Poemas 

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VACILACIÓN

Esa que amo tiene grandes ojos
bajo las castañas pupilas;
Esa que amo bajo los Cielos
es bella entre las bellas.
Ella brilla, embellece mis días,
¡Oh! si estuviera allá,
mi Dios, me gustaría verla siempre
Esa que amo.

Esa que amo, es muy dulce verla,
es dulce escucharla;
Su mirada fija en el corazón la esperanza
que su voz hace comprender.
¿Será para mí todo su amor,
para mí solo, para mí mismo?
Si amo, es que la veo
esa que amo.

Cerca de ella, ¡ay! siento
una dulce emoción
Ausente, hacia ella en mis sentidos
algo me empuja.
Para mí en el fondo de su corazón
si fuese de la misma manera
¿Le daría una mirada extraviada?
Esa que amo

Esa que amo, ¡ay! ¡Ay!
Cuando sea su turno, ¿me amará?
No lo sé; no le he dicho
que su ojo brilla.
¿Es para mí que brilla así?
¡Felicidad suprema!...
Además, ¿lo enciende ella también?
Esa que amo
si burlando mi inocencia
por su hipocresía,
¡Se sirve de su belleza
Para quitarme mi vida!
¿Su corazón podrá ser así de negro?
¡Oh! ¡No, esa es una blasfemia!
¡Un blasfemo!... no hace falta más que ver
Esa que amo.

No, no, amor, amor en nosotros
porque al hacerte mujer,
Dios, le doy mi agradecimiento de rodillas,
te di mi alma.
¡Corre! me uno a tus pasos
En mi extremo ardor...
Quizás, no me ame,
Esa que amo.

Autor del poema: Julio Verne

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AL FINAL

Al final,
solo se tiene lo
que se ha dado.

Autor del poema: Isabel Allende

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RUEGO

Déjame reposar en tu regazo
el corazón, donde se encuentra impreso
el cálido perfume de tu beso
y la presión de tu primer abrazo.

Caí del mal en el potente lazo,
pero a tu lado en libertad regreso,
como retorna un día el cisne preso
al blando nido del natal ribazo.

Quiero en ti recobrar perdida calma
y rendirme en tus labios carmesíes,
o al extasiarme en tus pupilas bellas,

sentir en las tinieblas de mi alma
como vago perfume de alelíes,
como cercana irradiación de estrellas.

Autor del poema: Julián del Casal

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AYOTZINAPA

Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras

Los muertos tienen manos

Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable

Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó

Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes

Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía

El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país

Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos

Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto

Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer

Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río

Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa

Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos

Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido.

Autor del poema: David Huerta

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ENDYMION

Una cosa bella es un goce eterno:
Su hermosura va creciendo
Y jamás caerá en la nada;
Antes conservará para nosotros
Un plácido retiro,
Un sueño lleno de dulces sueños,
La salud, un relajado alentar.
Así, cada mañana trenzamos una
Guirnalda de flores que nos ata a la tierra,
A pesar del desaliento, a la inhumana
Falta de naturalezas nobles,
A los días nublados,
A todos los caminos insanos y lóbregos
Abiertos a nuestra búsqueda:
Si, pese a todo, alguna bella forma
Alza el paño mortuorio
De nuestro espíritu ensombrecido.
Como el sol, la luna, los árboles ancianos y los nuevos
Tendiendo su sombra cálida sobre los rebaños;
Como también los narcisos
Y el universo verde en el que moran,
Y los claros arroyos que fluyendo
Frescos hacia el estío,
Y el claro en medio del bosque
Manchado de rosas silvestres;
Y así el sublime destino
Que imaginamos para los grandes muertos;
Todos los deliciosos cuentos que oímos o leímos:
Fuente eterna de una linfa inmortal
Que cae sobre nosotros desde la orilla del cielo.

Autor del poema: John Keats

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UNA FRÍA MAÑANA

Pienso en la fría mañana en que te fui a ver,
allá donde La Habana quiere irse en busca del campo,
allá en tu suburbio claro.
Yo con mi botella de ron
y el libro de mis poemas en alemán,
que al fin te regalé.
(¿O fue que te quedaste con él?)

Perdóname, pero aquel día
me pareciste una niñita sola,
o quizás un pequeño gorrión mojado.
Tuve ganas de preguntarte:
¿Y tu nido? ¿Y tus padres?
Pero no habría podido.
Desde el abismo de tu blusa,
como dos conejillos caídos en un pozo,
me ensordecían tus senos con sus gritos.

Autor del poema: Nicolás Guillén

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ITALIA MÍA, AUNQUE EL HABLAR SEA VANO (CANCIONERO)

Italia mía, aunque el hablar sea vano
a las llagas mortales
que veo en tu bello cuerpo dolorido,
quiero al menos que sean mis quejas tales
cual pide Arno toscano,
y Tibre y Po, donde hoy lloroso anido,
Señor cortés, te pido
que la piedad que te condujo a tierra
te vuelva aquí a tu amado y almo suelo;
verás, Rector del cielo,
por qué liviana causa hay cruda guerra.
Los pechos que arde y cierra
fiero y soberbio Marte,
ábralos tu Piedad, Señor, y apague;
y en ellos, aun sin arte,
haz que mi lengua tu Verdad propague.

Vosotros, a quien dio Fortuna el freno
de esta Italia granada,
por la que compasión ninguna os pliega,
¿qué hace aquí tanta extranjera espada?
¿Por qué el verde terreno
con la sangre barbárica se riega?
Un vano error os ciega;
veis poco, y os creéis ver demasiado,
pues en mano venal buscáis fe ardiente;
y cuanta es más la gente
más del rival es cada cual cercado.
¡Oh diluvio engendrado
de desiertos lejanos
para inundar nuestra campiña opima!
Si esto hacen nuestras manos
¿quién habrá que nos salve y nos redima?

Le dio Naturaleza a nuestro estado,
haciendo el Alpe escudo,
defensa ante la cólera germana;
mas ciego afán contra su bien tal pudo,
que luego ha procurado
que el sano cuerpo estrague sarna insana.
En esta jaula, hircana
fiera salvaje y grey mansa e incruenta
de modo están que siempre el mejor gime;
y, porque más lastime,
viene este mal de gente a ley no atenta,
a quien, como se cuenta,
abrió tal Mario el flanco
que aún vive la memoria de su brío,
cuando, en cansancio franco,
sangre fue el agua que bebió del río.

De César callo, quien de todo prado
bañó en sangre la hierba,
allá donde su hueste el pie ponía,
Hoy parece, ¡oh estrella ahora proterva!,
que a Dios damos enfado:
vosotros ved, pues tanto Italia os fía.
Vuestra discordia impía
gastan del mundo la más bella parte.
¿Qué culpa o juicio ordena, o qué destino
sitiar pobre vecino,
ansiar menguada hacienda incontinente,
y la extranjera gente
buscar al ver que a gusto
vierte la sangre y pone al alma precio?
A la verdad me ajusto,
que no me anima el odio ni el desprecio.

¿Y no os catáis aún, tras tanta seña,
del bavárico engaño,
que alzando el dedo con la muerte juega?
Peor siento la burla yo que el daño.
Mas vuestra sangre preña
más la campiña, pues la ira os ciega.
Pensad mientras se llega
la tercia hora y podréis ver cómo el hombre
precia al extraño cuando a sí abomina.
Gentil sangre latina,
el peso de esta carga no os asombre;
no hagáis ídolo un nombre
hinchado y sin cimiento;
que el que derrote hoy gente riscosa
a nuestro entendimiento
pecado es nuestro, y no natural cosa.

¿No es éste el lar que vi yo el primer día?
¿No es éste el nido mío
donde crïado fui tan dulcemente?
¿Y no es ésta la patria de que fío,
madre benigna y pía,
que sirve de mortaja hoy a mi gente?
Por Dios, esto la mente
os mueva y con piedad miréis cada uno
las lágrimas del pueblo doloroso,
que, pues en vos reposo
sólo espera tras Dios, si de consuno
mostráis favor alguno,
virtud, no destemplanza,
tomando el arma, hará el combate breve,
que la antigua pujanza
aún Italia por sus venas mueve.

Señores, ved cuán presto el tiempo viaja
y cómo huye la vida,
y la muerte a la espalda va tras ella.
Pensad, aunque hoy viváis, en la partida,
que el alma sin alhaja
aquella última vía sola huella.
Aquí antes que aquella,
dejad odio o desdén poco cristiano,
que son para el reposo contratiempo;
y aquel que pierde el tiempo
en hostigar al otro, en más humano
acto de ingenio o mano,
en más bella alabanza,
en más honesto estudio se divierta.
Así más bien se alcanza,
y la vía del cielo se halla abierta.

Canción, yo ahora te exhorto
a que des tu mensaje cortésmente,
porque entre gente altiva que irás veo
y vicia su deseo
aquel uso ya antiguo e impertinente
de oír sólo a quien miente.
Allí, cuando en la cita
te escuchen los que aún son del bien oidores,
diles: «¿Quién me acredita?
Yo, que gritando voy: "¡Paz, paz, señores!"»

Autor del poema: Francesco Petrarca

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LA TARDE MUERTA

Se moría la tarde rosa
De una Primavera lejana,

Desmayándose temblorosa
En los vidrios de mi ventana.

Por mi alcoba cerrada al huerto
Ya la carretera tan larga,

Pasaba el minuto desierto
Con una lentitud amarga,

Ya del sol no quedaba ni una
Mancha de oro en el infinito.

Yo no he visto cosa ninguna
Más triste que ese azul marchito.

Tanto tiempo! dije, hace tanto
Que decliné esta tarde mustia
Con un helado desencanto
Y aromada de vieja angustia,

Delante de los callejones
Bordados de ramas gentiles
Al rimar mis desolaciones
Bajo mis canas infantiles!

Oh, la sentimental pobreza
De los que ni una flor cortamos,

Porque fue hostil la maleza
Para la prisa que llevamos!

De los romeros taciturnos
Que fuimos desdeñando todo,

Llenos de los cielos nocturnos
Que mienten astros en el lodo!

Caminos tiene el alma!.. ¿Fuimos Quizás en busca de un
remedio...?
Siempre asolados nos rendimos Ante las llanuras del tedio...

Y después de soñar ilusos
Que el término no estaba lejos,

Nos despertamos muy confusos
Porque nos encontramos viejos.

Ah, quién mirara la dulzura
Del crepúsculo, adolescente,

O abriera a la mañana pura
Los ojos de un convaleciente!

Y la negra ramazón viva
De los árboles centenarios
Se inclinó, como pensativa
En mis recuerdos solitarios,

Con un son de manantial de agua
Que sigue goteando la pena

De la ilusión que arde en la fragua
De una tarde lenta y serena...

Autor del poema: Humberto Fierro

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DIOS NOS HA DADO DOS ALAS...

Dios nos ha dado dos alas
para volar hasta Él:
el amor y la razón.

Autor del poema: Platón

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POR TELEVISIÓN

Las noticias por televisión transforman
un día a medio usar en
un despilfarro de desolación.
Si nada extraordinario precede
a los anuncios catastróficos,
seguro no les sigue nada, salvo
las caras de ojos tristes de
los chicos huesudos,
barrigas distendidas
que se burlan de la desnutrición.
¿Por qué siempre son
negros?
¿A quién esperan?
Las costillas de cordero
dan asco y no se pueden
comer. Hasta el
arrollado de arvejas está intacto
en mi plato. Su inocencia
combinada con la esperanza
indefensa de esas caras.
¿Por qué esperan
los chicos negros?
¿Quién va a llevarles
arvejas y costillas de cordero,
y una mañana más?

Autor del poema: Maya Angelou

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