Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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MI CASA Y MI CORAZÓN
Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.
Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
La luna, mi dulce amante.
Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.
Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.
CANCIÓN DE NEZAHUALPILLI DURANTE LA GUERRA CON HUEXOTZINCO
El llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco.
Por agua se fueron ya los mexicanos;
semejan mujeres; la huída es general.
¿Adónde vamos?, ¡oh amigos! Luego ¿fue verdad?
Ya abandonan la ciudad de México:
el humo se está levantando;
la niebla se está extendiendo.
Con llanto se saludan el Huizen Ahuácatl Motelhuihtzin,
el Tlailotlácatl Tlacotzin,
el Tlacatecuhtli Oquitzin.
Llorad, amigos míos.
tened entendido que con estos hechos
hemos perdido la nación mexicana
¡El agua se ha acedado, se acedo la comida!
Esto es lo que ha hecho el Dador de la vida en Tlatelolco.
Sin recato son llevados Motelhuihtzin y Tlacotzin.
Con cantos se animaban unos a otros en Acahinango.
Ah, cuando fueron a ser puestos a prueba allá en Coyoacán.
SOLEDAD TARDÍA
Soledad, bien te busqué
mientras tuve compañía...
Soledad, soledad mía,
viniste cuando se fue ...
De sus brazos me escapé
cuando en sus brazos dormía;
estar a solas quería
sin adivinar por qué.
Toda la noche vagué
por verte, soledad mía;
regresé rayando el día,
y dormida la encontré.
De puntillas me alejé
burlando su compañía
por hallarte, y no te hallé;
pero un día
que volví, no la encontré...
¡Ay, mi soledad tardía
viniste cuando se fue!
Lloré porque no podía
hallarte, soledad mía,
y lloro porque te hallé...
POEMAS DEL DESAMOR
Ahora en la hora del desamor
Y sin la rosada levedad que da el deseo
Flotan sus pasos y sus gestos.
Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca,
Aquellas palabras que no fueron posibles,
Las preguntas que sólo zumbaron como moscas
Y sus ojos, frío pedazo de carne azul.
Días perdidos en oficios de la imaginación,
Como las cartas mentales al amanecer
O el recuerdo preciso y casi cierto
De encuentros en duermevela que fueron con nadie.
Los sueños, siempre los sueños.
¡Qué sucia es la luz de esta hora,
Qué turbia la memoria de lo poco que queda
Y qué mezquino el inminente olvido!
ERES EL COMIENZO Y EL FINAL DE MI POESÍA
Eres el comienzo y el final de mi poesía.
Por ti cree aquellos versos rebosantes de armonía
Y contigo finaliza este capítulo de mi vida.
Fuiste el sol naciente y el ocaso de mi risa
Y a ti te debo el título de romántica perdida
Que surcará por el mundo, aún después de mis días.
Mía sola fue la esperanza de vaciar en ti mi vida
Y mío sólo el creer que tú también me querías,
Con el corazón en la mano, como yo te lo ofrecía.
Dios escuchó mis ruegos de sacarte de mi vida
Y hoy es Él quien me sostiene, dándome la valía
Que murió al conocerte, una mañana de un día.
Eres el comienzo y el final de mi poesía,
El recuerdo y el fantasma que portaré cada día,
El aliento que de noche me besará la mejilla.
Mi alma muere joven, como el sol malva de invierno,
Mi alma muere de pena, como un ave en el desierto,
Mi alma muere en silencio, mientras que tú te haces viejo.
Y mirarás el pasado con la mirada perdida,
Con los ojos empapados, surcando una copa fina,
Sin poder cambiar la noche que decidió nuestras vidas.
Eres el comienzo y el final de mi poesía,
El verso nuevo que siempre latirá en el alma mía,
Mas con este verso nuevo me despido de tu vida.
LA VUELTA A LA ALDEA
Ya el sol oculta su radiosa frente;
melancólico brilla en occidente
su tímido esplendor;
ya en las selvas la noche inquieta vaga
y entre las brisas lánguido se apaga
el último cantar del ruiseñor.
¡Cuánto gozo escuchando embelesado
ese tímido acento apasionado
que en mi niñez oí!
Al ver de lejos la arboleda umbrosa
¡cuál recuerdo, en la tarde silenciosa,
la dicha que perdí!
Aquí al son de las aguas bullidoras,
de mi dulce niñez las dulces horas
dichoso vi pasar,
y aquí mil veces, al morir el día
vine amante después de mi alegría
dulces sueños de amor a recordar.
Ese sauce, esa fuente, esa enramada,
de una efímera gloria ya eclipsada
mudos testigos son:
cada árbol, cada flor, guarda una historia
de amor y de placer, cuya memoria
entristece y halaga el corazón.
Aquí está la montaña, allí está el río;
a mi vista se extiende el bosque umbrío
donde mi dicha fue.
¡Cuántas veces aquí con mis pesares
vine a exhalar de amor tristes cantares!
¡Cuánto de amor lloré!
Acá la calle solitaria; en ella
de mi paso en los céspedes la huella
el tiempo ya borró.
allá la casa donde entrar solía
de mi padre en la dulce compañía.
¡Y hoy entro en su recinto sólo yo!
Desde esa fuente, por la vez primera,
una hermosa mañana, la ribera
a Laura vi cruzar,
y de aquella arboleda en la espesura,
una tarde de mayo, con ternura
una pálida flor me dio al pasar.
Todo era entonces para mi risueño;
mas la dicha en la vida es sólo un sueño,
y un sueño fue mi amor.
Cual eclipsa una nube al rey del día,
la desgracia eclipsó la dicha mía
en su primer fulgor.
Desatóse estruendoso el torbellino,
al fin airado me arrojó el destino
de mi natal ciudad.
Así, cuando es feliz entre sus flores,
¡ay! del nido en que canta sus amores
arroja al ruiseñor la tempestad.
Errante y sin amor siempre he vivido;
siempre errante en las sombras del olvido...
¡cuán desgraciado soy!
Mas la suerte conmigo es hoy piadosa;
ha escuchado mi queja cariñosa,
y aquí otra vez estoy.
No sé, ni espero, ni ambiciono nada;
triste suspira el alma destrozada
sus ilusiones ya:
mañana alumbrará la selva umbría
la luz del nuevo sol, y la alegría
¡jamás al corazón alumbrará!
Cual hoy, la tarde en que partí doliente,
triste el sol derramaba en occidente
su moribunda luz:
suspiraba la brisa en la laguna
y alumbraban los rayos de la luna
la solitaria cruz.
Tranquilo el río reflejaba al cielo,
y una nube pasaba en blando vuelo
cual pasa la ilusión;
cantaba el labrador en su cabaña,
y el eco repetía en la montaña
la misteriosa voz de la oración.
Aquí está la montaña, allí está el río...
Mas ¿dónde está mi fe? ¿Dónde, Dios mío,
dónde mi amor está?
Volvieron al vergel brisas y flores,
volvieron otra vez los ruiseñores...
Mi amor no volverá.
¿De qué me sirven, en mi amargo duelo,
de los bosques los lirios, y del cielo
el mágico arrebol;
el rumor de los céfiros süaves
y el armonioso canto de las aves,
si ha muerto ya de mi esperanza el sol?
Del arroyo en las márgenes umbrías
no miro ahora, como en otros días,
a Laura sonreír.
¡Ay! En vano la busco, en vano lloro;
ardiente en vano su piedad imploro:
¡jamás ha de venir!.
QUE NO CONOZCA...
Que no conozca el significado de mi arte,
no significa que no lo tenga.
AUSENCIA
¡Quién me diera tomar tus manos blancas
para apretarme el corazón con ellas,
y besarlas... besarlas, escuchando
de tu amor las dulcísimas querellas!
¡Quién me diera sentir sobre mi pecho
reclinada tu lánguida cabeza,
y escuchar, como enantes, tus suspiros,
tus suspiros de amor y de tristeza!
¡Quién me diera posar casto y suave
mi cariñoso labio en tus cabellos,
y que sintieras sollozar mi alma
en cada beso que dejara en ellos!
¡Quién me diera robar un solo rayo
de aquella luz de tu mirar en calma,
para tener al separarnos luego
con qué alumbrar la soledad del alma!
Oh! quién me diera ser tu misma sombra
el mismo ambiente que tu rostro baña,
y, por besar tus ojos celestiales,
la lágrima que tiembla en tu pestaña.
Y ser un corazón todo alegría,
nido de luz y de divinas flores,
en que durmiese tu alma de paloma
el sueño virginal de sus amores.
Pero en su triste soledad el alma
es sombra y nada mas, sombra y enojos...
¿cuándo esta noche de la negra ausencia
disipará la aurora de tus ojos?...
SI HAY ALGO QUE NO SE OLVIDA
Y después de haber vivido tanto, tanto y a veces tan poco, a sus 89
años, el anciano charlatán, recordando su juventud al ver su reflejo en
un espejo roto que le ‹‹sentaba›› como la seda y le ponía ‹‹de pie››
como la soberbia…se dijo a sí mismo, es decir, a su yo del reflejo, a su
yo joven, a su pasado:
“Que los pelos que no tienes en la lengua nunca te crezcan en
el corazón. Nunca pares de bailar, aun cuando la música no
suene. Nunca dejes de besar aun cuando tus labios se
sequen. Porque si hay algo en este mundo que no se olvida…
son los bailes de salón y los besos con lengua”
Desde el 81 hasta el 50 de un total de 50 Poemas
