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HANDS!...HANDS!...

No podía ser…
En el tumulto
De brazos chamuscados de gritos,
Nadie veía que no podía ser
“Mano!,”
De aquel jugador que era un cuadrúpedo
Casi “sin metáfora”.–

Autor del poema: Bernardo Canal Feijóo

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LA MENTIRA

Vuelan fronteras de un país
cuyo falso centro está en nosotros
que quién sabe dónde estemos.
El norte está en el sur,
este y oeste se confunden,
el sur se pierde entre la bruma
y dentro lo más vivo es la mentira.

¿Quién no tiene un cachorro de mentira?
¿Quién no le da su fiesta acostumbrada,
lo impone en campo imaginario?
¿Quién no draga o airea
su mínima mentira, sea gris o grandiosa,
y la lleva
donde los pájaros, las mariposas vuelan,
verdaderos, cada uno a lo suyo?

Y cuántos
celan la mentira del otro
mientras sin malicia los mira
la honestísima muerte.

Autor del poema: Ida Vitale

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MORADA AL SUR

-I-

En las noches mestizas que subían de la hierba,
jóvenes caballos, sombras curvas, brillantes,
estremecían la tierra con su casco de bronce.
Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro.

Después, de entre grandes hojas, salía lento el mundo.
La ancha tierra siempre cubierta con pieles de soles.
(Reyes habían ardido, reinas blancas, blandas,
sepultadas dentro de árboles gemían aún en la espesura).

Miraba el paisaje, sus ojos verdes, cándidos.
Una vaca sola, llena de grandes manchas,
revolcada en la noche de luna, cuando la luna sesga,
es como el pájaro toche en la rama, "llamita", "manzana de miel".

El agua límpida, de vastos cielos, doméstica se arrulla.
Pero ya en la represa, salta la bella fuerza,
con majestad de vacada que rebasa los pastales.
Y un ala verde, tímida, levanta toda la llanura.

El viento viene, viene vestido de follajes,
y se detiene y duda ante las puertas grandes,
abiertas a las salas, a los patios, las trojes.
Y se duerme en el viejo portal donde el silencio
es un maduro gajo de fragantes nostalgias.

Al mediodía la luz fluye de esa naranja,
en el centro del patio que barrieron los criados.
(El más viejo de ellos en el suelo sentado,
su sueño, mosca zumbante sobre su frente lenta).

No todo era rudeza, un áureo hilo de ensueño
se enredaba a la pulpa de mis encantamientos.
Y si al norte el viejo bosque tiene un tic-tac profundo,
al sur el cuervo viento trae franjas de aroma.

(Yo miro las montañas. Sobre los largos muslos
de la nodriza, el sueño me alarga los cabellos).

-II-

Y aquí principia, en este torso de árbol,
en este umbral pulido por tantos pasos muertos,
la casa grande entre sus frescos ramos.
En sus rincones ángeles de sombra y de secreto.

En esas cámaras yo vi la faz de la luz pura.
Pero cuando las sombras las poblaban de musgos,
allí, mimosa y cauta, ponía entre mis manos,
sus lunas más hermosas la noche de las fábulas.

*

Entre años, entre árboles, circuida
por un vuelo de pájaros, guirnalda cuidadosa,
casa grande, blanco muro, piedra y ricas maderas,
a la orilla de este verde tumbo, de este oleaje poderoso.

En el umbral de roble demoraba,
hacia ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito,
el alto grupo de hombres entre sombras oblicuas,
demoraba entre el humo lento alumbrado de remembranzas:

Oh voces manchadas del tenaz paisaje, llenas
del ruido de tan hermosos caballos que galopan bajo asombrosas ramas.

Yo subí a las montañas, también hechas de sueños,
yo ascendí, yo subí a las montañas donde un grito
persiste entre las alas de palomas salvajes.

*

Te hablo de días circuidos por los más finos árboles:
te hablo de las vastas noches alumbradas
por una estrella de menta que enciende toda sangre:

te hablo de la sangre que canta como una gota solitaria
que cae eternamente en la sombra, encendida:

te hablo de un bosque extasiado que existe
sólo para el oído, y que en el fondo de las noches pulsa
violas, arpas, laúdes y lluvias sempiternas.

Te hablo también: entre maderas, entre resinas,
entre millares de hojas inquietas, de una sola hoja:

pequeña mancha verde, de lozanía, de gracia,
hoja sola en que vibran los vientos que corrieron
por los bellos países donde el verde es de todos los colores,
los vientos que cantaron por los países de Colombia.

Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto a cielos
que tiemblan temerosos entre alas azules:

te hablo de una voz que me es brisa constante,
en mi canción moviendo toda palabra mía,
como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan dulcemente,
toda hoja, noche y día, suavemente en el sur.

-III-

En el umbral de roble demoraba,
hacia ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito,
un viento ya sin fuerza, un viento remansado
que repetía una yerba antigua, hasta el cansancio.

Y yo volvía, volvía por los largos recintos
que tardara quince años en recorrer, volvía.

Y hacia la mitad de mi canto me detuve temblando,
temblando temeroso, con un pie en una cámara
hechizada, y el otro a la orilla del valle
donde hierve la noche estrellada, la noche
que arde vorazmente en una llama tácita.

Y a la mitad del camino de mi canto temblando
me detuve, y no tiembla entre sus alas rotas,
con tanta angustia, una ave que agoniza, cual pudo,
mi corazón luchando entre cielos atroces.

-IV-

Duerme ahora en la cámara de la lanza rota en las batallas.
Manos de cera vuelan sobre tu frente donde murmuran
las abejas doradas de la fiebre, duerme.
El río sube por los arbustos, por las lianas, se acerca,
y su voz es tan vasta y su voz es tan llena.
Y le dices, repites: ¿Eres mi padre? Llenas el mundo
de tu aliento saludable, llenas la atmósfera.
-Soy el profundo río de los mantos suntuosos.
Duerme quince años fulgentes, la noche ya ha cosido
suavemente tus párpados, como dos hojas más, a su follaje negro.

*

No eran jardines, no eran atmósferas delirantes. Tu te acuerdas
de esa tierra protegida por una ala perpetua de palomas.
Tantas, tantas mujeres bellas, fuertes, no, no eran
brisas visibles, no eran aromas palpables, la luz que venía
con tan cambiantes trajes, entre linos, entre rosas ardientes.
¿Era tu dulce tierra cantando, tu carne milagrosa, tu sangre?

*

Todos los cedros callan, todos los robles callan.
Y junto al árbol rojo donde el cielo se posa,
hay un caballo negro con soles en las ancas,
y en cuyo ojo líquido habita una centella.
Hay un caballo, el mío, y oigo una voz que dice:
"Es el potro más bello en tierras de tu padre".

*

En el umbral gastado persiste un viento fiel,
repitiendo una sílaba que brilla por instantes.
Una hoja fina aún lleva su delgada frescura
de un extremo a otro extremo del año.
"Torna, torna a esta tierra donde es dulce la vida".

-V-

He escrito un viento, un soplo vivo
del viento entre fragancias, entre hierbas
mágicas; he narrado
el viento; sólo un poco de viento.

Noche, sombra hasta el fin, entre las secas
ramas, entre follajes, nidos rotos -entre años-
rebrillaban las lunas de cáscara de huevo,
las grandes lunas llenas del silencio y del espanto.

Autor del poema: Aurelio Arturo

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LOS POETAS

¡Oh, Diosa, á quien rendidos adoramos,
Erato: mira que Natura encubre
la azul mirada y hálito insalubre
el aire emponzoñó que respiramos!

Ya la miel de las vides no gustamos,
"que en pos llevó los pámpanos Octubre . . ."
¡Qué estrépito el del cielo que nos cubre!
¡Qué amargor el del mar en que bogamos!

El índico pastor con sus tañidos
nuestro organismo quebrantado ensalma
y trueca en oración nuestros gemidos.

¡Ay! déjanos llevar, en triste calma,
una gota de miel en los oídos,
una gota de miel dentro del alma . . .

Autor del poema: Manuel José Othón

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RUN RUN SE FUE PA'L NORTE

En un carro de olvido
Antes del aclarar
De una estación del tiempo
Decidido a rodar
Run Run se fue pa'l norte
No sé cuándo vendrá
Vendrá para el cumpleaños
De nuestra soledad

A los tres días carta
Con letras de coral
Me dice que su viaje
Se alarga más y más
Se va de Antofagasta
Sin dar una señal
Y cuenta una aventura
Que paso a deletrear
¡Ay, ay, ay, de mí!

Al medio de un gentío
Que tuvo que afrontar
Un trasbordo por culpa
Del último huracán
En un puente quebrado
Cerca de Vallenar
Con una cruz al hombro
Run Run debió cruzar

Run Run siguió su viaje
Llegó a Tamarugal
Sentado en una piedra
Se puso a divagar
Que sí, que esto, que lo otro
Que nunca, que además
Que la vida es mentira
Que la muerte es verdad
¡Ay, ay, ay, de mí!

La cosa es que una alforja
Se puso a trajinar
Sacó papel y tinta
Y un recuerdo quizás
Sin pena ni alegría
Sin gloria ni piedad
Sin rabia ni amargura
Sin hiel ni libertad

Vacía como el hueco
Del mundo terrenal
Run Run mandó su carta
Por mandarla no más
Run Run se fue pa'l norte
Yo me quedé en el sur
Al medio hay un abismo
Sin música ni luz
¡Ay, ay, ay, de mí!

El calendario afloja
Por las ruedas del tren
Los números del año
Por el filo del riel
Más vueltas dan los fierros
Más nubes en el mes
Más largos son los rieles
Más agrio es el después

Run Run se fue pa'l norte
¡Qué le vamos a hacer!
Así es la vida entonces
Espinas de Israel
Amor crucificado
Coronas del desdén
Los clavos del martirio
El vinagre y la hiel
¡Ay, ay, ay, de mí!

Autor del poema: Violeta Parra

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EL DESIERTO DE ATACAMA (IV)

I. El Desierto de Atacama son puros pastizales.

II. Miren a esas ovejas correr sobre los pastizales del
desierto.

III. Miren a sus mismos sueños balar allá sobre esas
pampas infinitas

IV. Y si no se escucha a las ovejas balar en el Desierto
de Atacama nosotros somos entonces los pastizales
de Chile para que en todo el espacio en todo el mundo
en toda la patria se escuche ahora el balar de nuestras
propias almas sobre esos desolados desiertos miserables.

Autor del poema: Raúl Zurita

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LAS PLAYAS DE CHILE (IV)

Celestes clavaron esos cielos:
Usted era apenas el horizonte
en las playas de este calvario


i. Las playas de Chile fueron horizontes y calvarios:

desnudo Usted mismo se iba haciendo un cielo sobre esas
costas de nadie


ii. Por eso las cruces también se llamaron playas de Chile:
remando esos botes se acercaron a ellas pero sin dejar
estelas en el agua sino sólo el cielo que soñaron
celeste constelándose sobre esas miserias


iii. Por eso ni los pensamientos sombrearon las cruces de este
calvario donde es Usted el cielo de Chile desplegándose
sobre esas miserias inmenso constelado en toda
la patria clavándoles un celeste de horizonte en los ojos

Autor del poema: Raúl Zurita

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LA MARCHA DE LAS CORDILLERAS

i. Y allí comenzaron a moverse las montañas


ii. Estremecidas y blancas ah sí blancas son las heladas
cumbres de los Andes


iii. Desligándose unas de otras igual que heridas que se
fueran abriendo poco a poco hasta que ni la nieve
las curara


iv. Y entonces erguidas como si un pensamiento las
moviese desde los mismos nevados desde las mismas
piedras desde los mismos vacíos comenzaron su
marcha sin ley las impresionantes cordilleras de Chile

Autor del poema: Raúl Zurita

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TEMA DE MUJER Y MANZANA (A NICANOR PARRA)

Una mujer mordía una manzana.
Volaba el tiempo sobre los tejados.
La primavera, con sus largas piernas,
huía riendo como una muchacha:
Una mujer mordía una manzana.
Bajo sus pies nacía el agua pura.
Un sol, secreto sol, la maduraba
con su fuego alumbrándola por dentro.
En sus cabellos comenzaba el aire.
Verde y rosa la tierra era en su mano.
La primavera alzaba su bandera
de irrefutable azul contra la muerte.
Una mujer mordía una manzana.
Subiendo, azul, una vehemente savia
entreabría su mano y circulaban
por su cuerpo los peces y las flores.
Gimiendo desde lejos, la buscaba
—bajo el testuz de azahares coronado—
el viento como un toro transparente.
La llama blanca de un jazmín ardía.
Y el mar, la mar del sur, la mar brillaba
igual que el rostro de la enamorada.
Una mujer mordía una manzana.
Las estrellas de Homero la miraban.
Volaba el tiempo sobre los tejados.
Huía un tropel de bestias azuladas.
Desde el principio, y por siempre jamás,
una mujer mordía una manzana.
Mi corazón sentía oscuramente
que algo suyo brillaba en esos dientes.
Mi corazón, que ha sido y será tierra.

Autor del poema: Eduardo Carranza

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AUTORRETRATO

Mentira:
el perfume
la voz
el encaje
la mujer de plástico
flor y ángel.

Verdad:
esqueleto y piel
angustia
pensamiento
eterna herida
inacabada.

Autor del poema: Carmen Matute

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