Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

CURAR

Curar es tocar con amor
lo que antes fue tocado con miedo.

Autor del poema: Defreds

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LA ACACIA EN FLOR

Entre
verdes

ramas
tiesas
viejas

tersas
rotas
vuelve

blanco
dulce
mayo

Autor del poema: William Carlos Williams

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MUJER EN CAMISA

Te amo así, sentada,
con los senos cortados y clavados en el filo,
como una transparencia,
del espaldar de la butaca rosa,
con media cara en ángulo,
el cabello entubado de colores,
la camisa caída
bajo el atornillado botón saliente del ombligo,
y las piernas,
las piernas confundidas con las patas
que sostienen tu cuerpo
en apariencia dislocado,
adherido al journal que espera la lectura.
Divinamente ancha, precisa, aunque dispersa,
la belleza real
que uno quisiera componer cada noche.

Autor del poema: Rafael Alberti

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MEDIODÍA ALPINO

En el círculo de los Alpes
sobre el granítico retorcido y desangrado
entre las nieves candescentes
reina parado
intenso e infinito en su amplio silencio el mediodía.
Pinos y abetos blancos
sin el aliento de los vientos
se elevan al sol que sereno los mira
y un pájaro canta
con frágiles sonidos de lira
el agua que lentamente entre las rocas camina.

Autor del poema: Giosuè Carducci

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EL ALMA DEL VINO

Cantó una noche el alma del vino en las botellas:
«¡Hombre, elevo hacia ti, caro desesperado,
Desde mi vítrea cárcel y mis lacres bermejos,
Un cántico fraterno y colmado de luz!»

Sé cómo es necesario, en la ardiente colina,
Penar y sudar bajo un sol abrasador,
Para engendrar mi vida y para darme el alma;
Mas no seré contigo ingrato o criminal.

Disfruto de un placer inmenso cuando caigo
En la boca del hombre al que agota el trabajo,
y su cálido pecho es dulce sepultura
Que me complace más que mis frescas bodegas.

¿Escuchas resonar los cantos del domingo
y gorjear la esperanza de mi jadeante seno?
De codos en la mesa y con desnudos brazos
Cantarás mis loores y feliz te hallarás;

Encenderé los ojos de tu mujer dichosa;
Devolveré a tu hijo su fuerza y sus colores,
Siendo para ese frágil atleta de la vida,
El aceite que pule del luchador los músculos.

Y he de caer en ti, vegetal ambrosía,
Raro grano que arroja el sembrador eterno,
Porque de nuestro amor nazca la poesía
Que hacia Dios se alzará como una rara flor!»

Autor del poema: Charles Baudelaire

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SONETO XL

Era verde el silencio, mojada era la luz,
temblaba el mes de Junio como una mariposa
y en el austral dominio, desde el mar y las piedras,
Matilde, atravesaste el mediodía.

Ibas cargada de flores ferruginosas,
algas que el viento sur atormenta y olvida,
aún blancas, agrietadas por la sal devorante,
tus manos levantaban las espigas de arena.

Amo tus dones puros, tu piel de piedra intacta,
tus uñas ofrecidas en el sol de tus dedos,
tu boca derramada por toda la alegría,

pero, para mi casa vecina del abismo,
dame el atormentado sistema del silencio,
el pabellón del mar olvidado en la arena.

Autor del poema: Pablo Neruda

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DEDICATORIA

La tierra estaba seca.
No había ríos ni fuentes.
Y brotó de tus ojos
el agua, toda el agua.

Autor del poema: Luis Alberto de Cuenca

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DEL QUE SABÍA EL ORIGEN DE LOS POLLOS

Un restaurante nuevo y bien montado
prosperó por la idea original
de anunciar de manera habitual:
Pollos de cualquier granja del Estado.

Un tipo pecosillo y remilgado,
experto en pollos y aves de corral,
entró para comer en el hostal
y ver si era verdad lo divulgado.

Sentóse en una mesa retirada
y, en cuanto se acercó el buen camarero:
"Nada de carta -dijo el pinturero-,
me va a servir un pollo de Igualada.
Pero tráigalo crudo y todo entero;
quiero ver si es correcta la nidada."

El probo camarero, aunque se extraña
al oír que le piden pollo crudo,
no pierde la mesura. Mas no es mudo
y pregona el encargo de esta maña:

"Marchándome un pollito de Igualada,
ni asado, ni al ajillo, ni en salsita,
lo quiero casi vivo y con crestita,
entero y en porretas. ¡Casi nada!"

El jefe de cocina toma nota y saca
de una caja un pollo entero.
"Aquí lo tienes, muerto y en pelota

-le dice con guasita al camarero-.
A ver si se le ofrece al caballero
que se lo sirva al horno en papíllota."

El camarero coge el encarguito
y lo lleva solicito al cliente:
"su pollo, caballero. Estoy pendiente
de si lo quiere, asado, en salsa, frito..."

"Aguarde, camarero, un momentito
que compruebe el origen del paciente."
Dicho esto, introduce suavemente el dedo
en el trasero del pollito.

"Camarero, este pollo es de Vallecas,
lo noto por el tacto del trasero,
y yo he pedido un pollo de Igualada."

"Vaya con el maromo de las pecas.
A ver qué dice ahora el cocinero
del origen del pollo y la pollada."

El jefe de cocina, mosqueado,
verifica el origen de aquel pollo:
Procedencia Vallecas ¡Vaya rollo!
¿Será casualidad que haya acertado?

Luego le sirven otro, y otro y nada.
El pecas acertó la procedencia
valiéndose del dedo como ciencia:
"Es pollo de Jaén, de Ponferrada.." .

Un cliente borracho y apenado,
testigo del asunto del pollito,
le dijo balbuciente al entendido:

"Tres noches y tres días he pasado
buscando a mi familia. ¡Me he perdido!
¿Podría usted probar con el dedito?"

Autor del poema: R.Redoli

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PRELUDIO

Esa palabra que jamás asoma
a tu idioma cantado de preguntas,
esa, desfalleciente,
que se hiela en el aire de tu voz,
sí, como una respiración de flautas
contra un aire de vidrio evaporada,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
en esta exangüe bruma de magnolias,
en esta nimia floración de vaho
que —ensombrecido en luz el ojo agónico
y a funestos pestillos
anclado el tenue ruido de las alas—
guarda un ángel de sueño en la ventana.
¡Qué muros de cristal, amor, qué muros!
Ay ¿para qué silencios de agua?
Esa palabra, sí, esa palabra
que se coagula en la garganta
como un grito de ámbar
¡Mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
Mira que, noche a noche, decantada
en el filtro de un áspero silencio,
quedóse a tanto enmudecer desnuda,
hiriente e inequívoca
—así en la entraña de un reloj la muerte,
así la claridad en una cifra—
para gestar este lenguaje nuestro,
inaudible,
que se abre al tacto insomne
en la arena, en el pájaro, en la nube,
cuando negro de oráculos retruena
el panorama de la profecía.
¿Quién, si ella no,
pudo fraguar este universo insigne
que nace como un héroe en tu boca?
¡Mírala, ay, tócala,
mírala ahora,
incendiada en un eco de nenúfares!
¿No aquí su angustia asume la inocencia
de una hueca retórica de lianas?
Aquí, entre líquenes de orfebrería
que arrancan de minúsculos canales
¿no echó a tañer al aire
sus cándidas mariposas de escarcha?
Qué, en lugar de esa fe que la consume
hasta la transparencia del destino
¿no aquí —escapada al dardo
tenaz de la estatura—
se remonta insensata una palmera
para estallar en su ficción de cielo,
maestra en fuegos no,
mas en puros deleites de artificio?
Esa palabra, sí, esa palabra,
esa, desfalleciente,
que se ahoga en el humo de una sombra,
esa que gira —como un soplo— cauta
sobre bisagras de secreta lama,
esa en que el aura de la voz se astilla,
desalentada,
como si rebotara
en una bella úlcera de plata,
esa que baña sus vocales ácidas
en la espuma de las palomas sacrificadas,
esa que se congela hasta la fiebre
cuando no, ensimismada, se calcina
en la brusca intemperie de una lágrima,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
¡mírala, ausente toda de palabra,
sin voz, sin eco, sin idioma, exacta,
mírala cómo traza
en muros de cristal amores de agua!

Autor del poema: José Gorostiza

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CIÉGATE PARA SIEMPRE

Ciégate para siempre:
también la eternidad está llena de ojos-
allí
se ahoga lo que hizo caminar a las imágenes
al término en que han aparecido,
allí
se extingue lo que del lenguaje
también te ha retirado con un gesto,
lo que dejabas iniciarse como
la danza de dos palabras sólo hechas
de otoño y seda y nada.

Autor del poema: Paul Celan

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