A ESPAÑA 

I

A través del Atlántico desierto,
veo tu imagen, que la niebla esfuma,
rígida hundirse entre la blanca espuma,
Cristo yacente en el sepulcro abierto.

¿Has muerto? — Sí. — Como Jesús has muerto,
para surgir con la potencia suma…
¡Bajo la sombra, que a tu cuerpo abruma,
tu espíritu inmortal brilla despierto!

¿Quién celebra en América tu muerte?
¿Quién maldice el altar de tu memoria?
¿Cuál de tus hijos te injurió con saña?

¡Ah, miserable ciego, que no advierte,
como un río de luz sobre la historia,
la mirada de Dios guiando a España!

II

Guíate al bien, al porvenir dichoso,
con la enseñanza del dolor: tu llanto
es un nuevo bautismo, tu quebranto
es redención y tu quietud reposo.

¡Término al sacrificio generoso,
la cruz es una escala al cielo santo,
y el último gemido empieza el canto
de la ascensión, el renacer glorioso!

¡Oh, madre de naciones! Llega el día
de tu imperio feliz: de tu alma oriundos,
cien pueblos glorifican tu destino…

¡Y, centro de la luz y la armonía,
gira hacia ti, como hacia el Sol los mundos,
el Universo de tu Sol latino!

Autor del poema: José de Diego

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