que abren ira y acero en la corteza,
interrumpen la acción de los frutales
y la circulación de las raíces.

El árbol esta hecho
para ocupar el mundo de provecho,
como el viento la rama de cantares.

Un bosque nos revelas e incorpora,
¡oh soledad sonora!
la majestad de Dios y de sus mares.

Hermano y campesino,
hay que extender la encina,
que propagar el pino,
fresco en el campo, ardiente en la cocina.

Vuelve a la educación del arbolado,
a la repoblación de la campaña.

¡Pódame un miembro a mí, pero no al prado!

Espúrgale alternado
el racimo y el piojo.
Cauteriza y restaña
con barro sus heridas del gorgojo.

En nombre de los bosques, yo maldigo
a quien toma venganza, árbol, contigo.

Autor del poema: Miguel Hernández

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UN AÑO

Vuelvo a contarme aquí mi vida
otra tarde de otoño
viejo de treinta y tres vueltas al sol.
Vuelvo a replegarme en esta silla
palpando su inocencia de madera
ahora que el año hace su estruendo
y me sacude fuerte, de raíz.
En la terraza inicio otro descenso
al infierno, al invierno.
Sangran en mí las hojas de los árboles.

Autor del poema: Eugenio Montejo

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EN LA ESTRELLADA NOCHE

En la estrellada noche de vibración tranquila
descorre ante mis ojos sus velos el arcano,
y al giro de los orbes en el cenit lejano
ante mi absorto espíritu la eternidad desfila.

Ávido de la pléyade que en el azul rutila,
sube con ala enorme mi Numen soberano,
y alta de ensueño, y libre del horizonte humano,
mi sien, como una torre, la inmensidad vigila.

Mas no se sacia el alma con la visión del cielo:
cuando en la paz sin límites al Cosmos interpelo,
lo que los astros callan mi corazón lo sabe;

y luego una recóndita nostalgia me consterna
al ver que ese infinito, que en mis pupilas cabe,
es insondable al vuelo de mi ambición eterna.

Autor del poema: José Eustasio Rivera

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