Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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EPITAFIO DE UN MUCHACHO MUERTO EN ABRIL

MURIÓ. ¡Más no lloradlo!
¿No vuelve abril, cada año,
desnudo, en flor, cantando,
en su caballo blanco?

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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EL INGENUO

Cada aurora -nos dicen- maquina maravillas
capaces de torcer la más terca fortuna;
hay pisadas humanas que han medido la luna
y el insomnio devasta los años y las millas.

En el azul acechan públicas pesadillas
que entenebran el día. No hay en el orbe una
cosa que no sea otra, o contraria, o ninguna.
A mí sólo me inquietan las sorpresas sencillas.

Me asombra que una llave pueda abrir una puerta,
me asombra que mi mano sea una cosa cierta,
me asombra que del griego la eleática saeta

instantánea no alcance la inalcanzable meta,
me asombra que la espada cruel pueda ser hermosa,
y que la rosa tenga el olor de la rosa.

Autor del poema: Jorge Luis Borges

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LA SUPERVIVIENTE

Me habita un cementerio
me he ido haciendo vieja
aquí
al lado de mis muertos.
no necesito amigos
me da miedo querer porque he querido a muchos
y a todos los perdí en la guerra.

Me basta con mi pena.
Ella me ayuda a vivir estos amaneceres blancos
estas noches desiertas
esta cuenta incesante de las pérdidas.

Autor del poema: Ana María Rodas

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MATERNIDAD

Un arrullo de sangre por las venas.
Un cansancio de luz en las pupilas,
un escozor de ala en las axilas
y en la carne un preludio de azucenas.

Un lento madurar de horas y penas,
sordo río de noches intranquilas,
y en el simple silencio en que te exilias,
buscar los senos y encontrar colmenas.

Sentir más cerca la razón del nido.
Pulsar toda la espera en un latido,
analizar la curva en las corolas,

y escuchar que tu angustia se convierte
en un llanto que triunfa de la muerte
sobre un encendimiento de amapolas.

Autor del poema: Jorge Robledo Ortiz

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LAS DESIERTAS ABARCAS (POR EL CINCO DE ENERO)

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Autor del poema: Miguel Hernández

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ÚLTIMAS PALABRAS

No quiero una caja sencilla, quiero un sarcófago
de atigradas rayas y un rostro pintado, redondo
como la luna, que mire, quiero
estar mirándolo cuando lleguen, escogiendo
entre minerales mudos, raíces. Véolos
ya: los pálidos, astralmente distantes rostros.
Ahora no son nada, no son siquiera criaturas.
Imagínolos huérfanos, como los primeros dioses,
de padre y madre, se preguntarán si tuve importancia
¡Debí haber preservado mis días, como frutos, en azúcar!
Mi espejo se empaña:
unos pocos hálitos, y no reflejará ya nada.
Las flores y los rostros blanqueantes cual sábanas.

No confío en el espíritu. Huye como vapor en mis sueños,
por la boca o los ojos. No puedo impedírselo.
Un día se irá para no volver. Así no son las cosas.
Permanecen, sus luces idóneas se calientan
en mis manos frecuentes. Ronronean casi.
Cuando se enfrían las suelas de mis pies, los ojos azules,
mi turquesa, me darán solaz. Déjame
mis cacharros de cobre, déjame los cacharros de afeites,
que florezcan en torno a mí como flores nocturnas, aromáticas.
Me envolverán en vendas, almacenarán mi corazón
bajo mis pies, bien envuelto.
Conoceréme a mí misma. Seré noche
y el relucir de tantas cosas será más dulce que el rostro de Istar.

Autor del poema: Sylvia Plath

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ANTRO

¿Cómo, Cosa, así... vacía,
A cima de espina y pena,
Como ninguna... serena:
Deshumana todavía?
¿Dónde el dios y su agonía...
Dónde la tumba y la esposa!...
Dónde la lengua gloriosa!...
Dónde el azar que a ti se eche!...
Dónde la sangre y la leche!...
Dónde, Capullo de Rosa?...

Autor del poema: Martín Adán

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MAR

Mira el
Azul del agua y sus
Reflejos


Un acróstico esconde un mensaje que surge al extraer la primera letra de cada verso o línea. En este caso puede leerse "Mar".

También existen otros poemas en los que el acróstico se forma al extraer la última letra o la letra media de cada verso.

Autor del poema: Anónimo

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CANTAR (EL SOLDADO DESCONOCIDO)

Mar del Norte, Mar del Norte,
si en ti me ahogo,
lávame los sudores,
mátame todos los piojos,
déjame la carne blanca
y los cabellos de oro!

Que va a venir a tus playas
para buscarme, la novia:
¡No quieras que me tenga asco
cuando me bese la boca!

Mar del Norte, Mar del Norte,
si en ti me ahogo,
haz de cuenta que te han echado

un manojo de heliotropos,
¡qué blanca tengo la carne
y los cabellos de oro!

Carne blanca que antes era
promesa para mi novia. . .
¡No quieras que me tenga asco
cuando me bese la boca!

Autor del poema: Salomón de la Selva

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QUE NO ARRANQUEN LOS COCHES

Que no arranquen los coches
Que se detengan todas las factorías
Que la ciudad se llene de largas noches
Y calles frías
Que se enciendan las velas
Que cierren los teatros y los hoteles
Que se queden dormidos los centinelas
En los cuarteles.

Autor del poema: Joaquín Sabina

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